miércoles, 5 de septiembre de 2012

LECCIODIVINA-SEPTIEMBRE-2012


SÁBADO 01

Mateo 25:14-30



EL CONTEXTO: CAPÍTULOS 24-25

Los capítulos 24-25 constituyen el Discurso Escatológico (fin de los tiempos) de Jesús. El lugar es el templo, y el tiempo es la Semana Santa, entre el domingo de ramos y el jueves santo.

Las autoridades religiosas ya se sentían incómodas con Jesús antes de su entrada triunfal el domingo de ramos (21:1-11), pero la aclamación que recibió ese día y la subsecuente purificación que hizo del templo solamente logró que su antagonismo se endureciera. Hicieron varios intentos de hacer caer a Jesús con preguntas difíciles (21:23; 22:15; 22:23-28; 22:34-36), pero no tuvieron éxito. El capítulo 23 es la denuncia que Jesús hace de los escribas y fariseos y su lamento sobre Jerusalén.

El discurso de Jesús incluye varias parábolas que enfatizan estar preparados para el regreso del señor:

-- El siervo infiel y el siervo fiel (24:45-51)
-- Las vírgenes prudentes y las insensatas (25:1-13)
-- Los talentos (25:14-30), el pasaje de hoy

El Discurso Escatológico concluye con el Juicio de las Naciones (25:31-46), que describe el Día del Juicio y el énfasis de Jesús en un tipo de ministerio a “uno de estos pequeñitos.”

El Juicio es central a todas ellas. La inesperada naturaleza del regreso del señor es importante para las tres parábolas. 


VERSÍCULOS 14-30: LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

Dado el tiempo del año – el de las campañas financieras – el predicador estará tentado a convertir esta parábola en un sermón de mayordomía que enfatizará usar nuestros dones (dinero, tiempo, y talento) para el servicio de Dios. El verdadero énfasis de esta parábola, sin embargo, no es la mayordomía del dinero sino del evangelio.

Hoy día, cuando escuchamos la palabra talento, tendemos a pensar en una habilidad especial como el talento musical. Ese significado viene a través de esta parábola y se deriva de ella. Sin embargo, durante el tiempo de Jesús, un talento era una medida de peso, y después de dinero. No tenía nada que ver con las habilidades.

Esta parábola es similar a la de Las Diez Minas de Lucas 19:11-27, pero hay diferencias importantes. En Lucas, cada siervo recibe diez minas, y cada mina pesaba aproximadamente diez ciclos (Lockyer, 1097), así que el total que se le dio a cada siervo fue de 500 ciclos; una cantidad mucho menor que los 1 a 5 talentos (3,000 a 15,000 ciclos) de la parábola de Mateo. “La narración en Lucas nos enseña que los siervos de Dios tienen una tarea básica, la de vivir la fe; la de Mateo comienza con el hecho de los diferentes dones que hallamos en los siervos de Dios y manifiesta la manera en que ellos usan o no usan esos dones (Morris, 626). Dadas estas diferencias, es mejor tratar estas parábolas por separado en lugar de tratar de hacerlo con referencias cruzadas.


VERSÍCULOS 14-15: ENSEÑAR CONFORME A SU FACULTAD

14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos (griego = doulos, esclavos o siervos), y les entregó sus bienes.  15Y a éste dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad (griego = dunamis, poder, fuerza, habilidad); y luego se partió lejos.


La palabra griega doulos, se puede traducir como esclavo o siervo, y puede reflejar ya sea un servicio involuntario (esclavo) o voluntario (siervo). Los escritores del Nuevo Testamento usan doulos para referirse a su propio servicio a Cristo (Ro. 1:1; Ga. 1:10; Fil. 1:1; 2 Tim. 2:24; Tit. 1:1; Santiago 1:1; 2 P. 1:1). Éste claramente es un servicio voluntario, no de esclavo. Debido a que la palabra esclavo inflama pasiones y tiene la posibilidad de distraer a los lectores del mensaje central de esta parábola, en esta exégesis voy a usar la palabra siervo, y recomendaría su uso en el sermón. Sin embargo, recomiendo leer el pasaje tal como está escrito, porque meterse con la traducción también puede encender pasiones a menos que se explique cuidadosamente.

Un hombre se va de viaje. Tengan en mente:

-- que Jesús ahora se está preparando para morir, para irse. La narración de la pasión comienza en el siguiente capítulo con el complot para matar a Jesús (26:1-5) y su ungimiento en Betania (26:6-13).

-- que esta parábola está inmersa en el Discurso Escatológico de Jesús, en que está alertando a prepararse para su regreso.

--  que Mateo está escribiendo su Evangelio en la última parte del primer siglo cuando la iglesia está batallando con el asunto de la tardanza de la Parousía (regreso) de Jesús. Esta parábola le recuerda a la iglesia de Mateo (y a nosotros) que a ellos (nosotros) se les ha confiado con el gran tesoro del Evangelio de Cristo Jesús, y se les hará responsables al regreso de Jesús de su (nuestra) mayordomía de este Evangelio.
El señor llama a sus siervos, y les confía sus bienes: cinco talentos al primero, dos talentos al segundo, y un talento al tercero “a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos.” Debemos notar cómo se acerca a sus siervos. Podría haberle dicho exactamente a cada siervo cómo usar su dinero, pero no lo hace. En su lugar, exhibe gran confianza al dejarlos en libertad para que aprovechen las oportunidades tal como éstas se vayan presentando. Todavía más, trata a cada uno de ellos como individuos, otorgándoles recursos conforme a sus habilidades. El señor no abruma al siervo con un talento colocando responsabilidades que estuvieran más allá de su habilidad. Finalmente, se va. Como cualquier supervisor o padre lo sabe, irse es el paso más difícil, y es uno que demuestra la confianza más grande.      

Los estudiosos estiman el valor de un talento de diferentes maneras. Un talento era, primero, una medida de peso, “la medida de peso mayor en el sistema hebreo. El talento era usado para pesar oro (2 S. 12:30), plata (1 R. 20:39), acero (1 C. 29:7), bronce (Ex. 38: 29) y muchas otras mercancías. El talento común pesaba cerca de 3,000 ciclos o todo el peso que un hombre pudiera cargar (2 R. 5:23)” (Lockyer, 1096).

Con el tiempo, un talento significó una cierta cantidad de dinero, probablemente 6,000 denarios. En la parábola de los labradores de la viña, nos damos cuenta de que un denario era el salario de un día para un trabajador (20:2). Por lo tanto, seis mil denarios representaban de 15 a 20 años de salario para una persona normal. El valor preciso del talento es menos importante, lo que en realidad es importante es que es una gran suma de dinero, “un montón” para decirlo así. Incluso el siervo al que se le da un solo talento recibe un tesoro bastante sustancial.

Noten que en los dos párrafos de arriba nos referimos a dos diferentes monedas: ciclos y denarios. El ciclo era usado desde el tiempo de Abraham (Gn. 23:16). El denario era la moneda romana usada en tiempos de Jesús. Preferiría usar una sola para explicar esta parábola, pero me vi en la necesidad de usar ambas aquí.


VERSÍCULOS 16-18: PERO EL QUE RECIBIÓ UNO…

16Y el que había recibido cinco talentos se fue (griego = eutheos, inmediatamente), y granjeó (griego = ekerdesen, ganó, obtuvo) con ellos, e hizo otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.  18Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.


El siervo que recibió cinco talentos fue a trabajar inmediatamente. Aquí encontramos un sentido de entusiasmo. Nadie tiene que encender un fuego debajo de este siervo – está emocionado porque se le confía con un gran tesoro, con hacer algo positivo, con probarse a sí mismo. Puso sus cinco talentos a trabajar, y gana cinco talentos más.

En el griego, la palabra eutheos, “al momento” o “inmediatamente”, o es la última palabra del versículo 15, o es la primera del 16. Si la contamos como parte del versículo 15, significa que el señor se fue inmediatamente. Si la ponemos en el inicio del versículo 16, significa que el siervo que recibió los cinco talentos salió inmediatamente para poner su dinero a trabajar. Mientras que se puede poner la palabra en ambas posiciones, incluir eutheos en el versículo 16 está más de acuerdo con el contexto. Al ser la primera palabra de una oración, lleva un peso especial porque enfatiza algo.

La palabra griega ekerdesen, de kerdaino (ganar, obtener), se usa antes en este Evangelio para hablar de volver a ganar a un cristiano infiel (18:15). Es apropiado pensar que en esta parábola se enfatiza la proclamación del evangelio para ganar personas para Cristo, o para volver a ganar a un discípulo errante. Jesús nos dice que no hacer esto – esconder la lámpara debajo de un almud– es algo que no tiene sentido absolutamente (5:15). Esta parábola nos dice que es peligroso.

El siervo que recibió dos talentos hace lo mismo que el siervo de los cinco talentos: responde con entusiasmo, usa su iniciativa, sale inmediatamente, trabaja, y hace (gana) dos talentos más. Al igual que el primer siervo, este gana 100 por ciento.

El siervo que recibió un talento, sin embargo, cava un hoyo y entierra el dinero del señor, que es una manera aceptable de proteger el dinero. De acuerdo con la ley rabínica, la persona que entierra el dinero en un lugar secreto no puede ser responsable por su pérdida. Es una manera conservadora, pero segura de invertir el dinero. Excepto que no tiene perspectivas de crecimiento.

Note el contraste entre los verbos que se usan para los siervos con cinco y dos talentos, con los que se usan para el siervo con un talento:

-- los siervos con cinco y dos talentos se “fueron inmediatamente”, mientras que el siervo con un talento solamente “se fue”.

-- los siervos con cinco y dos talentos “negociaron” o “trabajaron” con el dinero que se les había confiado, mientras que el siervo con un talento “cavó un hoyo en la tierra”.

-- los siervos con cinco y dos talentos “ganaron” talentos adicionales, pero el que tenía uno “escondió” el dinero de su señor.

El verbo usado para los siervos con cinco y dos talentos es progresivo, mientras que los verbos para el que tenía uno son regresivos. Esta diferencia verbal refleja las opiniones contrastantes del señor. La confianza de su señor energiza a los siervos con cinco y dos talentos, que se dan cuenta de que su señor les ha dado la oportunidad de hacer algo de sí mismos – ganarse un ascenso – para complacer a su señor. Su confianza en el señor, a su vez refleja la confianza que el señor les ha dado. Como lo veremos en los versículos 24-25, el siervo con un talento tiene una perspectiva diferente del señor.

“El más intrigante comentario sobe este texto es el que ve el lado crítico de Jesús (o de Mateo) echando una mirada a la comunidad de Qumram que se fueron a la soledad del desierto, hicieron cuevas para su comunidad, y se escondieron, junto con sus dones, del mundo… Tal vez también puede tenerse en cuenta al fariseísmo porque: ‘se fue” puede indicar el separatismo del fariseísmo; ‘cavaron un hoyo’, indicaría su preocupación con vivir vidas seguras; y que se ‘escondieron’ señalaría a su puritano deseo de tratar de evitar contaminarse con los pecadores” (Bruner, 905). Decir que para Jesús los que se dedican a la contemplación no tienen utilidad va demasiado lejos –Jesús claramente llama a algunas personas a un ministerio de oración y meditación – pero esta parábola celebra un ministerio activo, progresista, que toma riesgos, que está involucrado en el mundo, y que está con los zapatos sobre el camino.

Mientras que algunas personas hacen dinero despiadadamente, Jesús claramente no podría endorsar ese tipo de empresa. La gente también gana dinero proveyendo servicios y productos de calidad, satisfaciendo genuinas necesidades humanas. Esta es seguramente el tipo de ganancia que esta parábola celebra.     


VERSÍCULOS 19-23: DESPUÉS DE MUCHO TIEMPO

19Y después de mucho tiempo, vino el señor (griego = kyrios, Señor)  de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos.  20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.  21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.  22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.  23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.


“Y después de mucho tiempo…” Mateo es muy consciente del retraso del regreso de Jesús, y este versículo seguramente alude a ese retraso. Ha sido mucho tiempo y, por supuesto, será mucho más. Sin embargo, en esta parábola, el señor regresa, y al hacerlo pide cuentas. Esta parábola mantiene la promesa de que Jesús no se retrasará para siempre, sino que regresará para recompensar a los fieles. También hay, por supuesto, la correspondiente advertencia en esta parábola: Jesús castigará a los infieles.

La palabra que se traduce como “señor” en estos versículos es kyrios = Señor; “un título que en el contexto del Evangelio adquiere un significado cristológico cuando se le aplica a Jesús” (Senior, 278). El Señor-Amo recompensa a los siervos con cinco y dos talentos de tres diferentes maneras:

-- Primero, los declara “buenos y fieles”. Mientras que esto puede parecer algo insignificante, podemos creer que probablemente por el resto de sus vidas estos siervos recordarán estas palabras con cariño. Muy pocas cosas se sienten tan bien como las alabanzas que brindan personas altamente respetadas y que han sido honestamente ganadas.

-- Segundo, les da mayores responsabilidades, algo así como un ascenso. Nosotros podríamos preferir que les permitiera retirarse, pero en vez de eso aumenta su carga de trabajo. El servicio, y no el retiro, es la meta del discipulado cristiano. Mientras que un pastor se puede retirarse de atender a una congregación cotidianamente, ningún cristiano se retira de preocupar y ocuparse de los otros. Este ministerio de amor no necesita ser una carga, sino que tiene el potencial de para ser un gran gozo.

-- Tercero, les dice “Entra en el gozo de tu señor” (vv. 21, 23). “Esto probablemente nos lleva más allá del contexto de la parábola… a la expectativa cristiana con respecto al banquete de victoria del Mesías” (Hare, 287).

El señor recompensa a estos dos siervos de igual manera, aunque uno ha ganado cinco talentos y el otro solamente dos. Las palabras que les dirige el señor a ambos siervos son exactamente las mismas (vv. 21, 23). Ambos siervos duplicaron su dinero, y en ese sentido están parejos. Sin embargo, este señor claramente no es alguien que cuenta los frijoles, y podemos estar seguros que será justo – incluso generoso – con cualquiera que dé lo mejor de sí, incluso si uno llega a obtener una gran ganancia.

DOMINGO 02
Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23

VERSÍCULOS 1-23: UN REPASO

Esta historia se encuentra en un paréntesis entre historias del poder de Jesús para obrar milagros y la reacción de la gente al ver estas obras.

- Es precedida por el alimentar de los cinco mil (6:30-44), Jesús caminando sobre el agua (6:45-52), y el sanar de los enfermos en Genesaret (6:53-56).  El versículo que termina capítulo 6 dice, “Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos” (6:56).

- Es seguido por el sanar de la hija de la mujer sirofenicia.

Los fariseos en la lección de hoy ignoran las fuertes pruebas del poder de Jesús para hacer bien, en vez, se fijan en el fallo de sus discípulos al no observar sus tradiciones.  Ignoran el verdadero poder de Dios y se fijan en preocupaciones triviales.  De la misma manera la iglesia hoy es tentada a ignorar su ministerio fundamental – palabra y sacramento – y en vez se enfoca en las nuevas modas de ministerio – o aún hasta en el color de la alfombra.

Debemos tener cuidado de no presentar a los fariseos como completamente malos.  Los fariseos se dedican a obedecer y complacer a Dios.  Observan prácticas distintivas, como la de los alimentos autorizados por la ley judía y la circuncisión.  Estas prácticas les ayudan a mantener su identidad como pueblo de Dios en un mundo que les tienta a alabar los dioses de sus vecinos.  Sus tradiciones, que entran en duda en este texto, vienen de la necesidad de mantener esa identidad.

La ley judía, aunque bastante detallada, deja espacio para interpretación.  Los fariseos, por su deseo de obedecer a Dios, establecieron reglas para clarificar la ley en esas situaciones.  Sus conclusiones llegaron a ser conocidas como la tradición de los ancianos.  Al pasar el tiempo, estas tradiciones se endurecieron hasta llegar a ser una ley subroga que líderes judíos consideraban igual a la escritura.  Perdieron de vista la raya entre la ley de Dios y sus opiniones, y ése fue su pecado.

La iglesia siempre lucha por conocer la voluntad de Dios.  ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre el aborto? ¿La homosexualidad? ¿El SIDA? ¿Un tanto de otros temas?  Hombres y mujeres de fe se encuentran en oposición con otros hombres y mujeres de fe acerca de tales asuntos.  ¿Cómo determinamos la voluntad de Dios en tales asuntos?  Mientras contemplamos esa pregunta, quizá podemos apreciar a los fariseos y los problemas que ellos trataban de resolver.

“La tendencia que Jesús critica en los fariseos y escríbanos aparece en gran mayoría de los grupos religiosos.  Gente se aferra a tradiciones meramente humanas como si hubieran sido divinamente reveladas” (Williamson, 133).  Y por lo tanto nos preguntamos: ¿Dónde, por cierto, se encuentra un texto para tal sermón?  No tenemos derecho de criticar a los fariseos por amar sus tradiciones cuando nosotros nos aferramos a las nuestras.

Además, si presentamos a los fariseos como malos hasta el fondo, desechamos la historia.  La historia tiene vida solo mientras Jesús se confronte con oponentes dignos de serlo, como los fariseos.  No importa que se encuentren desviados, son gente profundamente religiosa que trata de cumplir la voluntad de Dios.

VERSÍCULOS 1-5: COMER CON MANOS COMUNES

1Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas, los condenaban.  3(Porque los Fariseos y todos los judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.  4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)  5Y le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan (griego: peripatousin – caminan) conforme a la tradición de los ancianos (griego: ten paradosin ton presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?

“Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén” (v. 1).  Marcos parece distinguir entre fariseos locales y escribas procedentes de Jerusalén.  Según la naturaleza de su reto hacia Jesús, es posible que los escribas de Jerusalén también sean fariseos,  “Los fariseos locales ya están establecidos en la narrativa como el foco de oposición a Jesús en Galilea (2:16, 24, 3:6)” (France, 280).

A la palabra “Jerusalén” le acompaña una cualidad funesta, porque en Jerusalén está el núcleo de la oposición a Jesús, y le matarán en Jerusalén.  Marcos ya nos ha dicho que los escribas han determinado que Jesús está endemoniado (3:22), y los fariseos han empezado a conspirar para matarle (3:6).  Parece extraño que estos oriundos de Jerusalén se encuentren en Galilea.  Jerusalén atrae peregrinos desde muy lejos, no de la otra manera.  Parece probable que estos hombres han venido a Galilea con el propósito de destruir a Jesús (3:6, 22).

“Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas” (v. 2).  Levítico 11-15 describe en detalle como es que Israel ha de tratar los varios asuntos de limpieza ritual, incluyendo la comida (11:1-23; véase también Deuteronomio 14:3-21) – animales (11:24-47) – la purificación de la mujer después del parto (capítulo 12) – la lepra (capítulos 13-14), y flujos corporales.  Ésta es la ley del Tora, bajada por la mano de Dios, por eso no podemos criticar a los fariseos y escribas por tomarlo en serio.

Sin embargo, al criticar a los discípulos de Jesús porque comen con manos sucias, los fariseos y escribas van más allá de los requisitos de la ley.  Intentan hacer cumplir interpretaciones humanas de la ley pasadas por medio de rabíes a través de los siglos.

Éxodo 30:18-21 y 40:31 requieren la limpieza de manos, pero solo para sacerdotes (“Aarón y sus hijos”) – y solo cuando entran en la tienda de campaña para presentaciones o se acercan al altar – es decir, cuando atienden a sus obligaciones sagradas en un espacio sagrado.  Los fariseos gradualmente adoptaron esta práctica de limpieza ritual como manera de demostrar su devoción a Dios – y como un “marcador que limita,” una manera de proclamar que la identidad judía es distinta de la de sus vecinos paganos (Hooker, 441).

Limpieza ritual no tiene nada que ver con higiene – Pasteur no descubría gérmenes hasta el siglo 17, y aún entonces le costaría trabajo convencer a los cirujanos que se lavaran las manos antes de hacer una cirugía.  Gente del primer siglo no tenía conocimiento de higiene.  La tradición farisea de lavarse las manos incluye echar solo un poco de agua sobre las manos para eliminar manchas rituales, como las manchas retenidas al tocar un objeto o persona impura (por ejemplo, un derrame corporal como saliva o semen, un cadáver, un leproso, una mujer en menstruación, o un gentil).  Mientras que en estas circunstancias la mayoría de nosotros nos lavaríamos las manos por motivos higiénicos, esta manera ritual de lavarse las manos no les ofrece ningún beneficio higiénico. 

Al escribirse este Evangelio (seguramente entre 65 y 70 d.C.), cristianos ya habían empezado a alejarse de la observación de ley judía.  Historias como ésta ayudan a proveer un razonamiento para que la iglesia se distancie de la ley judía.  También instruyen a cristianos que, de otra manera, se acercarían demasiado a la ley y las tradiciones judías.

“Porque los Fariseos y todos los judíos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen” (v. 3a).  En versículos 3-4, Marcos explica la tradición farisea a lectores gentiles que, de otra manera, no la entenderían.  “Todos los judíos” es una hipérbole.  Solo algunos judíos siguen estas reglas tan estrictas.

“teniendo la tradición de los ancianos” (v. 3b).  “En contraste con los saduceos para quienes la ley escrita del Tora tenía la única autoridad… En los días de Jesús, adhesión a la ley oral era tan importante para los fariseos como lo era la adhesión al Tora mismo” (Edwards, 208).  Antes de su experiencia en el camino hacia Damasco, Pablo (un fariseo) estaba particularmente entusiasmado en cuanto observar y hacer cumplir las tradiciones de los ancianos (Galatos 1:14).  La “tradición de los ancianos” era, en aquel entonces, una tradición oral.  Ya para el siglo tercero sería codificado como la Mishnah.

“Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como el lavado de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal” (v. 4).  Esto concuerda con el énfasis en la pureza ritual de alimentos.  Si la comida ha de estar limpia (ritualmente limpia según la ley del Tora), los recipientes en los que se cocina o sirve también han de estar limpios.  Levítico 11 manda lavar ropa u otros objetos que han tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38), diciendo, “Y toda vasija de barro dentro de la cual cae alguno de ellos, todo lo que esta en ella será inmundo, y quebraréis la vasija: Toda vianda que se come, sobre la cual venga el agua de tales vasijas, será inmunda: y toda bebida que se bebe, será en todas esas vasijas inmunda: Y todo aquello sobre que cae algo del cuerpo muerto de ellos, será inmundo: el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis” (Levítico 11:33-35).  Vemos este tipo de énfasis en vasos y jarros reflejado en cocinas de hoy que siguen la ley judía.  En estas cocinas se preparan platos de “carne” y platos de “leche” para evitar mezclar la carne con la leche.  Hacen esto para honrar el mandamiento de Éxodo 23:19, “No guisarás el cabrito con la leche de su madre.”

Debemos reconocer, entonces, que gente judía tiene motivos para preocuparse por el rito de limpieza de alimentos y los recipientes en que se preparan o sirven.  Ley del Tora requiere que se preocupen por ello.  Al observar la ley, intentan llevar a cabo la ley de Dios según la escritura, una preocupación que ha de ser respetada.

La disputa que Jesús tiene con estos fariseos y escribas no tiene que ver con la observación de la ley del Tora, sino con tradiciones creadas alrededor de la ley.  Estas tradiciones eran un intento por parte de rabíes para recetar como debe ser aplicada la ley en situaciones específicas.  Eso, también, era honorable – un intento honesto para determinar lo que gente debe hacer para complacer a Dios.  El problema surgió cuando gente comenzó a igualar sus tradiciones con la ley misma – considerando sus interpretaciones igual de importantes que la ley.

“¿Por qué tus discípulos no andan (peripatousin – caminan) conforme a la tradición de los ancianos (presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?” (v. 5).  Jesús les ha dado a sus opositores plena oportunidad para criticarle directamente.  Ha sanado en el Sábado (1:21-34; 3:1-6); tocado un leproso (1:41); declarado el perdón de los pecados (2:5); llamado discípulo a un recaudador de impuestos (2:14); defendido a sus discípulos por segar trigo en el Sábado (2:23-28); y bendecido a la mujer contaminada que le tocó (5:24-34).  Mientras que sus opositores critican a Jesús directamente de vez en cuando, aquí eligen un método indirecto – llamando atención a la falta de los discípulos al no observar su tradición.  Si Jesús es un maestro autentico, ¿por qué no puede controlar a sus discípulos?

VERSÍCULOS 6-8: DEJANDO EL MANDAMIENTO DE DIOS

6Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas (griego: hypokriton), bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón lejos está de mí.  7Y en vano me honra, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.  8Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; el lavado de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes (griego: ten paradosin ton anthropon – la tradición de los hombres).

“Hipócritas (hypokriton), bien profetizó de vosotros Isaías”  En vez de defender a los discípulos (y a sí mismo), Jesús se pone a la ofensiva, acusando de hipocresía a los que le acusan.  En la literatura clásica griega, la palabra traducida “hipócritas” (hypokriton) se utiliza para actuar en un escenario.

“Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí.  Y en vano me honra, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (vv. 6b-7).  Jesús cita la escritura, dándole más fuerza a sus acusaciones.  La cita es de Isaías 29:13, y acompaña otras declaraciones proféticas (véase también Isaías 1:10-17; Amós 5:21-24; y Miqueas 6:6-8).  Como se anota arriba, Éxodo 30:19 requiere que sacerdotes practiquen el lavado ritual de manos antes de acercarse al altar, pero más tarde la tradición farisaica llegó a incluir en tal observación a gente común en ocasiones comunes.  Mientras que con extender la práctica se pretende rendirle honor a Dios, tiene el efecto contrario.  “Elevar la ley oral (o la tradición de los ancianos) al mismo nivel que el Tora eventualmente socava el Tora” (Brueggemann, 192).

“Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres”(ten paradosin ton anthropon – la tradición de los hombres) (v. 8).  Jesús hace dos contrastes aquí:

- El primero es entre la tradición de los ancianos (la frase utilizada por los fariseos) y la tradición de los hombres (la frase utilizada por Jesús).  Al cambiar una palabra (presbyteron a anthropon), Jesús baja estos altos ancianos a la tierra.  Ya no son ancianos, haciendo cumplir las leyes de Dios.  Son solo hombres, haciendo cumplir opiniones humanas.

- El segundo contraste es entre “el mandamiento de Dios” y “la tradición de los hombres” (o la “tradición humana”).  Este contraste hace resaltar la confianza farisaica en las opiniones del hombre en vez de la voluntad de Dios.  “Desde el punto de vista global de Marcos, seguir las indicaciones del hombre es oponerse a la voluntad del santo Dios, cuya fuerza escatológica ahora se revela a través de la enseñanza de Jesús (cf. 8:33; 10:9; 11:27, 30, 32; 12:4), donde se repite la antítesis entre Dios y los seres humanos” (Marcus, 451).

Jesús no condena toda tradición, sino el elevar inapropiadamente la tradición humana sobre estatus sagrado.  La iglesia tiene la responsabilidad de mantener la tradición, pero ha de tener cuidado de distinguir entre enseñanzas de la escritura (esenciales) y otras tradiciones (no esenciales).  Siempre estamos tentados a requerir lo que no es esencial.  Por ejemplo, hace una generación, muchos cristianos enfatizaban “vestirse de domingo” como señal de respeto hacia Dios, pero eso ya no viene a cuentas para muchos cristianos.  Hoy, estamos más inclinados a demostrar el Cumplimiento Político.  Nosotros también encontramos difícil mantener asuntos secundarios en segundo lugar.  “Hace mucho tiempo que han pasado a la historia los asuntos inmediatos y palpitantes de la controversia (entre Jesús y los fariseos); pero los principios que Jesús presentó han sido asuntos inmediatos y palpitantes a través de cada siglo” (Luccock, 746-747).

VERSÍCULOS 9-13: CORBÁN

Aunque estos versículos se omiten del leccionario, ilustran lo que Jesús quiso decir cuando dijo, “Porque dejando el mandamiento de Dios” (v. 8a).  En estos versículos, Jesús nos demuestra como los que le acusan, aparentemente hombres devotos, utilizan la tradición humana para pasar de lado uno de los Diez Mandamientos – “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahaveh tu Dios te da” (Éxodo 20-12).  Este mandamiento significa, entre otras cosas, proveer apoyo económico a padres envejecidos.  En el tiempo de Jesús, padres envejecidos a menudo pasaban su propiedad a sus hijos, quienes tomaban la responsabilidad del bienestar sus padres.

Corbán es un tipo de vida aplazada, parecido al método que hoy se utiliza para evitar pagar impuestos al transferir el título a una caridad (de esta manera recibiendo una deducción en los impuestos ahora), con la provisión que podamos continuar utilizando la propiedad hasta el momento de morir.  De la misma manera, una persona de la época de Jesús podría declarar algo Corbán – dedicado a Dios – y después decirles a sus padres que su apoyo en la vejez ha sido dado a Dios.  En verdad, la propiedad solo ha sido prometida a Dios, pero esa promesa le da al hijo una excusa para evitar su obligación con sus padres.  “Un hombre pasa por la formalidad de prometerle algo a Dios, no por dárselo a Dios, sino para evitar que otra persona lo tenga” (T. W. Mansori, citado en Edwards, 210).  Es una traición escondida entre vestiduras religiosas.  El establecimiento religioso alienta esta práctica, ya que eventualmente el regalo deferido termina en la tesorería religiosa.

VERSÍCULOS 14-15: LO QUE CONTAMINA

14Y llamando a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: sino lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

“Y llamando a toda la multitud” (v. 14a).  El hecho que Jesús pueda atraer una multitud significa que los fariseos y escribas no han logrado desacreditarle.  Gente está ansiosa de oír la respuesta de Jesús.

“Oídme todos, y entended” (v. 14b).  No son solo los fariseos y los escribas los que no comprenden, sino “todos” – fariseos, escribas, la multitud, y también los discípulos.

“Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar” (v. 15a).  Cuando Jesús les explica esto a sus discípulos, deja claro que está hablando de comida (vv. 18-19).  Explica que no es la comida que comemos o las manchas rituales lo que nos ensucian, sino los pensamientos y sentimientos en nuestros corazones.  Este lenguaje es fuerte en el contexto de una cultura que premia seguir las leyes alimenticias judías u otras observaciones rituales.  El Tora describe detalladamente lo que constituye un alimento limpio o impuro, y la gente judía se distingue a si misma de sus vecinos paganos por su observación de estas leyes alimenticias.  Decir que una persona no queda contaminada por lo que él o ella comen es una declaración valiente, aunque sí refleja las acciones de Jesús en otras ocasiones.  Tocó un leproso (1:41), comió con pecadores (2:15-17), y no se preocupó porque una mujer contaminada le tocara (5:30-34).

“sino lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre” (v. 15b).  En su explicación a los discípulos, Jesús deja claro que no habla de excremento humano (vv. 18b-19a).  Las cosas que contaminan son las cosas que salen de un corazón malvado, “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez” (vv. 21b-22).

Parecería que Jesús es culpable de remplazar el mandamiento de Dios con su propia enseñanza – haciendo lo mismo de lo que acusa a los fariseos.  Además, él “está enseñando con la autoridad que Dios mismo le dio… (Él) – Como Moisés – es confiado de Dios, y declara sus mandamientos directamente” (Hooker, 180).  Jesús no revoca la ley ni los profetas, sino que extiende nuestro entendimiento de cómo cumplir con ellos (Mateo 5:17).

VERSÍCULOS 16, 19b: HACIENDO LIMPIAS TODAS LAS VIANDAS O ALIMENTOS

Versículo 16 no se menciona en los mejores manuscritos, y la mayoría de las traducciones modernas lo dejan fuera o lo mencionan en una nota al pie de la página.

Versículo 19b (no incluido en esta lección) dice, “Esto decía, haciendo limpias todas las viandas.”  Éstas no son las palabras de Jesús, sino la interpretación de Marcos.  Si Jesús declaró limpias todas las viandas, la temprana iglesia tardó mucho tiempo en reconocerlo.  Las controversias en la temprana iglesia acerca la observación de leyes alimenticias y la circuncisión dejan claro que el asunto todavía estaba sin resolver (véase Hechos 10:1–11:18; 15:1-29; Romanos 14; 1 Corintios 8:1–11:1; Galatos 2:11-14; Colosenses 2:20-23).

VERSÍCULOS 21-23: DE DENTRO SALEN LOS MALOS PENSAMIENTOS

21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. 23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos” (v. 21a).  “Los vicios incluyen acciones proscritas por los Diez Mandamientos (robo, homicidio, avaricia o celos, engaño).  Consecuentemente, Jesús continúa cumpliendo el mandamiento de Dios, que  sus opositores pasan de largo” (Perkins, 608).

Es un ambiente que enfatiza piedad (honrar a Dios cumpliendo devotamente las obligaciones religiosas).  Jesús cambia el énfasis hacia el comportamiento ético (honrar a Dios por medio de acciones correctas en relación a otras personas).  En particular, nos enseña a tener en cuenta los pensamientos y sentimientos que hacen surgir comportamiento no ético en nuestras relaciones con familia, amistades, y vecinos.  Son esos pensamientos y sentimientos, concebidos y nutridos en nuestros corazones que hacen surgir pecados realmente serios.  “La fuente de contaminación del hombre es el corazón humano, y la tragedia… llega a su cumplimiento demoníaco en el fallo del hombre de querer pecar… Con esta interpretación Jesús no afloja el requisito de pureza sino que lo hace más agudo” (Lane, 257-258).

Es importante que oigamos esta palabra hoy.  Vivimos en una cultura que honra lo que viene de dentro del corazón humano – que nos da permiso para actuar según nuestros sentimientos en vez de mantenerlos bajo control.  Nuestra cultura dice que “nos pongamos en contacto” con nuestro ser interno, y que “llevemos la corriente.”  Celebra libertad y libre albedrío, y lucha ferozmente contra cualquier restricción que Cristo o sentido común pondría sobre tal comportamiento.  El resultado es que vivimos en un mundo caracterizado por “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez” (vv. 21b-22).

“Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (v. 23).  Jesús nos dirige en una dirección radicalmente diferente.  Su “punto principal es que la contaminación es moral en vez de ritual” (Brooks, 119).  Nos dice que “maldades de dentro salen” – del corazón humano – e implica que tenemos la responsabilidad de cuidar y nutrir cosas sagradas en vez de las maldades que habitan en nuestros corazones.

En los últimos años, cada vez pensamos más de lo que metemos en nuestros cuerpos y del efecto que tienen en nuestra salud.  Necesitamos aprender que lo que metemos en nuestros corazones y nuestras mentes es aún más importante, porque lo que metemos en nuestro corazón y nuestra mente tiene la capacidad de herirnos tanto de manera espiritual como físicamente – de matar el alma tanto como el cuerpo (véase Mateo 10:28).

En los últimos años cada vez nos damos más cuenta de la importancia del medio ambiente.  En algunos casos, la iglesia ha puesto mucho más énfasis en la limpieza de nuestro mundo que en la limpieza de nuestros corazones – ignorando el énfasis que Jesús puso en la limpieza del corazón.  Esto es irónico, porque es fácil enseñar a una persona a respetar el medio ambiente cuando tiene un corazón sagrado.  El psicólogo Gordon Allport observó, “Seguramente podríamos demostrar que a través de la historia aquellos cristianos que han conseguido el más práctico beneficio para este mundo son los que han creído más fervientemente en el próximo.”  Nuestra primera preocupación debe ser la creación de corazones sagrados y vidas sagradas.

La iglesia debe enfatizar lecturas y programas televisivos saludables, y ocio saludable.  Debemos hacer resaltar los efectos corrosivos de las drogas y el alcohol, de videojuegos violentos, tele comedias vulgares, pornografía, apuestas, y el consumo.  Debemos alejar a la gente de una ética de negocios que presume que “lo que sea va, el vale todo”  El mar en el que la gente nada hoy está lleno de contaminación espiritual, pero solemos decir poco sobre ello.  Nos avergüenza hacer gran asunto de “las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez,” pero a Jesús no.  Él nos dice que “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (v. 23).

LUNES 03
 Lucas 4:21-30

EXÉGESIS:     

VERSÍCULOS 14-30: LA VISITA DE JESÚS A LA SINAGOGA DE NAZARETH
  
  
- Jesús vino al pueblo judío en un establo en la ciudad de David (un macrocosmo); ahora, viene a la sinagoga de su pueblo de origen (un microcosmo).

- Igual que el pueblo judío recibirá a Jesús favorablemente por sus enseñanzas y milagros (macrocosmo), así también el pueblo de Nazarea está “maravillado con las palabras de gracia que salían de su boca” (microcosmo).

- Igual que la multitud, provocada por los líderes religiosos, traicionará a Jesús y exigirá su crucifixión (macrocosmo), así también el pueblo de Nazarea se enfurece por sus enseñanzas e intenta despeñarle (microcosmo).

- Igual que la resurrección de Jesús sobrellevará la crucifixión (macrocosmo), también él “pasó por entre ellos y siguió su camino” (microcosmo).
Ésta también es la guía básica del libro de Hechos.  En ese libro:

- Los apóstoles comenzarán su ministerio en Jerusalén – el pueblo de origen de todos los judíos.

- El pueblo les recibirá favorablemente el día de Pentecostés, y tres mil personas serán bautizadas (Hechos 2).

- Esta historia se dará la vuelta rápidamente, y la iglesia pasará a ser la perseguida, a menudo de forma severa.

- Sin embargo, la iglesia se esparcirá rápidamente.  El libro de Hechos concluye situando a Pablo en Roma, donde pasa dos años dando la bienvenida “a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento” (Hechos 28:30-31).


VERSÍCULOS 21-24: HAZ TAMBIÉN AQUÍ EN TU TIERRA

21Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.  22Y todos le daban testimonio (griego: emarturoun auto – le testificaban a él) y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.  24Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto (griego: dektos – bienvenido) en su tierra.


“Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos” (v. 21).  La predicación de Jesús empieza con la palabra “Hoy.”  Los profetas prometían para el futuro, pero Jesús promete para hoy.  La espera se terminó.  El tiempo ha llegado.  El Espíritu del Señor está con Jesús ahora.  Él trae buenas noticias a los pobres hoy.  Él proclama, en este mismo momento, libertad para los cautivos y la recuperación de la vista para los ciegos.  Ya ha comenzado a liberar a los oprimidos para que proclamen libremente el año del favor del Señor (v. 18).  En este Evangelio, Jesús mencionará varias veces que el reino de Dios ya está presente (11:20; 16:16; 17:20-21).

El pueblo judío ha esperado al Mesías por siglos.  Han visto a Dios cumplir milagro tras milagro a lo largo de su historia, desde que partió el Mar Rojo hasta la incineración de los profetas de Baal.  Por eso, pensaríamos que estarían listos para recibir al Mesías – pero no es así.  Como veremos en esta lección del Evangelio, no están nada listos.  Han pasado cuatrocientos años desde que han visto a un profeta, menos a Juan Bautista que ahora está predicando en el desierto, y no esperan que hoy sea el día.  Ha pasado mucho tiempo – siglos – desde que Dios prometió un Mesías, y se han cansado de esperar – como un guarda que se duerme en su puesto.  Jesús dice, “Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos” (v. 21).  ¡Hoy! ¡Pero hoy no están listos! Empiezan hablando bien de Jesús (v. 22), pero casi inmediatamente se vuelven contra él y tratan de matarle (v. 30).

Esta historia debe ser instructiva para nosotros.  Jesús ha prometido que volverá.  Ha pasado mucho tiempo desde que cumplió una promesa, y nuestra guarda se ha aflojado – nos hemos cansado de esperar.  El día llegará cuando Jesús anunciará, “¡Hoy!” – y todo dependerá de nuestra disposición para recibirle.  “La declaración de Jesús que ‘hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos’ deja a ambos los oyentes y a los lectores en una posición de decidir.  No es posible sentarse en los dos lados de la cerca” (Bock, 87).

“Y todos le daban testimonio y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” (v. 22).  Algunos comentadores creen que éste es un comentario negativo. ¿Quién se cree Jesús que es? ¿Ha llegado a pensar demasiado de si mismo?  La referencia a José podría señalar a las circunstancias vergonzosas del nacimiento de Jesús.  Mateo 13:54-56 y Marcos 6:2-3 apoyan esto al presentar la respuesta de la gente como negativa desde el principio.  Sin embargo, en el relato de Lucas, la multitud de su pueblo está “maravillado de las palabras de gracia que salían de su boca.”  Parece que están sorprendidos con el niño del barrio que ha comenzado una obra emocionante y cuya presencia ahora ocupa su púlpito.

“¿No es éste el hijo de José?” (v. 22).  Green caracteriza esto como una “sutil broma entre el narrador y el lector, porque nosotros (los lectores de Lucas)... sabemos que Jesús es Hijo de Dios, no hijo de José; viene a cumplir el propósito de Dios, no a ser restringido ni por las demandas del demonio (4:1-13) ni, ahora, por aquéllas de su propio pueblo” (Green, 215).

“Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra” (v. 23).  Lucas todavía no ha relatado las cosas que Jesús hizo en Capernaum sino que, en vez, sitúa a Jesús camino a Capernaum inmediatamente después de su visita a Nazarea (v. 31).  Sin embargo, como se anota arriba, Lucas sitúa la historia de la visita de Jesús a Nazarea antes que Marcos o Mateo ya que su interés es enfatizar y no proporcionar una cronología.  Mateo nos relata que Jesús “dejando a Nazareth, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima” al comenzar su ministerio, aún antes de llamar a sus discípulos (Mateo 4:13).  Marcos le sitúa enseñando y obrando milagros en Capernaum apenas comenzar su ministerio (Marcos 1:21-34).  Juan le sitúa en camino a Capernaum inmediatamente después de obrar su primer milagro en Cana (Juan 2:12).  Parece casi seguro que, al dirigirse Jesús a la congregación nazarena, está viviendo en Capernaum en vez de Nazarea.

El comentario de Jesús deja claro que ha hecho muchas cosas maravillosas en Capernaum, y que la gente de su pueblo espera que haga lo mismo por ellos.  Es un pedido para que acompañe sus “palabras de gracia” (v. 22) con grandes obras.  Capernaum tiene muchos gentiles en su población y es por lo tanto, (en la mentalidad judía), menos merecedora.  Ahora que Jesús se encuentra entre su propia gente – la gente de Dios – Nazarea espera grandes cosas de él.

En contexto, la frase “Médico, cúrate a ti mismo” parece malintencionada.  “Si fuiste capaz de sanar al pueblo poco merecedor de Capernaum, debes poder hacer aún más por tu propio pueblo.”  Es un pedido de lealtad a los ‘favoritos.’.  En la cruz, los que se burlan le responderán de la misma manera.  Se mofarán, “A otros hizo salvos: sálvese a sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios” (23:35).

“De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra”  (v. 24).  “Un profeta no será bienvenido en su pueblo de origen, porque un profeta no es gobernado por lealtades al círculo interno” (Tannehill, 93).  Jesús no puede aceptar este estrechamiento de su misión que le impone  el pueblo de Nazarea.  No puede reservar su generosidad solo para la gente de su pueblo de origen.  No se puede dedicar solo a su localidad.  En vez, debe decirles a esta gente local una verdad que no quieren oír, y él puede predecir su respuesta.  No van a estar contentos.

Además, Israel tiene una larga historia de rechazar profetas (2 Chron. 36:16; Jer. 2.30; Amos 2:12; Mateo 23:37; Lucas 13:34; 1 Thess. 2:15; Heb. 11:32 ff.).  Raras veces son los profetas populares, porque Dios les manda decir cosas impopulares.  Hablan del juicio y le piden a la gente que hagan cambios que no quieren hacer.

“La ironía es que la palabra ‘aceptado’ (o ‘aceptable’) en este versículo es la misma palabra que se encuentra en v. 19.  El mismo profeta que anunciará el año ‘aceptable’ del Señor no es ‘aceptable’ para su propio pueblo (véase Juan 1:10-11)”.

Lucas “se inclina más a demostrar el cumplimiento de la profecía que a contarla... Aquí, Jesús anuncia que profetas no son bienvenidos en sus pueblos de origen, y esa declaración inmediatamente es puesta en acción por aquéllos que le oyen” (Cousar, 131).  “Su rechazo en Nazarea prepara y justifica su rechazo en Jerusalén: el rechazo judío no desacredita a Jesús” (Nolland).


VERSÍCULOS 25-27: MUCHAS VIUDAS HABÍA EN ISRAEL

25Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; 26Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.  27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Nahamán el Siro.


“Pero en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías... Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda” (vv. 25-26).  Esta historia de 1 Reyes 17 es conocida por esta multitud.  En medio de una amenazante sequía, Dios mandó a Elías a Sarepta para pedirle pan y agua a una viuda pobre.  Ella protestó que solo tenía una barra para ella y su hijo, y que morirían.  Elías le pidió que obedeciera con fe, prometiéndole “La tinaja de la harina no escaseará, ni se disminuirá la botija del aceite, hasta aquel día que Yahaveh dará lluvia sobre la haz de la tierra” (1 Reyes 17:14).  Ella respondió como le pidió, y fue fielmente recompensada.  Más adelante su hijo murió, y Elías rezó con éxito que su vida fuera restaurada.  Solo hay un problema con esta bonita historia.  La viuda era gentil. 

“Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro” (v. 27).  Esta historia de 2 Reyes 5:1-14 es igualmente conocida, pero contiene el mismo fallo – Naamán también era gentil.  La mención de Jesús de Naamán debe ser particularmente amarga para esta multitud nazarena, porque Naamán era comandante del ejército sirio, y la mención de su nombre les recordaría de los soldados romanos que en ese momento ocupaban Israel.
Lucas ya ha relatado el aviso de Juan a las multitudes judías en el desierto, “No comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham” (3:8).  El pueblo judío no debe considerar que su relación con Dios sea una cosa exclusiva.  Jesús reforzó ese mensaje al comenzar su obra en Capernaum (véase Mateo 4:13), un lugar donde viven muchos gentiles.  La multitud nazarena todavía no le ha rechazado a Jesús, porque esperan que haga mucho más para Nazarea.  Ahora, sin embargo, Jesús habla clara y decisivamente, de sus propias escrituras y destruye sus esperanzas.  No pueden esperar privilegios exclusivos solo porque son judíos.


VERSÍCULOS 28-30: TODOS EN LA SINAGOGA FUERON LLENOS DE IRA

28Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; 29Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.  30Mas él, pasando por medio de ellos, se fue.


“Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas” (v. 28).  El pueblo judío piensa de Isaías 61:1, que Jesús cita en Nazarea (vv. 18-19), como una promesa a Israel – que el Mesías traerá buenas noticias al pueblo oprimido de Nazarea, que ligará los corazones rotos de Israel, y proclamará libertad para la Israel cautiva.  Piensan de la frase, “día de venganza del Dios nuestro” en Isaías 61:2 – que Jesús no incluyó en su cita – como la promesa del juicio para los enemigos de Israel.  En otras palabras, esperan que el Mesías salve a Israel y que les traiga venganza para sus enemigos.  Sin embargo, Jesús les recuerda un punto oscuro de su historia, cuando Dios trajo hambre a Israel como juicio pero salvó a una viuda gentil.  Jesús también les recuerda de la merced de Dios con el gentil Naamán.  Su mensaje es contrario al que esperan oír, y están furiosos.  Sin embargo, no debemos juzgarles de una manera demasiado dura porque nosotros también nos enojamos fácilmente cuando alguien dice una verdad que no queremos oír.

“Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle” (v. 29).  Esto puede ser un procedimiento de apedrear – empujando a una persona por un barranco o a un nivel más bajo para que la multitud pueda situarse más arriba y tirarle piedras.  Lev. 24:14 requería que tales apedreamientos tomaran lugar fuera de la ciudad (véase también Hechos 7:58; 14:19).  El apedrear es apropiado para un falso profeta (Deut. 13:1-11).  Sin embargo, también es probable que la multitud solo esté funcionando como una muchedumbre enfurecida sin ningún motivo más que desahogarse de su ira.

Como se menciona arriba, esta historia es un paradigma para el resto del ministerio de Jesús – y también para el ministerio de la temprana iglesia en el libro de Hechos.  Nos prepara para:

- El continuo énfasis de Jesús en un ministerio para los marginados.

- La oposición creciente contra Jesús por parte de líderes judíos y la insistencia de la multitud que Jesús sea crucificado (23:18).

- La persecución de la iglesia en el libro de Hechos (también escrito por Lucas).

- La aceptación final de los gentiles a la iglesia, comenzando con la visión de Pedro en Hechos 10.

- La declaración de Pablo, “Séaos pues notorio que a los Gentiles es enviada esta salud de Dios: y ellos oirán” (Hechos 28:28).

“Pero él, pasando por medio de ellos, se fue” (v. 30).  Lucas contará otras historias de escapes milagrosos:

- Un ángel liberará a Pedro de prisión  (Hechos 12:6-11).

- La multitud apedreará a Pablo, dejándole por muerto, pero revivirá y seguirá hacia Derbe donde continuará con su ministerio (Hechos 14:19-20).

- Un terremoto liberará a Pablo y Silas de prisión, resultando en la conversión del encarcelador y de su hogar (Hechos 16:25-34).

- Cuarenta judíos conspirarán contra Pablo, unidos todos por un juramento de matarle, pero fueron incapaces de ponerle la mano encima (Hechos 23:12-22).

Quizá podríamos resumir diciendo que, cuando una persona responde fielmente a la llamada de Dios, Dios no permitirá que ningún intercesor desvíe esa llamada.  Esto cae corto de la protección total.  Los que sirven a Dios han sido encarcelados, apedreados, naufragados, pegados, y hasta martirizados – pero no han sido detenidos.  Como dijo Julián de Norwich: “Dios no dijo que ‘No seréis tempesteados, no seréis afanados, no seréis afligidos,’ sino que dijo, ‘No seréis vencidos.’”

MARTES 04
LUCAS 4, 31-37
• En el evangelio de hoy, vamos a ver de cerca dos asuntos: la admiración de la gente por la manera en que Jesús enseña y sana a un hombre poseído por un demonio impuro. No todos los evangelistas cuentas los hechos del mismo modo. Para Lucas, el primer milagro es la calma con que Jesús se libró de la amenaza de muerte de parte de la gente de Nazaret (Lc 4,29-30) y la curación del hombre poseído (Lc 4,33-35). Para Mateo, el primer milagro es la curación de algunos enfermos y endemoniados (Mt 4,23) o, más específicamente, la curación de un leproso (Mt 8,1-4). Para Marcos, fue la expulsión de un demonio (Mc 1,23-26). Para Juan, el primer milagro fue en Caná, donde Jesús transformó el agua en vino (Jn 2,1-11). Así, en la manera de contar las cosas, cada evangelista muestra cuál fue según él, la mayor preocupación de Jesús.

• Lucas 4,31: El cambio de Jesús para Cafarnaún. “Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de la Galilea, y allí enseñaba los sábados”. Mateo dice que Jesús fue a vivir a Cafarnáun (Mt 4,13). Cambió de lugar de residencia. Cafarnáun era una pequeña ciudad junto al cruce de dos vías importantes: una que venía de Asía Menor e iba para Petra en el sur de Transjordania, y otra que venía de la región de los ríos Eufrates y Tigres y bajaba hacia Egipto. El cambio para Cafarnáun facilitaba el contacto con la gente y la divulgación de la Buena Noticia.
• Lucas 4,32: La admiración de la gente por las enseñazas de Jesús. La primera cosa que la gente percibe es la forma diferente que Jesús tiene de enseñar. No es tanto el contenido, sino la forma de presentarlo lo que impresiona: “Jesús hablaba con autoridad”. Marcos añade que por su manera diferente de enseñar, Jesús creaba una conciencia crítica en la gente con relación a las autoridades religiosas de la época. La gente percibía y comparaba: El enseña con autoridad, diferente de los escribas” (Mc 1,22.27). Los escribas de la época enseñaban citando a las autoridades. Jesús no cita a ninguna autoridad, sino que habla desde su propia experiencia de Dios y de la vida.
• Lucas 4,33-35: Jesús combate contra el poder del mal. El primer milagro es la expulsión de un demonio. El poder del mal se apoderaba de la gente y las alienaba. Jesús devuelve las personas a ellas mismas. Les devuelve la conciencia y la libertad. Y lo hace por el poder de su palabra: "¡Cállate y sal de él!" En otra ocasión dice: “Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.” (Lc 11,20). Hoy también, mucha gente vive alienada de si misma por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda del gobierno y del comercio. Vive esclava del consumismo, oprimida por las deudas y amenazada por los cobradores. Piensa que no vive bien si no compra aquello que la propaganda anuncia. ¡No es fácil expulsar este poder que hoy aliena a tanta gente, y devolver las personas a ellas mismas!

• Lucas 1,36-37: La reacción de la gente: manda sobre los espíritus impuros. Además de la forma diferente que Jesús tiene de enseñar las cosas de Dios, el otro aspecto que causaba admiración en la gente es el poder que Jesús tiene sobre los espíritus impuros: "¿Qué palabra es ésta? Manda sobre los espíritus impuros con autoridad y poder, y ellos salen". Jesús abre un nuevo camino a la gente para poder conseguir la pureza mediante el contacto con él. En aquel tiempo, una persona impura no podía comparecer ante Dios para rezar y recibir la bendición prometida por Abrahán. Tenía que purificarse, primero. Había muchas leyes y normas que dificultaban la vida de la gente y marginaban a mucha gente considerándola impura. Pero ahora, purificadas por la fe en Jesús, las personas podían comparecer de nuevo en presencia de Dios y rezarle, sin necesidad de recorrer a aquellas complicadas y a veces dispendiosas normas de pureza.

MIÉRCOLES 05
LUCAS 4, 38-44
• El evangelio de hoy nos habla de cuatro asuntos distintos: la curación de la suegra de Pedro (Lc 4,38-39), la curación de muchos enfermos, la noche después del sábado (Lc 4, 40-41), la oración de Jesús en un lugar desierto (Lc 4,42) y su insistencia en la misión (Lc 4,43-44). Con pequeñas diferencias Lucas sigue y adapta las informaciones que sacó del evangelio de Marcos.
• Lucas 4,38-39: Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado, en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura su suegra. La curación hace que ella se ponga inmediatamente de pie. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, la suegra de Pedro se pone al servicio de las personas. Jesús no solamente cura, sino que cura para que la persona se ponga al servicio de la vida.
• Lucas 4,40-41: Jesús acoge y cura a los marginados. Al caer de la tarde, en la hora en que la primera estrella aparece en el cielo, terminado el sábado, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente había traído. Enfermos y poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No tenían a quien recurrir. Quedaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión las consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y las excluyera. Jesús las acoge y las cura imponiéndoles las manos. Así aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere hacer en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos y reintegrarlos en la convivencia.
“Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: “Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo”. En aquel tiempo, el título Hijo de Dios no había adquirido ni la densidad ni la profundidad que el título tiene hoy para nosotros. Significaba que la gente reconocía en Jesús una presencia toda especial de Dios. Jesús no dejaba hablar a los demonios. No quería una propaganda fácil por medio del impacto de expulsiones espectaculares.
• Lucas 4,42a: Permanecer unido al Padre por la oración. “Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara”. Aquí Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente para rezar. Se levanta de en medio de los otros y se va hacia un lugar desierto, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios nos hablan de Jesús en el silencio (Lc 3,21-22; 4,1-2.3-12; 5,15-16; 6,12; 9,18; 10,21; 5,16; 9,18; 11,1; 9,28;23,34; Mt 14,22-23; 26,38; Jn 11,41-42; 17,1-26; Mc 1,35; Lc 3,21-22). A través de la oración mantiene viva en sí la conciencia de su misión.

• Lucas 4,42b-44: Mantener viva la conciencia de la misión y no quedarse en el resultado. Jesús se vuelve conocido. La gente le va detrás y no quiere que se vaya. Jesús no hace caso a lo que le piden y dice: "También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” Jesús tiene muy clara su misión. No se encierra en el resultado ya obtenido, sino que quiere mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre lo que le orienta a la hora de tomar decisiones. ¡Porque a esto he sido enviado! Y aquí en el texto esta conciencia tan viva aparece como fruto de la oración.
JUEVES 06
LUCAS 5, 1-11
VERSÍCULOS 5:1-11: JESUS LLAMA A SUS PRIMEROS DISCÍPULOS

Los cuatro evangelios narran la historia del llamado de los primeros discípulos:

–– En Marcos 1:16-20, Jesús llama a Pedro y Andrés. Y después, en un momento diferente, llama a Jacobo y Juan. Los cuatro “inmediatamente” dejan las redes de pesca y su familia para seguir a Jesús. Este fue el principio del ministerio de Jesús.

–– Mateo 4:18-21 sigue muy de cerca el modelo de Marcos.

–– El cuarto evangelio, como podríamos esperarlo, es bastante diferente. En su relato, Jesús no llama a los discípulos, que lo siguen por el testimonio de Juan el Bautista. Juan dice, en la presencia de dos de sus discípulos, “he aquí el Cordero de Dios”, y los dos discípulos comienzan a seguir a Jesús. Uno de esos discípulos, Andrés, después va a buscar a su hermano, Simón, y le dice “hemos hallado al Mesías”, y los dos van al encuentro de Jesús. Jesús le da a Simón un nuevo nombre, Pedro. No hay plática sobre las redes, la pesca, o los discípulos dejando todo atrás para seguir a Jesús. Aunque el cuarto evangelista no es uno de los sinópticos, sin embargo, una vez más este es el principio del ministerio de Jesús.

–– El relato de Lucas es algo bastante distintivo. Es el más largo de los relatos. En este evangelio, Jesús comienza su ministerio, no con el llamado de los discípulos, sino con su sermón en la sinagoga de Nazarea. Después saca a un espíritu inmundo (4:31-37), sana a la suegra de Pedro (4:38-41), y predica en las sinagogas de Judea (4:42-44). Estas acciones resultan en multitudes que “se agolpaban sobre él para oír la palabra de Dios” (5:1). También establecen la credibilidad para el momento en que Jesús llamará a sus discípulos para seguirlo. Este es el único relato de los relatos del “llamado” que menciona la gran pesca, aunque el cuarto evangelio incluye una historia similar (pero solamente hasta después de la resurrección, Juan 21:1-23). El relato de Lucas no es una historia típica, en particular porque Jesús no hace una invitación formal a sus discípulos, sino que simplemente les dice “No temas; desde ahora pescarás hombres” (5:10). Este relato también se distingue porque se concentra en Simón Pedro, mencionando a Jacobo y Juan brevemente en el versículo 10 y para nada a Andrés.

La respuesta de Pedro a la pesca milagrosa cuadra perfectamente con la lectura del Antiguo Testamento y de la epístola:

–– Isaías 6:1-8 nos cuenta la historia del llamado de Isaías, que expresó “¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Yahaveh de los ejércitos!”. Podríamos considerar esta historia como un modelo para la lectura del evangelio. Tanto Isaías como Pedro sienten la magnitud de su indignidad en la presencia de lo santo. Ambos reconocen su indignidad. Un serafín purifica los labios de Isaías con un carbón encendido, y Jesús expresa una palabra purificadora para Pedro. Tanto Isaías como Pedro dan prueba de ser fieles al llamado.

–– En 1 Corintios 15:1-11, Pablo dice sobre sí mismo “y el postrero de todos [los apóstoles]... me apareció a mí... que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios”.

La obra de Jesús ha crecido de tal manera que requiere reclutar discípulos. Lucas amplía este tema con el llamado de Leví (5:27-32), el llamado de los doce (6:12-16), la misión de los doce (9:1-6), la misión de los setenta (10:1-20), los siete escogidos para servir (Hechos 6:1-7), la conversión de Saulo (Hechos 9:1-22), los varones de Chipre y Cirene que proclamaron a Cristo en Antioquia (Hechos 11:20-24), y el envío de Bernabé y Saulo para la obra (Hechos 13:1-3). Dios ha escogido obrar a través de los seres humanos, vasos de barro pero llenos del tesoro de Dios que es el evangelio (2 Co. 4:7). Y porque Dios ha elegido obrar de esta manera, nuestra respuesta es crucial.


VERSÍCULOS 1-3: LAS GENTES SE AGOLPABAN SOBRE ÉL

1Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, las gentes se agolpaban sobre él para oír la palabra de Dios.  2Y vio dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.  3Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.


Genesaret es el nombre que le da Lucas al Mar de Galilea. Estos pescadores estaban limpiando sus redes después de una larga noche. Tal vez estaban cansados y desanimados después de una larga e infructuosa noche. Estaban listos para retirarse a descansar. Era tiempo de irse a casa, a comer, y a dormir por un rato. Su estado de ánimo está en contraste con la del gentío, que se agolpaban sobre Jesús, emocionados por ver al joven profeta, esperando por una palabra o toque significativo.

“Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco a las gentes” (v. 3). Esta es la primera vez que aparece Simón en este evangelio, y fue su primer acto de obediencia. Dada su fatiga y frustración, no podemos esperar que Simón estuviera en el mejor estado de ánimo en este momento. Estaba listo para irse a casa, y no de regreso a su bote. Lo sorprendente no es que Simón respondiera favorablemente después de ver el milagro de la pesca milagrosa, sino que respondió favorablemente a su petición de llevar a Jesús en su bote un poco lejos de la playa.

Una vez en el bote, Jesús se sentó. Este bote probablemente era lo suficientemente grande para que Jesús se parara, pero los maestros se sentaban antes de comenzar a enseñar. En este evangelio, Jesús comienza su ministerio en las sinagogas (4:16-30; 42-44), pero ahora Jesús lleva su ministerio a la gente, a los lugares donde viven y trabajan.
   

VERSÍCULOS 4-7: MAS EN TU PALABRA ECHARÉ LA RED

4Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Tira a alta mar, y echad vuestras redes para pescar.  5Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.   6Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.  7E hicieron señas a los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen  ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.


Este fue el segundo acto de obediencia de Pedro. Una vez más, fue un acto de obediencia para un cansado y frustrado pescador. Las instrucciones de Jesús para Pedro fueron un poco extrañas. Pedro era el pescador. Él sabía mejor que Jesús dónde encontrar peces. Los pescadores habían estado tratando toda la noche sin lograr resultados. Los peces no aparecían por ningún lado, un hecho del que tenían buenas pruebas. Los pescadores estaban lavando las redes, guardando sus cosas para que ya se pudieran ir a descansar (v. 2). Ya estaban listos para irse a casa.

El sentido común de Pedro le decía que no había razón para tratar otra vez. Debe haber odiado pedirles a los otros pescadores que “aguantaran” y que ensuciaran una vez más las ya limpias redes. Le expresó sus dudas a Jesús, aunque se dirigió a Jesús como Maestro, un título usado por Jesús solamente por sus discípulos (8:24, 45; 9:33, 49; 17:13). Después dijo “mas en tu palabra echaré la red” (v. 5). Fue este acto de obediencia de frente a la duda que abrió la puerta a un milagro de abundancia. “No se espera que los seguidores de Jesús necesariamente entiendan, pero sí se espera que obedezcan” (Cousar, 139). Así es con nosotros. Solamente cuando la iglesia es obediente a Cristo, incluso cuando sus mandamientos nos parezcan tontos o exagerados, podemos recibir su poder y experimentar sus milagros.

Este es un milagro de abundancia como el maná en el desierto (Ex. 16), la medida de harina de la viuda (1 R. 17:8-16), el aceite interminable (2 R. 4:1-7), y la alimentación de cien hombres con veinte panes (2 R. 4:42-44). El evangelio de Juan reporta otro milagro de abundancia, el vino de las bodas de Caná (Jn. 2:1-11). Todos estos milagros de abundancia tienen dos características en común: (1) satisfacen necesidades humanas, y (2) demuestran el poder de Dios. El resultado de este particular milagro fue que los discípulos “dejaron todo y le siguieron” (v. 11).


VERSÍCULOS 8-11: DEJÁNDOLO TODO, LE SIGUIERON

8Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.  9Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; 10Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.  11Y como llegaron a tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.


Esta es la primera vez que Simón es llamado Pedro en este evangelio. En este milagro de la gran pesca, se encuentra frente a frente con el Santo. Sin embargo, no le es posible disfrutar la experiencia porque repentinamente se da cuenta de su pecado. Es la respuesta de una persona que llega a una fiesta solamente para darse cuenta de lo pobre que está vestido. No quiere unirse a la fiesta porque solamente se sentirá avergonzado ante tan elegante compañía. Solamente desea huir a un lugar donde se pueda sentir cómodo otra vez con su modesta vestimenta. “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (v. 8). Fue la misma reacción de Moisés frente a la zarza ardiente: “Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Ex. 3:6).

En gran manera hemos perdido este sentido de asombro y temor ante la presencia de Dios.  En su lugar, adoramos ante el altar de la ciencia y tecnología, que todos los días nos presenta una nueva maravilla. Adoramos ante el altar de la auto-estima, e incluso resistimos cualquier sugerencia de inclinarnos ante Dios. Hasta nos sentimos con el derecho de imponer las condiciones bajo las que aceptaremos a Dios (“Si ese el tipo de Dios que es, entonces no quiero nada con Dios”). Pero, en nuestros mejores momentos, nos arrodillamos en adoración en la presencia de Dios, reconociendo nuestra gratitud a Dios cada vez que respiramos.

“Y Jesús dijo a Simón: No temas” (v. 10b). Estas son las mismas palabras del ángel, que dice “María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios” (1:30), y “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo” (2:10). Jesús usa estas mismas palabras dos veces más en este evangelio. “No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos” (12:7), y “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino” (12:32). Admitámoslo, tenemos miedo de muchas cosas. Pero Jesús nos da la certeza de que no necesitamos temer.

“...desde ahora pescarás hombres” (v. 10c). El énfasis es en el papel que los discípulos tendrán en la evangelización. El cumplimiento de la promesa de Jesús comenzará totalmente en Pentecostés.  Pedro predicará un sermón, y en un día tres mil personas se bautizarán. Ese es solamente el principio. Nosotros somos los herederos de Pedro, responsables de la propagación del Evangelio. Es un papel con el que no siempre nos sentimos cómodos en un mundo que enfatiza la tolerancia de todo credo.

“Y como llegaron a tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron” (v. 11). Jesús parece dirigirse a Pedro, pero los otros discípulos también escucharon que esas palabras les incluían a ellos. Ellos también abandonan todo para seguir a Jesús.

Este tipo de entrega es característico del discipulado. Leví deja su banco de los impuestos para seguir a Jesús (Lc. 5:27-28). Jesús llama a tres hombres a romper drásticamente con su pasado (Lc. 9:57-62). Jesús desafía al joven rico a vender todo y darlo a los pobres como un requisito para el discipulado (18:18-22). “... ser discípulo significa dejar de encontrar la base para la vida en cosas terrenales y encontrar la base para la vida solamente en Dios” (Borg, 75). En el libro de los Hechos, Lucas continúa este énfasis con la historia de la iglesia primitiva que tiene todas las cosas en común (Hechos 2:44-47).

VIERNES 07
LUCAS 5, 33-39
• En el Evangelio de hoy vamos a ver de cerca un conflicto entre Jesús y las autoridades religiosas de la época, escribas y fariseos (Lc 5,3). Esta vez el conflicto es entorno al ayuno. Lucas relata varios conflictos entorno a las prácticas religiosas de la época: el perdón de los pecados (Lc 5,21-25), comer con pecadores (Lc 5,29-32), el ayuno (Lc 5,33-36), además de los conflictos entorno a la observancia del sábado (Lc 6,1-5 e Lc 6,6-11).
• Lucas 5,33: Jesús no insiste en la práctica del ayuno. Aquí, el conflicto es entorno a la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada por casi todas las religiones. Jesús mismo lo practicó durante cuarenta días (Mt 4,2). Pero él no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Les deja la libertad de actuar. Por esto, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que estaban obligados a ayunar, quieren saber por qué motivo Jesús no insiste en el ayuno.

• Lucas 5,34-35: Mientras el novio está con ellos no precisan ayunar. Jesús responde con una comparación. Mientras el novio está con ellos, esto es, durante la fiesta de las bodas, éstos no precisan ayunar. Durante el tiempo en que él, Jesús, está con sus discípulos, es fiesta de bodas. Pero el día vendrá en que el novio no estará. En ese día, si quieren, pueden ayunar. Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que si continúa por este camino de libertad, las autoridades van a querer matarle.

En el Antiguo Testamento, varias veces, Dios mismo se presenta como siendo el novio de la gente (Is 49,15; 54,5.8; 62,4-5; Os 2,16-25). En el Nuevo Testamento, Jesús es visto como el novio de su pueblo, de su gente (Ef 5,25). El Apocalipsis presenta el convite para la celebración de las nupcias del Cordero con su esposa, la Jerusalén celestial (Ap 19,7-8; 21,2.9).
• Lucas 5,36-39: ¡Vino nuevo en pellejos nuevos! Estas palabras sueltas sobre el remiendo nuevo en paño viejo y sobre el vino nuevo en pellejos viejos deben entenderse como una luz que arroja su claridad sobre los diversos conflictos, relatados por Lucas, antes y después de la discusión entorno al ayuno. Aclaran la actitud de Jesús con relación a todos los conflictos con las autoridades religiosas. Colocados en términos de hoy serían conflictos como éstos: bodas de personas divorciadas, amistad con prostitutas y homosexuales, comulgar sin estar casado/a por la iglesia, faltar a la misa los domingos, no hacer ayuno el viernes santo, etc.
No se pone remiendo nuevo a un vestido viejo, porque a la hora de lavarlo, el remiendo nuevo se encoge y el vestido se desgarra aún más. Nadie pone vino nuevo en pellejo viejo, porque el vino nuevo por la fermentación hace estallar el pellejo viejo. ¡Vino nuevo en pellejo nuevo! La religión defendida por las autoridades religiosas era como ropa vieja, como pellejo viejo. O lo uno, o lo otro. No se debe combinar lo nuevo que Jesús trae con costumbres antiguas. ¡O lo uno, o lo otro! El vino nuevo que Jesús trae hace estallar el pellejo viejo. Hay que saber separar las cosas. Muy probablemente Lucas trae estas palabras de Jesús para orientar a las comunidades de los años ’80. Había un grupo de judeo-cristianos que querían reducir la novedad de Jesús al tamaño del judaísmo de antes. Jesús no está en contra de lo que es “viejo”. Lo que él no quiere es que lo “viejo” se imponga y así empiece a manifestarse. Sería lo mismo que reducir, en la Iglesia católica, el mensaje del Concilio Vaticano II a lo que se vivía en la Iglesia antes del concilio, como hoy mucha gente parece estar queriendo hacer.
SABADO 08
MATEO 1, 18-23

CAPÍTULO 1: EL CONTEXTO

Generalmente pensamos de la palabra “anunciación,” en el contexto de la anunciación a María de que daría luz a un hijo (Lucas 1:26-38).  Sin embargo, en el Evangelio de Mateo, el ángel se le aparece a José.  Lucas nos cuenta de la obediencia de María (Lucas 1:38), pero Mateo nos cuenta de la obediencia de José (v. 24).

En su relato del nacimiento de Jesús (Lucas 1-2), Lucas pone a María en primer plano.  Mateo, en vez, pone a José en el frente.  En el Evangelio de Mateo José es importante porque Jesús formará parte del linaje de David por parte de José (1:1-17).  “Aunque la lectura del evangelio para hoy parece ser un relato del nacimiento (génesis), la verdad es que es una explicación de su descendencia (genea)” (Bergant, 26).

Sin embargo, Mateo incluye a cinco mujeres en su genealogía, y no intenta disminuir el papel de las mujeres.  Las mujeres que menciona en particular son interesantes.  Tamar tuvo una relación sexual con Judá, su suegro (Gen. 38).  Rahab era una meretriz (Josué 2:1).  Ruth era una extranjera (Ruth, 1:4).  Betsabé se identifica aquí solo como “la mujer de Urías” (1:6), pero el adulterio de David con Betsabé y el asesinato de Urías constituyen uno de los capítulos más sórdidos de la Biblia (2 Samuel 11).  Finalmente está María, una mujer buena y de Dios.  Pero aún María tenía un problema con su reputación pública a causa de su embarazo.  Quizá Mateo incluyera a estas mujeres en su genealogía para ilustrar la gracia de Dios – para darnos esperanza a todos.

Esta anunciación tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento.  Allí, un ángel le anunció a Agar que ella daría luz a un hijo cuyo nombre sería Ismael (Gen. 16:7-14) – Dios le anunció a Abrahán que Sara daría luz a un hijo cuyo nombre sería Isaac (Gen. 17:15 – 18:15) – un ángel le anunció a la esposa de Manoa (y más adelante a Manoa) que daría luz a un hijo (Jueces 13:2-25).  También, “el papel de José como un hombre justo guiado por sueños para proteger la vida de los débiles, y así continuar con los propósitos de Dios, no es diferente del papel del patriarca José en Génesis” (Gardner).

Los propósitos de Mateo en esta lección del Evangelio son enseñar que:

- Jesús pertenece a la casa y al linaje de David a través de José.

- José, un hombre justo (v. 19), es justo al obedecer el mandato de Dios en vez de observar con rigidez la ley que le requería divorciarse de María – o algo peor.


VERSÍCULOS 18-19: EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO FUE ASÍ

18Y el nacimiento de Jesucristo fue así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.  19Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.


“Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen” (v. 18).  El matrimonio judío comienza con un compromiso arreglado entre los padres, a menudo cuando el niño y la niña son aún pequeños.  Antes del matrimonio la pareja comienza con un desposorio que dura un año, parecido al matrimonio excepto por los derechos sexuales.  El desposorio es unificador, y solo la muerte o el divorcio lo pueden romper.  Una persona cuyo desposado muere es considerada viuda o viudo.

“Se halló haber concebido del Espíritu Santo” (v. 18).  Hay numerosas historias en mitología griega y romana de tal concepción, pero “es de suma importancia que no recurramos al paganismo al...presentar a Jesús como un semidiós, mitad humano por nacer de madre humana, mitad dios por ser engendrado por un dios (Hare, 11).  Doctrina cristiana afirma la plena humanidad y la plena divinidad de Jesús.

“Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente” (v. 19).

Deuteronomio 22:23-24 dice: “Cuando fuere moza virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se echare con ella; Entonces los sacaréis a ambos a la puerta de aquella ciudad, y los apedrearéis con piedras, y morirán; la moza porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo: así quitarás el mal de en medio de ti.”   Deuteronomio 22:25-27 hace una excepción para la mujer si el acto toma lugar en el campo donde no hay nadie que oiga su protesta, pero el hombre aún ha de ser apedreado.  Bajo esta ley, María está dispuesta a morir apedreada.

Ya en la época de María, la práctica común había suavizado la observación de esta ley, pero la pena por un embarazo ilícito aún era seria.  Del hombre se espera que se divorcie de la mujer.  “El código de honor en el mundo mediterráneo manda que nadie tome lo que por ley le pertenece a otro.  El hijo de María no es de José, por eso, él duda si aceptarlo” (Pilch, 11).  El hombre también reclamaría el precio de la novia, una suma substancial.

A José se le describe como justo – vive por la ley de Dios.  Sin embargo, no es santurrón, una cualidad que le haría exigir una justicia severa.  En vez, José decide divorciarse de María en secreto para no causarle ningún dolor innecesario.  Al hacer esto, José modela la compasión de Cristo frente al pecado.  También demuestra el equilibrio de Dios entre la ley del Torá y la ley del Amor.  Demuestra “que ser verdaderamente justo no significa buscar una regla en un libro y después hacer ‘lo correcto’; significa luchar con la complejidad de un problema, escuchando la voz de Dios, y después haciendo lo que Dios manda” (Long, 14).

La relación apropiada con la ley para la persona de Dios es un tema principal en este Evangelio.  Jesús cumplirá numerosos actos de compasión que ofenderán aquéllos que se proclaman a sí mismos como los que mantienen la ley:

- Perdonará los pecados del paralítico y será acusado de blasfemia (9:2-8).

- Sanará un demoníaco y será acusado de sanar con el poder de demonios (9:32-34).

- Arrancará espigas un día de reposo para alimentar a sus discípulos y será acusado de romper la ley del día de reposo (12:1-8).

- Sanará a un hombre de mano seca en un sábado y será acusado de romper la ley del día de reposo (12:9-14).

- Quebrantará la tradición de los ancianos y les llamará la atención por su falta de guardar el Torá (15:1-20).

- Rendirá a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios (17:24-27).

- Distinguirá entre la intención de Dios para la permanencia del matrimonio y la tolerancia de Moisés por el divorcio (19:1-12).

- Dirá que el más grande mandamiento es amar a Dios y al prójimo (22:34-40).

- Proclamará bendiciones y maldiciones sobre aquéllos que ayudan a los necesitados o fallan en hacerlo (25:31-46).

- En dos ocasiones (9:13; 12:7), citará Oseas 6:6, “Deseo merced, y no sacrificio.”


VERSÍCULOS 20-21: EL ÁNGEL DEL SEÑOR LE APARECE

20Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.  21Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.


Ésta es la tercera de tres ocasiones en la que un ángel se le aparece a José en un sueño.  En cada sueño, el ángel le pide a José que actúe y él obedece.  No tiene parte hablada – Mateo no anota ni una palabra que dice José.  En la primera aparición, el ángel le manda a José que acepte a María como su esposa.  En 2:13, el ángel le dirá a José que lleve a madre e hijo a Egipto para escapar la ira de Herodes.  En 2:19, tras la muerte de Herodes, el ángel le dirá a José que regrese a Israel.

El ángel comienza diciendo, “José, hijo de David” (v. 20), informándonos del linaje de José.  Es a través de José que Jesús pertenecerá a la casa y al linaje de David.

“No temas” (v. 20).  El ángel repetirá esas mismas palabras a las mujeres en la tumba después de la resurrección de Jesús (28:5).  Jesús usará esas mismas palabras en varias ocasiones (10:31; 14:27; 17:7; 28:10).  José no ha de temer al ángel – o las opiniones de su prójimo – ni tampoco el de castigo que manda el Torá.  No ha de dudar, sino casarse con María.

“Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (v. 21).  El papel de María es dar luz a un hijo, y el papel de José es nombrarle.  Al nombrarle, José le hará a Jesús su hijo y, por eso, pertenecerá a la casa de David.

El nombre, Jesús, “es la forma griega de la palabra hebrea Yehosua, que significa ‘YHWH es salvación’” (Bergant, 27).  Está relacionado con el nombre Josué – el sucesor de Moisés.  El primer Josué salvó al pueblo de sus enemigos, el segundo Josué (Jesús) salvará al pueblo de sus pecados.

En este Evangelio, Jesús hace unas demandas éticas bastante serias.  Debemos ser perfectos, como el Padre Celestial es perfecto (5:48).  Un hombre que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (5:28).  Por lo tanto es tranquilizante ver, desde el principio, que Jesús ha venido a salvarnos de nuestros pecados.

El pueblo no espera un Mesías que les salve de sus pecados, sino uno que les libere de sus opresores.  Jesús sería mucho más popular si se enfocara más en liberar a la gente de la opresión romana en vez de sus pecados.  Los romanos agotan la economía con sus impuestos, imponen indignidad sobre indignidad sobre la gente, y desplazan la ley de Dios con la ley romana.  Jesús no solo falla en dirigirse a estas quejas, pero también elogia la fe de un centurión (8:5-13) y enseña a la gente a rendirle a César lo que es de César (17:24-27).  En el Evangelio de Lucas, hasta que perdonará a aquéllos responsables por su muerte (Lucas 23:34).


VERSÍCULOS 22-23: ESTO ACONTECIÓ PARA QUE SE CUMPLIESE LO QUE FUE DICHO

22Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: 23He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.


“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta” (v. 22).  El cumplimiento de la profecía es importante para Mateo.  Lo menciona once veces (1:22; 2:15; 17, 23; 4:14; 8:17; 12:17; 13:35; 21:4; 26:56; 27:9).

“La virgen concebirá y parirá un hijo” (v. 23).  El versículo está citado en Isaías 7:14.  Isaías habló estas palabras al Rey Ahaz en el siglo ocho.  Jerusalén se encontraba bajo ataque y parecía que la ciudad y la nación serían destruidas.  Isaías profetizó que un niño nacería y que, al llegar a su madurez, la amenaza del enemigo habría pasado.  No conocemos la identidad de ese niño, pero la ciudad y la nación fueron salvadas.
ALONSO SCHOKEL, mi profesor en ROMA, traduce correctamente ho parthenos como “la virgen” en vez de “una virgen” – el original tiene un artículo definido.  Isaías se refirió a una joven (almah), pero el ho parthenos de Mateo claramente significa virgen.  Trágicamente, la iglesia se encuentra dividida sobre el tema de la virginidad de María.  Ni Marcos ni Juan tratan el tema, ni tampoco aparece en las epístolas.  Sin embargo, Mateo deja claro que el niño es del Espíritu Santo y que José no es el padre (1:18, 20).  Si María no es virgen, ¿quién es el padre de Jesús?  Satanás debe frotarse las manos con alegría al observar que cristianos luchan unos con otros sobre tales cosas.

“Y llamarás su nombre Emmanuel” (v. 23).  En el Evangelio de Lucas, el ángel le dice a María que ha de nombrar al bebé Jesús (Lucas 1:31), pero este ángel no le dice a José que nombre al bebé Emmanuel.  En vez, el ángel dice que “ellos” le nombrarán Emmanuel – “ellos,” supuestamente, se refiere al pueblo que el bebé salvará de sus pecados (v. 21).

En hebreo, El es una forma corta de Elohim, un nombre para Dios.  Immanu-El significa “Dios con nosotros,” un significado que Mateo aclara para sus lectores no hebreos.  Emmanuel no es un segundo nombre por el que amigos y vecinos conocerán a Jesús.  Jesús es su nombre, y Emmanuel explica el papel que cumple.  Por lo tanto, Mateo empieza su Evangelio con la promesa que Jesús es Dios-con-nosotros, y terminará su Evangelio con la promesa que Jesús estará con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo” (28:20).

“Porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (v. 21).  “Nunca es Dios solo el que, a través de su Hijo, salva a su pueblo.  Mientras que unos confían en carrozas y otros en caballos (Salmo 20:7)....ninguno de los dos, sea solo o con otros, puede liberar al hombre de su mayor enemigo, el enemigo que poco a poco destruye su corazón, es decir, el pecado” (Hendriksen, 132).


VERSÍCULOS 24-25: JOSÉ HIZO COMO EL ÁNGEL DEL SEÑOR LE HABÍA MANDADO

24Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.  25Y no la conoció hasta que parió a su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.


“Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (v. 24).  Como se anota arriba, un ángel se le aparece a José tres veces y, en cada ocasión, José obedece al ángel sin preguntar y sin pausa.  “Su marca es la obediencia – rápida, simple, y poco espectacular.  En este sentido José demuestra el entendimiento de ser justo en el Evangelio de Mateo: ser justo es simplemente obedecer la Palabra de Dios” (Bruner, 36).  “La obediencia de José permite que Jesús sea adoptado como verdadero Hijo de David; el papel de María es permitir que Jesús nazca Hijo de Dios” (Boring, 138).

“Y no la conoció hasta que parió a su hijo primogénito” (v. 25).  José irá aún más lejos de lo que el ángel requiere, y no tendrá relaciones matrimoniales con María hasta después del nacimiento de Jesús.

Por segunda vez, cristianos están divididos en la cuestión de la virginidad de María – específicamente, la virginidad perpetua de María.  Creemos en la virginidad perpetua de María, “el peso de la prueba descansa sobre aquéllos que discuten el simple significado de la palabra ‘hasta’  

DOMINGO 09
MARCOS 7, 31-37
VERSÍCULOS 31-35: EL HOMBRE SORDOMUDO

31Y volviendo a salir de los términos de Tiro, vino por Sidón a la mar de Galilea, por mitad de Los términos de Decápolis.  32Y le traen un sordo y tartamudo (griego:mogilalon), y le ruegan que le ponga la mano encima.  33Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, Tocó su lengua; 34Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto.  35Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua (griego: kai eluthe ho desmos tes glosses – y fue soltada la ligadura de la lengua), y hablaba bien.

“Y volviendo a salir de los términos de Tiro, vino por Sidón a la mar de Galilea, por mitad de Los términos de Decápolis” (v. 31).  Este itinerario parece extraño.  Sidón está al norte de Tiro, y el Mar Galileo se encuentra al sureste.  Jesús se desvía de su camino para visitar Sidón.  Algunos eruditos sugieren que Marcos no conoce bien la geografía de esta zona, pero parece más probable que Jesús simplemente decide visitar Sidón antes de alejarse de allí.

La palabra Decápolis viene de dos palabras griegas (deka polis) que significan “diez ciudades” – aunque con el pasar del tiempo más de diez ciudades llegarían a ser miembros.  La mayoría de las ciudades se encuentran al sur y al este del Mar Galileo y el Río Jordán, pero Damasco (situada 60 millas al noreste del Mar Galileo) es miembro de la Decápolis.  La Decápolis no solo se refiere a estas ciudades, pero también a la región en la que se sitúan.  La población de la región es principalmente gentil, pero judíos también viven allí.

Estas ciudades fueron establecidas por los griegos, y judíos resentían esta presencia gentil en su frontera – un resentimiento que a veces abría paso a la guerra.  Los griegos respondieron diseñando una floja confederación de ciudades para proveer defensa común, no solo contra incursiones judías, sino también contra merodeadores del desierto.

Los romanos alentaban el crecimiento de la cultura griega en la Decápolis como una manera de limitar la influencia judía en la región.

La mención de la Decápolis en versículo 31 es significante porque demuestra que Jesús elige quedarse en territorio gentil en vez de regresar a las ciudades más familiares de Galilea.

“Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima” (v. 32).  Esto hace pensar del paralítico, cuyos amigos trajeron a Jesús (2:1-12).  Sabemos muy poco de este hombre o sus amigos.  Algunos eruditos piensan de ellos como gentiles (Edwards, 226-227), pero puede que sean judíos.  Por el esfuerzo que Marcos pone en identificar a la mujer sirofenicia como gentil (v. 26), sería lógico que hiciera lo mismo aquí si el hombre no fuera judío.  También, el poner de manos es una práctica de sanar judía, y pedir que Jesús lo haga (v. 32) puede indicar que los amigos del hombre son judíos.  Sin embargo, no hay ninguna mención de fe por parte de los amigos ni del sordo.

Gente sorda frecuentemente tiene dificultad hablando claramente porque no pueden oír el sonido de las palabras.  El hombre es “tartamudo.”  Esto podría indicar que no era sordo de nacimiento y que aprendió algún lenguaje (por imperfecto que fuera) antes de quedarse sordo.

Existe un paralelo significante entre el hombre sordo y los discípulos de Jesús.  El hombre no puede oír ni hablar correctamente.  Los discípulos no pueden entender lo que Jesús les dice y, por lo tanto, su proclamación queda impedida.  Ellos también necesitan la mano de Jesús para poder ver, oír, y comprender.

Nosotros también necesitamos la mano de Jesús para poder entender.  Igual que los primeros discípulos de Jesús que no comprendieron y que no le proclamaron fielmente, la iglesia de hoy a menudo experimenta los mismos fallos:

- Predicadores están tentados a proclamar un Evangelio de Prosperidad (“¡Creed y Enriqueceos!”) en vez de retar a la gente a que tome su cruz y le siga a Jesús.  No solo es el Evangelio de Prosperidad más fácil de “vender” que la cruz (por lo menos en algunos lugares), pero es más probable que predicadores se enriquezcan al predicarlo.

- Muy fácilmente la iglesia tolera división a su alrededor – por raza, género, nación, denominación, y nivel socio-económico – cruzar estas líneas divisoras nos incomoda.  Encontramos mucho más fácil quedarnos con los nuestros en vez de alargar la mano a los que son diferentes.  Sin embargo, la visita de Jesús a la Decápolis demuestra su compromiso hacia los que son diferentes y nos pide que compartamos ese compromiso con él.

- Las escrituras nos piden alabar a Dios – darle gloria a Dios – pero nuestro plan de alabanza es a menudo “lo que sacamos de él” – Dios sirviéndonos a nosotros en vez de nosotros sirviéndole a Dios.

- De éstas y otras mil maneras demostramos nuestra propia ceguera y sordera.  Nosotros también necesitamos que la mano de Cristo nos sane.

“Y tomándole aparte de la gente” (v. 33a).  No sabemos porque Jesús se lleva aparte al hombre para sanarle.  Quizá la acción de Jesús se relaciona con el deseo de mantener secreta su presencia en la historia previa (v. 24).

“metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua” (v. 33b).  Este sanar es muy distinto al de la hija de la mujer sirofenicia.  En esa historia, Jesús no tomó ninguna acción excepto decirle a la madre que su hija estaba sanada (v. 29).  Si Jesús parecía muy poco involucrado en ese caso, en éste parece demasiado involucrado.  Pone sus dedos en las orejas del hombre.  Escupe y le toca la lengua.  Estos son procedimientos comunes para sanar.  Si nos ofendimos por las graves palabras de Jesús hacia la mujer (v. 27), ahora nos ofendemos por los dedos en las orejas y el escupitajo en la lengua.  Si Jesús podía sanar a la hija de la mujer sin decir una palabra, ¿por qué no hace lo mismo para este hombre?

“Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto” (v. 34).  Mirar al cielo demuestra la dependencia de Jesús en el Padre.  Su suspiro demuestra simpatía y compasión.   “Ephphatha” es una palabra aramea que Marcos traduce para sus lectores gentiles como “Sé abierto.”

“Y luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua”(griego: eluthe ho desmos tes glosses – y fue soltada la ligadura de la lengua) (v. 35).  La imagen es de un hombre cuya lengua estaba esclavizada – literalmente atada – que, al mandarlo Jesús, encuentra libertad de movimiento y expresión.

Aunque Jesús pone sus dedos en las orejas del hombre y le toca la lengua, “el verdadero sanar ocurre a través de la palabra autoritaria de Jesús.  La presencia y acumulación de gestos terapéuticos forman parte de este proceso” (Guelich, 395).

VERSÍCULOS 36-37: Y SE MARAVILLABAN

36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban (griego: ekerusson – de kerusso – una palabra relacionada con kerygma, la predicación del Evangelio por la temprana iglesia).  37Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

“Y les mandó que no lo dijesen a nadie” (v. 36a).  La ironía es que el hombre sordomudo ahora puede hablar claramente, pero Jesús le prohíbe a él y a sus amigos que hablen de este milagro – la cosa más importante que le ha ocurrido jamás.   Jesús ha mandado silencio en varias otras ocasiones – de espíritus inmundos (1:25, 34; 3:12) – de un leproso (1:44) – y de los padres de la niña pequeña (5:43).  No estamos seguros por qué, pero existen varias posibilidades:

- Quizá estas órdenes de silencio intentan demostrar la imposibilidad de silencio – “que extender las buenas noticias de Jesús es un hecho de Dios que nadie puede parar – ni siquiera Jesús mismo (Marcus, 479).

- Quizá “en estos momentos, no se puede hablar de curas físicas con suficiente entendimiento, porque señalan hacia delante a eventos y cambios espirituales que todavía se encuentran en el futuro” – después de la resurrección (Hooker, 185).

- El lenguaje idéntico en 1:44f. y en 7:36 sugiere que el propósito de la amonestación era evitar que, de nuevo, ocurriera la misma situación que surgió después que Jesús sanara al leproso – la presencia de multitudes en cada pueblo pidiendo la mano de Jesús impidió sus movimientos e interrumpió su misión de sanar” (Lane, 268).

“pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban” (v. 36b).  Igual que en la historia previa (v. 24), a Jesús no se le permitirá conservarse anónimo ni mantener su privacidad.  Sin embargo, Marcos no dice que la proclamación de la multitud – su  kerygma – sea mala (v. 36).  En vez, dice que “en gran manera se maravillaban” (v. 37).

“Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo” (v. 37a).  Su proclamación “bien lo ha hecho todo” (v. 37), nos lleva a Génesis 1:31: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”

Su declaración, “hace a los sordos oír, y a los mudos hablar” (v. 37b), alude a Isaías 35:5-6a: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.  Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo.”  Esta alusión se refuerza con el uso de la palabra mogilalos en v. 32.  Esta palabra se utiliza solo dos veces en la Biblia – aquí y en Isaías 35:6 (los LXX –la versión griega del Antiguo Testamento).

Hay bastantes conexiones entre Isaías 35 y el Evangelio de Marcos.  Geddert anota los siguientes paralelos:

1. La promesa, “Alegrarse en el desierto y la soledad…. verán la gloria de Yahaveh” (Isaías 35:
1-2), se cumple con los milagros de alimentar en el desierto (Marcos 6:35; 8:4).

2. La promesa, “Decid a los de corazón apocado: Confortaos, no temáis: he aquí que vuestro Dios… el mismo vendrá, y os salvará” (Isaías 35:4), se cumple cuando Jesús viene a los discípulos en el mar durante la tormenta diciendo, “Alentaos; yo soy, no temáis” (Marcos 6:50).

3.  La promesa, “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán” (Isaías 35:5) se cumple al sanar el sordomudo (Marcos 7:35) y el ciego (Marcos 8:22-26).

4.  La promesa, “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad” (Isaías 35:8) se cumple cuando Jesús lleva a los doce por el camino a Jerusalén y empieza a decirles lo que le va a ocurrir (Marcos 10:32).

5. La promesa, “Y los redimidos de Yahaveh volverán, y vendrán a Sión con alegría” (Isaías 35:10) se cumple el Domingo de Ramos mientras las multitudes saludan a Jesús con las palabras, “¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Marcos 11:9).

“Los paralelos están unidos y el orden cronológico es idéntico” (Geddert, 192).

El pasaje de Isaías miraba hacia adelante a la venida del Mesías, y la proclamación de la multitud en versículo 37 revela a Jesús como el Mesías.  En el próximo capítulo, Pedro confesará Jesús como Mesías (8:27-30), pero la multitud (quizá sin darse cuenta del significado total de su proclamación) se ha adelantado a Pedro en hacerlo.
LUNES 10
LUCAS 6, 6-11
 Contexto. Nuestro pasaje presenta a Jesús curando a un hombre que tenía una mano seca. A diferencia del contexto de los cap. 3-4 en los que Jesús aparece solo, aquí Jesús aparece rodeado de sus discípulos y de las mujeres que lo acompañaban. En los primeros tramos de este camino encontrará el lector diversos modos de escuchar la palabra de Jesús por parte de los que lo siguen que en definitiva podrían sintetizarse en dos experiencias que reclaman a su vez dos tipos de aproximación a Jesús: el de Pedro (5,1-11) y el del centurión (7,1-10). El primero encuentra a Jesús que, después de la pesca milagrosa, lo invita a ser pescador de hombres, y cae después de rodillas ante Jesús: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (5,8). El segundo no tiene ninguna comunicación directa con Jesús: ha oído hablar muy bien sobre Jesús y le envía intermediarios para pedirle la curación de su criado que está muriendo; pide algo no para sí, sino para una persona muy querida. La figura de Pedro representa la actitud del que, sintiéndose pecador, pone su obrar bajo el influjo de la Palabra de Jesús. El centurión, mostrando su solicitud por el criado, aprende a escuchar a Dios. Pues bien, la curación del hombre que tiene una mano seca se coloca entre estas vías o actitudes que caracterizan la itinerancia de la vida de Jesús. El hecho milagroso se produce en un contexto de debate o controversia: las espigas arrancadas en sábado y una curación también en sábado, precisamente la mano seca. Entre las dos discusiones, la palabra de Jesús juega un papel crucial: “El Hijo del hombre es señor del sábado” (6,5). Yendo a nuestro pasaje, preguntémonos qué significa esta mano seca? Es símbolo de la salvación del hombre que es conducido a su situación original, la de la creación. Además, la mano derecha expresa el obrar humano. Jesús devuelve a este día de la semana, el sábado, su más profundo sentido: es el día de la alegría, de la restauración, y no de la limitación. El sábado que Jesús presenta es el sábado mesiánico, no el sábado legalista; las curaciones realizadas por él son signos del tiempo mesiánico, de la restauración y liberación del hombre. 

• Dinámica del milagro. Lucas pone ante Jesús a un hombre con una mano sin fuerza, seca, paralizada. Nadie se interesa por pedir su curación y menos aún el directamente interesado. Pero la enfermedad no era sólo un problema individual, sino que sus efectos repercuten en toda la comunidad. En nuestro relato no emerge tanto el problema de la enfermedad sino más bien su relación con el sábado. Jesús es criticado porque ha curado en sábado. La diferencia con los fariseos consiste en que éstos, en el día de sábado, no actúan en base al mandamiento del amor que es la esencia de la ley. Jesús, después de ordenar al hombre ponerse en el centro de la asamblea, hace una pregunta decisiva: “¿es lícito o no curar en sábado?”. Los espacios para la respuesta son reducidos: curar o no curar, o sea, curar o destruir (v.9). Imaginémonos la dificultad de los fariseos: había que excluir que en sábado se pudiese hacer el mal o conducir al hombre a la perdición y menos aún curar ya que ayudar en sábado estaba permitido sólo en casos de extrema necesidad. Los fariseos se sienten provocados, lo cual excita su agresividad. Aparece como evidente que la intención de Jesús al curar en sábado es procurar el bien del hombre, en primer lugar el que está enfermo. Esta motivación de amor nos invita a reflexionar sobre nuestro comportamiento y a fundamentarlo en el de Jesús, que salva. Jesús no presta atención sólo a la curación del enfermo, sino que está también interesado por la de sus adversarios: corarlos de su torcida actitud al observar la ley; observar el sábado sin reanimar al prójimo de sus enfermedades no está en conformidad con lo que Dios quiere. Para el evangelista, la función del sábado es hacer el bien, salvar como Jesús hace en su vida terrena.

MARTES 11
LUCAS 6, 12-19
• El evangelio de hoy trae dos asuntos: la elección de los doce apóstoles (Lc 6,12-16) y la multitud enorme de gente queriendo encontrarse con Jesús (Lc 6,17-19). El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre los Doce que fueron escogidos para convivir con Jesús, como apóstoles. Los primeros cristianos recordaron y registraron los nombres de estos Doce y de algunos otros hombres y mujeres que siguieron a Jesús y que después de la resurrección fueron creando comunidades para el mundo. Hoy también, todo el mundo recuerda el nombre de algún catequista o profesora que fue significativo/a para su formación cristiana.
• Lucas 6,12-13: La elección de los 12 apóstoles. Antes de proceder a la elección de los doce apóstoles, Jesús pasó una noche entera en oración. Rezó para saber a quién escoger y escogió a los Doce, cuyos nombres están en los evangelios y que recibirán el nombre de apóstol. Apóstol significa enviado, misionero. Fueron llamados para realizar una misión, la misma que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). Marcos concretiza más y dice que Dios los llamó para estar con él y enviarlos en misión (Mc 3,14).
• Lucas 6,14-16: Los nombres de los 12 apóstoles. Con pequeñas diferencias los nombres de los Doce son iguales en los evangelios de Mateo (Mt 10,2-4), Marcos (Mc 3,16-19) y Lucas (Lc 6,14-16). Gran parte de estos nombres vienen del AT. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gén 29,33). Santiago es el mismo nombre que Jacob (Gén 25,26). Judases el nombre de otro hijo de Jacob (Gén 35,23). Mateo también tenía el nombre de Levi (Mc 2,14), que fue otro hijo de Jacob (Gén 35,23). De los doce apóstoles, siete tienen el nombre que vienen del tiempo de los patriarcas: dos veces Simón, dos veces Santiago, dos veces Judas, y una vez ¡Levi! Esto revela la sabiduría y la pedagogía del pueblo. A través de los nombres de patriarcas y matriarcas, dados a sus hijos e hijas, mantuvieron viva la tradición de los antiguos y ayudaron a sus hijos a no perder la identidad. ¿Qué nombres les damos hoy a nuestros hijos e hijas?
• Lucas 6,17-19: Jesús baja de la montaña y la multitud lo busca. Al bajar del monte con los doce, Jesús encuentra a una multitud inmensa de gente que trataba de oír su palabra y tocarle, porque de él salía una fuerza de vida. En esta multitud había judíos y extranjeros, gente de Judea y también de Tiro y Sidón. Y la gente estaba desorientada, abandonada. Jesús acoge a todos los que le buscan. Judíos y paganos. ¡Este es uno de los temas preferidos por Lucas!

• Estas doce personas, llamadas por Jesús para formar la primera comunidad, no eran santas. Eran personas comunes, como todos nosotros. Tenías sus virtudes y sus defectos. Los evangelios informan muy poco sobre la forma de ser o el carácter de cada una de ellas. Pero lo poco que informan es motivo de consolación para nosotros.
- Pedro era una persona generosa e entusiasta (Mc 14,29.31; Mt 14,28-29), pero a la hora del peligro y de la decisión, su corazón sigue encogido y se vuelve atrás (Mt 14,30; Mc 14,66-72). Llega a ser satanás para Jesús (Mc 8,33). Jesús le dio el apellido de Piedra (Pedro). Pedro, por si mismo, no era Piedra. Se volvió piedra (roca), porque Jesús rezó por él (Lc 22,31-32).
Santiago y Juan estaban dispuestos a sufrir con Jesús y por Jesús (Mc 10,39), pero eran muy violentos (Lc 9, 54). Jesús los llama “hijos del trueno” (Mc 3,17). Juan parecía tener ciertos celos. Quería Jesús sólo para su grupo (Mc 9,38).

Felipe tenía una forma de ser acogedora. Sabía poner a los demás en contacto con Jesús (Jn 1,45-46), pero no era muy práctico en resolver los problemas (Jn 12,20-22; 6,7). A veces era medio ingenuo. Hubo momentos en que Jesús perdió la paciencia con él: “Pero Felipe, ¿tanto tiempo que estoy contigo, y aún no me conoces?” (Jn 14,8-9)

Andrés, hermano de Pedro y amigo de Felipe, era más práctico. Felipe recurre a él para resolver los problemas (Jn 12,21-22). Fue Andrés el que le llamó a Pedro (Jn 1,40-41), y fue Andrés el que encontró al niño con los cinco panes y los dos peces (Jn 6,8-9).

Bartolomé parece haber sido el mismo que Natanael. Este era del barrio, y no podía admitir que nada bueno pudiera venir de Nazaret (Jn 1,46).
Tomás fue capaz de sustentar su opinión, una semana entera, contra el testimonio de todos los demás (Jn 20,24-25). Pero cuando vio que estaba equivocado, no tuvo miedo en reconocer su error (Jn 20,26-28). Era generoso, dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,16).

Mateo o Levi era publicano, cobrador de impuestos, como Zaqueo (Mt 9,9; Lc 19,2). Eran personas comprometidas con el sistema opresor de la época.
Simón, por el contrario, parece haber sido del movimiento que se oponía radicalmente al sistema que el imperio romano imponía al pueblo judío. Por eso tenía el apellido de Zelota (Lc 6,15). El grupo de los Zelotas llegó a provocar una rebelión armada contra los romanos.
Judas era lo que se ocupaba del dinero del grupo (Jn 13,29). Llegó a traicionar a Jesús.

Santiago de Alfeo y Judas Tadeo, de estos dos los evangelios sólo informan del nombre.

MIÉRCOLES 12
LUCAS 6, 20-26
VERSÍCULOS 20-26: BIENAVENTURANZAS Y AYES

20Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.  21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 22Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.  23Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.  24Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.  25¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.  26¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas.


La versión de Lucas de las Bienaventuranzas es esencialmente diferente a la de Mateo. Mateo tiene nueve bienaventuranzas, mientras que Lucas solamente tiene cuatro con cuatro ayes. La forma de decirlas también es bastante diferente. Mateo habla en tercera persona (“porque ellos serán saciados”), mientras que Lucas habla en la segunda persona (“porque seréis saciados”). Mateo espiritualiza las bienaventuranzas diciendo “Bienaventurados los pobres en espíritu...” (Mt. 5:3). Lucas simplemente dice “Bienaventurados vosotros los pobres...” (v. 20). Mateo dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia...” (Mt. 5:6). Lucas dice “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre...” (v. 21).

Algunas traducciones modernas usan la palabra “felices” en lugar de “bienaventurados” para traducir makarios. Esta no es una buena elección, dadas las connotaciones asociadas con la palabra feliz en nuestra cultura. “En la Septuaginta... ‘bienaventurado’ no significa tanto ser subjetivamente feliz, sino más ser considerado recto, justo, ser bendecido por Dios...” (Cousar, et.al. 148-149).

Tanto las bienaventuranzas como los ayes son más descriptivos que prescriptivos. Juntas describen aquello que ya existe más que llamarnos a una conducta calculada para acumular bendiciones y evitar aflicciones.

-- Jesús no nos dice que debemos vender todo lo que tenemos y darlo a los pobres para que podamos obtener el reino de Dios. Después, de hecho, hará esto cuando sea abordado por el hombre rico interesado en ganarse la vida eterna (18:22). Sin embargo, en estas Bienaventuranzas, les dice a los pobres que suyo es (tiempo presente, no en el modo imperativo) el reino de Dios (v. 20). En los ayes, les dice a los ricos que ellos ya han recibido su consolación (v. 24).

-- No nos dice medir cuidadosamente nuestra porción de comida para que podamos evitar enfermedades gástricas en el presente y hambre en el futuro. En su lugar, nos promete que quienes tienen hambre ahora serán satisfechos y quienes están llenos ahora tendrán hambre.

Aquí no hay mención de recompensa o castigo. En su lugar, Jesús describe una reversión de papeles que es un simple hecho de la vida. ¡Lo que ve no es lo que obtienes! Es como si estuviera describiendo una imagen en el espejo donde todo se ve al revés. Es como si describiera otro mundo donde las reglas son lo opuesto de aquellas que nos son familiares. Esto, de hecho, es lo que está haciendo. El reino de este mundo y el reino de Dios son muy diferentes, tan diferentes que algunas veces son diametralmente opuestos. Estamos familiarizados con la manera en que las cosas funcionan en el reino de este mundo. Jesús nos está diciendo cómo funcionan en el reino de Dios.

Imagínense preparando una visita a un país extranjero con costumbres y tradiciones muy diferentes a las suyas. Imaginen que su visita tiene un propósito muy importante, como un jugoso contrato o la negociación de un tratado. Por lo menos querrán conocer lo suficiente del idioma como para hacer simples peticiones o para hacer preguntas sencillas. Querrán mostrar el respeto adecuado y evitar situaciones vergonzosas. Querrán presentarse a ustedes mismos profesionalmente en reuniones con sus contrapartes. Querrán evitar comentarios o acciones que puedan violar las normas culturales del lugar. Tal vez se preparen leyendo una guía de viajes. Tal vez tomen una clase en las costumbres y tradiciones sobre ese país. Tal vez contraten a una persona conocedora para que los prepare. Jesús vino para capacitarnos y poder ser parte del reino de Dios. Así que necesitamos escuchar cuidadosamente su voz.

Nos preguntamos por qué Jesús debe bendecir a los pobres y pronunciar ayes sobre el rico. Solamente podemos ofrecer respuestas tentativas. Tal vez aquellos ricos están tentados a confiar en su riqueza, mientras que los pobres están más propensos a confiar en Dios. Tal vez el rico usa métodos impropios para obtener su riqueza. Tal vez están inclinados a aprovecharse de la gente más vulnerable. Sin embargo, conocemos personas ricas que viven vidas de fe y pobres que no lo hacen. Conocemos a personas ricas que son generosas y a pobres que no lo son. Existe una enigmática cualidad en las Bienaventuranzas de Lucas, que pueden explicar la espiritualización que Mateo hace de ellas. Es mucho más fácil aceptar “Bienaventurados los pobres en espíritu...” (Mt. 5:3) que “Bienaventurados vosotros los pobres...” (v. 20). Sin embargo, la primera bienaventuranza de Lucas “declara el compromiso preferencial con el pobre. La llegada del reino traerá una inversión de fortunas (cf. Con la historia de Lázaro, 16:19-31). Espiritualizar las bienaventuranzas... domestica el escandaloso mensaje de Jesús” (Culpepper, 143-144).

La bendición de Jesús para los pobres habrían sido buenas nuevas para los primeros discípulos que “dejándolo todo, le siguieron” (5:11).

La última bienaventuranza, “Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre”, de alguna manera es diferente porque promete una recompensa a quienes soporten el rechazo o la persecución debido a su fidelidad a Cristo. El correspondiente “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!”, promete castigo a quienes son como los falsos profetas de la antigüedad.

La iglesia de Lucas, en medio de la persecución por su fe, necesitaba oír esta promesa. Nosotros también necesitamos oír esa palabra. Existe un sinnúmero de héroes no reconocidos entre nosotros que han sufrido debido a que el mundo no apreció sus valores y principios cristianos. Incluso hay un número de pastores entre ellos cuyas congregaciones no están dispuestas a escuchar una verdad dura. Jesús dice, “Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas” (v. 23).  “Mas ¡ay de vosotros, ricos!” (v. 24). Los ricos incluyen a quienes son financieramente prósperos, pero el término también “connota pertenencias y poder (y)... un sentido de arrogancia que no requiere la visitación de Dios (ver 1:53; 12:16, 21; 14:12; 16:1, 19, 21-22; 18:23, 25; 19:2; 21:1) (Johnson, 108).

JUEVES 13
LUCAS 6, 27-38
VERSÍCULOS 27-28: UN FINAL A LA RECIPROCIDAD

Es natural reciprocar – ayudar a los que te ayudan y lastimar a los que te lastiman. “Como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” es simple justicia, y ha sido guardado en ley por lo menos desde el Código de Hammurabi (Siglo 18 a.C.), que especificaba ojo por ojo y diente por diente.

La reciprocidad es algo de sentido común y una manera natural de ordenarse la vida, y es mucho más ilustrado que el método agresivo y egoísta que mucha gente prefiere hoy.  “Como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” se ha convertido en “Haz a los demás antes que te lo hagan a ti” y simplemente “¡Haz a los demás!”  Vivimos en un mundo donde ricos y poderosos utilizan poder y riqueza para acumular aún más poder y riqueza – con poca consideración a los efectos que tienen sobre los demás.  Como dijo un granjero rico, “Lo único que quiero es lo que es mío – y lo que lo rodea.”  En muchos círculos, tal comportamiento agresivo no solo es permitido, sino celebrado.  En algunos casos, gente que es verdaderamente mala inflige daños deliberados sobre otros sin ninguna razón aparente.  Podríamos comprender a la persona que roba algo de valor.  Cuesta más entender a la persona que pone a arder una iglesia a causa de odio racial o a alguien que dispara a un transeúnte solo para divertirse.

En un mundo donde perro come perro, reciprocidad parece un tema positivamente ilustrado.  No busca infligir daño excepto en casos donde el daño es merecido.  La meta es justicia.  La persona mala sufre y la persona buena prospera.  Es como debe ser.

Y aun así, Jesús nos dice que la reciprocidad no es comportamiento del reino.  Igual que Dios va más allá de justicia a merced, hemos de hacer lo mismo.  Es una lección difícil, una que va contra pensamiento común.  No es natural.  Podemos movernos de justicia a merced, pero solo por la gracia de Dios.  “Este mandamiento es completamente imposible de obedecer (o de entender) si no hemos sido transplantados a una nueva identidad y a un nuevo orden mundial” (Rohr, 114).


VERSÍCULOS 27-31: PERO A VOSOTROS LOS QUE OÍS, DIGO: AMAD A VUESTROS ENEMIGOS

27Pero a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;28Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.30Y a cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas a pedir.31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.


“Mas a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos” (v. 27a).  Jesús comienza esta sección diciendo, “amad a vuestros enemigos,” y repite esta admonición en versículo 35.  Entre tanto, da ejemplos concretos para ilustrar lo que quiere decir.  Los organiza en dos grupos de tres ejemplos.  En el primer grupo, dice:

“haced bien a los que os aborrecen” (v. 27b).
“bendecid a los que os maldicen” (v. 28a).
“orad por los que os calumnian” (v. 28b).

En el segundo grupo, dice:

“Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra” (v. 29a).
“y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas” (v. 29b).
“Y a cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas a pedir” (v. 30). (Algunos cuentan esto como dos ejemplos en lugar de uno).

Estos ejemplos están organizados según su énfasis.  Al dar dos grupos de tres ejemplos, Jesús establece un ritmo que captura nuestra atención.

Los comportamientos que aparecen en el primer grupo son de naturaleza general: (1) aborrecer (2) maldecir y (3) calumniar.  Estos tres comportamientos se manifiestan de muchas maneras diferentes.

Los comportamientos que aparecen en el segundo grupo son bastante específicos: (1) herir la mejilla (2) quitar la capa y (3) pedir bienes.

La especificidad de versículos 29-30 se enfatiza aún más por el uso de “tú” y “vosotros”:

En versículos 27-28 “vosotros” es plural (humin, humas, humon).  Cuando Jesús nos pide amar, hacer bien, y orar, se dirige a la multitud.

En versículos 29-30, “tú” es singular (se, sou).  Cuando Jesús nos dice que demos la otra mejilla y que demos a todos los que piden de nosotros, se dirige a cada uno de nosotros individualmente.  Su dedo señala directamente a ti (singular) o a mí.  El mandato es específico no solo en las acciones que incluye sino también con las personas a quien se dirige.

“Vosotros” en la ley dorada (v. 31) es plural de nuevo.

Tannehill anota que, en estos ejemplos, Jesús utiliza “lenguaje forzoso e imaginativo” en lugar de “lenguaje legal,” porque su propósito no era proporcionar reglas precisas para cada caso, sino “estimular pensamiento moral retando el estancamiento en el que gente se mueve” (Tannehill, 117).  Solo la persona de pensamiento más liberal podría leer estos seis ejemplos sin entender que podrían haber sido mil ejemplos – o diez mil.  El caso es “Amad a vuestros enemigos.” Casi por instinto comprendemos que hemos de aplicar ese principio de manera creativa y fiel a las relaciones con nuestros enemigos.

Los ejemplos que Jesús provee ilustran la palabra “amor” y no se dirigen a sentimientos sino a acciones.  Jesús nos pide amar (griego: ágape), pero eso no significa que debemos tener sentimientos cariñosos hacia los que nos maltratan.  En vez, hemos de actuar calculadamente para beneficiar a la otra persona – hacer que el bienestar de esa persona sea nuestra preocupación.

Con el principio del amor y los seis ejemplos, Jesús establece claramente que, como sus discípulos, no debemos permitir que gente de menos principios determine lo que pasa.  No debemos esperar para ver lo que la otra persona hará antes de decidir lo que nosotros debemos hacer.  Ni hemos de quedar atrapados en un círculo vicioso que otra persona empieza.  En vez, hemos de tomar la iniciativa y amar, hacer el bien, bendecir, y orar.  Estos comportamientos pueden parecer débiles frente al odio y la violencia, pero Jesús los transforma.  En la cruz demuestra lo poderosos que pueden ser.  En la cruz, no maldijo a sus enemigos, sino que oró por su perdón.   San Francisco de Asís, y muchos otros discípulos han demostrado la fuerza del amor a través de los siglos.  ¡El amor gana! ¡Sobrepasa el mundo!

Entonces, Jesús ancla esta sección con el mandato, “Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” (v. 31).  Esto lo conocemos como la Regla Dorada.  A menudo, esta regla se había mencionado de forma negativa.  Philo dijo, “Lo que odias sufrir, no se lo hagas a nadie más.”  Los estoicos dijeron, “Lo que no deseas te hagan a ti, no lo hagas a ningún otro” (Barclay, 77).  La declaración positiva de esta regla amplía su aplicación considerablemente.  No solo debemos evitar comportamiento que no querríamos experimentar nosotros, sino que también debemos practicar comportamiento que sí querríamos experimentar.  Esto es mucho más pro-activo y dinámico.


VERSÍCULOS 32-34: TAMBIÉN LOS PECADORES AMAN A LOS QUE LOS AMAN

32Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.34Y si prestareis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.


De nuevo, Jesús utiliza tres ejemplos: (1) “si amáis a los que… (2) “si hiciereis bien a los… (3) “si prestareis a aquellos…”

En versículos 28-36, Jesús nos ha enseñado como responder a los que nos maltratan.  Ahora, habla de gente que nos trata bien.  No nos niega el derecho de dar bien por bien, pero nos niega crédito especial por hacerlo.  Aún gente que no sigue a Cristo da bien por bien.  Como discípulos de Cristo, debemos dar bien, hayamos recibido bien o mal.  No hemos de ser motivados por deudas que debemos a otros o que nos deben a nosotros.  Jesús pide el fin de estos cálculos.  Hemos de romper el ciclo de calculaciones y dar bien – ¡punto!


VERSÍCULOS 35-36: SED MISERICORDIOSOS, COMO TAMBIÉN VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO

35Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.


Aquí Jesús nos da el trasfondo teológico de comportamiento no recíproco.  Hemos de amar, hacer bien, y actuar generosamente, porque “seréis hijos del Altísimo.”  Como hijos del Altísimo, nuestra recompensa es grande, porque somos herederos del reino.  Podemos vivir bajo el techo del rey y comer en su mesa.  Podemos entrar en presencia del rey y disfrutar de su protección.  Nos hacemos como el rey y desarrollamos costumbres reales.  Es una vida llena de privilegio – una vida bendecida.


VERSÍCULOS 37-38: DAD, Y SE OS DARÁ

37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir.


“No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados” (v. 37ab).  “Literalmente, Lucas dice, ‘dejad de juzgar’ y ‘dejad de condenar’…” (Craddock,Interpretation, 91).  Juzgar (krinete) tiene que ver con evaluar y formar opiniones, sean positivas o negativas.  Condenar (katadikazete) es más negativo y tiene que ver con pronunciar culpabilidad. 

Hay una tensión verdadera aquí.  En el Evangelio de Mateo, Jesús avisa de falsos profetas y dice, “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16).  Como la iglesia, debemos confrontar la realidad del mal y enseñar a los nuestros como levantarse por el bien.  Hemos de enseñarles a nuestros hijos a reconocer bien y mal.  Hemos de evitar hacernos mal a nosotros mismos.  Para hacer estas cosas, debemos identificar bien y mal.  Esto incluye juzgar.  Vivir de manera fiel incluye discernimiento.

Quizá el comportamiento que Jesús prescribe aquí tiene que ver con la manera de pensar que es rápida en pronunciar sentencia sobre otros – rápida en dar por hecho las prerrogativas de Dios.  Cuando era muy joven y nuevo al ministerio, una mujer me preguntó si su padre, aficionado al juego, hubiera podido ir al cielo.  Contesté que apostar no es compatible con una vida cristiana y, por eso, pensaba que no.  Me arrepentiré de esa respuesta el resto de mi vida.  No fue mi lugar poner al padre de esa mujer entre las cabras o las ovejas – es la obra de Dios.  Mi respuesta a la mujer le trajo dolor, y un dolor innecesario.  La verdad es que yo no sé lo que Dios hizo con su padre.  Ahora me doy cuenta de que soy culpable de pecados más serios que apostar, y espero que la respuesta que le di a la mujer no sea la respuesta que Dios me devuelva a mí.

Quizá el comportamiento que Jesús prescribe aquí tiene que ver con las sutiles maneras con que nos descontamos unos a otros.  Descartamos a esa persona porque es un fundamentalista y a esa persona porque es católica.  Blancos se apresuran al acusar a una persona de haber sido empleada por leyes de oportunidad-equitativa, y negros se apresuran al acusar a una persona de ser racista.  Un colega es un cerdo machista, y otro está durmiendo con ella para ascenderla al tope de la compañía.  Apenas existe alguien que esté a salvo de nuestro veneno si nuestros corazones están llenos de él.

“perdonad, y seréis perdonados” (v. 37c).  Esta promesa se puede comprender en dos niveles.  El significado más obvio es que Dios nos perdonará si nosotros perdonamos a los demás.  Sin embargo, a menudo es también verdad que gente encuentra más fácil perdonar a una persona que tiene naturaleza de perdonar.  No necesitamos escoger entre estos dos significados.  Es probable que ambos sean verdad.

Esta promesa es consistente con las cosas que Jesús tiene que decir acerca del perdón en otros lugares de este Evangelio (Lucas 11:4; 17:3-4; 23:34).

Dios nos recompensa cuando no nos involucramos en ese comportamiento.  “Medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno” (v. 38a).  La recompensa no solo es más de lo que hemos ganado sino más de lo que podemos manejar.  Apretada, es demasiado abundante para contenerla.  Rebosa del contenedor más grande, y se cae al suelo.

“con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir” (v. 38b).  Dios medirá nuestra recompensa con la misma escala que hemos usado para medir nuestra generosidad.  Dios nos medirá para el reino con la misma yarda que nosotros hemos usado para medir nuestros vecinos.

VIERNES 14

LUCAS 6, 39-42
ERSÍCULOS 39-42: ¿PUEDE EL CIEGO GUIAR AL CIEGO?

39Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?42¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.


“Y les decía una parábola” (v. 39a).  Esto es más una serie de imágenes que una parábola – como una proyección de diapositivas que pasan rápidamente.

Primero vemos la imagen de una persona ciega tratando de guiar a otra persona ciega (v. 39b).

Entonces vemos una persona que no parece darse cuenta de la viga que tiene en el ojo mientras busca un granito de paja en el ojo de su hermano (vv. 41-42).

Entonces vemos un par de árboles, uno bueno y uno malo – y un frambueso (vv. 43-44).

Entonces vemos un par de casas – una fuerte y la otra llevada por el agua (vv. 48-49).

“¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?” (v. 39b).  Estas son preguntas retóricas.  La primera espera una respuesta negativa y la segunda una afirmativa.

En la versión de Mateo de esta declaración, Jesús habla de los fariseos como guías ciegos (Mateo 15:12-14), pero aquí se aplica de manera más general.

La imagen de un ciego guiando a otro pertenece en una película de Charlie Chaplin.  Podemos ver a los dos ciegos acercándose a un hoyo y sabemos qué pasará – pero Chaplin encontrará la manera de sorprendernos al caer.  Esto y la viga en el ojo (v. 42) son ejemplos del humor de Jesús – exagerado para hacer un punto.  Las imágenes inusuales sirven para ilustrar un buen sermón.  Nos ayudan a recordar el punto principal.

El punto de esta primera imagen es que debemos tener cuidado al momento de escoger a quien seguiremos, no sea que caigamos a un hoyo junto a nuestro guía ciego.  Una correlación es que no tenemos el derecho de guiar a otros si nosotros mismos no vemos claramente.

Este mensaje es importante en una época cuando tantos gurus luchan, queriendo controlar nuestros espíritus, negocios, y asuntos médicos, románticos y familiares – la lista sigue y sigue.  Cada gurú clama tener sabiduría especial, pero muchos siguen su propio plan oculto – un plan egoísta.  Algunos son predadores económicos o sexuales.  Otros son idealistas pero mal guiados.  Muchos han destruido sus propias vidas pero creen que pueden ayudar a otros a tener éxito en las suyas.  Algunos son ciegos, pero otros ven nuestra vulnerabilidad – ven por donde aprovecharse.  Al escoger un guía – particularmente un guía espiritual – merece la pena tener mucho, mucho cuidado.

“En nuestra cultura se discute que la vida personal de un líder está separada de su vida profesional pero, en la cultura de Lucas, el comportamiento ejemplar, particularmente por parte de un maestro, era una responsabilidad principal” (Craddock).

“El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto” (v. 40).  Existen paralelos de esta declaración en Mateo 10:23-25 y Juan 15:20, donde Jesús indica que los discípulos serán perseguidos igual que él es perseguido.  Hay otro paralelo en Juan 13:15-17, donde Jesús sigue esta declaración enfatizando el hacer lo que enseñó.  Dijo, “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.”

Aunque versículo 39 indica que el discípulo debe tener una visión más clara de la persona que pretende guiar, versículo 40 indica que el discípulo nunca irá más allá que el maestro (Jesús).  A lo mejor, el discípulo llegará a ser el maestro – “capaz de practicar el amor radical y el perdón basado en merced que Jesús vivió y enseñó” (Holwerda, 341).  Esa es la meta hacia donde el discípulo debe intentar llegar – “será perfecto” – ser como Jesús.  
“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (vv. 41-42; véase también Mateo 7:3-5).  Una pequeña hipérbole – ¡exageración para el efecto!  Estos versículos siguen naturalmente lo que Jesús dijo en versículo 37 acerca de no juzgar o condenar.  El problema con juzgar es que la persona que se ubica a si mismo como juez de las imperfecciones de los demás también es imperfecto.  Como un ciego guiando a otro, el juez imperfecto que juzga a otra persona imperfecta deja mucho que desear.

Jesús, sin embargo, no pretende que vivamos a ciegas aceptando todo lo que vemos u oímos.  Dice, “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).  Con esto indica que sí hay discernimiento apropiado.  Estamos rodeados de bien y mal y necesitamos saber discernir uno de otro.  No obstante, problemas surgen cuando nuestro discernir se convierte en amor propio – cuando no reconocemos que nosotros también somos pecadores. 

Escribas y fariseos personifican este problema.  Intentan guardar la ley y asegurar que otros también lo hacen.  Esta es una obra noble, porque la ley es la ley de Dios y Dios premia la lealtad a la ley.  De todos modos, observación escrupulosa se convierte problemática cuando nos acerca al orgullo espiritual.  Ese es el caso con escribas y fariseos, y Jesús nos avisa que debemos tener cuidado de no adoptar una actitud de juzgar – el mismo tipo de orgullo espiritual.

Cuando pensamos de actitudes de juzgar, pensamos de fundamentalistas religiosos (conservadores).  Lo más ortodoxa y escrupulosa la gente, lo más predispuesta que está al amor propio – a imaginar que tienen razón y que el resto del mundo está equivocado.

¡O así pensamos! Mi teología me dice que todos somos pecadores, y experiencia me demuestra que la izquierda no es más inmune al orgullo espiritual que la derecha.  La persona que asume que Jesús dirige versículo 42 a otra persona que no sea él o ella, es la persona que más necesita escuchar el aviso de Jesús en este versículo.

SABADO 15
VERSÍCULOS 43-45: EL BUEN HOMBRE SACA EL BIEN

43Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.44Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas. 45El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.


“Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas” (vv. 43-44; véase también Mateo 7:16-19).  Lo que produce una planta es el crecimiento natural de su carácter.  Un buen árbol da buen fruto, y un mal árbol da malos frutos o ningún fruto.  Una higuera da higos, y un espino da espinas.  Una viña da uvas, y una zarza da frambuesas.  Jesús declara esto evidente para ilustrar un principio paralelo en nuestra vida espiritual.

“El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca” (v. 45).  Igual que un buen árbol da buen fruto y mal árbol da malos frutos, así también una buena persona produce el bien y una mala persona produce el mal.  Esto no es una casualidad.  Nuestras acciones son una expresión externa de nuestro interior.  Es “del buen tesoro de su corazón” que la buena persona produce el bien y “del mal tesoro” que la mala persona produce el mal.  “Buenas acciones tienen su origen en la profundidad del ser, en el corazón.  Solo si los compromisos y valores fundamentales de una persona son buenos, será posible una acción verdaderamente buena” (Tannehill).

“porque de la abundancia del corazón habla su boca” (v. 45b).  Lo importante es que nuestras palabras y acciones reflejen de manera acertada la condición de nuestro corazón espiritual, de la misma manera que una radiografía o un MRI refleja la condición de nuestro corazón físico.  Nuestras palabras y obras “son una imagen momentánea del corazón” (Bock, 129).  La persona que no dice la verdad o que utiliza lenguaje vulgar o palabras que hieren no tiene un problema de comunicación.  Tienen un problema de corazón.

Cuando criticaron a Jesús por permitir que sus discípulos comieran sin lavarse las manos, respondió: “¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? Más lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre” (Mateo 15:17-20; véase también Marcos 7:18-23).


VERSÍCULOS 46-49: ¿POR QUÉ ME LLAMÁIS, SEÑOR, SEÑOR?

46¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?47Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré a quién es semejante:48Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dio con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.49Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó; y fue grande la ruina de aquella casa (véase también Mateo 7:24-27).


Las imágenes de las dos casas – una con cimientos construidos sobre piedra y otra construida sin cimientos (en la versión de Mateo está construida sobre arena) – parecen tan claras que han de ser evidentes.  Aunque el cimiento constituye la parte menos emocionante del diseño de un edificio, comprendemos casi instintivamente que una fundación fuerte es imprescindible.  Es difícil imaginar a alguien que construye una casa, especialmente una casa cara y bien construida, con un cimiento inadecuado – pero lo hacemos todo el tiempo.  Construimos casas en los límites de las islas – en planicies propensas a inundaciones – bajo el nivel del mar – y en terreno flojo listo para convertir todo en sopa durante un terremoto.  Construimos casas en colinas empinadas destinadas a derrumbarse bajo una lluvia fuerte.  Construimos casas sobre zancos.  Construimos casas sobre fallas geológicas.  Nuestra necedad no parece tener fin.

Construir casas sin buenos cimientos es peligroso.  Cuando vienen tormentas y terremotos, seguramente se caerán o serán llevadas por el agua.  A menudo, sus ocupantes pierden sus casas y también la vida.

Pero construir vidas sin buenas fundaciones es aún más peligroso.  Es suficientemente malo perder la casa, pero es aún peor perder la vida.  No importa lo brillante que pueda parecer ahora, podemos estar seguros de que confrontaremos tormentas en la vida – tormenta con la fuerza de derribar nuestras raíces a no ser que estemos fuertemente enraizados sobre un buen cimiento.  En algunos casos las tormentas se  manifiestan en una enfermedad o en la pérdida de un trabajo o un divorcio o la muerte de un esposo.  Cuando la tormenta cae, ya demasiado tarde para empezar a preparase.  Tendremos que depender en los recursos físicos y espirituales que tengamos en el momento.

¿Qué constituye una buena fundación?  Jesús no contesta esta pregunta aquí, pero permite que su metáfora funcione sin interpretación.  Sin embargo, podemos encontrar la misma respuesta en otro lugar del Evangelio.  No faltan indicios de lo que constituye una buena fundación para la vida:

Poner a Dios al centro de nuestras vidas es de suma importancia.  El salmista dice, “El principio de la sabiduría es el temor de Yahaveh” (Salmo 111:10).

Jesús habló del tipo de cosas que pensamos importantes – alimento, ropa, y longevidad – y después dijo, “Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas” (12:31).

Cuando le preguntaron del mandamiento más importante, Jesús contestó, “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.  Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento.  Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:29-31).

Fe en Cristo es fundamental.  “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

En lugar de proveer una lista exhaustiva de escrituras que aplican, debemos reconocer que tener fuertes raíces en las escrituras es un excelente primer paso para construir una fuerte fundación para la vida.

Kathryn Koob, una de las personas secuestradas en la embajada americana en Irán en los años 70, pasó año y medio en cautividad – nunca sabiendo si sería liberada.  Al principio, no tenía nada más que la ropa que llevaba y los recursos espirituales en su corazón.  Dijo, “Busqué en el fondo de mi mente para ver lo que podía encontrar.  ¿Encontraría himnos, salmos, versículos de la Biblia? ¡Sí! Las palabras llenaron mi mente… encontré un gran tesoro de alabanzas y devociones de mi niñez… Y doy gracias a Dios por mis padres que insistieron que nos supiéramos versículos de la Biblia.”

Y entonces habló de la Navidad de 1979 cuando por fin, aún en cautiverio, recibió una Biblia.  Dijo, “era casi demasiado.  Apenas podía hacer más que sentarme y tener ese precioso volumen en mis manos” (de Michael Rogness, The Hand That Holds Me).

DOMINGO 16
MARCOS 8, 27-35                                    
VERSÍCULOS 27-38: UN RESUMEN

Esta historia se encuentra en un paréntesis entre la historia de Jesús sanando un ciego en Bethsaida (8:22-26) y otro ciego, Bartimeo, en Jericó (10:46-25).  En aquel entonces Jesús lucha con discípulos, ciegos a la verdad que él quiere enseñarles.  “¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?” (8:18).  “¿Cómo aún no entendéis?” (8:21).  En su gran confesión (v. 29), Pedro demuestra haber visto una chispa de la verdad, pero los versículos que siguen demostrarán que su visión fue distorsionada por su previo entendimiento del Mesías.

En versículos 31-33, Jesús les habla a los discípulos.  En versículos 34-38, clama a la multitud que se una a los discípulos para oír el criterio del discípulo.

Ésta es la primera de tres ocasiones en esta sección donde Jesús predice su sufrimiento y muerte (véase también 9:31 y 10:33-34).  En las tres ocasiones, los discípulos demuestran su falta de entendimiento y Jesús responde extendiendo su enseñanza sobre ser discípulo.

“El significado de este texto se encuentra en sus paradojas.  Yo aprendo quien soy al descubrir quién es Jesús.  El camino hacia la auto-satisfacción es el camino de la auto-negación.” (Williamson, 156).


VERSÍCULOS 27-30: TÚ ERES EL CRISTO

27Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino(griego: te hodopreguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.  29Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo (griego: Christos).  30Y les apercibió que no hablasen de él a ninguno.

“Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo” (v. 27a).  Recientemente Jesús ha estado en Bethsaida (8:22-26), un pueblo en la orilla norte del Mar Galileo.  Ahora viaja a las aldeas de Cesarea de Filipo, a unas 25 millas (40 kilómetros) más al norte, al pie del Monte de Hermón.  Esto es lo más al norte que llegará Jesús en sus travesías, y simboliza un cambio de dirección significante en su ministerio.  Ha estado trabajando en Galilea, un lugar relativamente amigable, sanando y enseñando.  Ahora comenzará su viaje al sur hacia Jerusalén, el centro de su oposición y el lugar donde morirá.

“Y en el camino” (te hodo) (v. 27b).  La frase “el camino” (te hodo) es importante en este Evangelio.  Juan Bautista vino a preparar el camino (hodon) del Señor (1:2), y Marcos utiliza la palabra hodo en 9:33; 10:17 y 10:32, 52 para recordarnos que Jesús y sus discípulos están en camino a Jerusalén, donde Jesús será crucificado.  Cesarea de Filipo parece un lugar extraño para que Jesús empiece una travesía tan significante.  Sus raíces son griegas y romanas más que judías. 

“¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (v. 27c).  Antes llamada Paneas por Pan, el dios griego, la ciudad después fue llamada Cesarea en honor de Cesar Augusto.  Construyeron un templo para Cesar no muy lejos del templo de Pan.  Entonces, cambiaron el nombre a Cesarea de Filipo para honrar al regidor local, Filipo el tetrarca, hijo de Herodes el Grande – y para distinguir esta ciudad de otra Cesarea localizada en la orilla mediterránea.  “Fue aquí, en este ambiente entrelazado entre las fuerzas de la naturaleza y la deificación del estado en la persona del emperador, que Cristo le preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Myers, 180).

“Juan Bautista; …Elías; …alguno de los profetas” (vv. 27-28).  Antes, cuando Jesús obraba milagros, gente especulaba de su identidad y llegó a las mismas tres posibilidades – y en el mismo orden (6:14-15).  Gente piensa de Jesús, no como el Mesías, sino como un gran hombre como los grandes hombres de su historia.  Tienen sus propias ideas del Mesías, y Jesús no entra en su molde.  Piensan del Mesías como el sucesor de David, que echará el ejército romano, restableciendo la gloria de Israel y abriendo paso a una edad dorada.  Para cumplir sus metas, esperan que el Mesías utilice fuerza tradicional – dominación militar o económica.  Esperan que el Mesías sea un súper-hombre – un hombre como los demás excepto por su gran poder.  De nuevo, Jesús define ‘poder’ para significar la atracción de la gente hacia él mismo a través de amor.  Su amor se expresará en su auto-negación y al cargar la cruz.

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (v. 29).  En griego, el “vosotros” es enfático.

“Tú eres el Cristo” (Christos) (v. 29).  Marcos comenzó este Evangelio diciendo, “Principio del Evangelio de Jesucristo (griego: Christou), Hijo de Dios” (1:1) – así estableciendo a Jesús como ambos Cristo y el Hijo de Dios.

- Alonso Schokel, MI PROFESOR EN ROMA, traduce como Cristo en 1:1 y Mesías aquí en 8:29.  Parecería mejor utilizar Cristo en ambos versículos, manteniendo el paralelismo que Marcos seguramente quería establecer.  Mesías transcribe el hebreo mashiach, que significa “ungido.”  Judíos ungían tres grupos de gente: sacerdotes, profetas, y reyes.  Jesús pertenece a cada uno de ellos.

- Poco antes de la muerte de Jesús, el alto sacerdote preguntará, “¿Eres el Christos, el Hijo del Bendito?” y Jesús contestará, “Yo soy.”

- En 15:39, al concluir la travesía de Jesús, el centurión repetirá que Jesús es el Hijo de Dios.

“Y les advirtió que no hablasen de él a ninguno” (v. 30).  Mateo añade un relato de la bendición de Jesús sobre Pedro después de su confesión (Mateo 16:17-19), pero ni Marcos ni Lucas (9:18-22) lo incluyen.  Jesús ordena a sus discípulos que no hablen de él a nadie.  Pedro cree que Jesús es el Mesías, pero no será hasta después de la resurrección que Pedro comprenderá como Jesús vuelve a definir el papel de Mesías.  “El momento para… declaración pública vendrá en 14:61-62 pero, por ahora, no es apropiado.  Cuando llegue ese momento, será Jesús mismo, no los discípulos, el que rompe el secreto” (France, 330).


VERSÍCULOS 31-33: COMENZÓ A ENSEÑARLES

31Y comenzó a enseñarles, que convenía (griego: deique el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.  32Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender. 33Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí (griego: opiso mou), Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.

Las palabras, “comenzó a enseñarles” (v. 31a) señalan un cambio.  Hasta ahora, este Evangelio ha establecido el poder y la autoridad de Jesús.  Ahora Jesús se lleva a sus discípulos de Galilea, donde ha experimentado tanto éxito, y les dirige hacia Jerusalén, donde morirá.  A medida que va cambiando hacia esta nueva fase de su ministerio, debe empezar a enseñar a los discípulos lo que han de esperar.

“que el Hijo del hombre padeciese mucho” (v. 31b).  Jesús se refiere a si mismo como el Hijo del Hombre en vez de Cristo o Mesías, como le identificó Pedro en versículo 29.  El título, Hijo del Hombre, es más neutral que el título, Christos.  El pueblo judío espera que el Christos sea un gran rey y líder militar como David, pero no tienen tales expectativas del Hijo del Hombre.  “En vez de enfatizar la naturaleza humana de Jesús, …el término connota su naturaleza gloriosa, celestial, sobrenatural, y hasta divina, en el sentido de Daniel 7” (Grant, 768).  “Lectores más sofisticados quizá sepan que la figura en Daniel se identifica con los justos de Israel que sufren… Promete que Dios no les ha abandonado a las maldades de su opresor.  Serán vindicados” (Perkins, 624).

Mientras que los judíos esperan un Mesías triunfador, Isaías 52:13 – 53:12 habla de un sirviente que sufre que “será engrandecido y ensalzado” (52:13) – que era “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (53:3) – que “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (53:5) – que “cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fue herido.  Y se dispuso con los impíos su sepultura” (53:8-9).  (Véase también Salmo 22, Salmo 69, y Zacarías 9-14).

“convenía (dei – es necesario) que el Hijo del hombre” (v. 31b).  Esta pequeña palabra dei aparece frecuentemente en los Evangelios, y precisamente de esta manera.  Algunos eruditos se refieren a ella como el Imperativo Divino, porque es la voluntad de Dios que Jesús sufra, muera, y sea resucitado.

“y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas” (v. 31c).  Estos tres grupos componen el Sanedrín, el cuerpo regidor del pueblo judío.  “No será la humanidad en su peor momento la que crucificará al Hijo de Dios, sino que será la humanidad en absolutamente su mejor momento… Será arrestado con autorización oficial, juzgado y ejecutado por la jurisprudencia a la que todo el mundo anhela – el Sanedrín judío y el principia iuris Romanorum” (Edwards, 254).

“y ser muerto” (v. 31d).  Jesús predice su muerte, pero aún no revela que será por crucifixión.

“y resucitar después de tres días” (v. 31e).  Al oír la palabra, “muerto,” nos inclinamos a cerrar los oídos y dejar de escuchar, porque la muerte generalmente señala el final de la historia – pero no debemos dejar de escuchar prematuramente.  Las malas noticias de la muerte de Jesús serán vencidas por las buenas noticias de su resurrección.

“Y claramente decía esta palabra” (v. 32a).  Muchas de las enseñanzas de Jesús se encuentran dentro de parábolas o historias, que esconden tanto como revelan.  Aquí, sin embargo, Jesús “claramente decía esta palabra” (v. 32).  Por esta claridad, nos preguntamos por qué los discípulos fallan en entender.  La respuesta, por supuesto, es que las enseñanzas de Jesús van en contra de todo lo que creen.  A pesar de todo lo que se dice, gente muchas veces oye lo que espera oír.

También, los discípulos han sacrificado mucho para seguir a Jesús y, en ese momento, empezaban a ver los resultados.  Jesús ha estado obrando maravilla tras maravilla, y las multitudes están respondiendo de manera favorable.  Los discípulos ven grandes posibilidades delante de ellos, y no pueden aceptar cualquier cosa que sugiera otro resultado.  No debemos criticarles mucho por negarse a aceptar el discurso de Jesús acerca de su sufrimiento y muerte.  Les debe sonar como si Jesús está pasando por un mal momento y necesita un poco de ánimo.  Aún hoy, ya sabiendo como termina la historia, preferimos un evangelio que promete éxito.  La cruz es difícil de vender.

“Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender” (v. 32b).  Anote la osadía de Pedro.  Acaba de identificar a Jesús como el Mesías, pero ahora le reprende.  ¡Qué osadía reprender al Mesías!  Nosotros también estamos tentados a reprenderle a Jesús cuando no cumple con nuestras expectativas – cuando no contesta nuestras oraciones tal como lo esperamos.

“Pedro ‘le tomó’ y ‘le comenzó á reprender.’  Ambos verbos expresan superioridad y autoridad… La cuestión es cuál de ellos está a cargo… Jesús no será tratado con aires de superioridad” (Williamson, 153).  Anote el paralelo entre “comenzó a enseñarles” (v. 31) y “comenzó a reprender” (v. 32).

“Apártate de mí” (griego: opiso mou) (v. 33).  Cuando primero conoció a Pedro, Jesús dijo, “Deute opiso mou” – “Ven tras de mí” – una frase traducida como “Sígueme” en la NRSV.  Pedro ha estado siguiendo a Jesús desde entonces, a pesar de sus imperfecciones – pero al reprender a Jesús, Pedro se sitúa al frente.  Ahora Jesús le manda regresar a su lugar apropiado de discípulo – detrás – siguiendo en vez de guiando.

“Apártate de mí, Satanás” (v. 33a).  Jesús se refiere a Pedro como Satanás.  Este Evangelio provee poco detalle acerca de la tentación en el desierto (1:12-13).  Algunos eruditos piensan de este encuentro entre Pedro y Jesús como “la historia de tentación en Marcos… Marcos relata la historia de esta manera para que reconozcamos que la gran tentación en la vida de Jesús fue resistir la cruz, utilizar su carisma para reunir suficiente apoyo político para poder convertirse en lo que las multitudes querían de él” (Johnson, 61).  Parece probable que Jesús encuentre la tentación de Pedro aún más fuerte que las tentaciones anteriores de Satanás – un hombre bien intencionado en vez de la personificación de la maldad.  Nos inclinamos mucho más a aceptar una voz amigable que la de un conocido malhechor.

Anote las enroscaduras y vueltas de esta historia.  Primero, Pedro se atrevió y contestó correctamente.  ¡Qué bien se siente tener la respuesta correcta!  Ahora Jesús le llama Satanás.  En un abrir y cerrar de ojos, Pedro ha pasado de ser el Alumno Estrella a un Tonto.  Imagine lo confundido que debe estar.  La respuesta de Jesús deja claro que los discípulos han de estar detrás de Jesús.  Han de seguir, no guiar.

“porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres” (v. 33b).  Brueggemann piensa que Pedro lo vería de otra manera – creería que está pensando de cosas divinas mientras que Jesús presenta cosas humanas.  La cuestión es, “¿cuál de ellos, Jesús o Pedro, sabe qué cosas son ‘humanas’ y qué cosas son ‘divinas’?”  Un vistazo a 1 Corintios 1:18-25 nos ayudaría… La cruz parece ser una tontería, pero según el estándar de Dios, es sabiduría” (Brueggemann, et. al, 209).

Algunos eruditos piensan que Pedro era uno de los recursos de Marcos para las historias de este Evangelio.  Si es así, Pedro puede ser el recurso de esta historia negativa de si mismo.


VERSÍCULOS 34-38: NIÉGUESE A SI MISMO, TOME SU CRUZ, Y SÍGAME

34Y llamando a la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.  35Porque el que quisiere salvar su vida, la Perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.  36Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

“Y llamando a la gente con sus discípulos” (v. 34a).  Jesús ha estado dirigiéndose a los discípulos, pero ahora clama a la multitud que se una a los discípulos para escuchar una lección sobre ser discípulo.  “Al llamar a la multitud Jesús indica que las condiciones para seguirle son relevantes para todo creyente, y no solo para los discípulos” (Lane, 306).

“Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (v. 34b).  Ser discípulo requiere la negación propia y el cargar la cruz.  Al escribirse este Evangelio, cristianos literalmente cargaban cruces y perdían su vida.  Estas palabras de Jesús se refieren directamente a su situación, y ofrecen una gran promesa.  “El final del camino de un discípulo no es la crucifixión; es la resurrección… Marcos 8:34-38 no se trata de perder la vida, olvidando su obligación al mundo, y uniéndose descaradamente al rechazo del Hijo del Hombre.  Al final se trata de salvarse la vida, ganarse el alma, y ver el reino” (Geddert, 211).

Deportes proveen una analogía.  Partidos no solo se ganan en el campo de juego, sino también en el campo de práctica.  Para ser glorioso el día del partido, el atleta debe empujarse a si mismo hasta el límite en el campo de práctica.  Condicionamiento físico es doloroso y práctica de fundamentos es agotadora, pero el propósito de la disciplina no es ni el dolor ni el aburrimiento, sino la victoria.  Así es también en el campo espiritual.  Disciplina espiritual engendra victoria espiritual.  La iglesia siempre está tentada a ofrecer ser discípulo a un precio más bajo, así atrayendo atraer a más gente.  Una llamada débil, sin embargo, produce discípulos débiles.  “Una iglesia puede atraer gente escondiendo el verdadero significado de ser discípulo.  Pero no puede hacer nada con ellos después de retenerlos” (Luccock, 768).

El reto de perder la vida en nombre de Jesús va contra nuestros valores modernos.  La preservación de vida es una gran industria.  La medicina moderna, una dieta apropiada, y el ejercicio nos extienden la vida.  Cosméticos y cirugía plástica conservan nuestra apariencia.  Directores funerarios continúan el trabajo aún después de morir.  Nos es difícil oír la llamada de Jesús a perder nuestras vidas en su nombre.

Cuando primero se escribió este Evangelio, cristianos literalmente estaban en peligro de perder su vida por su fe.  Estaban tentados a negar a Cristo para salvarse la vida.  Para muchos cristianos hoy eso todavía es verdad.  La persecución de cristianos continúa.  Más cristianos murieron por su fe en el siglo XX que en el siglo I.  La lista de naciones en las que cristianos son perseguidos de manera rutinaria es larga: China, Corea del Norte, Laos, Vietnam, Indonesia, Timor del Este, India, Pakistán Afganistán, Egipto, Sudán, Irán, Arabia Saudita, y Cuba – por nombrar algunos.  Nosotros que no nos enfrentamos con el martirio debemos mantener esta cuestión al frente de nuestras congregaciones.  Necesitamos apoyar y rezar por nuestros hermanos y hermanas cristianos para intentar aliviar su sufrimiento de cualquier manera posible.  El hecho que Cristo bendice a mártires cristianos no es una excusa para dejar que nuestra apatía contribuya al martirio de nuestros hermanos y hermanas cristianos.

Los retos que muchos enfrentamos hoy parecen triviales en comparación.  Lugares de trabajo son inhospitables hacia testimonio cristiano.  Entrenadores ponen partidos los domingos por la mañana, forzando que jóvenes escojan entre deportes y Jesús.  Gente pone a cristianos en categorías como fanáticos o intolerantes por creencias que van en contra de la cultura general.  Estos temas son serios y dolorosos, pero no se acercan al tipo de persecución que cristianos han experimentado a lo largo de los siglos y que aún hoy experimentan en muchas partes del mundo.

Ya que nuestros retos no son cuestiones de vida o muerte, estamos tentados a sentir que no son importantes.  Estaríamos dispuestos a morir por Cristo, pero encontramos difícil vivir por Cristo en el día a día.  Fred Craddock nos recuerda que la mayoría de cristianos nunca es llamada a hacer el gran gesto, sino que son llamados a pagar el precio del martirio 25 centavos a la vez.  Eso no es tan glorioso como el martirio, pero nuestra disponibilidad para gastar 25 centavos cuando sea necesario es más importante que nuestra disponibilidad para morir cuando no es necesario.

Jesús provee un estándar de tres partes para ser discípulo.  Hemos de 1) negarnos a nosotros mismos, 2) tomar nuestra cruz, y 3) seguirle a Jesús.  Jesús no nos pide que neguemos nuestro valor. Somos creados en la imagen de Dios, ¿cómo podríamos no tener valor? Tampoco nos pide negarnos placer.  El ascético puede ser la persona más egocéntrica de todos.  “La negación de uno mismo… es hacer de nosotros no un fin, sino un medio, en el reino de Dios.  Es subordinar el ego que grita… por el bien de Cristo, por ponerse a uno mimo en su causa” (Luccock, 770).  “Es (reemplazarse) a uno mismo con Dios-en-Cristo como fin de nuestro afecto.  Es (situar) la voluntad divina ante la voluntad propia” (Brooks, 137).

“Porque el que quisiere salvar su vida, la Perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.  36Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (vv. 35-37).  El juego es para el premio más grande de todos – la vida misma – vida eterna – vida con significado – vida vivida en la presencia del Padre.  No existe una estrategia sin riesgo en cuanto a la fe – no hay un refugio seguro pero lucrativo.  Gente habla de un “salto de fe” precisamente porque la fe, tarde o temprano, requiere soltarse de las formas tradicionales de seguridad y saltar a la oscuridad con la fe que Jesús nos ayudará a aterrizar sanos y salvos. “No es un tonto el que da lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder.”

“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (v. 38).  “En el primer siglo estar avergonzado de Jesús y sus palabras acompañaba la referencia de negarle en momentos de persecución” (Brooks, 138).  La imagen es una de juicio donde dependeremos completamente en la ayuda de Jesús.  En otro lugar Jesús es presentado como nuestro defensor (griego: parakleton) (1 Juan 2:1).  (El Espíritu Santo también es llamado paracleto – Juan 14:16, 26; 15:26, etcétera).  Un paracleto es uno que ayuda – un defensor.  Un abogado de defensa es un tipo de paracleto, y ésa es una imagen apropiada aquí.  El Día del Juicio, necesitaremos que Cristo sirva como nuestro paracleto – nuestro abogado – nuestro defensor.

Porque vivimos entre una “generación adulterina y pecadora” (v. 38), no podemos esperar una palmada en la espalda solo por fiel proclamación pero, en vez, debemos esperar oposición.  Una generación adulterina y pecadora no puede proveer verdad.  Debemos esperar que una generación así doble la verdad hasta que suene como una mentira – y que trate sin piedad a los que dicen la verdad.  Viviendo entre tal gente, siempre estaremos tentados a enmudecer nuestro testimonio a Cristo para evitar controversia y escapar persecución.

Sin embargo, Jesús nos avisa que el Día del Juicio, se avergonzará de la persona que se avergonzó de él – la persona que ha enmudecido su testimonio.  Jesús advierte que él no “estará allí” para esa persona – que no servirá como su defensor – por lo tanto, dejando a esa persona vulnerable – indefensa.

Jesús implica que lo recíproco también es verdad – que Jesús “estará allí” para hablar a favor de la persona que ha hablado por él – que servirá como nuestro defensor.  Mateo y Lucas hacen esto explícito – “Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32, véase también Lucas 12:8).  El propósito de Jesús en versículo 38 no es establecer una fundación para abandonarnos, sino decirnos como ganar su apoyo y evitar perder el derecho a la vida (v. 36).


LUNES 17
LUCAS 7, 1-10
VÍNCULOS A OTROS TEXTOS BÍBLICOS:

Existen varias historias en los Evangelios parecidas a este relato del centurión y Jesús.  Nos ayuda estar enterados de ellas:

En la versión de Mateo (Mateo 8:5-13), el centurión no manda delegaciones a Jesús sino que habla con él directamente.  También, Mateo incluye dos versículos en este relato del centurión (Mateo 8:11-12) que Lucas sitúa en otro lugar (13:28-29).

Jesús mencionó la historia de Eliseo y Naamán en la sinagoga de Nazarea (4:27), y hay paralelos significantes entre la historia de Naamán y la del centurión (Green, 284):

Naamán, como el centurión, era un oficial gentil respetado.

Una niña judía intercedió por Naamán, y una delegación judía intercede por el centurión.

Cuando Naamán vino a Eliseo, el profeta no le habló directamente, sino que mandó un mensajero para decirle a Naamán lo que debía hacer.  En el relato de Lucas, el centurión nunca habla directamente con Jesús.

Ambas curaciones (Naamán y el siervo) toman lugar a distancia.

Juan 4:46-54 relata una historia similar de un oficial real cuyo hijo estaba muriendo en Capernaum.  Este oficial no tomó la iniciativa para sugerir que Jesús no necesitaba venir a su casa pero, de todos modos “creyó a la palabra que Jesús le dijo” cuando Jesús dijo, “Ve, tu hijo vive.”

En Hechos 10:1-33, Lucas relata la historia de otro centurión, Cornelio, “Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Un ángel instruye a Cornelio a mandar una delegación a Pedro, y la delegación habla de Cornelio como “el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los Judíos” (Hechos 10:22).

El centurión que supervisa la crucifixión de Jesús será el primer gentil en reconocer la deidad de Jesús – “Verdaderamente Hijo de Dios era éste” (Mateo 27:54) – aunque Lucas relata que solo dice “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47).


VERSÍCULOS 1-3: EL SIERVO DE UN CENTURIÓN

1Y como acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum. 2Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y a punto de morir.3Y como oyó hablar de Jesús, envió a él los ancianos de los judíos, rogándole que viniese y librase a su siervo.


“Y como acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo” (v. 1a).  Estas “palabras” son sus enseñanzas del Sermón en el Llano (6:17-49), una colección de enseñanzas parecida a la que se encuentra en el Sermón en el Monte (Mateo 5-7).

“entró en Capernaum” (v. 1b).  Jesús se crió en Nazarea, pero ahora hace su hogar en Capernaum (Mateo 4:13).  Cuando Jesús visitó Nazarea, la gente dijo, “de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra” (4:23), pero Jesús respondió, “De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra” (4:24).  Lucas yuxtapone la historia de incredulidad en Nazarea (4:16-30) con la historia de credulidad en Capernaum (4:31-37).

“Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y a punto de morir” (v. 2).  Un centurión manda una patrulla – similar a una patrulla en un ejército moderno – una unidad de soldados.  “Este centurión no servía directamente en capacidad militar romana, porque en Capernaum no había soldados romanos… hasta el año 44 d.C., por eso, podía haber estado al servicio de Herodes Antipas” (Stein, 218).  Seguramente era responsable de mantener el orden y de supervisar la recaudación de impuestos.  

Este centurión valora mucho a su siervo.  Aunque esto podría indicar que se preocupa solo por el valor económico del siervo, la descripción favorable de Lucas sugiere que piensa muy bien de su siervo como persona.  No es inusual que gente en altos cargos sienta verdadero afecto hacia los subordinados con quienes trabaja, y ése parece ser el caso aquí.  El siervo está enfermo – seguramente está muriéndose.

“Y como oyó hablar de Jesús, envió a él los ancianos de los judíos, rogándole que viniese y librase a su siervo” (v. 3).  En el relato de Mateo, el centurión visita a Jesús y habla con él personalmente, pero en el relato de Lucas el centurión manda una delegación de ancianos judíos – los padres del pueblo – líderes – hombres locales de buena reputación a quienes el pueblo admira.


VERSÍCULOS 4-5: ES DIGNO

4Y viniendo ellos a Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto; 5Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.


“es digno de concederle esto; Que ama nuestra nación” (vv 4b-5a).  El centurión les pidió a los ancianos judíos que intercedieran por él, dando por hecho que Jesús respondería de manera favorable a sus súplicas más que a las súplicas de un romano.  Estos ancianos le dejan claro a Jesús que no han venido bajo presión, sino que tienen verdadero afecto por este centurión, “Que ama nuestra nación.”  Saben que sufrirían bajo un centurión que les desprecia, y están contentos de ser bendecidos con un centurión que les ama.  “Quizá este centurión no sea solo un modelo de fe, pero también un modelo para otros gentiles de una actitud apropiada hacia Jesús (Tannehill).

“y él nos edificó una sinagoga” (v. 5b).  Nos sorprende aprender que este gentil construyera una sinagoga – y que gente judía le permitiera hacerlo.  El centurión simplemente podría haber contribuido fondos a la construcción de la sinagoga, pero él y sus hombres también podrían haber tomado una parte directa en su construcción.  Hasta es posible que él utilizara fondos romanos para la construcción como manera de mejorar relaciones con gente local.  Cualquier papel que haya tenido en su construcción, su comportamiento general ha convencido a estos ancianos de que tiene verdadero afecto hacia el pueblo judío – y es casi seguro que tienen razón.  El centurión vive entre ellos, y no puede esconder sus verdaderos sentimientos y carácter.  El pueblo tiene suerte y lo sabe, y quiere que Jesús lo sepa también.


VERSÍCULOS 6-8: PORQUE TAMBIÉN YO SOY HOMBRE PUESTO EN POTESTAD

6Y Jesús fue con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor (griego: kurie), no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado; 7Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano. 8Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.


“Y Jesús fue con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos” (v. 6).  Lucas no dice si estos amigos son judíos o gentiles, pero pueden ser gentiles.  Si es así, el centurión ha enviado ambos judíos y gentiles a hablar con Jesús.

“Señor (kurie), no te incomodes” (v. 6a).  Kurie (de kurios) podría significar Señor o amo, pero aquí es casi seguro que se refiere al señorío de Jesús.

En la historia de Jairo hay lenguaje similar, “no des trabajo al Maestro” (8:49), pero no es Jairo el que lo dice, sino una delegación que viene a decirle a Jairo que su hija ha muerto.

El centurión (por medio de esta segunda delegación) dice, “no soy digno que entres debajo de mi tejado” (v. 6b).  Pero los ancianos judíos ya han anunciado “es digno” (v. 4).  Este centurión disfruta de poder y de un lugar prominente en la comunidad, pero vive humildemente – se acerca a Jesús con humildad.

“Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir a ti” (v. 7a).  El centurión no ha mandado una delegación porque es demasiado orgulloso para suplicar personalmente a Jesús.  En vez, porque no se siente digno de tener a Jesús bajo su tejado.  Entendería que un judío que entra en la casa de un gentil se rendiría a si mismo impuro, y esto puede ser parte de su preocupación.

“mas di la palabra, y mi siervo será sano” (v. 7b).  Se necesita fe para creer que el toque de Jesús tiene el poder de sanar, pero se necesita aún más fe para creer que su palabra tiene el poder de sanar – que puede sanar a distancia.  El centurión cree en el poder de la palabra de Jesús.

“Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace” (v. 8).  Anote la palabra “también,” que llama la atención a la autoridad de Jesús.  El centurión se refiere a su propia autoridad, pero solo para explicar por qué comprende la autoridad de Jesús.

El centurión entiende la autoridad, ya que funciona bajo la autoridad del emperador.  Su autoridad es extensión de la autoridad del emperador.  Por virtud de la autoridad concedida sobre él por parte del emperador, tiene autoridad para dar órdenes y esperar que se cumplan.

El centurión no elogia su propio poder, en vez, explica por qué tiene confianza en que Jesús pueda “decir la palabra” (v. 7) y sane a su siervo.  Como un hombre acostumbrado a la autoridad, el centurión reconoce a Jesús como un hombre de autoridad – autoridad de Dios – autoridad aún sobre la enfermedad – aún a larga distancia.

Este Evangelio (igual que los otros Evangelios Sinópticos) enfatiza la autoridad de Jesús:

Habla con autoridad (4:32).

La gente comenta con asombro su autoridad sobre espíritus inmundos (4:36).

Tiene la autoridad de perdonar pecados (5:24).

Les da a los doce “virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades” (9:1).

Les da a los discípulos “potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo,” y promete, “nada os dañará” (10:19).

Sus enemigos preguntan, “Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿Ó quién es el que te ha dado esta potestad?” (20:2), pero Jesús rehúsa decirles (20:8).


VERSÍCULOS 9-10: NI AUN EN ISRAEL HE HALLADO TANTA FE

9Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo a las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 10Y vueltos a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.


“Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo a las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (v. 9).  Es natural esperar que Jesús encuentre fe en Israel, porque Israel es el pueblo de Dios – y, por cierto, Jesús encuentra fe en Israel.  Discípulos le siguen (5:1-11, 27-32) – leprosos creen en su poder (5:12) – los que testifican a sus milagros glorifican a Dios (5:26) – y multitudes se reúnen a su alrededor intentando tocarle para experimentar su poder de sanar (6:19).  Sin embargo, no todos creen.  Escribas y fariseos, viendo que él sana en el sábado, están “llenos de rabia” (6:11).

De todos modos es menos natural esperar que Jesús encuentre gran fe fuera de Israel.  Gentiles no han tenido siglos de interacción con Yahweh para prepararse para el adviento de Jesús.  Pero hasta el momento, este centurión gentil ha expresado la fe más grande de este Evangelio.  La afirmación de Jesús de la fe del centurión, y no el milagro mismo de sanar, es lo importante de esta historia (Culpepper, 146).

“Y vueltos a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo” (v. 10).  Jesús restablece la fe del centurión al sanar a su siervo.  “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto” (11:9).

“El centurión nunca tuvo contacto con Jesús; este hecho es importante para la historia por lo menos de dos maneras.  Primero, el centurión cree que todo creyente futuro que no ha visto pero ha creído la palabra de Jesús tiene el poder de su presencia (v. 7; Juan 20:29)… Segundo, …existe el hecho que el centurión tuvo contacto con Jesús a través de dos grupos de intermediarios, unos judíos y unos gentiles.  El mismo oficial es seguramente un prosélito-a-la-puerta, una persona que ha aceptado el judaísmo pero que no se ha sometido a los ritos por los que un gentil se convierte en judío.  Los dos grupos de delegados dramatizan su situación como puente entre dos mundos, el judío y el gentil” (Craddock, 95).

MARTES 18
LUCAS 7, 11-17
TRASFONDO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El trasfondo del Antiguo Testamento para la historia de Jesús resucitando al hijo de la viuda trata de los milagros hechos por Elías (1 Reyes 17:10-24) y Eliseo (2 Reyes 4:18-37).  La mayoría de judíos (y posiblemente de cristianos gentiles) de la época de Jesús conocían en detalle las historias de Elías y Eliseo.  Por lo tanto, pronto comprenderían su relación con la historia de Jesús resucitando al hijo de la viuda.

– Elías invocó la ayuda de Dios para poder restaurar la vida del hijo difunto de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:10-24).  Los paralelos entre esta historia y la de Jesús y la viuda de Naín son impresionantes.  Ambos Elías y Jesús llegan a una puerta (1 Reyes 17:10, 17; Lucas 7:12).  Ambos tratan a una viuda cuyo único hijo ha muerto (1 Reyes 17:17-18; Lucas 7:12).  Elías clama al Señor, y Jesús tiene compasión (1 Reyes 17:20-21; Lucas 7:13).  Elías se pone sobre el niño, y Jesús toca el féretro (1 Reyes 17:21; Lucas 7:14).  “El alma del niño volvió a sus entrañas, y revivió” y “Se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar” (1 Reyes 17:22, Lucas 7:15).  Ambos Elías y Jesús “diólo a su madre” – las palabras en la versión griega septuagésima del Antiguo Testamento son exactamente iguales (1 Reyes 17:23; Lucas 7:15).  La madre le dijo a Elías, “Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Yahaveh es verdad en tu  boca” y la multitud dijo de Jesús, “un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (1 Reyes 17:24 y Lucas 7:16) (véase Culpepper, 157). 

La diferencia más grande entre las dos historias está en la facilidad con que Jesús resucita al hombre muerto.  Mientras que Elías se puso sobre el niño tres veces y oró a Dios que restaurase la vida del niño (1 Reyes 17:20-22), Jesús simplemente tocó el féretro y le mandó al mancebo que se levantara (Lucas 7:14).

– Eliseo resucitó al único hijo de una mujer sunamita (2 Reyes 4:18-37).  Sunem estaba ubicado a siete millas (11 kilómetros) al sur de Nazarea – entonces, geográficamente, el lugar donde Jesús resucita al hijo de la viuda se encuentra bastante cerca de donde Eliseo resucitó al hijo de la mujer sunamita (Myers, 747, 946; Gilmour, 132).  Existen otros paralelos, sin embargo, entre la historia de Elías y la de Jesús.

Otra  diferencia entre las historias de Elías-Eliseo y la de Jesús es que ambos Elías y Eliseo beneficiaron de la hospitalidad de las respectivas madres y, de cierta manera, estaban endeudados con ellas – pero no hay ninguna indicación de que Jesús hubiera visto la viuda de Naín antes de esta ocasión en la que hace resucitar a su hijo de la muerte.

Estos paralelos entre los profetas del Antiguo Testamento y Jesús ayudan a la gente a comprender que Jesús es un profeta (v. 16).  “Sin embargo, sería equivocado sugerir que Lucas pretende presentar a Jesús como el nuevo Elías escatológico… A Juan también se le compara con Elías en 1:17… y es el Elías escatológico aquí” (Nolland, 322).

LUCAS 7:1-13: EL CONTEXTO

La historia de Jesús resucitando al hijo de la viuda se relaciona con las que inmediatamente la preceden y siguen:

– Es una historia acompañada por la historia de Jesús curando al sirviente del centurión (7:1-10).  Lucas a menudo empareja la historia de un hombre con la de una mujer, y ése es el caso aquí con el centurión y la viuda.  En ambas historias, la palabra de Jesús tiene gran poder – el poder de sanar, aunque sea a distancia, y el poder de resucitar.

– Anticipa la respuesta de Jesús a los mensajeros enviados por Juan (7:18-23).  Primero, Jesús resucita al hijo difunto de la viuda, y entonces les dice a los mensajeros de Juan, “Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el evangelio” (7:22).


VERSÍCULOS 11-12: ERA UNIGÉNITO DE SU MADRE

11Y aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.


“Y aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía” (v. 11).  Como se anota arriba, Naín se ubica a 5.5 millas (9 kilómetros) al sureste de Nazarea – cerca del lugar donde se crió Jesús y no lejos de Capernaum, donde se estableció de adulto y donde pronunció la palabra que sanó al sirviente del centurión.

“Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad” (v. 12).  Lucas delinea unas circunstancias desesperantes.  La mujer ya era viuda, y ahora sufre la muerte de su único hijo.  Esto sería terrible para cualquier mujer en cualquier tiempo y lugar, pero este sufrimiento sería aún el doble para una mujer que vive en una sociedad patriarcal.  No solo es ésta una tragedia personal, sino también una catástrofe económica, que deja a la mujer sin ningún medio para mantenerse.


VERSÍCULOS 13-15: JESÚS SE COMPADECIÓ DE ELLA

13Y como el Señor la vio, compadecióse de ella, y le dice: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, a ti digo, levántate.15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y dióle a su madre.


“Y como el Señor la vio, compadecióse de ella” (v. 13a).  Lucas raras veces habla de las emociones de Jesús, pero aquí habla de su compasión.  El propósito de Jesús no es llamarse atención a si mismo – aunque eso es uno de los resultados de sus acciones – sino ayudar a una mujer que lo necesita.

“No llores” (v. 13b).  Fitzmyer anota que una traducción literal sería, “No sigas llorando” (Fitzmyer, 659).  Estas palabras implican que Jesús tiene alguna manera de confrontar el problema de la muerte de su hijo.  Crea expectativas que debe cumplir que, si no las cumple, solamente añadirá a la pesadumbre de esta mujer.

“Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon” (v. 14).  Tocar el féretro parece anunciar a los portadores que deben parar, lo cual hacen.  Tocar un cadáver rinde a una persona inmunda de manera ritual por siete días (Números 19:11, 16).  Aparentemente, Jesús solo toca el féretro y no el cuerpo pero, antes, había demostrado falta de preocupación por una prohibición similar al tocar un leproso mientras le curaba (5:13).  El tocar es una parte importante de su ministerio (8:44-46; 18:15; 22:51; 24:39).

“Y dice: a ti digo, levántate” (v. 14).  Jesús no reza que Dios restaure la vida de este hombre, en vez, habla directamente con el difunto.  No se compromete por medio de ningún comportamiento histérico, sino que simplemente declara un breve mandato.  Eso es todo lo que se requiere.

“Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y dióle a su madre” (v. 15).  No se ha mencionado la fe para nada.  La madre no ha pedido la ayuda de Jesús – ni ha mostrado fe en él.  Lo que ocurre aquí es solo iniciativa de Jesús, y depende solo en su poder.  Cuando habla, cosas pasan.


VERSÍCULOS 16-17: UN GRAN PROFETA SE HA LEVANTADO ENTRE NOSOTROS

16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado a su pueblo (griego: kai hoti epeskepsato ho theos ton laon autou – literalmente “y ha visitado a su pueblo”). 17Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.


“Y todos tuvieron miedo” (v. 16).  El miedo es una reacción natural frente la revelación del poder de Dios (1:12, 30, 50, 65; 2:9; 5:10, 26; 8:25, 35-37; 21:26).

“y glorificaban a Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (v. 16).  Antes, Dios le prometió a Moisés, “Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare” (Deuteronomio 18:18) – promesa que señalaba hacia la venida del Cristo (Hechos 3:22-23; 7:35-37).  La multitud (aunque seguramente no comprendía el significado de sus palabras) proclama que la promesa ha sido cumplida.

“Para Lucas, Jesús es un profeta que cumple y excede el papel de Elías.  A veces comparado con Moisés y a veces con Elías (y Eliseo)… Jesús es un profeta de acción, no solo tiene ojos para ver el presente y discernir el futuro, pero también en cuya presencia existe el poder de sanar, efectivo con los más menospreciados y expuestos de la sociedad” (Cousar, 379).

“y que Dios ha visitado a su pueblo (griego: ha visitado a su pueblo)” (v. 16). “Estas palabras recogen un tema, donde Zacarías habló proféticamente de Dios habiendo ‘visitado’ su pueblo, trayendo la redención (1:68)… Esa profecía ahora se realiza en el ministerio de Jesús” (Tannehill).  “Aunque mucha gente reconoce la visitación de Dios en el ministerio de Jesús, el establecimiento religioso, particularmente representado por Jerusalén, no reconoce tal ‘visitación.’ Por este motivo, cuando Jesús llora por Jerusalén cuando llega a la ciudad, ‘por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación’ (Lucas 19:44)” (Evans, 118-119).

La multitud funciona como un coro griego.  “Está ahí para presenciar, interpretar, y relatar este milagro de restauración” (Green, 292).

Como se anota arriba, los paralelos obvios entre Elías y Jesús dejan claro que Jesús es un profeta.  A ciertos eruditos les preocupa que gente no lleve esto aún más allá, porque Jesús es más que un profeta.  No obstante, aún es pronto en el ministerio de Jesús y no está listo para revelar plenamente su identidad.

“Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor” (v. 17).  Parece extraño que Lucas mencione aquí a Judea, ya que este milagro tomó lugar en Galilea.  Es probable que pretenda que pensemos de “Judea” como “la tierra del pueblo judío” – en este caso, “toda la tierra de alrededor” se referiría a territorio gentil.

MIÉRCOLES 19
LUCAS 7, 31-35
1.                 ¿CON QUIÉN COMPARARÉ A LOS HOMBRES DE ESTA GENERACIÓN?
En aquel tiempo, Jesús dijo:“¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? "
En el Deuteronomio, leemos como Moisés le habla al Pueblo de Israel diciéndole: El es la Roca, su obra es consumada, pues todos sus caminos son justicia. Es Dios de la lealtad, no de perfidia, es justo y recto Se han pervertido los que él engendró sin tara, generación perversa y tortuosa.  (Deuteronomio (SBJ) 32, 4-5). Yahaveh lo vio, e indignado desdeñó a sus hijos y a sus hijas. Entonces dijo: Les voy a esconder mi rostro, a ver en qué paran. Porque es una generación torcida, hijos sin lealtad.  (Deuteronomio (SBJ) 32, 20). Todo esto refiriéndose a un grupo humano que no está siendo leal con Dios.
Siempre que queremos identificar a un conjunto de personas que, por haber nacido en fechas próximas y haber recibido una educación o una influencia social semejante, comportan de una forma parecida o comparten características comunes, nos referimos a una Generación, Moisés se está refiriendo a un grupo humano determinado del pueblo Israelita, y en este caso Jesús, también, se está dirigiendo a un grupo especifico.
2.                 “TOCAMOS LA FLAUTA Y NO HAN BAILADO; ENTONAMOS CANCIONES TRISTES Y NO HAN LLORADO”.
Jesús dice: Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza, y se gritan unos a otros: “Tocamos la flauta y no han bailado; entonamos canciones tristes y no han llorado”.
El ejemplo de los niños que juegan en la plaza, en el que un grupo de ellos propone un juego, en este caso alegre, como tocar la flauta, y pasarlo bien, entonces hay un grupo que le impide ese rato de felicidad, entonces proponen un juego algo más serio, como cantar lamentaciones, y de igual forma le boicotean la proposición, (no han bailado y no han llorado), muestra esa típica actitud del refrán del perro del hortelano, que no come el ni deja que coma el amo. Esa es la actitud de la generación a la que refiere Jesús, grupo humano, torcido, que tiene mucha maldad, o que hace daño intencionadamente.
3.                 ¡ES UN GLOTÓN Y UN BORRACHO, AMIGO DE PUBLICANOS Y PECADORES!”
Jesús dice: Porque vino Juan el Bautista, que no comía ni bebía, y dijeron: “Ese está endemoniado”. Y viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!”. Sin embargo, los amigos de la Sabiduría le han dado la razón.
Jesús está calificando a los que pertenecen un cierto grupo humano de la sociedad Judía, al igual que Moisés, de Generación desleal, de no hacer caso con ninguno de los enviados de Dios, como en este caso de Juan Bautista, o el Hijo del Hombre, el propósito es no creer en ninguno de los dos, especialmente porque lo que hacen y la forma de vida de ambos, los denuncia y los perturba y les compromete su estabilidad en la sociedad.
4.                 ¿POR QUÉ SIEMPRE HEMOS DE PENSAR MAL DE ALGUIEN?
Así está también el mundo hoy, interpretando mal y torcidamente muchas cosas, sospechando hasta de lo bueno, siempre viendo lo que no es, y no dejando que los hombres buenos puedan acreditarse ante los ojos de los hombres como tales, y buscan todas las formas de desacreditar a cualquiera que les haga sombra.
El Evangelio nos pide incansablemente que no desconfiemos de lo bueno que viene del Señor, es una falta de lealtad con lo que El nos envía, también nos pide que es necesario pensar bien de todos, y si no se pueden justificar los actos, al menos hacerlo con las intenciones, ¿Por qué siempre hemos de pensar mal de alguien?, ¿Por qué Juzgamos a las personas porque tienen una forma diferente de pensar?, ¿Quién nos ha constituido en jueces de nuestros hermanos?, eso es algo que se ha reservado Dios para si mismos y no somos participes de eso.
Para juzgar a cualquiera es preciso conocer a la persona, conocer el acto y las intenciones, y en particular lo que haya ya hecho. Siempre será más prudente y mejor abstenerse de emitir juicios sobre los actos de nuestro prójimo.
5.                 Y VIENE EL HIJO DEL HOMBRE, QUE COME Y BEBE
Jesús vino para salvar a los hombres, por eso ha querido parecerse y guardar semejanza al hombre, en todo, menos en el pecado. Jesús comía, bebía, y participaba de las actividades de los hombres, y además de las cosa impuestas por Dios, como por ejemplo del ayuno y luego alimentarse, como nuestra actitud como ser humano, con todas nuestras necesidades, de comer, beber, dormir, descansar, reírnos, bailar, trabajar y todas las obligaciones de nuestra sociedad, no por eso se van ha interpretar mal y si lo hace, recordemos que con quien tenemos obligación es con Dios.
Dice el Señor: “Que el que es sencillo todo lo juzga con sencillez, que de la abundancia del corazón habla la boca, que el que tiene limpio el corazón tiene limpio los ojos y con ojos limpio todo se mira con limpieza y rectitud”

JUEVES 20

LUCAS 7, 36-50
VERSÍCULOS 7:36 – 8:3: UN RESUMEN

Los cuatro Evangelios contienen relatos del ungir de Jesús por parte de una mujer (véase Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9; Juan 12:1-8).  El relato de Lucas, sin embargo, es suficientemente distinto como para tratarlo como un incidente separado en vez unirlo a los otros relatos:

- El ungir en los otros Evangelios toma lugar muy tarde en el ministerio de Jesús, preparando a Jesús para su entierro con este ungüento.  En el relato de Lucas este evento toma lugar mucho antes.

- En los otros Evangelios, el ungir toma lugar en Betanía de Judea.  En el relato de Lucas, el lugar no se nombra pero, recientemente, Jesús ha estado en Capernaum (7:1), lo que nos hace pensar que toma lugar en Galilea.

- En Mateo y Marcos el anfitrión es Simón el leproso, mientras que en el relato de Lucas es Simón el fariseo.  Aunque sea posible que se refieran al mismo hombre, es improbable que Marcos no mencione que es leproso y que Lucas no mencione que es fariseo.  El hecho que es fariseo es importantísimo para el relato de Lucas.

- Los otros Evangelios no relatan el comportamiento más provocativo de la mujer, el llanto, el beso, y el secar los pies de Jesús con su cabello.  Es difícil imaginar que no incluyeran estos detalles tan dramáticos si no se tratase del mismo incidente.

- La objeción que aparece en los otros Evangelios se trata del cuidado de un ungüento caro pero, aquí, se trata de la reputación de la mujer como pecadora y el fallo de Jesús al no repudiar sus acciones.

- Los otros Evangelios no incluyen la parábola de los deudores (vv. 40-42) y no enfatizan el perdón de los pecados, el cual es un asunto central en el relato de Lucas.

Es importante recordar el contexto:
Primero, este capítulo ha “sido dedicado a presentar a Jesús como uno más grande que un profeta” (Culpepper, 168).

- Jesús conoce los pecados de la mujer, que podríamos atribuir a simple observación por su parte.

- También conoce los pecados de su anfitrión, Simón el fariseo.  Esto le hace profeta.  La mayoría de la gente no puede ver lo que hay bajo la fina capa del respeto que él recibe.

- Jesús perdona el pecado (v. 47), lo cual le hace más grande que un profeta.

Segundo, en versículo 34, Lucas establece que Jesús ha sido criticado como “un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publícanos y de pecadores.”  Este relato confirma que Jesús es, de cierto, amigo de pecadores, un tema que aparece varias veces en Lucas.


VERSÍCULOS 36-39: LA CENA EN LA CASA DEL FARISEO

36Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse a la mesa.  37Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba a la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38Y estando detrás a sus pies, comenzó llorando a regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.  39Y como vio esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.


Jesús critica los fariseos frecuentemente (Mateo 23:13-29; Lucas 11:39), y los fariseos están entre sus más determinados opositores.  Como resultado, tendemos a pensar de los fariseos como maldad encarnecida, pero esa manera de pensar no muestra el cuadro completo.  Los fariseos “consistentemente son proyectados de manera negativa cuando aparecen en la compañía de escríbanos, ...como en 7:30, pero desde el punto de vista histórico esto no es sorprendente. ‘Escríbanos’ han sido identificados como sacerdotes que funcionan ‘fuera de las horas de trabajo,’ y Lucas, más que nada, culpa a los sacerdotes y otros líderes de Jerusalén asociados con el templo por la muerte de Jesús (no a los fariseos).  Fuera de la compañía de escríbanos, ...el relato de Lucas tiene más significado” (Green, 307).  Por ejemplo:

- En Lucas 13:31, fariseos le advirtieron a Jesús que Herodes pensaba matarle.

- En Juan 3, Nicodemo, un fariseo, viene a Jesús por la noche y le dice “Rabí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.”

- Aquí, como también en Lucas 11:37 y 14:1, fariseos invitan a Jesús a cenar.  Sin embargo, debemos anotar que, en cada una de estas ocasiones, critican a Jesús y Jesús responde con una reprensión directa.

- Los fariseos “eran intensamente religiosos, cuidadosamente guardando cada detalle de la ley.  De hecho, su punto de vista apenas varía del de los muchos ‘pilares de la iglesia’ que existen hoy.  Creían que su salvación dependía de guardar la ley de Dios, apartándose de aquéllos que no seguían los mismos estándares que ellos” (Horn, 31).

“Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él” (v. 36).  Jesús es un joven profeta de creciente reputación, por eso, parece natural que Simón le invite a cenar.  Conseguir a un invitado del cual todo el pueblo está hablando siempre es un éxito.  Eso no significa que Simón patrocina a Jesús.  Es más, su falta de cortesía común muestra su ambivalencia.

“Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad... trajo un alabastro de ungüento” (v. 37).  Cenas de este tipo son eventos abiertos con los invitados principales sentados alrededor de la mesa y transeúntes bienvenidos a venir y observar desde el fondo.  Los observadores pueden esperar oír una conversación erudita y animada.  La mayoría de la gente presente, sean invitados u observadores, serán hombres, pero una mujer también podría entrar fácilmente.

“Y estando detrás a sus pies, comenzó llorando” (v. 38).  Los invitados se sientan en almohadas con la cabeza junto a la mesa y los pies extendidos hacia atrás – por eso la proximidad de la mujer a los pies de Jesús.  Lo más probable es que ella hubiera tenido una experiencia previa con Jesús en la que él le cambió la vida, y sus lágrimas son lágrimas de gratitud por su redención.  Este caso encaja bien con la más tardía declaración de Jesús, “Tus pecados son perdonados” (o “han sido perdonados” – en griego es el tiempo perfecto, señalando a una acción completada).

Las acciones de la mujer de cierto son provocativas, particularmente si ha sido prostituta:

- El llanto sugiere emociones incontrolables causadas por quién sabe qué.

- La costumbre prohíbe que una mujer lleve el pelo suelto en presencia de cualquier hombre que no sea su esposo, y a esposos se les permite divorciarse de sus mujeres si rompen esta regla.

- El besar los pies de Jesús y ungirlos con aceites sugiere aún más emociones incontrolables.

Aquéllos alrededor de la mesa deben estar como locos, preguntándose qué tipo de relación existe entre esta mujer pecadora y el joven profeta.  También es posible que uno o dos de los hombres sentados a la mesa conozcan a la mujer profesionalmente y que temen cobardemente que ella les delate por atención.

Y Jesús no hace nada para rechazar a la mujer.  Ése es el escándalo aquí.

“Este, si fuera profeta” (v. 39).  Simón se mantiene “puro,” y espera que los demás líderes religiosos hagan lo mismo.  Le da vergüenza el comportamiento provocativo de la mujer pecadora y se queda asombrado de ver que Jesús no hace nada para rechazarla.  Debe estar ofendido,  particularmente porque comete estas indiscreciones en su mesa.  Para comprender el nivel de su descontento, imagine dar una cena elegante para invitados especiales y que sea interrumpida por tal comportamiento.  O, imagínese ver a su esposo acosado de esta manera.

Simón concluye que Jesús, por no rechazar a la mujer, no puede ser un profeta.  O Jesús no sabe que esta mujer es una pecadora o no le importa.  Cualquiera de estas dos razones le descalifica como profeta.  Esto va al corazón de esta parte del Evangelio de Lucas, que intenta demostrar que Jesús no es solamente un profeta, sino que es más grande que un profeta.

Anote la preocupación de Simón por “quién y cuál es la mujer que le toca” (v. 39).  Simón califica la gente y se relaciona con ella según su situación en la vida, pero Jesús ve la gente como individuos y se relaciona con ellos como seres humanos.

Jesús le pregunta a Simón “¿Ves esta mujer?” (v. 44).  Simón no contesta la pregunta retórica, pero una respuesta honesta sería “No.”  Simón ve la reputación que la precede.  Ve su mal comportamiento.  Ve la interrupción de su cuidadosamente planeada cena.  Ve el fallo del joven profeta al no responder adecuadamente.  Ve muchas cosas, pero no ve a la mujer.  No ve que ella ha cambiado.


VERSÍCULOS 40-47: ES PECADORA

40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.  41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?  43Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.  44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.  45No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.  46No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.  47Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados (griego: apheontai – tiempo perfecto), porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.


Simón mantiene privada su opinión de Jesús, pero Jesús, porque es profeta, conoce el corazón de Simón.  Fíjese en la ironía aquí.  Simón cree que Jesús no es un profeta porque no conoce el corazón de esta mujer, pero Jesús demuestra que sí es un profeta al conocer el corazón de Simón.  En v. 40, Simón se dirige a Jesús como “Maestro.”  Desde ese momento, Jesús continúa enseñándole a Simón.

Jesús ofrece una parábola o adivinanza.  Un acreedor tenía dos deudores: uno que le debía dos meses de paga y otro que le debía diez veces más.  El acreedor perdonó a los dos.  “¿Cuál de éstos le amará más?” (v. 42).

Anote la respuesta precavida de Simón.  “Pienso,” él dice (v. 43).  Él sabe que tiene un problema, pero no puede encontrar una salida.  Si admite que el que es perdonado más ama más, él pierde.  Jesús solo tiene que decir lo obvio.  La mujer está agradecida, habiendo sido perdonada por mucho, mientras que Simón es desagradecido, habiendo sido perdonado por menos.

Jesús anota que la mujer ha revestido el fallo de Simón – su pecado (vv. 44-47).  Como anfitrión, Simón es responsable por la cortesía hospitalaria – agua – beso – ungir.  Falló al no ofrecer éstos, demostrando una seria deficiencia.

Muchos eruditos consideran las acciones de Simón como “correctas, pero “solo correctas”.  Creen que la triple negligencia de Simón, aunque deficiente, no viola ningún código esencial.  Sin embargo, Kenneth Bailey, un erudito del Nuevo Testamento que pasó cuarenta años viviendo y enseñando en el Medio Oriente, presenta un cuadro muy diferente.  Anota que Simón le llama a Jesús “Maestro,” el equivalente de llamarle “Rabí” (v. 40) – así anotando que Jesús se merece el más alto nivel de hospitalidad.  Después dice que el fallo de Simón al no proveer agua para los pies de Jesús ni tampoco un beso de saludo constituye “una señal de desprecio, o al menos una señal de pertenecer a un nivel social más alto” (Bailey, 5, citando Tristram).  Concluye, “Está claro que los ritos aceptables para dar la bienvenida al invitado no son simplemente olvidados... sino que han sido cruelmente omitidos por un anfitrión que juzga” (Bailey, 5).

Al máximo, entonces, la hospitalidad de Simón ha sido aburrida y sin entusiasmo.  Al mínimo, ha constituido una falta deliberada y calculada para despreciar a su invitado – un fallo casi innombrable para un anfitrión del Medio Oriente.

Por supuesto, la verdadera deficiencia de Simón no es la falta de atención como anfitrión, sino su orgullo espiritual.  Trabaja tanto para obedecer la ley de Dios que él mismo ya no se ve como pecador.  Ve el gran abismo que le separa a él de la mujer pecadora, pero no se puede imaginar el gran abismo que le separa a él de Dios.  Si él se percibiera como necesitado de la gracia de Dios, no se imagina que lo necesite mucho.  La mujer, al contrario, está en tal estado espiritual que Simón no puede imaginarse su redención.  ¿Qué puede Dios hacer con tal persona? ¿Por qué se molestaría Dios?

La gran diferencia entre la mujer y Simón no es que ella hubiera sido peor pecadora que él – es posible que no lo hubiera sido – sino que ella se ha dado cuenta de la realidad de su pecado de una manera verdadera y profunda” (Knox, 145).

V. 47 es incómodo, porque da la impresión de que la mujer ha sido perdonada porque ama – que su perdón viene de lavar, besar, y ungir los pies de Jesús.  Pero lo contrario es verdad.  Ella ama (lava, besa, y unge) porque ha sido perdonada.  Ésa es claramente la secuencia de eventos en la parábola de Jesús (vv. 41-42) – el amor sigue al perdón – y es a esa parábola a la que Jesús señala con su “Por lo cual” al comienzo de v. 47.


VERSÍCULOS 48-50: LOS PECADOS TE SON PERDONADOS

48Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados (griego: apheontai – han sido perdonados).  49Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?  50Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.


Jesús le dice a la mujer, “Los pecados te son perdonados (‘han sido perdonados’ – tiempo perfecto, señalando una acción completada)” (v. 48).  Los que estaban en la mesa preguntaron, “¿Quién es éste, que también perdona pecados?” (v. 49).  Su comentario es comprensible.  Solo Dios puede perdonar pecados.  A no ser que Jesús esté actuando con la autoridad de Dios, se ha pasado gravemente.  Sus palabras aquí son tan provocativas como las acciones de la mujer durante la cena.
Algunos eruditos creen que Jesús hace este anuncio de perdón para asegurar a la mujer, pero Green piensa que lo hace para comunicarle a Simón y a los demás que están sentados a la mesa el nuevo estado perdonado de la mujer (Green, 313-314).  Han criticado a la mujer porque es pecadora, y Jesús quiere que ellos sepan que ha sido perdonada – que ya no es culpable – que ya es capaz de ser incluida al lado de los demás invitados – que debe ser restaurada en comunidad de la misma manera que un leproso es restaurado una vez que el sacerdote le declare limpio.  Podemos hasta decir que Jesús, al anunciar el perdón de esta mujer, está cumpliendo la función sacerdotal de restaurarla en la comunidad.

Jesús le dice a la mujer, “Tu fe te ha salvado, ve en paz” (v. 50).  Fe trajo la mujer a Jesús.  Fe abrió la puerta del perdón y la salvación.  Fíjese que Jesús no le dice a Simón que él también ha sido perdonado.  No es que Simón no necesite el perdón, sino que su corazón no está dispuesto a recibirlo.  Esta historia recuerda a la parábola del fariseo y el publicano.  El publicano estaba tan avergonzado que no quería subir los ojos al cielo, pero el fariseo dio gracias por no ser tan pecador como el publicano.  Jesús dijo: “Os digo que éste (el publicano) descendió a su casa justificado antes que el otro (el fariseo); porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado” (Lucas 18:14).

No debemos pensarnos inmunes a este tipo de orgullo espiritual.  Al estudiar esta parábola, el peligro es que nos encontremos dando gracias por no ser como los fariseos, llenos de orgullo.

VIERNES 21
MATEO 9, 9-13
CAPÍTULOS 8-9: UNA COLECCIÓN DE HISTORIAS MILAGROSAS

En estos capítulos, Mateo reúne una colección de historias milagrosas diseñadas para demostrar que Jesús es, ciertamente, el Mesías, y que él obra a través del poder de Dios.  Estos milagros de sanar también sirven “como una parábola actuada de la misión más importante de Jesús: reparar nuestras vidas rotas por pecado (v. 12)” (Keener).

Inmediatamente antes de la llamada de Mateo, Jesús curó un paralítico (9:1-8).  Al principio inspiró controversia cuando dijo, “Confía, hijo; tus pecados te son perdonados” (v. 2), aunque el hombre ni había confesado sus pecados ni pedido perdón.  Los escribientes estaban ofendidos por la aparente blasfemia de Jesús – su suposición del poder de Dios para perdonar pecados.  Jesús, sin embargo, confirmó ese poder al curar al hombre.

Esta historia sigue naturalmente con la lección del Evangelio de este domingo en la que Jesús, de nuevo, ofende a los líderes judíos y hace curaciones dramáticas que dan validez a su ministerio.


VERSÍCULO 9: JESÚS LE LLAMA A MATEO

9Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.


“Y pasando Jesús de allí.”  Esta frase sirve de transición entre la historia en la que Jesús sanó al paralítico (9:2-8) y la historia de Mateo (9:9-13).  Versículo 9:1 habla de Jesús viniendo a “su ciudad,” que Mateo más tarde identificó como Cafarnaúm (4:13).  Marcos también ubica el sanar del paralítico en Cafarnaúm (Marcos 2:1), y podemos suponer que los eventos de nuestra lección del Evangelio toman lugar allí.  Cafarnaúm está ubicado a horcajadas de la carretera de Damasco a Jerusalén en la orilla norte del Mar Galileo y, por lo tanto, sirve como un centro comercial significante. 

Jesús “vio a un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo.”  Ya que Cafarnaúm se encuentra en una carretera principal, Mateo puede estar actuando como agente de aduanas, coleccionando impuestos de la gente que transita por ahí.  El no pide seguir a Jesús, ni se arrepiente ni pide perdón.  La llamada de Jesús a Mateo es tan asombrosa como su más temprana manifestación del perdón de pecados (9:2), y demuestra que Dios ama y quiere redimir a cada persona.  “Ser llamado por Jesús es un acto de gracia... No somos elegidos por quienes somos; ... somos elegidos a pesar de nuestro valor personal o nuestro estatus social.  El merecer o no merecer no tiene lugar” (véase 1 Cor. 1:26-28) (Pfatteicher, 27).

“Sígueme.”  Jesús le llama a Mateo de la misma manera que llamó a Simón y Andrés (4:18-22).  Les dijo que le siguieran, y ellos siguieron.  “Lo importante es que la llamada de Jesús es efectiva.  La gente no se hace discípulo voluntariamente...  Jesús rechaza a personas que se creen discípulos por su propia iniciativa; de la misma manera, Jesús llama a los rechazados” (Boring, 235).

Sin embargo, la llamada de Mateo se difiere de la llamada de los pescadores, porque Mateo es recaudador de impuestos.  Pesca es una profesión honorable; la recaudación de impuestos no lo es.  Los romanos contratan a gente local para recaudar impuestos, y los recaudadores cobran impuestos de más por su propio beneficio, enriqueciéndose a si mismos gracias a sus conciudadanos.  Por lo tanto, se les mira con gran resentimiento, se les prohíbe entrar en la sinagoga, y se les considera el equivalente moral de ladrones y asesinos (Barclay, 337-338).

“Y se levantó y le siguió.”  Para seguir a Jesús, Mateo debe abandonar un puesto lucrativo, sabiendo que nunca más lo podrá recuperar.  Al hacer esto, también se separa a sí mismo de su antiguo grupo de amigos.  Obedecer el mandato de Jesús, por lo tanto, requiere un compromiso absoluto de Mateo.  Es un asombroso acto de fe.  “Discípulos son los que arriesgan la separación de lo conocido para seguirle a Jesús” (Bruggemann, 362).

Marcos 2:14 y Lucas 5:27 dan el nombre de Leví para el recaudador, mientras que este Evangelio le llama Mateo.  No sabemos si Leví y Mateo son la misma persona, pero parece que lo son.  En las listas de los apóstoles, encontramos a Mateo pero no a Leví (Mateo 10:2-4; Marcos 3:16-19; Lucas 6:14-16; Hechos 1:13).

Los primeros cristianos sugirieron que este Mateo es autor de este Evangelio, pero eso no parece probable.  Este autor se apoya en gran parte en el Evangelio de Marcos – más de lo que haría un testigo personal del ministerio de Jesús.  También, este Evangelio sería escrito alrededor de 80-85 d.C., lo cual haría a un contemporáneo de Jesús un hombre muy viejo.


VERSÍCULOS 10-13: JESÚS SE SIENTA A LA MESA CON PECADORES

10Y aconteció que estando él sentado a la mesa en casa, he aquí que muchos publícanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.  11Y viendo esto los Fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los   publícanos y pecadores?  12Y oyéndolo Jesús, le dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  13Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento.



“Estando él sentado a la mesa” (v. 10).  Lucas sitúa la cena en la casa de Leví (Lucas 5:29), pero Mateo solo la describe como “en casa.”  Los “muchos publícanos y pecadores” que están presentes parecen confirmar que es la casa de Mateo, porque constituyen una lista de invitados natural para el recaudador recién convertido.  Parece que, en espíritu de alegría, Mateo invita a su casa a Jesús y a todos sus amigos para un gran banquete.

“Para Mateo, compartir la mesa es significante por lo menos de tres maneras: (1) Manifiesta el poder que tiene Jesús para hacer disponible la aceptación y el poder de Dios para todos los que se acercan a él (cf. 9:6; 1:21).  (2) Anticipa el banquete mesiánico en el que un círculo aún más grande se sentará a la mesa con Jesús (cf. 8:11; 22:1-14).  (3) Ofrece un vistazo del compañerismo eucarístico de la iglesia que crecerá alrededor de Jesús y sus discípulos” (Gardner).

“¿Por qué come vuestro Maestro con los publícanos y pecadores?” (v. 11).  Los fariseos están ofendidos.  Compartir la mesa, particularmente en público, implica que uno acepta y aprueba a los invitados.  Los fariseos se quejan con los discípulos en vez de hacerlo directamente con Jesús.  Aparentemente, tienen miedo de comprometerse con Jesús directamente.

Jesús, sin embargo, escucha sus preguntas y responde, “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento.”  La Encarnación beneficia a aquéllos que la necesiten.  Sin embargo, es irónico que los fariseos necesiten la Encarnación tanto como cualquier otro, pero la destituyen a causa de su orgullo religioso.

Los fariseos podían haber reaccionado de una manera muy diferente en esta cena.  Ellos también favorecen la hospitalidad.  “La Mishnah enseñó que la hospitalidad es una obligación, ...pero los rabíes pensaban de hospitalidad en cuestión de obres piadosos, y enseñaban, ‘Manténganse alejados de un mal vecino y no se asocien con los malhechores’ (Aboth 1:7)” (Johnson, 353).

El Antiguo Testamento enfatizaba que los israelitas debían separarse de tribus paganas.  El Talmud enseñó, “No se asocien con malhechores, aunque puedan aprender de ellos.”  Salmo 1 bendice a él que “no estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.”  El salmista pide vindicación, porque “Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté” (Salmo 26:5).  Pablo dice, “No os juntéis en yugo con los infieles” (2 Cor. 6:14).

Hay mucha sabiduría aquí.  ¡Mala compañía corrompe! ¡Una mala manzana arruina todo el barril!  ¡Mala compañía es la red del demonio!  ¡No pueden correr con los perros sin que se les suban las pulgas!  Estos antiguos proverbios reflejan la verdad que la compañía que guardemos tiene un efecto en nuestras vidas.

Al predicar este texto, debemos recordar que fariseos tienen razón sobre los malhechores.  Su preocupación tiene mérito.  Defienden sabiduría que ha sido ganada dolorosamente a través de los siglos.  No quieren compañeros malhechores, y no rinden honor con su presencia a esta gente.  Ellos “no le hubieran criticado a Jesús solo porque se preocupaba por proscriptos, pobres, y pecadores.  ‘Ellos también daban la bienvenida a pecadores arrepentidos.’  Lo que era distinto aquí era que Jesús buscaba a los pecadores” (Johnson, 353).

Solo al mantener esta perspectiva veremos la fuerza de las acciones de Jesús.  Jesús estrecha la mano a los perdidos a gran riesgo personal (al fin y al cabo, acciones como ésta le costarán la vida).  Su esperanza es salvar a gente que no parece merecer ser salvada.  ¡Debemos alegrarnos de eso!  De otra manera, ¿quién podría esperar ser salvado?

“Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio, ‘Yo deseo merced, no sacrificio’” (v. 13).  El hecho que los fariseos cuestionen a los discípulos (v. 11) constituye una afronta indirecta para Jesús.  Jesús les responde diciendo “Andad pues, y aprended.”  Esto implica que su comprensión de la escritura tiene un defecto – que no han comprendido a fondo los profetas.

La cita es de Óseas 6:6.  “Porque misericordia quise, y no sacrificio” es un dicho judío que significa, “Yo deseo merced más que sacrificio.”  La palabra “sacrificio” representa la estricta obediencia de los mandamientos de Dios (Hagner).  “En vista de 5:17-20, para Mateo no puede significar la repudiación de todo el sistema de sacrificio recetado por la Ley (tampoco significaba esto para Óseas)”  (Boring, 235).

Al pedir merced, Jesús nos recuerda el amor que tiene Dios por aquéllos que no se lo merecen.  La pureza del rito, aunque importante, no es tan importante como el amor de Dios y el amor del prójimo.  “No debemos olvidar el rechazo implicado por los fariseos hacia Jesús... ¿Por qué esta gente ‘sana’ no hacía nada para curar a los enfermos?” (Morris, 221).

“No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento” (v. 13).  “Aquí, ‘justos’ y ‘pecadores’ se refieren a ‘respetables’ y a ‘proscriptos’” (Blomberg).  Éstas son categorías que los fariseos usan para encasillar a la gente.  Ellos se numeran entre los justos, por supuesto, y así es como la mayoría de la gente piensa de ellos.  Ellos también son pecadores, pero eso no lo ven porque “diezmáis la menta y el eneldo y el comino,” observando la ley hasta en su más pequeño detalle (23:23).  El problema es que descuidan “lo que es lo más grave de la ley, es a saber, el juicio y la misericordia y la fe” (23:23).

El versículo de Óseas deja claro que el sacrificio para el templo requiere menos de una persona que la merced.  El sacrificio puede ser rutinario – hasta mecánico – sin ninguna implicación para el corazón.  Una persona puede sacrificar en el templo de manera indiferente, teniendo poco efecto en la vida diaria.  Merced, sin embargo, rápidamente se convierte en un asunto del corazón que incluye una cara humana – una historia humana.

En otra parte de este Evangelio, Jesús dirá, “‘Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.  Este es el primero y el grande mandamiento.  Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (22:37-40).  Sacrificio es una manera de expresar devoción a Dios – de guardar el primer y gran mandamiento.  Merced es una manera de expresar ambos, amor al prójimo y devoción a Dios – guardando ambos grandes mandamientos.
 “Es posible ser tan activo en el servicio a Cristo que uno se olvide de amarle.”  Igualmente, es posible ser tan activo en el servicio a Cristo que uno se olvide de amar al prójimo.  “Donde sea que la auto-disciplina se convierta demasiado central en la iglesia, esta palabra ‘merced’ la ha corregido” (Bruner, 336-337).

SÁBADO 22
LUCAS 8, 4-15
• En el evangelio de hoy vamos a meditar la parábola de la simiente. Jesús tenía una manera bien popular de enseñar por medio de parábolas. Una parábola es una comparación que usa las cosas conocidas y visibles de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Jesús tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes bien simples para las cosas de Dios con las cosas de la vida que la gente conocía y experimentaba en su lucha diaria por la sobre vivencia. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida y estar dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea entendía de simiente, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de cosecha, de pesca, etc. Ahora bien, son exactamente estas cosas conocidas por la gente las que Jesús usa en las parábolas para explicar el misterio del Reino. El agricultor que escucha, dice: “Simiente en el terreno, ¡yo sé lo que es! Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios ¿qué será?” ¡Y es posible imaginar las largas conversaciones de la gente! La parábola se mezcla con la gente y lleva a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.

• Al terminar de contar una parábola, Jesús no explicaba, pero solía decir: “¡Quién tiene oídos para oír que oiga!” Lo que significaba: “¡Y esto! Vosotros lo habéis oído. ¡Ahora tratad de entender!” De vez en cuando, explicaba para los discípulos. A la gente le gustaba esta manera de enseñar, porque Jesús creía en la capacidad que las personas tienen de descubrir el sentido de las parábolas. La experiencia que la gente tenía de la vida era para él un medio para descubrir la presencia del misterio de Dios en sus vidas y engendrar valor para no desanimar a lo largo del camino.
• Lucas 8,4: La multitud detrás de Jesús. Lucas dice: Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Entonces el contó esta parábola. Marcos describe como Jesús contó la parábola. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar (Mc 4,1).
• Lucas 8,5-8a: La parábola de la simiente retrata la vida de los campesinos. En aquel tiempo, no era fácil vivir de la agricultura. El terreno era muy pedregoso. Había mucho matorral. Poca lluvia, mucho sol. Además de esto, muchas veces, la gente acortaba el camino y, pasando en medio del campo, pisoteaba las plantas (Mc 2,23). Sin embargo, a pesar de todo esto, cada año, el agricultor sembraba y plantaba, confiando en la fuerza de la simiente, en la generosidad de la naturaleza.

• Lucas 8,8b: ¡Quién tiene oído para oír, que oiga! Al final, Jesús termina diciendo: “¡Quien tiene oído para oír, que oiga!” El camino para llegar a comprender la parábola es la búsqueda: “¡Tratad de entender!” La parábola no entrega el significado de inmediato, pero lleva a la persona a que piense. Le lleva a descubrir el mensaje desde la experiencia que la persona misma tiene de la simiente. Despierta la creatividad y la participación. No es una doctrina que ya viene pronta para ser enseñada y decorada. La Parábola no da agua en botella, sino que entrega la fuente.
• Lucas 8,9-10: Jesús explica la parábola a los discípulos. En casa, a solas con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. Jesús respondió por medio de una frase difícil y misteriosa. Dice a los discípulos: "A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan”. Esta frase hace que la gente se pregunte: Al final, la parábola ¿sirve para qué? ¿Para aclarar o para esconder? Jesús ¿usaba las parábolas, para que la gente continuara en la ignorancia y no llegara a convertirse? ¡Ciertamente que no! Pues en otro lugar se dice que Jesús usaba parábolas “según la capacidad de los oyentes” (Mc 4,33). La parábola revela y esconde ¡al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que acepan a Jesús como Mesías Servidor. Esconde para los que insisten en ver en él al Mesías como Rey grandioso. Estos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a comprender su significado.

• Lucas 8,11-15: La explicación de la parábola, parte por parte. Una por una, Jesús explica las partes de la parábola, desde la simiente y el terreno hasta la cosecha. Algunos estudiosos piensan que esta explicación fue añadida después. No sería de Jesús, sino de alguna comunidad. ¡Es bien posible! ¡No importa ¡pues dentro del germen de la parábola está la flor de la explicación. Germen y flor, ambos tienen el mismo origen que es Jesús. Por esto, nosotros también podemos continuar la reflexión y descubrir otras cosas bonitas dentro de la parábola. Una vez alguien preguntó en una comunidad: “Jesús dijo que teníamos que ser sal. ¿Para qué sirve la sal?” Las personas fueron dando su opinión a partir de la experiencia que cada cual tenía de la sal. Discutían y, al final, encontraron más de diez finalidades diferentes para la sal. Y aplicaron todo esto a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó! Lo mismo vale para la simiente. Todo el mundo tiene alguna experiencia de la simiente.
DOMINGO 23

MARCOS 9, 30-37

VERSÍCULOS 30-32: Y LE MATARÁN

30Y habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 31Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado(griego: paradidotai –de paradidomai – ser pasado o entregado) en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.  32Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.

“Y habiendo salido de allí” (v. 30a).  No ha pasado mucho tiempo desde que Jesús y sus discípulos estaban en Cesarea de Filipo (9:27), lejos al norte.  Entonces, llegaron al Monte de la Transfiguración, la ubicación del cual no es seguro.  Puede que sea el Monte de Hermón, aún más al norte de Cesarea de Filipo, o puede que sea otra montaña, donde Jesús sanó a un niño (9:14-29).  Es de ese lugar del que “salieron.”

De cualquier manera, han terminado con su viaje al norte y ahora se dirigen al sur hacia Jerusalén – hacia la cruz de Jesús.  Todavía se encuentran en la tierra relativamente amigable de Galilea, pero pronto la dejarán.

“caminaron por Galilea” (v. 30b).  “Galilea es un símbolo del lugar desde donde Jesús clama a las personas que le sigan (1:16-20), al que les dice que vuelvan para esperar su venida (14:28; 16:7), y por donde guía a sus propios discípulos (9:30)” (Williamson, 168).  Jesús y sus discípulos solo pasan por Galilea camino a Jerusalén.  Jesús ha obrado su último milagro en Galilea (8:22-26), y ahora cambian su énfasis en obrar milagros a la enseñanza de sus discípulos.  Jesús no verá Galilea de nuevo hasta después de la resurrección (14:28; 16:7).  Es una escena punzante.  Debemos preguntarnos qué sentirá Jesús al dejar la familiar y acogedora Galilea, donde ha tenido tanto éxito, para dirigirse a Judea, donde anticipa tanta oposición.

Jesús no quiere que nadie sepa que está en Galilea (v. 30b), “Porque enseñaba a sus discípulos, y les decíaEl Hijo del hombre será entregado (paradidotaien manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día” (vv. 30c-31).  Jesús y sus discípulos “han salido de allí” (v. 33) – una frase que marca la travesía a Jerusalén y a la cruz.  Está preparándoles para el asombroso final de su viaje.

Éste es el segundo y más corto de tres anuncios de la pasión en este Evangelio (véase 8:31; 10:33-34).  En los tres, Jesús predice su sufrimiento, muerte, y resurrección.

“será entregado” (griego: paradidotai) (v. 31).  
Paradidotai (de paradidomai) se puede traducir como “será pasado” o “será entregado,” y sugiere que Dios está involucrado – la voluntad de Dios (véase Romanos 4:25; 8:32).  Marcos utiliza paradidomai para describir el encarcelamiento de Juan Bautista (1:14), la traición de Judas (3:19; 10:33; 14:10-11, 18, 21, 42, 44), y el papel del Sanedrín (15:1, 10) y Pilatos (15:15).  Jesús lo utiliza para avisar a los discípulos de que ellos también serán entregados (13:9, 11-12).

Mientras que paradidomai literalmente significa “pasado” o “entregado,” también puede significar “traicionado.”

Eruditos se refieren a paradidotai como un “pasivo divino,” una referencia oblicua a Dios sin nombrar a Dios – es decir, que Dios está detrás del entrego – que es la voluntad de Dios que Jesús sea entregado.  “‘Entregar’ es un concepto importante en el contexto…la teología judía de martirio… Dios es el que permite (o impide) el entrego para cumplir propósitos más profundos” (Lane, 337).

Sin embargo, debemos anotar que quien traiciona a Jesús seguramente se encuentra entre los discípulos que está enseñando este día.  Sería interesante saber qué está pasando por la mente de Judas al escuchar a Jesús hablar de traición y muerte.

Dos versículos del Antiguo Testamento forman el fondo para esta frase de “entrego.”  Isaías 53:6 (LXX) dice, kurio paredoken auton tas amartiais hemn – literalmente, “el Señor le ha entregado por nuestros pecados.”  Una traducción literal de arameo en Daniel 7:25 diría “y entregados serán en su mano.”  “El contexto de Daniel es apropiado, particularmente porque describe la lucha entre los santos y el reino malvado.  Los santos, que incluyen ‘un hijo de hombre’ (de Daniel 7:13-14), serán entregados a este reino malvado, pero solo ‘serán en su mano hasta tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo’ (Daniel 7:25)” (Evans, 57).

Jesús menciona la resurrección en cada anuncio de la pasión, pero enfatiza la cruz en vez de enfatizar la tumba abierta.  Además, anote que en el relato de la resurrección de este Evangelio (16:1-8) el Cristo resucitado no aparece.  El énfasis está en la cruz (Craddock, 418).

“Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle” (v. 32).  Aún cuando Jesús habla claramente, los discípulos no entienden.  Hay un abismo tan grande entre las expectativas de los discípulos y las predicciones de Jesús que hasta tienen miedo de pedir una clarificación.  No quieren demostrar su ignorancia.  Han presenciado la reprobación de Jesús por el mal entendimiento de Pedro (8:33), y están renuentes de hacer una pregunta que Jesús pueda considerar tonta.  Y, parece probable que hayan visto algo de su terrible futuro, y prefieren no examinarlo más a fondo.


VERSÍCULOS 33-34: ¿QUÉ DISPUTABAIS EN EL CAMINO?

33Y llegó a Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor.

“Y llegó a Capernaum” (v. 33a).  Capernaum es el hogar de Jesús (Mateo 4:13; Marcos 2:1; Lucas 4:23) y el hogar de Pedro (1:29).  Parece extraño que Jesús vaya a Capernaum buscando privacidad, porque seguro que allí sería reconocido – pero encuentra privacidad llevando a los discípulos a una casa privada.

“y así que estuvo en casa” (v. 33b).  Marcos no especifica de quién es la casa, pero la falta de artículo (te oikia – la casa) sugiere que no es cualquier casa.  La privacidad que provee la casa señala al estatus intimo de los discípulos, y nos recuerda de su previo comentario, “A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas” (4:11).

“¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?” (v. 33c).  La pregunta de Jesús saca a la luz otro tema – provoca un silencio vergonzoso, dejando claro que los discípulos comprenden lo inapropiada que fue su previa conversación.  Mientras que Jesús decía que habían de esperar su traición y muerte, ellos pensaban de su puesto en el reino.  Esta yuxtaposición es desagradable, y sugiere que los discípulos, turbados por la conversación de Jesús acerca de su muerte, simplemente ignoraron lo que no pudieron comprender y cambiaron el tema a algo más próximo a sus corazones.

Anote que, después de la tercera predicción de la pasión, Santiago y Juan le pedirán a Jesús que les conceda un lugar en la gloria a su derecha y a su izquierda (10:35-37).


VERSÍCULOS 35-37: SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO, SERÁ EL POSTRERO
 
35Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero (griego: eschatos) de todos, y el servidor (griego: diakonosde todos. 36Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:37El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe; y el que a mí recibe, no recibe a mí, mas al que me envió.

“Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice” (v. 35a).  Los doce están en la casa con Jesús.  El sentarse (la postura de un maestro) y llamarles hacia él es su manera de llamar la atención de los discípulos – de decirles que tiene algo importante que decirles – algo que ellos necesitan oír.

Después de cada anuncio de la pasión, Jesús responde a la falta de comprensión de los discípulos con algún tipo de enseñanza.  Aquí se sienta, tomando la postura de un rabí instruyendo y señalando la importancia de la enseñanza que prosigue.

“Si alguno quiere ser el primero, será el postrero (eschatosde todos, y el servidor (diakonosde todos” (v. 35b).  Jesús da la vuelta a sabiduría convencional – poniendo primero el último y último el primero – enfatizando la servidumbre.  “El estatus preeminente en el reino de Dios se caracteriza por elementos iguales de bajo estatus (eschatos) y de servicio (diakonos), un léxico que no se debe ser comprendido según el más tardío entendimiento de ‘puesto’ en la iglesia, sino simplemente como uno cuyo puesto es proveer por las necesidades de los demás, un doméstico” (France, 374).

“Jesús no repudia exactamente la prominencia y la grandeza, sino que las vuelve a definir” (Edwards, 287).  La persona verdaderamente grande es un diakonos – un diácono -  un sirviente – una persona que pasa su día cuidando gente.

Diakonos es un trabajo humilde, y hemos de preguntarnos si Jesús está diciendo la verdad cuando dice que el sirviente es grande – pero ya hemos visto pruebas de que lo es.  Gente servidora – como Padre Damiens y Madre Teresa – inspira gran afecto y tiene gran influencia.  No alivian el sufrimiento de los que tocan directamente, pero inspiran grandezas en gente que nunca les ha conocido.  Su testimonio trae gente hacia Cristo y hacia el servicio cristiano.  ¡Pequeña maravilla que Jesús les llame grandes!

Pero uno no necesita ser como Padre Damiens o Madre Teresa para calificar para grandeza.  Hay pocos santos famosos, pero hay muchos que no son famosos.  Todos conocemos hombres y mujeres de Dios que van por la vida haciendo pequeñas obras de caridad una tras otra.  La mayoría de congregaciones tienen solo unos pocos, y Cristo tiene millones.  Poca gente conoce sus nombres, y solo Dios conoce la suma total de sus buenas obras - ¡pero Jesús les llama grandes!

Pensamos de gente exitosa situada en “arriba” y gente no exitosa situada “abajo.”  “Jesús escogió otra imagen, la imagen de ‘rodeadores.’  Jesús está en el centro, y la verdadera inclusión en el círculo de Jesús incluye situarse a uno mismo ‘alrededor de Jesús’ (3:31-35; 4:10).  Los que se encuentran rodeando a Jesús no necesitan luchar por su lugar en el círculo interno.  Hay espacio para todos en el círculo de rodeadores.  Los que se niegan a aceptar la invitación son ‘los de fuera’ (4:11)” (Geddert, 236).

“Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos” (v. 36a).  La enseñanza de Jesús toma forma de “lección de objeto” o un “sermón de niños,” una en la que un niño es el objeto que se utiliza para ilustrar el sermón en vez de ser la persona a quien se dirige el sermón.  Jesús explica que, si los discípulos de verdad quieren saber quién es grande en el reino de Dios, deben observar bien a este niño.  Toma al niño en sus brazos o lo abraza – el griego acepta ambas traducciones.  Ya que Jesús está sentado, podemos imaginar que ponga su brazo alrededor del niño y le acerque a él.

El gesto de Jesús debe turbar profundamente a los discípulos porque, en ese momento y lugar, niños tienen tan bajo estatus – encontrándose entre una mujer y un esclavo.  “El niño representa el nivel más bajo en la escala social, encontrándose bajo la autoridad y el cuidado de otros y aún sin llegar a tener derecho de determinación propia” (France, 374).  Niños pasan su tiempo bajo el cuidado de mujeres, y saben que no han de interferir en asuntos de hombres.  Que un rabí tome un niño en brazos en presencia de sus discípulos es algo impresionante – un gesto inusual e imponente.

“El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe; y el que a mí recibe, no recibe a mí, mas al que me envió” (v. 37).  En la versión de Marcos, Jesús pide a los discípulos que “vuelvan y sean como los niños” (Mateo 18:3), pero en el relato de Marcos les dice que se conviertan en el niño.  “‘Recibir’…significa preocuparse por, cuidar, y mostrar caridad hacia alguien.  Hacer esto en nombre de Jesús significa hacer lo que él haría, y hacerlo por su bien, actuar como cristiano” (Brooks, 150).

El caso es el de un representante de un rey a quien se le concede el estatus del rey.  Reyes esperan que la gente trate a sus emisarios con gran respeto, y la persona que rehúsa hacerlo así insulta, no al emisario, sino al rey mismo.

En versículo 37, Jesús liga el niño a si mismo, y a si mimo con Dios – así establece una conexión entre el niño y Dios.  La persona que recibe un niño es recompensada porque recibe a Dios.  En 10:15, Jesús pedirá los discípulos que “recibieren el reino de Dios como un niño,” pero aquí (9:37) les pide que reciban a los niños de la misma manera que recibirían a Jesús o a Dios.

Claramente, Jesús quiere decir que debemos tratar a los niños con gran respeto, pero también que el niño simboliza cualquiera que sea necesitado, desamparado, o de bajo estatus.  Versículos 42-47 nos dicen que “estos pequeñitos que creen en mí” – gente de cualquier edad que sin embargo no ha madurado en su fe – también ha de ser incluida.  Por extensión, Jesús nos pide recibir aquéllos que no tienen hogar, los minusválidos, los que padecen de enfermedades mentales, los enfermos, los ignorantes, la persona del Tercer Mundo, y cualquier otro que no pueda recompensarnos por nuestra hospitalidad o tiempo.  Con esta enseñanza, Jesús no suprime la ambición, sino que la encamina de nuevo.  “Por la ambición que otros hagan por nosotros, (Jesús) sustituyó la ambición de hacer por los demás” (Barclay, 229).

La iglesia ha sido gravemente afectada por este pasaje.  Alimenta los hambrientos, hospeda los que no tienen hogar, cuida los huérfanos, provee cuidado médico a los enfermos, enseña gente a leer, y cumple muchas otras necesidades básicas.  La iglesia ha amado los indefensos y desesperados.  Sin embargo, la iglesia debe siempre acordarse de la llamada de Jesús para ser “pequeñitos.”  Estamos tentados a seguir los favores de los ricos y poderosos esperando que financien nuestro ministerio o que nos abran el camino.  Estamos tentados a llevar nuestro ministerio a gente bella e ignorar los feos.  Estamos tentados a construir iglesias en suburbios e ignorar zonas más urbanas.  Estamos tentados a buscar títulos como “iglesia influyente” y “párroco de iglesia prominente.”  Si los discípulos originales necesitaban arrepentirse por discutir entre ellos cuál era el más grande (v. 34), nosotros también debemos arrepentirnos.

LUNES 24

LUCAS 8, 16-18
• El evangelio de hoy trae dos asuntos: la elección de los doce apóstoles (Lc 6,12-16) y la multitud enorme de gente queriendo encontrarse con Jesús (Lc 6,17-19). El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre los Doce que fueron escogidos para convivir con Jesús, como apóstoles. Los primeros cristianos recordaron y registraron los nombres de estos Doce y de algunos otros hombres y mujeres que siguieron a Jesús y que después de la resurrección fueron creando comunidades para el mundo. Hoy también, todo el mundo recuerda el nombre de algún catequista o profesora que fue significativo/a para su formación cristiana.
• Lucas 6,12-13: La elección de los 12 apóstoles. Antes de proceder a la elección de los doce apóstoles, Jesús pasó una noche entera en oración. Rezó para saber a quién escoger y escogió a los Doce, cuyos nombres están en los evangelios y que recibirán el nombre de apóstol. Apóstol significa enviado, misionero. Fueron llamados para realizar una misión, la misma que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). Marcos concretiza más y dice que Dios los llamó para estar con él y enviarlos en misión (Mc 3,14).

• Lucas 6,14-16: Los nombres de los 12 apóstoles. Con pequeñas diferencias los nombres de los Doce son iguales en los evangelios de Mateo (Mt 10,2-4), Marcos (Mc 3,16-19) y Lucas (Lc 6,14-16). Gran parte de estos nombres vienen del AT. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gén 29,33). Santiago es el mismo nombre que Jacob (Gén 25,26). Judases el nombre de otro hijo de Jacob (Gén 35,23). Mateo también tenía el nombre de Levi (Mc 2,14), que fue otro hijo de Jacob (Gén 35,23). De los doce apóstoles, siete tienen el nombre que vienen del tiempo de los patriarcas: dos veces Simón, dos veces Santiago, dos veces Judas, y una vez ¡Levi! Esto revela la sabiduría y la pedagogía del pueblo. A través de los nombres de patriarcas y matriarcas, dados a sus hijos e hijas, mantuvieron viva la tradición de los antiguos y ayudaron a sus hijos a no perder la identidad. ¿Qué nombres les damos hoy a nuestros hijos e hijas?

• Lucas 6,17-19: Jesús baja de la montaña y la multitud lo busca. Al bajar del monte con los doce, Jesús encuentra a una multitud inmensa de gente que trataba de oír su palabra y tocarle, porque de él salía una fuerza de vida. En esta multitud había judíos y extranjeros, gente de Judea y también de Tiro y Sidón. Y la gente estaba desorientada, abandonada. Jesús acoge a todos los que le buscan. Judíos y paganos. ¡Este es uno de los temas preferidos por Lucas!

• Estas doce personas, llamadas por Jesús para formar la primera comunidad, no eran santas. Eran personas comunes, como todos nosotros. Tenías sus virtudes y sus defectos. Los evangelios informan muy poco sobre la forma de ser o el carácter de cada una de ellas. Pero lo poco que informan es motivo de consolación para nosotros.
- Pedro era una persona generosa e entusiasta (Mc 14,29.31; Mt 14,28-29), pero a la hora del peligro y de la decisión, su corazón sigue encogido y se vuelve atrás (Mt 14,30; Mc 14,66-72). Llega a ser satanás para Jesús (Mc 8,33). Jesús le dio el apellido de Piedra (Pedro). Pedro, por si mismo, no era Piedra. Se volvió piedra (roca), porque Jesús rezó por él (Lc 22,31-32).
Santiago y Juan estaban dispuestos a sufrir con Jesús y por Jesús (Mc 10,39), pero eran muy violentos (Lc 9, 54). Jesús los llama “hijos del trueno” (Mc 3,17). Juan parecía tener ciertos celos. Quería Jesús sólo para su grupo (Mc 9,38).

Felipe tenía una forma de ser acogedora. Sabía poner a los demás en contacto con Jesús (Jn 1,45-46), pero no era muy práctico en resolver los problemas (Jn 12,20-22; 6,7). A veces era medio ingenuo. Hubo momentos en que Jesús perdió la paciencia con él: “Pero Felipe, ¿tanto tiempo que estoy contigo, y aún no me conoces?” (Jn 14,8-9)
Andrés, hermano de Pedro y amigo de Felipe, era más práctico. Felipe recurre a él para resolver los problemas (Jn 12,21-22). Fue Andrés el que le llamó a Pedro (Jn 1,40-41), y fue Andrés el que encontró al niño con los cinco panes y los dos peces (Jn 6,8-9).

Bartolomé parece haber sido el mismo que Natanael. Este era del barrio, y no podía admitir que nada bueno pudiera venir de Nazaret (Jn 1,46).
Tomás fue capaz de sustentar su opinión, una semana entera, contra el testimonio de todos los demás (Jn 20,24-25). Pero cuando vio que estaba equivocado, no tuvo miedo en reconocer su error (Jn 20,26-28). Era generoso, dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,16).

Mateo o Levi era publicano, cobrador de impuestos, como Zaqueo (Mt 9,9; Lc 19,2). Eran personas comprometidas con el sistema opresor de la época.
Simón, por el contrario, parece haber sido del movimiento que se oponía radicalmente al sistema que el imperio romano imponía al pueblo judío. Por eso tenía el apellido de Zelota (Lc 6,15). El grupo de los Zelotas llegó a provocar una rebelión armada contra los romanos.
Judas era lo que se ocupaba del dinero del grupo (Jn 13,29). Llegó a traicionar a Jesús.

Santiago de Alfeo y Judas Tadeo, de estos dos los evangelios sólo informan del nombre.

MARTES 25
LUCAS 8, 19-21

• El evangelio de hoy nos habla del episodio en que los padres de Jesús, inclusive su madre, quisieron conversar con él, pero Jesús no les presta atención. Jesús tuvo problemas con la familia. A veces, la familia ayuda a vivir mejor y a participar en la comunidad. Otras veces, dificulta esa convivencia. Así fue para Jesús, y así es para nosotros.
• Lucas 8,19-20: La familia busca a Jesús. Los parientes llegan a la casa donde estaba Jesús. Probablemente habían venido de Nazaret. De allí a Cafarnaúm hay sólo unos 40 km. Su madre estaba con ellos. No entran, pues había mucha gente, pero le mandan un recado: “Tu madre y tus hermanos están fuera ahí fuera, y quieren verte". Según el evangelio de Marcos, los parientes no quieren ver a Jesús. Ellos quieren llevárselo y traérselo para casa (Mc 3,32). Pensaban que Jesús se había vuelto loco (Mc 3,21). Probablemente, tenían miedo, pues según nos informa la historia, la vigilancia de parte de los romanos con relación a todos los que de una forma o de otro tenían un cierto liderazgo popular, era enorme (cf. He 5,36-39). En Nazaret, en la sierra, estaría más al seguro que en la ciudad de Cafarnaúm.
• Lucas 8,21: La respuesta de Jesús. La reacción de Jesús es firme:"Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios, y la ponen en práctica."En Marcos, la reacción de Jesús es más concreta. Marcos dice: “Entonces Jesús miró hacia las personas que estaban sentadas a su alrededor y dijo: Aquí están mi madre y mis hermanos. Aquel que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,34-35). ¡Jesús ensancha la familia! No permite que la familia lo aleje de la misión: ni la familia (Jn 7,3-6), ni Pedro (Mc 8,33), ni los discípulos (Mc 1,36-38), ni Herodes (Lc 13,32), ni nadie (Jn 10,18).

• Es la palabra la que crea la nueva familia alrededor de Jesús: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.". Un buen comentario de este episodio es lo que dice el evangelio de Juan en el prólogo: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,10-14). La familia, los parientes, no entendieron a Jesús (Jn 7,3-5; Mc 3,21), no hacen parte de la nueva familia. Hacen parte de la nueva comunidad sólo aquellos y aquellas que reciben la Palabra, esto es, que creen en Jesús. Estos nacen de Dios y forman la Familia de Dios.

• La situación de la familia en el tiempo de Jesús. En el tiempo de Jesús, tanto la coyuntura política, social y económica como la ideología religiosa, todo conspiraba para el enflaquecimiento de los valores centrales del clan, de la comunidad. La preocupación con los problemas de la propia familia impedía que las personas se uniesen en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse, de nuevo, en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse a la gran familia, a la Comunidad. Jesús dio el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reaccionó y ensanchó la familia (Mc 3,33-35). Creó comunidad.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos y hermanas de Jesús” es causa de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tenía más hermanos y que María tenía más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por esto, no conviene pelearse ni discutir esta cuestión con argumentos sólo de la cabeza. Pues se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Apenas irrita y aleja! Aún cuando no concuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla siempre. En segundo lugar, en vez de discutir alrededor de textos, nosotros todos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos bien para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar alguna que otra frase de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia”(Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú, Padre, me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidáis! Quien no está en contra está a favor nuestro”(Mc 10,39.40).
MIÉRCOLES 26
LUCAS 9, 1-6
• El evangelio de hoy nos trae la descripción de la misión que los Doce recibieron de Jesús. Más adelante, Lucas habla de la misión de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-12). Los dos se completan y revelan la misión de la iglesia.
• Lucas 9,1-2: Envío de los doce para la misión. “Les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar”. Llamando a los doce, Jesús intensifica el anuncio de la Buena Nueva. El objetivo de la misión es simple y claro: reciben el poder y la autoridad para expulsar a los demonios, para curar las dolencias y para anunciar el Reino de Dios. Así como la gente quedaba admirada ante la autoridad de Jesús sobre los espíritus impuros y ante su manera de anunciar la Buena Nueva (Lc 4,32.36), lo mismo deberá acontecer con la predicación de los doce apóstoles.

• Lucas 9,3-5: Las instrucciones para la Misión Jesús los envió con las siguientes recomendaciones: no pueden llevar nada “ni bastón, ni alforja, ni dinero, ni dos túnicas”. No pueden andar de casa en casa, sino que “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.” En caso de que no os reciban “sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos”. Como veremos, estas recomendaciones extrañas para nosotros, tienen un significado muy importante.
• Lucas 9,6: La ejecución de la misión. Y ellos se fueron. Es el comienzo de una nueva etapa. Ahora ya no es sólo Jesús, sino es todo el grupo que va a anunciar la Buena Nueva de Dios a la gente. Si la predicación de Jesús ya causaba conflictos, cuánto más ahora, con la predicación de todo el grupo.
• Los cuatro puntos básicos de la misión. En el tiempo de Jesús, había diversos movimientos de renovación: esenios, fariseos, zelotes. Ellos también buscaban una nueva manera de convivir en comunidad y tenían a sus misioneros (cf. Mt 23,15). Pero estos, cuando iban en misión, iban prevenidos. Llevaban alforja y dinero para cuidar de su propia comida. Pues no confiaban en la comida de la gente que no siempre era ritualmente “pura”. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús recibieron recomendaciones diferentes que nos ayudan a entender los puntos fundamentales de la misión de anunciar la Buena Nueva:

a) Deben ir sin nada (Lc 9,3; 10,4). Esto significa que Jesús obliga a confiar en la hospitalidad. Pues, quien va sin nada, va porque confía en la gente y piensa que va a ser recibido. Con esta actitud, critican las leyes de la exclusión, enseñadas por la religión oficial, y por la nueva práctica, mostraron que tenían otros criterios de comunidad.

b) Deben quedarse hospedados en la primera casa hasta retirarse del lugar (Lc 9,4; 10,7). Esto es, deben convivir de forma estable y no andar de casa en casa. Deben trabajar como todo el mundo y vivir de lo que reciben a cambio, “pues el obrero merece su salario” (Lc 10,7). Con otras palabras, tienen que participar de la vida y del trabajo de la gente, y la gente los acogerá en su comunidad y compartirá con ellos casa y comida. Esto significa que deben confiar en el compartir. Esto explica también la severidad de la crítica contra los que no aceptan el mensaje: sacudirse el polvo de los pies, como pretexto contra ellos (Lc 10,10-12), pues no rechazan algo nuevo, sino que su propio pasado.

c) Tienen que curar a los enfermos y expulsar los demonios (Lc 9,1; 10,9; Mt 10,8). Esto es, deben ejercer la función de “defensor” (goêl) y acoger para dentro del clan, dentro de la comunidad, a los excluidos. Con esta actitud critican la situación de desintegración de la vida comunitaria del clan y apuntan hacia salidas concretas. La expulsión de demonios es señal de que el Reino de Dios ha llegado (Lc 11,20).

d) Tienen que comer lo que el pueblo les da (Lc 10,8). No pueden vivir separados con su propia comida, sino que han de aceptar la comunión de mesa. Esto significa que, en contacto con la gente, no deben tener miedo a perder la pureza como era enseñada en la época. Con esta actitud critican las leyes de la pureza en vigor y muestran, por medio de la nueva práctica, que poseen otro acceso a la pureza, esto es, a la intimidad con Dios.
Estos eran los cuatro puntos básicos de la vida comunitaria que debían marcar la actitud de los misioneros o de las misioneras que anunciaban la Buena Nueva de Dios en nombre de Jesús: hospitalidad, compartir, comunión de mesa, y acogida a los excluidos (defensor, goêl). Si estas cuatro exigencias se cumplen, entonces pueden y deben gritar a los cuatro vientos: “¡El Reino ha llegado!” (cf. Lc 10,1-12; 9,1-6; Mc 6,7-13; Mt 10,6-16). Pues el Reino de Dios que Jesús nos ha revelado no es una doctrina, ni un catecismo, ni una ley. El Reino de Dios acontece y se hace presente cuando las personas, motivadas por su fe en Jesús, deciden convivir en comunidad para así testimoniar y revelar a todos que Dios es Padre y Madre y que, por consiguiente, nosotros, los seres humanos, somos hermanos y hermanas unos de otros. Jesús quería que la comunidad local fuera de nueva una expresión de la Alianza, del Reino, del amor de Dios como Padre, que nos hace a todos hermanos y hermanas.

JUEVES 27

LUCAS 9. 7-9

• El evangelio de hoy nos presenta la reacción de Herodes ante la predicación de Jesús. Herodes no sabe situar a Jesús. Había matado a Juan Bautista y ahora quiere ver a Jesús de cerca. En el horizonte despuntan amenazas.
• Lucas 9,7-8: ¿Quién es Jesús? El texto empieza con un balance de las opiniones de la gente y de Herodes sobre Jesús. Algunos asociaban a Jesús con Juan Bautista y Elías. Otros lo identificaban como Profeta, esto es, como alguien que habla en nombre de Dios, que tiene el valor de denunciar las injusticias de los poderosos y que sabe animar la esperanza de los pequeños. Es el profeta anunciado en el Antiguo Testamento como un nuevo Moisés (Dt 18,15). Son las misma opiniones que Jesús mismo recoge de los discípulos al preguntarle: "¿Quién dice los demás que o soy?" (Lc 9,18). Las personas trataban de comprender a Jesús desde lo que ellos mismos conocían pensaban y esperaban. Trataban de enmarcarle dentro de los criterios familiares del Antiguo Testamento, con sus profecías y esperanza, y de la Tradición de los Antiguos, con sus leyes. Pero eran criterios insuficientes. Jesús no cabía allí dentro, ¡era más grande!
• Lucas 9,9: Herodes quiere ver a Jesús. “Entonces Herodes dijo: "A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?” Y buscaba verle”. Herodes, hombre supersticioso y sin escrúpulos, reconoce ser el asesino de Juan el Bautista. Ahora quiere ver a Jesús. Lucas sugiere así que hay amenazas que empiezan a despuntar en el horizonte. Herodes no tuvo miedo de matar a Juan Bautista. No lo tendrá tampoco a la hora de matar a Jesús. Cuando le dijeron que Herodes trataba de hacerle preso, mandó a decirle: “«Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.” (Lc 13,32). Herodes no tiene poder sobre Jesús. Cuando en la hora de la pasión, Pilatos manda Jesús donde Herodes para que investigue sobre él, Jesús no le da ninguna respuesta (Lc 23,9). Herodes no merecía respuesta.
• De padre en hijo. Hay veces en que se confunden los tres Herodes que vivieron en aquella época, pues los tres aparecen en el Nuevo Testamento con el mismo nombre: a) Herodes, llamado el Grande, gobernó sobre Palestina del 37 al 4 antes de Cristo. Aparece en el nacimiento de Jesús (Mt 2,1). Mató a los niños de Belén (Mt 2,16). b) Herodes, llamado Antipas, gobernó sobre Galilea del 4 al 39 después de Cristo. Aparece en la muerte de Jesús (Lc 23,7). Mató a Juan Bautista (Mc 6,14-29). c) Herodes, llamado Agripa, gobernó sobre toda Palestina del 41 al 44 después de Cristo. Aparece en los Hechos de los Apóstoles (Hec 12,1.20). Mató al apóstol Santiago (He 12,2).

Cuando Jesús tenía más o menos cuatro años, murió el rey Herodes. Aquel que mató a los niños de Belén (Mt 2,16). Su territorio fue dividido entre los hijos. Arquéalo, uno de sus dos hijos, recibió el gobierno sobre la Judea. Era menos inteligente que el padre, pero más violento. Solamente en su toma de posesión fueron masacradas casi 3000 personas, ¡en la plaza del Templo! El evangelio de Mateo informa que María y José, cuando supieron que este Arquéalo había asumido el gobierno de Judea, tuvieron miedo de volver por allá y fueron a morar en Nazaret, en Galilea (Mt 2,­22), gobernada por otro hijo de Herodes, llamado Herodes Antipas (Lc 3,1). Este Antipas quedó en el poder por más de 40 años. Durante los treinta y tres años que Jesús vivió nunca hubo cambios en el gobierno de Galilea.
Herodes el Grande, el padre de Herodes Antipas, había construido la ciudad de Cesaréa Marítima, inaugurada en el año 15 antes de Cristo. Era el nuevo puerto de desagüe de los productos de la región. Debía competir con el gran puerto de Tiro en el Norte, y así ayudar para el fomento del comercio en Samaria y en Galilea. Por esto, desde los tiempos de Herodes el Grande, la producción agrícola en Galilea empezaba a orientarse no más a partir de las necesidades de las familias, como era antes, sino desde las exigencias de mercado. Este proceso de cambio en la economía continuó durante todo el gobierno de Herodes Antipas, más de cuarenta años, y encontró en él a un organizador eficiente. Todos estos gobernantes estaban bajo dueño. Quien mandaba en Palestina, desde el 63 antes de Cristo, era Roma, el Imperio.

VIERNES 28
LUCAS 9, 18-22
• El evangelio de hoy retoma el mismo asunto del evangelio de ayer: la opinión de la gente sobre Jesús. Ayer, era a partir de Herodes. Hoy es el mismo Jesús quien pregunta qué dice la opinión pública, y los apóstoles responden dando la misma opinión que ayer. En seguida viene el primer anuncio de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús.
• Lucas 9,18: La pregunta de Jesús después de la oración. “Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?” . En el evangelio de Lucas, en varias oportunidades importantes y decisivas Jesús aparece rezando: en el bautismo, cuando asume su misión (Lc 3,21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del diablo con la luz de la Palabra de Dios (Lc 4,1-13); por la noche, antes de escoger a los doce apóstoles (Lc 6,12); en la transfiguración, cuando con Moisés y Elías conversa sobre la pasión en Jerusalén (Lc 9,29); en el huerto, cuando se enfrenta a la agonía (Lc 22,39-46); en la cruz, cuando pide perdón por el soldado (Lc 23,34) y entrega el espíritu a Dios (Lc 23,46).

• Lucas 9,19: La opinión de la gente sobre Jesús. “Ellos respondieron: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos ha resucitado." Al igual que Herodes, muchos pensaban que Juan Bautista hubiera resucitado en Jesús. Era creencia común que el profeta Elías tenía que volver (Mt 17,10-13; Mc 9,11-12; Mt 3,23-24; Ec 48,10). Y todos alimentaban la esperanza de la venida del profeta prometido por Moisés (Dt 18,15). Respuestas insuficientes.

• Lucas 9,20: La pregunta de Jesús a los discípulos. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”. Pedro respondió: “¡El Mesías de Dios!” Pedro reconoce que Jesús es aquel que la gente está esperando y que viene a realizar las promesas. Lucas omite la reacción de Pedro tentando de disuadir a Jesús a que siguiera por el camino de la cruz y omite también la dura crítica de Jesús a Pedro (Mc 8,32-33; Mt 16,22-23).

• Lucas 9,21: La prohibición de revelar que Jesús es el Mesías de Dios. “Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie”. Les está prohibido el que revelen a la gente que Jesús es el Mesías de Dios. ¿Por qué Jesús lo prohibió? Es que en aquel tiempo, como ya vimos, todos esperaban la venida del Mesías, pero cada uno a su manera: unos como rey, otros como sacerdote, otros como doctor, guerrero, juez, o ¡profeta! Nadie parecía estar esperando al Mesías siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). Quien insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada y nunca llegará a tomar la actitud del verdadero discípulo. Continuará ciego, como Pedro, cambiando a la gente por un árbol (cf. Mc 8,24). Pues sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús. Por esto, Jesús insiste de nuevo en la Cruz y hace el segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección.
• Lucas 9,22: El segundo anuncio de la pasión. Y Jesús añadió: "El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.” La comprensión plena del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. El camino del seguimiento es el camino de la entrega, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente de camino, sino que forma parte del camino. ¡Pues en un mundo organizado desde el egoísmo, el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven agarrados a los privilegios, y sufre.

SÁBADO 29

JUAN 1, 47-51
VERSÍCULOS 47-49: RABÍ, TÚ ERES EL HIJO DE DIOS

47Jesús vio venir a sí a Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.  48Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi. 49Respondió Natanael, y díjole: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.


A diferencia de algunos en este evangelio que claman ver pero que en realidad están ciegos (9:40-41), Natanael acepta la invitación de ver a Jesús. Al igual que Jesús tomó la iniciativa para encontrar a Felipe (v. 43), así él toma la iniciativa aquí cuando ve a Natanael acercarse y le dice “He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño”.  Una vez más, no es el discípulo quien encuentra a Jesús, sino Jesús quien encuentra al discípulo.

No sabemos qué es lo que motiva el comentario de Jesús sobre Natanael, pero obviamente él sabe más sobre Natanael de lo que se esperaba que supiera. “En el cuarto evangelio, Jesús frecuentemente sabe cosas todavía no conocidas por otros (por ejemplo, ver 2:24; 6:6), cosas que normalmente son inaccesibles para los seres humanos. Esta situación particular tiene un paralelo en la historia de la mujer samaritana, que se da cuenta de que Jesús misteriosamente sabe su historia marital” (Brueggemann, 113).

“He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño”. Los estudiosos han propuesto varias interpretaciones para este versículo, pero la más acertada nos lleva a Génesis 27:35, donde Isaac le dice a Esaú “Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición”. El hermano, Jacob, más tarde sería conocido como Israel (Génesis 32:28). “Aunque algo oscuras, estas palabras de Jesús hacen eco a la esperanza profética de que con el tiempo el pueblo de Dios vivirá en esa inocencia característica a quienes Dios les ha dado su Torá y sus promesas” (Klein, 487).

Natanael pregunta de dónde lo conoce Jesús, y este responde, “cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (v. 48). Esto es claramente un poder sobrenatural, porque Jesús no estaba presente cuando Felipe llamó a Natanael. Existe un antecedente del Antiguo Testamento para ese conocimiento sobrenatural: la habilidad de Eliseo para advertir al rey de Israel los planes secretos del enemigo (2 Reyes 6:8-12). Jesús, sin embargo, “tiene un discernimiento que supera al de los profetas, él es el Revelador a quien y a través de quien Dios se comunica” (Beasley-Murray, 27).

Al igual que fuimos sorprendidos por la entusiasta declaración de Jesús sobre Natanael (v. 47), ahora somos sorprendidos por la entusiasta declaración de Natanael sobre Jesús. “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (v. 49). “La confesión de fe de Natanael… parece demasiado elaborada, demasiado grande, como para que brotara espontáneamente por las palabras que Jesús le dijera. Claramente, Natanael es el vocero de la fe de la comunidad. De hecho, como un ‘verdadero israelita’, Natanael… puede ser el paradigma del Israel creyente, aquellos dentro del judaísmo que aceptaron a Jesús como Mesías. Esta perspectiva es apoyada al identificar a Jesús con Jacob (que después es Israel) en Betel (Génesis 28:12)” (Craddock, 81).

Un poco antes, Andrés identificó a Jesús como el Mesías (v. 41). Ahora Natanael identifica a Jesús con tres títulos adicionales: Rabí, Hijo de Dios, y Rey de Israel:

–– El primer título – Rabí – es honorable pero muy común. Hay muchos rabinos.

–– Natanael probablemente intenta el segundo – Hijo de Dios – como un título mesiánico, y como tal no necesariamente implica divinidad. Los judíos esperaban que el Mesías fuera un hombre como David – rey y guerrero – que podía salvar a Israel de sus enemigos, y no una deidad que salvaría al mundo de sus pecados. Sin embargo, el autor de este evangelio ha dejado claro en el prólogo que Jesús es, en verdad, Dios (1:1, 14). Si Natanael todavía no entiende esto – y parece que no – Dios lo usa para proclamar una verdad más grande de la que puede entender.

–– El tercero de los títulos – Rey de Israel – también es un título mesiánico, y como el Hijo de Dios, contiene una verdad que supera al entendimiento de Natanael. “Cuando Jesús entra a Jerusalén, será aclamado como rey (xii 12-19), pero mostrará que no es un rey en el sentido nacionalista del término. Su reino no pertenece a este mundo (xviii 36); y sus súbditos no son judíos sino creyentes” (Brown, 87).

Es interesante que, tanto al principio como al final de este evangelio, Jesús se revele a sí mismo a los escépticos que responden con atrevidas declaraciones de fe. El incrédulo Tomás responderá a la invitación de Jesús de tocar sus heridas diciendo ‘¡Señor mío, y Dios mío!’” (20:28).


VERSÍCULOS 50-51: VERÉIS EL CIELO ABIERTO

50Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás (griego = opse, verás, en singular).  51Y dícele: De cierto, de cierto os digo (griego = amen, amen, en verdad, en verdad): De aquí adelante veréis(griego = posesthe, verán, en plural) el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.
  

“Cosas mayores que éstas verás” (v. 50). Nosotros diríamos, “¡No has visto nada todavía!” La mayoría de los estudiosos creen que la historia original termina con el versículo 50, porque así nos introduce naturalmente a la historia del primer milagro de Jesús en Caná (2:1-11). Ese milagro será la primera de las señales de Jesús, la primera de “las cosas mayores” que revelarán la gloria de Jesús y ayudará a otros discípulos a creer (2:10). Su fe continuará desarrollándose cuando Jesús va revelando otras señales a través de su ministerio, pero será frustrada en la cruz. La resurrección y la ascensión serán las más mayores de las “mayores cosas” que los discípulos verán, y solamente será hasta después de ver al Señor resucitado/ascendido que los discípulos comprenderán totalmente y creerán totalmente.

Las palabras introductorias de Jesús, amen, amen, “de cierto, de cierto” o “en verdad”, son distintivas a este evangelio; porque en los Sinópticos Jesús solamente usa un solo amen (Mateo 5:26; 6:2, 5, 16, etc.). Estas palabras tienen la intención de enfatizar la verdad de las palabras que siguen. Jesús habla con la verdad, porque él es la Palabra de Dios (1:1-18).

En el versículo 50 se usa el un pronombre en singular (cuando se dirige a Natanael), pero en el versículo 51 se usa uno plural, porque se está hablando al grupo de discípulos, y posiblemente con la intención de incluir a los lectores del evangelio, y a la iglesia, a nosotros. Este cambio del singular al plural es una de las razones por las que los estudiosos creen que el versículo 51 fue añadido después. Una segunda razón es que el versículo 50 introduce de forma más natural la historia de Caná.

“Veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre” (v. 51). Los cielos abiertos permiten que la revelación de Dios (La Palabra de Dios, 1:1) se derrame sobre la tierra. Aunque este evangelio no incluye la historia completa del bautismo de Jesús, Juan ya ha testificado “vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él” (1:32), que es una ocasión en que los cielos se abrieron.

Las imágenes nos llevan hasta la historia de Jacobo, “Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella” (Génesis 28:12). En esa historia, el todavía no-tan-honorable Jacobo estaba huyendo de su hermano, Esaú, a quien le había robado la bendición de su padre (Génesis 27:35). Se detuvo en “un lugar” (Génesis 28:11) – un lugar cuya importancia todavía es desconocida – para dormir.

Ahí, Jacobo soñó la escalera y los ángeles, y escuchó la voz de Dios renovar el pacto que había hecho antes con Abraham (Génesis 12:1-3). Dios prometió darle a Jacobo la tierra en que habitaría y bendeciría a todas las familias de la tierra “en ti y tu simiente” (Génesis 28:14). Jacobo respondió dándole el nombre de Bet-el – casa de Dios – “puerta del cielo” (Génesis 28:17). Después, Dios cambió el nombre de Jacobo a Israel, “porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Génesis 32:28). “A partir de aquí y en adelante, la jornada de Jacobo está llena con un nuevo sentido de vocación, porque ahora lleva una promesa” (Fretheim, 524). Esta es una sorprendente historia, dado el dudoso carácter de Jacobo, pero revela la capacidad de Dios para dar una revelación y realizar un pacto incluso con aquellos que son indignos. Esas son Buenas Nuevas, porque, a final de cuentas, todos somos indignos.

Ahora Jesús dice que los ángeles ya no van a subir y descender sobre una escalera sino sobre el Hijo del Hombre. “El Hijo del Hombre que presenta Juan… es el hombre de Dios, al igual que el Jacob de la escalera fue el hombre que se convirtió en ‘Israel’ y le dio el nombre a su pueblo” (Sloyan, 25). “Detrás de este uso del texto de Génesis está la creencia de que este nuevo lugar de revelación ha superado al viejo… Ahora está este nuevo lugar de revelación, el Hijo del Hombre, que es Jesús” (Smith, 78).

Este versículo tiene una misteriosa cualidad. ¿Acaso Jesús está identificando a Natanael como un nuevo Jacob/Israel? ¿Está sugiriendo que Natanael verá cosas maravillosas y se convertirá en un canal especial de bendición? Si este es el caso, el Nuevo Testamento seguramente nos dirá el resto de la historia de Natanael, pero en realidad nos dice muy poco sobre él. El nombre de Natanael es mencionado solamente una vez más, y es después de la resurrección. Jesús se revelará a Natanael y un puñado de otros discípulos a la orilla del mar de Tiberias (21:2). Tal vez es esa ocasión la que cumple la promesa de Jesús a Natanael de que vería “cosas mayores que estas” (v. 50). En verdad, él vería al Cristo resucitado.

Pero tal vez algo más está pasando en este versículo. La persona a que Jesús se dirige en el versículo 51 es un pronombre plural, sugiriendo que Jesús le está hablando a un grupo más grande de discípulos – tal vez, a través de este evangelio, incluso a toda la iglesia, al nuevo Israel, al pueblo de Dios – el nuevo pueblo de la bendición. Igual que Dios ha abierto los cielos para revelarle a Jacob una maravillosa conexión entre el cielo y la tierra, ahora Dios abre los cielos para revelar al Hijo del Hombre, que completa la obra de unir al cielo y la tierra para la iglesia. Ciertamente, la iglesia ha visto muchas grandes cosas a través de la obra de Cristo: enfermos sanados, matrimonios salvados, vidas transformadas. Si nos permitimos apreciar la calidad poética de las palabras de Jesús, en verdad hemos visto “el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre” (v. 51).

DOMINGO 30
VERSÍCULOS 38-50: UN RESUMEN

Este pasaje sigue la historia de Jesús tomando un niño en brazos y diciendo, “El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe” (v. 37).  En versículo 42, Jesús hace una declaración similar, pero con el énfasis opuesto, “Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar” (v. 42).  Marcos sitúa la conversación del exorcista (vv. 38-41) entre estos dos pasajes que tratan de niños y pequeñitos.

Jesús está “en el camino” (8:27; 9:33), ésta es una manera de identificar su travesía a Jerusalén y a la cruz.  Hasta que Pedro reconociera a Jesús como Mesías (8:29), el ministerio de Jesús se caracterizaba por sus milagros y las multitudes admiradoras.  Al ser revelado como Mesías, Jesús “comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho…, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (8:31).  Desde este punto hasta su llegada a Jerusalén, Jesús se concentra en preparar a los discípulos para lo que viene.  Uno de sus énfasis más importantes será ayudarles a comprender el discipulado como servicio humilde en vez de un puesto y una suma de poder (9:33-42; 10:13-31, 35-45).  La primera parte de nuestra lección del Evangelio forma parte de este énfasis.


VERSÍCULOS 38-41: EL QUE NO ES CONTRA NOSOTROS, POR NOSOTROS ES

38Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.  39Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí.  40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.


“Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue” (v. 38).  Este es Juan, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago – uno de los Hijos del Trueno.  Su mote sugiere que tiene una personalidad volcánica – que actúa de manera precipitada.  Eso no es lo que hace aquí.

El exorcista seguramente observó el exorcismo relatado en 9:14-29 y experimentó usando el nombre de Jesús.  Juan no le pregunta a Jesús como han de tratar al exorcista, sino que simplemente reporta lo que los discípulos ya han hecho – estará buscando reconocimiento por parte de Jesús o, por lo menos, alguna señal que confirme su acción o les brinda apoyo de alguna manera.

Anote que Juan no dice, “No te estaba siguiendo a ti (Jesús),” sino “nos estaba siguiendo a nosotros.”  Jesús nunca dice, “Síguenos” – queriendo decir “Sígueme a mí y a mis discípulos.”  Frecuentemente dice, “Sígueme” (1:17; 2:14; 8:34; 10:21).  Sin autoridad ninguna, Juan ha incluido a los discípulos en el concepto de seguir.  En el próximo capítulo, veremos el nivel de su ambición (10:35-45), pero aquí solo vemos sus comienzos.

Juan es uno de tres discípulos – Pedro, Santiago, y Juan – privilegiados por haber estado con Jesús en varias ocasiones especiales – el sanar y la resurrección de la hija del regidor de la sinagoga (5:37) – la transfiguración (9:2) – y en Getsemaní (14:22).  Sin embargo, los Evangelios también presentan a estos tres discípulos demasiado dispuestos a hablar incorrectamente.  “Pedro reprende a Jesús después de la primera predicción de su pasión y resurrección; Santiago y Juan actúan de manera atroz después de la tercera.  En el monte, Pedro dice todo lo que no debe decir.  Aquí, ¡es Juan el que está equivocado!” (Geddert, 226).

Hay un tono de frustración en el comentario de Juan.  Los discípulos intentaron, aparentemente sin éxito, parar al hombre que echaba fuera demonios.  Parte de su frustración seguro que viene de su previo intento (sin éxito) para obrar un exorcismo (9:14-29).  Ahora, estos discípulos “certificados,” que todavía están aprendiendo de su error, no pueden parar un exorcista “no-certificado” pero exitoso que utiliza el nombre de Jesús sin su autorización.  Seguro que Juan está preocupado aquí, no solo por proteger la santidad del nombre de Jesús, pero también por proteger el estatus especial de los discípulos.  Según se imagina Juan, si Jesús comisionó a los doce (6:7-13), pretenderá que ellos cumplan cualquier obra que haya de hacerse en su nombre.

El libro de Hechos relata un incidente en el que exorcistas judíos, utilizando el nombre de Jesús, fallaron gravemente y fueron azotados por un hombre poseído por un demonio (Hechos 19:13-16) – esto demuestra la posibilidad de utilizar mal el nombre de Jesús, y deja claro que “el nombre de Jesús revela su autentico poder solo al unirse a Jesús en fe y al obedecer la voluntad de Dios” (Lane, 343).

“Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí.  Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (vv. 39-40).  Los discípulos dibujaron un círculo que dejaba fuera al exorcista, pero Jesús vuelve a dibujar el círculo, incluyéndole.  El que tocó leprosos (1:41), comió con recaudadores y pecadores (2:15-16), y tomó pequeñitos en sus brazos (9:36) dibuja un círculo grande.  Pronto, esto se les recordará a los discípulos cuando intenten evitar que niños se acerquen a Jesús (10:13-16).

“El punto de Jesús era que cualquier persona que hiciese algo por o en nombre de Jesús con algún nivel de sinceridad (anote ‘en mi nombre’) debían ser reconocidos como aliados, o aún, discípulos compañeros.  La lección para la iglesia hoy es que tolerancia, aceptación, y reconocimiento deben extenderse a otras denominaciones y a personas de diferentes ideas teológicas” (Brooks, 151).

Al contrario de los escribas y fariseos, que ya traman contra Jesús al comenzar su viaje a Jerusalén, el exorcista no es un enemigo.  “Como se presenta aquí, el problema no es que el hombre no seguía a Jesús, sino que seguía a los Doce (‘nosotros,’ el liderazgo establecido por la iglesia)” (Williamson, 171).

Aquí, Jesús no abre la puerta a toda actividad religiosa.  Distingue a este exorcista de otros en dos maneras.  Primero, el exorcista “hace un milagro.”  El efecto de su obra es extraordinario y beneficioso – ha echado demonios.  Segundo, lo ha hecho “en mi nombre” – en el nombre de Jesús.  Aunque sí es posible usar en vano el nombre de Jesús, Jesús reconocería si ese fuera el caso.  Por los comentarios de Jesús está claro que el clamar del hombre a través de su nombre va acompañado por un toque de autenticidad que Jesús puede aprobar.

Un incidente similar tomó lugar siglos antes cuando Moisés designo setenta ancianos, a quienes Dios concedió el don de profecía.  Eldad y Medad no se encontraban entre los setenta, pero también profetizaban.  Josué le pidió a Moisés que parase a Eldad y Medad, pero Moisés respondió, “¿Tienes tú celos por mí? Mas ojala que todo el pueblo de Yahaveh fuesen profetas, ¡que yahaveh pusiera su espíritu sobre ellos!” (Números 11:29).

De la misma manera, Jesús llama a los discípulos hacia una visión más inclusiva.  “Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (v. 40).   Siempre estamos tentados a pensar de cristianos al otro lado de la valla como inferiores – si es que les consideramos cristianos.  Quizá, más al punto, clérigos podemos estar celosos de nuestras prerrogativas y así disminuir el papel de personas laicas en áreas de ministerio normalmente reservadas para clérigos.  Gente laica que sirve en capacidad oficial a menudo puede sentir los mismos celos de nuestra autoridad.  Cristo nos pide que echemos a un lado estos celos insignificantes y respetemos los dones de aquéllos que obran en su nombre.

Sin embargo, “tal actitud de reconocimiento, donde sea que aparezca, no disminuye nuestra fe a un simple denominador común para todas las creencias” (Luccock, 789) – éste es un error común para los ecuménicos.  Tampoco requiere que dejemos nuestro discernimiento – ignorando abuso o errores obvios.

Vale la pena anotar que Mateo 12:30 y Lucas 11:23 relatan que Jesús dice, “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama” – esta declaración parece opuesta a la que se encuentra en Marcos.  Sin embargo, hay dos diferencias que explican el conflicto:

- Primero, en el relato de Mateo y Lucas, el pronombre es “mí” – “contra mí es” – “el que conmigo no recoge.”  En el relato de Marcos, el pronombre es “nosotros” – “no nos sigue” – refiriéndose a los discípulos (v. 38).  “Por lo tanto, ya que no puede existir neutralidad cuando se trata de la persona de Jesús, los discípulos deben tolerar aquéllos que difieren de ellos” (Edwards, 291).

- Segundo, “‘El que no es conmigo’ se refiere a ellos que se oponen a los exorcismos de Jesús.  No están con Jesús; es decir, están contra Jesús” (Evans, 65).

“Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (v. 41).  En otro lugar, Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos y ayudemos a los desamparados, pero aquí dirige su bendición hacia los que ayudan a cristianos – a los que “son de Cristo.”  La cuestión es que el emisario del rey sea tratado con el mismo respeto que merece el rey – con la recompensa y castigo apropiado para los que rinden o faltan tal respeto.  El regalo que Jesús menciona es simple – un vaso de agua fría – algo esencial para vivir pero que casi cualquier persona puede dar.  El vaso de agua simboliza cualquier regalo práctico – comida, ropa, alojamiento, ayuda económica, o sacar a alguien de una cuneta.

Anote la similitud con el pasaje anterior, “El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe” (v. 37).  El nombre de Jesús es lo que identifica a la persona bienvenida (v. 37) y la que recibe el agua (v. 41).


VERSÍCULOS 42-48: ESCANDALOS Y PEQUEÑITOS

42Y cualquiera que escandalizare (griego: skandalise – causa tropezar) a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino (griego:mulos onikos – una piedra de molino de mula – una piedra grande) al cuello, y fuera echado en la mar.  43Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehenna (griego: geennan – Gehenna), al fuego que no puede ser apagado; 44Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.  45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna (geennan), al fuego que no puede ser apagado; 46Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado a la Gehenna (geennan); 48Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.


Versículos 44 y 46 no se encuentran en los mejores textos griegos, y la mayoría de las traducciones los omiten.

“Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí”(v. 42a).  Estos “pequeñitos” (v. 42) no son niños sino “pequeñitos que creen en mí” – creyentes con una fe nueva o frágil – pequeños porque son vulnerables.  Un cristiano fuerte y maduro podría ignorar tales palabras duras o un mal ejemplo, pero estos pequeñitos pueden ser lastimados.  “Tropezar” puede referirse a la pérdida de fe o llevar hacia el pecado.

“mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar” (v. 42b).  Existen piedras de molino pequeñas con las que hombres trabajan y piedras más grandes con las que mulas trabajan.  Jesús especifica la más grande como mulos onikos – una piedra de molino cargada por una mula.  Un hombre no podría levantar una de estas piedras.

“La piedra se presenta de manera grotesca ‘colocada alrededor’ (perikeitai) del cuello como un collar, en vez de colgada” (France, 380).  Alrededor del cuello de una persona echada al mar, la piedra llevaría a la persona rápidamente hacia el fondo para siempre.  Esta persona no recibiría un entierro apropiado – un destino terrible desde el punto de vista judío.
Jesús no sugiere que ahoguemos a los que causan que otros tropiecen, sino que utiliza una hipérbole – lenguaje exagerado – para dramatizar el peligro que puede resultar de causar daño a los “pequeñitos.”

Su punto aquí es que una persona que causa que tales “pequeñitos” tropiecen sufrirá un destino terrible en manos de Dios – un destino aún más terrible que ser ahogado en el mar de manera repentina y violenta.

“Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado” (v. 43).  De nuevo, como en versículo 42, Jesús utiliza una hipérbole – lenguaje exagerado – para ilustrar su punto.  Ha hablado del peligro de una persona haciendo que otra tropiece – una amenaza desde afuera.  Ahora habla del peligro de las tentaciones que surgen desde dentro de nosotros – una amenaza interna. 
Hoy, podríamos reorganizar las palabras de Jesús de esta manera: “Si cuesta un brazo y una pierna resistir tentación, merece la pena.”  Al hablar así, no estamos sugiriendo que una persona sacrifique literalmente un brazo o una piedra.  Solamente estamos utilizando lenguaje colorido para demostrar que resistir tentación es muy, muy importante.

Sin embargo, si no tomamos literalmente las palabras de Jesús “córtala,” hemos de tomarlas en serio.  Nada es más importante que mantener la fe.  “Estas palabras nos retan a examinar la calidad de nuestro discipulado.  ¿Es seguir a Cristo lo que se encuentra en el fondo de nuestro ser, algo muy serio para dejar de lado? O, ¿es nuestra cristiandad solamente cuestión de gusto o conveniencia?” (Perkins, 641).

A veces, el discipulado si requiere amputaciones.  Hemos de amputar malas costumbres – resentimientos – ambiciones que nos impulsan a actuar sin ética.  El alcohólico o drogadicto necesita amputar viejas relaciones que amenazan con hundirle de nuevo en una vida de adicción.  El joven regidor tuvo que amputar su billetera.  Debemos amputar las cosas que se ponen entre nosotros y Dios.

“mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado” (v. 43b).  Estas referencias al infierno son difíciles para muchos cristianos hoy a quienes incomoda la idea del infierno.  Sin embargo, son las palabras de Jesús, y no debemos descontarlas.  Nos llevan la atención a la santidad y la justicia de Dios, que son tan reales como la gracia de Dios.  Ésta es la única referencia al infierno y sus tormentos en este Evangelio, y debemos anotar que no son los que no creen los que están en peligro, sino los discípulos.  Ambos el cristiano que tropieza y el cristiano que causa que otros tropiecen queden expuestos al juicio.
La palabra traducida infierno es la palabra griega geeman Gehenna.  El nombre se deriva del valle de Hinnom, un barranco en las afueras de Jerusalén donde Achâz practicaba sacrificio humano (2 Crónicas 28:3; 33:6; Jer. 7:31; 32:35).  El Rey Josiah puso fin a tales prácticas declarando el valle impuro y utilizándolo como un gran basurero (2 Reyes 23:10).  Allí habitaban ratas, ardían fuegos, y humo llenaba el aire día y noche.  Judíos lo consideraban el lugar prototípico de castigo (Barclay, 238-239).

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (v. 48).  Esto se deriva de Isaías 66:24: “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí: porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará; y serán abominables a toda carne.”  Este versículo de Isaías “sirve de amenaza final contra aquéllos en Israel que se han rebelado contra Dios y advierte a tales personas que sufrirán castigo eterno (en vez de ser aniquilados)” (Donahue y Harrington, 288).


VERSÍCULOS 49-50: SAL Y FUEGO

49Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.


Las declaraciones de vv. 49-50 parecen ser tres declaraciones independientes que Marcos junta por el hecho de que todas se refieren a sal.

“Porque todos serán salados con fuego” (v. 49).  Ambos sal y fuego son beneficiosos para preservar carne, y sacrificios en el templo requieren sal tanto como fuego (Levítico 2:13).  “En el contexto actual fuego y sal parecen ser símbolos del juicio y el precio del discipulado” (Edwards, 296 – véase también France, 383), esto sugiere que los discípulos serán ofrendas y que serán salteados con persecución – una realidad para la iglesia de Marcos, que vivía bajo persecución al ser escrito este Evangelio.  “La idea de sacrificar el miembro del cuerpo que ofende (versículos 43-47), aquí se lleva un paso más lejos: cada discípulo ha de ser un sacrificio para Dios (cf. Romanos 12:1)” (Lane, 349).

“Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis?” (v. 50a).  La sal es buena porque hace la comida sabrosa y funciona para conservar.  Sal pura no pierde el sabor, pero la sal encontrada a orillas del Mar Muerto a menudo está mezclada con tantas impurezas que no se puede utilizar para sazonar o conservar.  Sal adulterada sirve de metáfora para discípulos que se dejan adulterar por los valores del mundo – perdiendo su sabor de la fe y su capacidad de hacer una diferencia en el mundo.

“Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros” (v. 50b).  “‘En vosotros mismos’ ha de ser entendido de manera corporativa en vez de individualmente: ‘Tened en vosotros mismos sal,’ es decir, en vuestra vida común y compartida” (Hare, 119).  Esta mención de sal “se refiere a ‘compartir sal,’ que simboliza el comer juntos.  El versículo entero después será un mandato para vivir juntos en comunidad y en paz” (Hooker, 233).  Ésta es una palabra útil para la iglesia actual, donde a menudo la paz es amenazada por cristianos que imponen sus propios motivos en vez de trabajar pacíficamente con los demás.  En un sentido, este versículo se relaciona con v. 39, donde Jesús manda a Juan que no pare al hombre que echa demonios en nombre de Jesús.  En ese caso, Jesús nos pide que estemos en paz con los que no conocemos.  En versículo 50, nos pide que estemos en paz con los que tenemos cerca.







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