MIÉRCOLES 02
MATEO 13, 44-46
VERSÍCULO 44:LA PARÁBOLA DEL TESORO ESCONDIDO
No era raro que en esa
época y lugar gente enterrara sus posesiones más valiosas, dado que no existían
bancos seguros para cuidarlos. Pequeñas aldeas no podían prevenir el saqueo
de bandoleros, y soldados tenían la libertad de tomar lo que necesitaran.
El entierro proveía la mayor seguridad, pero no ofrecía garantías. Una
persona podía morir, llevándose a su tumba el secreto de su tesoro. Gente
podía dejar su hogar y más adelante encontrar que no podía volver. Ley
rabínica judía proveía que “Estos tesoros pertenecen al que los encuentre – si
un hombre encuentra fruta esparcida, dinero esparcido... éstos pertenecen al
que los encuentre” (Barclay, 94).
Hasta hoy, gente descubre
tesoros escondidos y compra propiedades antes que otros puedan descubrirlo y
subir el precio. Inmediatamente se nos ocurren el oro y el petróleo, pero
algunos tesoros están escondidos a plena vista. Personas astutas compran
una granja al darse cuenta que el precio pedido no toma en cuenta un huerto de
nogales – árboles que pueden valer más que el terreno. Otros compran el
control de una compañía después de determinar que el valor de romperla excede
el de sus acciones.
No debemos distraernos
preguntando si este hombre debía haber revelado el tesoro al dueño del
campo. Éste es un cuento sencillo con un punto sencillo – el poder del
reino aumenta más y más – y no le hacemos ningún favor a nadie al complicarlo.
“que alguien encontró.” El griego dice
“que un hombre (anthropos)
encontró.” Dada la referencia a una mujer en la parábola que precede (v.
33), quizá haríamos bien en dejar la referencia masculina aquí.
VERSÍCULOS 45-46:LA PARÁBOLA DE LA GRAN PERLA
“En el mundo antiguo las
perlas ocupaban un lugar muy especial en el corazón de los hombres. Gente
deseaba poseer una bella perla, no solo por su valor monetario, pero por su
belleza también” (Barclay, 96). “Relatos antiguos cuentan de perlas que
valen millones de dólares en moneda actual” (Keener, 246).
Mercaderes compran para
vender, pero como podemos comprender por esta corta parábola, este mercader
quiere la perla por el placer que le da poseerla. Quizá algún día
circunstancias pueden causar que la venda, pero sabemos que hasta que lo que
pueda ser una venta provechosa, él la venderá con gran aversión.
JUEVES 03
MATEO 13, 47-53
VERSÍCULOS 47-50:LA PARÁBOLA DE LA RED
47Asimismo el reino de
los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge de todas suertes
de peces: 48La cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron
lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera. 49Así será al fin del siglo:
saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, 50Y los
echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Esta parábola tiene
esencialmente los mismos puntos que la Parábola de la cizaña (vv. 24-30).
Las lecciones son
que:
- El juicio pertenece, no a los discípulos, sino que a
Dios.
- El juicio vendrá.
En esta parábola, una
red recoge todo tipo de peces, buenos y malos. Lev. 11:9-12 prohíbe el
uso de criaturas sin escamas o aletas, por eso, los pescadores echaban fuera
los peces inútiles. En las aldeas cerca del Mar Galileo era algo común
ver a pescadores separando su pesca.
“La cual estando llena”
(v. 48) “corresponde con... ‘al fin del siglo’ (v. 49), y así insinúa un
cumplimiento escatológico... El demonio, falsos discípulos, experimentarán el
juicio escatológico... Mateo nunca se cansa de avisar a sus lectores de la
realidad del juicio y, por lo tanto, la importancia de ser un discípulo
genuino. Es un aviso que ambos el mundo y la Iglesia necesitan” (Hagner).
“Anote las palabras se
sentó: la división es callada, deliberada, y sin ninguna oportunidad para
errar” (Buttrick, 422). “La mención del juicio final recuerda a los
oyentes y a los lectores de las parábolas que ser discípulo no es un juego de
‘vamos a hacer como si...’; sino que es un asunto de vida o muerte”
(Brueggemann, 424).
“Esta parábola alienta a
la iglesia a adoptar un método abierto y libre al evangelismo” (Long, 158) – un
método muy diferente del de los fariseos, que actuaban como porteros y
jueces. Un método abierto reúne en la red a los indeseados tanto como a
los deseados, pero esta parábola nos dice que ésta es la manera de Dios.
Algunos indeseados llegarán a ser verdadera gente del reino, y otros que
parecían prometedores en un comienzo traicionarán a Dios al final. Dios
no nos hace responsables de mantener a los indeseados fuera, sino que delega la
separación entre lo malo y lo justo a los ángeles al final del siglo.
Esta parábola no nos
dice que ignoremos pecados graves. Unos capítulos más adelante, Jesús
establecerá procedimientos para castigar a los pecadores y para ex-comunicarles
si no arreglan su comportamiento (18:15-20).
VERSÍCULOS 51-52: TESORO NUEVO Y VIEJO
51Díceles Jesús: ¿Habéis
entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor. 52Y él les dijo:
Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre
de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Es importante comprender
este Evangelio, y fue mencionado antes en este capítulo (13:10-17).
“‘Comprender’... es una calidad esencial para ser un discípulo autentico”
(Senior, 158). La respuesta valiente de los discípulos “Sí,” sin embargo,
nos deja pensando. El tipo de pregunta que Jesús normalmente preguntaba,
generalmente, recibía una respuesta afirmativa. Los discípulos, sin
embargo, comprenden solo en parte. Solo después de la resurrección
quedarán sus ojos verdaderamente abiertos.
“Todo escriba docto en
el reino de los cielos” (v. 52). Jesús compara a sus discípulos con los
escribas – aquéllos calificados para enseñar el significado de la
escritura. “Mateo puede estar pensando de los discípulos de Jesús, como
piensa de otros escribas, llenos de sabiduría, autoridad, el correcto
entendimiento de la ley, y quizá poseedores de alguna inspiración profética”
(Blomberg). Estos discípulos “se basan en la gran herencia bíblica de la
antigua Israel (que es vieja). Pero, interpretan la palabra antigua según
la revelación final de Dios a través del mensaje de Jesús y su ministerio (que
es nuevo)” (Gardner).
Escribas se preparan
para el reino de los cielos por medio del estudio de la escritura. La
imagen es la de una persona reverente y disciplinada, dispuesta a cumplir la
Palabra de Dios. Esto es lo que Mateo espera de los discípulos.
Jesús dice que tal persona “es semejante a un padre de familia, que saca de su
tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” “Tesoro puede referirse al
recipiente en el que se guardan las cosas de valor o al tesoro mismo (como en
v. 44); aquí claramente se refiere al recipiente” (Morris, 363). El padre
de familia tiene una caja o un cuarto del que saca lo nuevo y lo viejo – en
reversa del orden esperado – así, se enfatiza la importancia de lo nuevo.
Mientras que lo viejo y
lo nuevo no están claramente definidos, parece que lo viejo se refiere a las
Escrituras Hebreas y que lo nuevo se refiere a las enseñanzas de Cristo.
“En efecto, lo que Jesús está diciendo es esto: ‘Podéis comprender, porque
vinisteis a mi con unos antecedentes... Pero después de haber sido instruidos
por mi, tenéis la sabiduría, no solo de lo que ya sabíais, sino también de
cosas que no sabíais antes’” (Barclay, 100). “El escriba cristiano...
debe poder usar lo viejo y lo nuevo juntos para traer claridad y entendimiento
al mensaje del reino y su aplicación al presente. Lo viejo y lo nuevo del
escriba cristiano son los dos indispensables para el evangelio” (Hagner).
VIERNES 03
MATEO 13, 54-58
• El evangelio de hoy
narra cómo fue la visita de Jesús a Nazaret, su comunidad de origen. El paso
por Nazaret fue doloroso para Jesús. Lo que antes era su comunidad, ahora ha
dejado de serlo. Algo cambió. Donde no hay fe, Jesús no puede hacer milagros.
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad. Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: "¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto" No lo podían entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: "Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación, donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40).
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad. Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: "¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto" No lo podían entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: "Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación, donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40).
SABADO 04
MATEO 14, 1-12
Capítulo 13 termina con
el rechazo de Jesús en Nazarea. Capítulo 14 empieza con la historia de la
decapitación de Juan Bautista a manos de Herodes Antipas. En 14:1-2,
Herodes oye de Jesús y concluye que él es Juan Bautista resucitado. Aunque
que no amenaza con matar a Jesús, como hizo con Juan, esa posibilidad existe en
estos versículos. 14:3-12 es un recuerdo que cuenta la historia de la
fiesta de cumpleaños de Herodes – del complot de Herodías – la danza de la hija
– la promesa de Herodes – y la cabeza de Juan en un plato.
¡Qué contraste entre el
banquete de Herodes y la comida que Jesús provee para los cinco mil! La
fiesta de Herodes se caracteriza por su opulencia – la comida de Jesús, en
cambio, se caracteriza por el pan, la comida más básica. La fiesta de
Herodes se caracteriza por odio – la comida de Jesús, en vez, por
compasión. La fiesta de Herodes termina en muerte – la comida de Jesús
sostiene vida. El contraste, no podía ser más intencionado o
completo.
DOMINGO 05
JUAN 6, 24-35
CAPÍTULO 6: INTRODUCCIÓN
Este capítulo empieza
con la alimentación de los cinco mil (vv. 1-15) y continúa con Jesús caminando
sobre el agua (vv. 16-21), y la multitud dándose cuenta de que Jesús se ha
marchado (vv. 22-23).
VERSÍCULOS 24-27: NO TRABAJÉIS POR COMIDA
QUE PERECE
24Como vio pues la gente
que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas,
y vinieron á Capernaum buscando a Jesús. 25Y hallándole de la otra parte
de la mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondióles Jesús, y dijo;
De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las
señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.
27Trabajad no por la
comida que perece, más por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo
del hombre os dará: porque a éste señaló el Padre, que es Dios.
En v. 1, Jesús fue “de
la otra parte de la mar de Galilea” – suponiendo que es el lado este.
Entonces, en v. 16, los discípulos “entrando en un barco, venían de la otra
parte de la mar hacia Capernaum,” en el lado oeste. Después de remar dos
o tres millas, habiendo casi cruzado el lago, Jesús camina sobre el agua para
reunirse con ellos. Después de hacer esto, “el barco llegó a la tierra
donde iban” (v. 21).
El próximo día la
multitud descubre que Jesús y los discípulos se han ido, entonces, se suben a
los botes y se van a Capernaum en busca de Jesús (v. 24). Seguramente,
pocas de las cinco mil personas (o diez o veinte mil con mujeres y niños)
actualmente cruzan el mar en sus botes pequeños. Versículo 24 no nos dice
porque la multitud está buscando a Jesús, pero la última vez que la vimos,
intentaba hacerle rey a Jesús (v. 15).
Al encontrar a Jesús, le
preguntan, “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” (v. 25). Mucho de este Evangelio
se puede comprender a dos niveles, y eso es verdad de esta pregunta
también. La multitud intenta preguntar solo sobre la manera en la cual
Jesús llegó hasta Capernaum, pero este Evangelio ya nos ha dicho que “aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14). La encarnación es
una respuesta más profunda a la pregunta de cómo Jesús llegó aquí.
Jesús ignora la pregunta
y les reprende por el interés superficial que demuestran. “De cierto, de
cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque
comisteis el pan y os hartasteis” (v. 26). “En vez de ver la señal en el
pan, en la señal solo vieron el pan” (Lange, citado en Morris, 317). En
su jerarquía de necesidades, se enfocan en el estómago en vez del
espíritu. Al alimentar a los cinco mil, Jesús satisfizo su hambre física,
y ahora buscan más de lo mismo.
El cumplir con las
necesidades físicas nunca pierde su atractivo. “Dios nos dará pan y
peces, mejores casas, horas más cortas, salarios más altos, aparatos que nos
disminuyen trabajo y añaden a nuestro descanso – éstas son cosas que merecen la
pena tener, y le seguiremos a él por ellas. ¿Pero quién quiere sus
regalos espirituales? ¿Qué haríamos con ellos? ¿Qué diferencia harían?”
(Gossip, 563).
“Trabajad no por la
comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el
Hijo del Hombre os dará” (v. 27a). Jesús reta a la multitud que alcen la
vista y vean más allá de lo físico. Antes, él dijo de si mismo, “Mi
comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”
(4:34). Ahora reta a la muchedumbre a unirse a su viaje espiritual:
Primero oímos estas palabras, “perecer” y “vida eterna” en 3:16, donde Jesús
habla de amar al mundo y de dar a su Hijo “para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Jesús no dice que las
necesidades físicas no sean importantes. En otra parte él habla del
alimento, la bebida, y la ropa, asegurándoles a sus oyentes de que “su Padre en
el cielo sabe que necesitan todas estas cosas,” y prometiéndoles que, si
primero buscan el reino de Dios y su virtud, “recibirán todas estas cosas
también” (Mateo 6:32-33). Mucho de su ministerio terrenal se enfoca en
curar las necesidades físicas de la gente. Pero ahora, pide que la gente
acepte su necesidad por “la comida que a vida eterna permanece,” prometiéndoles
que el Hijo del Hombre se lo dará.
La gente se dirige a
Jesús como Rabí (v. 25), pero él se refiere a si mismo como “el Hijo del Hombre
(v. 27).” Él podría referirse a si mismo como el Mesías, pero esa palabra
crearía expectativas que él no está dispuesto a cumplir. La gente espera
que el Mesías eche a los romanos y que haga Israel grande de nuevo, pero
ése no es el ministerio de Jesús. La frase, Hijo del Hombre, lleva consigo
menos connotaciones políticas y, en este Evangelio, “está más y más
asociada…con revelaciones traídas del cielo a la tierra” (Carson, 284).
“Porque a éste señaló el
Padre, que es Dios” (v. 27b). En la época de Jesús un sello autenticaba
autoridad o propiedad. Un oficial usaba un anillo con un símbolo para
sellar un documento con cera. Tal sello le daba al documento su estatus
oficial, tal como una firma lo hace hoy día. El propietario de tal
documento era recibido con el respeto debido a la persona que lo selló.
Dios Padre ha puesto su sello sobre el Hijo, quien actúa como su emisario del
cielo en la tierra (1:51; 3:13). Jesús no nos dice cuando esto lugar,
pero lo más probable es que fuera durante su bautizo, cuando el Espíritu descendió
sobre él (1:33) y una voz del cielo dijo, “Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo
contentamiento” (Marcos 1:11).
VERSÍCULOS 28-34: ÉSTA ES LA OBRA DE
DIOS, QUE CREÁIS
28Y dijéronle: ¿Qué
haremos para que obremos las obras (griego: erga – plural) de Dios? 29Respondió
Jesús, y díjoles: Esta es la obra (griego: ergon– singular) de
Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30Dijéronle entonces: ¿Qué
señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? 31Nuestros
padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les
dio a comer. 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio
Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque
el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Y
dijéronle: Señor, danos siempre este pan.
“¿Qué haremos para obrar
las obras (plural) de Dios?” (v. 28). Desde que se estableció la ley del Tora
en el Monte de Sinaí (Éxodo 20 ff.) el pueblo judío ha aceptado el obedecer la
ley como la manera aceptable de servir a Dios. Sin embargo, la ley del
Tora es compleja, y suena como si esta multitud está pidiéndole a Jesús que les
dirija hacia el corazón de la ley – de la misma manera que el joven regidor
preguntará, “Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?” (Lucas
18:18). Comprendiendo que la ley es compleja, no le piden a Jesús que la
resuma en un mandamiento, como hará uno de los escribientes (Marcos 12:28) –
aunque más adelante Jesús hará lo mismo (13:34; 15:12 – véase también Marcos
12:30-31, donde Jesús resume la ley en dos mandamientos). En vez, la
multitud le pide a Jesús que identifique las obras (plural) – las leyes que son
verdaderamente críticas – para que puedan enfocarse en ellas. Le están
pidiendo a Jesús una guía para su fe que les ayude a navegar por el laberinto de
leyes y comentarios en los cuales se centra su práctica religiosa.
En vez de dirigirles a
unas cuantas leyes críticas, Jesús les aleja de la ley y les acerca a él
mismo. “Esta es la obra (singular) de Dios, que creáis en el que él ha
enviado” (v. 29). Mientras que la multitud parecía segura de que podían
cumplir cualquier obra que Jesús identificara como crítica, el hecho es que la
obediencia de la ley está repleta de fallos. Como dijo Pablo, “Porque lo
que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco,
aquello hago” (Romanos 7:15). Nuestros espíritus están dispuestos, pero
nuestra carne es débil (Marcos 14:38). Al invitar a la multitud a creer
en él, Jesús les provee una alternativa accesible al trabajo Sisypeano de
seguir la ley. Pablo expresó la misma idea con estas palabras: “Así que,
concluimos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos
3:28).
“Dijéronle entonces:
¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?” (v. 30). Señales
han sido parte de la vida humana desde el principio cuando Dios puso un arco en
las nubes como señal de su convenio que nunca destruiría la tierra por medio de
un diluvio otra vez (Génesis 9:12ff), Dios ha utilizado señales de varios tipos
– símbolos o milagros que señalan más allá de si mismos hacia algo más
grande. Por lo tanto, la circuncisión es señal del convenio (Génesis
17:11). El pan sin levadura de la Pascua es señal que recuerda a Israel
de la salvación que Dios proveyó en Egipto (Éxodo 13:9). El sábado es
señal (Éxodo 31:13, 17). Dios esperaba que los israelitas respondiesen a
las señales y maravillas creyendo, pero quedó desilusionado cuando no lo
hicieron (Números 14:11, 22; Deuteronomio 4:34).
El Éxodo de Egipto y los
milagros que lo acompañaron fueron la señal más grade de todas (Josué
24:17). Señales particulares incluyeron la vara milagrosa de Aarón (Éxodo
7:8-13) – las varias plagas (Éxodo 7:14-12:32) – la Pascua (Éxodo 12) –
columnas de nubes y fuego (Éxodo 13:17-22) – cruzar el Mar Rojo (Éxodo 14) –
agua amarga hecha dulce (Éxodo 15:22-26) – maná del cielo (Éxodo 16) – y agua
de una peña (Éxodo 17). Estos milagros no solo salvaron a Israel, sino
que también sirvieron de señales que verificaban el liderazgo de Moisés y señalaban
el amor de Dios y su provisión especial para Israel.
Pero la multitud
reconoce la naturaleza radical de la invitación de Jesús y le piden que asegure
que él tiene la autoridad de pedirles tal alejamiento de su práctica religiosa
tradicional. Por doce siglos, han observado la ley del Tora – la ley
Mosaica – la ley de Dios – como la manera de agradar a Dios y de asegurar su
propia salvación. Durante siglos, sus mejores hombres han hecho un gran
esfuerzo para comprender la aplicación de la ley para cada situación, y su
trabajo ha sido codificado en comentario sagrado de una ley aún más
sagrada. A través de la historia de Israel, Dios les ha llamado una y
otra vez para observar fielmente la ley, y ha llamado a profetas para ayudarles
a comprenderla.
Ahora este producto de
treinta y algo años, de un padre sin distinción, y de un pueblo aún menos
distinguido les sugiere que abandonen su larga alianza con la ley y que pongan
sus vidas sobre él. ¡No es raro que quieran verificar su autoridad de una
manera inconfundible! ¡Hacer otra cosa sería un descuido! Sin
embargo, la multitud parece haberse olvidado de que Jesús acaba de verificar su
conexión a Dios al alimentar los cinco mil (o más), ¡con el almuerzo de un
niño!
“Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a
comer” (v. 31). Piden una señal – una obra (v. 30) – y nombran maná como el
tipo de señal que esperan (v. 31). Citan la Escritura, aunque de manera
imprecisa – “Pan del cielo les dio a comer” (v. 31) – una compilación de varias
escrituras (Éxodo 16:4; Nehemías 9:15; Salmos 78:24; 105:40). El regalo
de maná por parte de Moisés verificó su estatus de profeta. Si Jesús
espera que la multitud le acepte a él como profeta tal como lo hizo con Moisés,
debe darles una señal como Moisés les dio. Han visto falsos profetas ir y
venir, y quieren pruebas de que Jesús no es uno de ellos.
La demanda de la
multitud representa la respuesta de gente común que se ve confrontada con una
situación nueva. Jesús les ha descentrado, y están intentando recobrar el
equilibrio. Y entonces establecen los criterios que Jesús debe cumplir si
le han de creer – y se establecen a si mismos como juez y jurado.
“Muéstranos una señal, nosotros veremos, evaluaremos las pruebas, haremos
conclusiones, y hasta que podremos decidirnos a creer” (Craddock, 367).
Su visión parece
sorprendentemente miópica, dado que Jesús acaba de alimentar cinco mil (o los
diez o veinte mil) con unos cuantos panes y peces (vv. 1-15), pero el milagro
de Jesús palidece cuando se compara con el de Moisés. Jesús alimentó a
unos miles en una ocasión; Moisés alimentó a la nación entera por cuarenta
años. Jesús le dio a la muchedumbre pan corriente; Moisés le dio a Israel
pan del cielo. La gente ha visto a Jesús hacer un milagro, pero ahora
esperan más para que su milagro se iguale al de Moisés.
Hay una lección aquí
para nosotros. Nosotros, también, sufrimos de miopía espiritual.
Hay cosas maravillosas que pasan a nuestro alrededor todos los días, pero no
las vemos. Habiéndonos acostumbrado a ellas, no las tomamos en
cuenta. Como observó Martin Luther King:
“Las obras maravillosas
de Dios que ocurren cada día son poco estimadas, no porque no sean importantes,
sino porque pasan tanto y sin interrupción. El hombre está acostumbrado
al milagro que Dios rige el mundo y mantiene toda creación, y porque las cosas
siguen su curso asignado cada día, parece insignificante. Ningún hombre
piensa que le merece la pena meditar sobre ello y tratarlo como una obra maravillosa
de Dios. Aún, es una maravilla más grande que Cristo alimentara a cinco
mil hombres con cinco barras de pan y que hiciera vino del agua.”
Dios alimenta a billones
a diario, pero solo lo notamos cuando nos falta comida – o cuando el alimentar
toma lugar bajo circunstancias dramáticas. Nosotros, también, decimos,
“Danos una señal, Jesús. Haz algo espectacular, para que podamos creer en
ti.” A veces, hasta que le presentamos a Jesús con pruebas triviales –
“Encuéntrame un lugar para estacionar mi coche, Jesús, y después te
creeré.”
Jesús le responde a la
multitud, diciéndoles, “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del
cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es
aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (vv. 32-33). Jesús
marca varios puntos aquí:
- Fue Dios, no Moisés,
el que les dio maná (v. 32).
- El maná no era el pan
verdadero del cielo (v. 32), sino que era, “al máximo, un tipo del pan
verdadero que Dios, quien en sentido único es el Padre de Jesús, ahora les da”
(Smith, 153).
- No es que el Padre
“dio” (tiempo pasado), pero que el Padre “da” (tiempo presente) (v. 32).
- El pan de Dios es de
encarnación – que baja del cielo (v. 32). Esto concuerda con el prólogo
de este Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el
Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros y
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de
verdad.” (1:1, 14).
- El pan de Dios nos da
vida (v. 33). El maná sostiene la vida física, pero el pan verdadero de
Dios da la vida eterna (véase 3:16).
- El alcance de dar vida
es amplio e incorpora todo el mundo (v. 33; 3:16). Maná dio vida a los
israelitas, pero solo provisionalmente – los israelitas del desierto habían
muerto hace siglos. El pan verdadero de la vida da la vida eterna – y se
la da al mundo entero – no solo a Israel.
La multitud dice, “Señor,
danos siempre este pan” (v. 34). Esta respuesta se paralela a la de
la mujer samaritana, que dijo, “Señor, dame esta agua” (4:15a). Ambas
suenan como si le están pidiendo a Jesús un regalo espiritual, pero la mujer
samaritana añadió, “para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla”
(4:15b). Su comprensión era solo superficial. Sospechamos que lo
mismo es verdad de esta multitud.
VERSÍCULO 35: YO SOY EL PAN DE VIDA
35Y Jesús les dijo: Yo
soy (griego: ego eimi)
el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree,
no tendrá sed jamás.
La multitud no
comprendió cuando Jesús habló del “pan de Dios es aquel que descendió del cielo
y da vida al mundo” (v. 33), entonces, Jesús clarifica su significado.
“Yo soy el pan de vida,” él dice (v. 35a).
Ésta es la primera de
una serie de declaraciones de “YO SOY” (griego: ego eimi) en este
Evangelio, que nos recuerdan al cuento del arbusto en llamas. Cuando
Moisés le preguntó a Dios su nombre, Dios contestó, “Así dirás a los hijos de
Israel: YO SOY me ha enviado” (Éxodo 3:14). “Yo soy,” claro, puede ser
simplemente identificación propia, pero en el Evangelio de Juan claramente
significa más. Las declaraciones de “YO SOY” son:
- “Ego eimi, que hablo contigo”
(4:26).
- “Ego eimi el pan de
vida” (6:35)
- “Ego eimi el pan vivo”
(6:51).
- “Ego eimi la luz del
mundo” (8:12; 9:5).
- “Antes que Abraham
fuese, Ego eimi” (8:58).
- “Ego eimi la puerta de
las ovejas” (10:7).
- “Ego eimi la puerta”
(10:9).
- “Ego eimi el buen
pastor” (10:11).
- “Ego eimi la
resurrección y la vida” (11:25).
- “Ego eimi el camino,
la verdad, y la vida” (14:6).
- “Ego eimi la vid
verdadera” (15:1).
“Las frases ‘Yo soy’
forman la base del lenguaje de auto-revelación de Jesús en el Cuarto
Evangelio… A través de estos símbolos comunes, Jesús declara que las
necesidades religiosas y los deseos humanos se cumplen en él” (O´Day, 601).
“El que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (v. 35b). “Según Deuteronomio
8:3, el maná fue regalado para demostrarle a Israel que ‘uno no solo vive de
pan, sino de cada palabra que viene de la boca del Señor.’ Claramente, esta
declaración tiene el punto de vista del Tora... Philo establece una conexión
parecida...del maná como un tipo de Sabiduría... o de los Logos... Ahora, como
el que revela divinidad y el que da la vida venidera, Jesús declara que cumple
y sobrepasa lo que el Tora, la Sabiduría, y los Logos hubieran significado para
el judaísmo del primer siglo. Esta declaración central de la discusión se
relaciona a v. 27 y v. 31. El alimento que permanece para la vida eterna
y el pan del cielo se encuentran en Jesús, el pan de vida” (Lincoln, 228-229).
Los comentarios de Jesús
crearon quejas entre “los judíos,” que dirán, “¿No es éste Jesús, el hijo de
José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo
he descendido?” (v. 42). No nos debe sorprender que se quejen. “Un
hombre que era solo un hombre y decía las cosas que Jesús decía no sería un
buen maestro moral. O sería un loco – como el hombre que dice que es un
huevo cocido – o sería el Demonio del Infierno. Tú debes elegir. O
este hombre era, y es, el Hijo de Dios, o es un loco o algo peor” (C. S. Lewis,
The Case forChristianity).
Pablo habla de la ofensa
(griego: skandalon – punto de tropezar) de la cruz (Galatos 5:11), y la
cruz es seguramente un skandalon para los que esperan que Dios se
comporte a nivel de su estatura. Pero la encarnación es también un skandalon
– quizás un skandalon aún mayor.
LUNES 06
MARCOS 9, 2-10
EL CONTEXTO:CAPÍTULOS 8-9
El relato de la
transfiguración está localizado casi exactamente a la mitad de este evangelio,
y es el clímax de su punto decisivo, que comenzó con la confesión de Pedro
(8:29). Hasta aquí, Jesús ha estado enseñando y sanando. Ahora comenzará su
jornada hacia Jerusalén, donde morirá.
Inmediatamente antes de
la transfiguración, Pedro confiesa que Jesús es el Mesías (8:27-30), y Jesús
predice su muerte y resurrección; a la que Pedro expresa serias objeciones
(8:31-33), y después Jesús comienza a enseñar a sus discípulos la naturaleza
sacrifica del discipulado (8:34-38).
Después de estas
palabras de sacrificio y muerte, la transfiguración reafirma la identidad de
Jesús, revela su gloria, y llama a los discípulos a que lo escuchen. “Significó
la validación de Jesús, que la interpretación de Jesús del papel del Mesías era
verdad, que a pesar del impacto que la proclamación de sus propios sufrimientos
y cercana muerte les causó, él era el Señor ungido, ‘mi hijo amado’” (Luccock,
775).
La sección de este Evangelio
en que se relata la transfiguración está unida por ambos lados por la sanidad
de un ciego (8:22-10:52); pero los discípulos permanecen ciegos durante todo el
episodio. Pedro tiene un buen principio al identificar a Jesús como el Mesías
(8:29), pero su respuesta a la predicción de Jesús sobre su muerte dejó claro
que Pedro esperaba un tipo diferente de Mesías del que Jesús ofrecía. “La
confesión de Pedro usa las palabras correctas, pero con el significado
equivocado” (Craddock, 127).
Durante la
transfiguración misma (vv. 2-9), Jesús no dice ni siquiera una palabra. En 9:1
donde concluye la sección, sin embargo, y donde Jesús predice su muerte y
resurrección, Jesús promete, “De cierto os digo que hay algunos de los que
están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios
que viene con potencia”. De cierto, en la transfiguración, Pedro,
Santiago y Juan, tienen una pequeña prueba de la gloria del reino.
Algunos han propuesto
que el relato de la transfiguración es realmente una aparición de la
resurrección que Marcos colocó fuera de secuencia en este Evangelio (Mateo y
Lucas usan el evangelio de Marcos como una de sus principales fuentes, así que
podemos esperar que estén de acuerdo con el relato de Marcos). Pocos estudiosos
apoyan esta idea hoy día. En otros relatos de la resurrección, ningún profeta
del pasado acompaña a Jesús; Jesús es el que habla y no una voz que viene del
cielo; y no existe ninguna mención de su deslumbrante ropa o rostro. La
transfiguración, entonces, “no puede ser convincentemente interpretada como un
relato de la resurrección que se puso en el lugar equivocado” (Hooker, 214).
Inmediatamente después
del relato de la transfiguración, Jesús y los tres discípulos descienden del
monte y enfrentan una posición muy diferente de la del monte: una multitud
reunida alrededor de un muchacho con un espíritu que lo sacude con violencia.
Los discípulos que permanecieron al pie del monte no han podido sacar a
ese espíritu, así que Jesús lo hace. El problema de los discípulos es la
falta de fe y oración.
VERSÍCULOS 2-4: Y FUE TRANSFIGURADO DELANTE DE ELLOS
2Y seis días después
tomó Jesús a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte
alto; y fue transfigurado (griego = metemorphothe, fue cambiado o transformado) delante de
ellos. 3Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como
la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan
blancos. 4Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
Este relato tiene un
buen número de asuntos en común con la historia de Moisés en el Sinaí (Éxodo
24-34). En el relato del Éxodo, Moisés es acompañado por tres hombres (Éxodo
24:9; Marcos 9:2); una nube cubre el monte por seis días, y Dios habló desde la
nube (Éxodo 24:16; Marcos 9:2, 7); Moisés vio, al menos en parte, al gloria de
Dios (Éxodo 33:17-23; Marcos 9:3); el rostro de Moisés brillaba con una luz
deslumbrante (Éxodo 34:30; Marcos 9:3); el pueblo de Israel tenía miedo (Éxodo
34:30); y al bajar del monte Moisés encuentra a “discípulos” sin fe (Éxodo
32:7-8; Marcos 9:14-29).
“Después de seis
días, por supuesto, significa que este episodio se lleva a cabo en el séptimo
día. El número siete es de los favoritos de los escritores judíos del primer
siglo para indicar la presencia y propósito de Dios” (Allen, 32).
Pedro, Jacobo y Juan
constituyen el círculo íntimo de Jesús. Jesús los escoge para acompañarlo en
momentos particularmente sensibles, como la sanidad de la hija de Jairo (5:37),
sus profecías escatológicas (13:3), y el Getsemaní (14:33). Marcos enfatiza
doblemente que, en el monte de la transfiguración, Jesús lleva a estos tres
“aparte solos” (v. 2), con la soledad apuntando a un evento de gran importancia
y significado.
El lugar que es el monte
(v. 2) es más significativo teológicamente que geográficamente. El monte Hermón
llena mejor la descripción de este monte, pero Marcos no considera importante
decirnos el nombre. Los montes altos son lugares donde el pueblo se encuentra
con Dios. En este evangelio, Jesús sube montes para llamar y enviar a los doce
(3:13), y para orar (6:46).
En este monte alto,
Jesús se transfigura (griego = metemorphothe, ser cambiado o
transformado) delante de ellos. Esta es la palabra griega de donde obtenemos
nuestra palabra metamorfosis, que usamos para describir el proceso por el que
una oruga se convierte en una mariposa, una dramática transformación. “El verbo
solamente aparece cuatro veces en la Biblia en griego (Mateo 9:2; Mateo 17:2;
Romanos 12:2; 2 Corintios 3:18), y en cada una de ellas denota una
transformación radical… En el relato de Marcos sobre la transfiguración, methamorphoun
no significa un cambio en la naturaleza de Jesús, sino más bien una
transformación visible de su apariencia externa para que esta estuviera de
acuerdo con su naturaleza” (Edwards, 263).
La ropa de Jesús
resplandece, se vuelve como la nieve, muy blanca como la del Anciano de días en
Daniel 7:9. En ese relato, “he aquí en las nubes del cielo como un hijo de
hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, é hiciéronle llegar
delante de él. Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los
pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no
será transitorio, y su reino que no se corromperá”. (7:13-14). Marcos también
usa la frase, Hijo del Hombre, en su relato de la transfiguración (9:9). Note
también las semejanzas entre la descripción del Hijo del hombre en Daniel y
esta descripción de Jesús en Filipenses: “Por lo cual Dios también le ensalzó a
lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de
Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra,
y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, a la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).
Este destello de la
gloria de Cristo habla más fuerte que cualquier palabra que promete a estos
discípulos que la predicción de Jesús sobre su sufrimiento y muerte
difícilmente es todo el cuadro. Jesús pasará por el sufrimiento y la muerte al
igual que sus discípulos, pero su destino final será la gloria.
“Y les apareció Elías
con Moisés” (v. 4). El orden de los nombres es lo reverso de lo que pudiéramos
esperar. Cronológicamente Moisés vino primero, y fue el más importante de los
dos. Edwards ve esto de manera diferente, diciendo que “en el griego tiene a
Elías apareciendo con Moisés, que parece implicar una cierta subordinación de
Elías a Moisés” (Edwards, 265). Mateo (17:3) y Lucas (9:30) “corrigen” el orden
de Marcos, colocando el nombre de Moisés antes que el de Elías.
Frecuentemente se ha
notado que Moisés fue el gran dador de la Ley y Elías el gran profeta, así que
estos dos hombres encarnan la Ley y los Profetas. Sin embargo, si la intención
de Marcos es tener estos dos encarnando la Ley y los profetas, podríamos
esperar que el nombre de Moisés apareciera primero para que tuviéramos el orden
tradicional, Ley y Profetas, más bien que Profetas y Ley. Otros han sugerido
que se incluye a Elías y Moisés porque ambos sufrieron por su fe, pero también
esto es cierto de muchas otras personas que fueron fieles. Otros más han
sugerido que estos dos son similares en que ninguno de ellos murió. 2 Reyes
2:1-12 nos dice que Elías no murió, y algunos rabinos mantienen que Moisés
tampoco murió (aunque Deuteronomio 34:5-6 registra la muerte y entierro de
Moisés). Una sólida conexión es que tanto Moisés como Elías experimentaron
encuentros dramáticos con Dios en las montañas.
Geddert lo analiza de
esta manera, “Moisés es el precursor y Elías el preparador (Malaquías 4:5-6).
El papel preparatorio de Elías es mucho más fuertemente enfatizado en Marcos,
explicando el orden en que están enlistados… De acuerdo con Malaquías, los
preparativos finales para la intervención de Dios incluyen una cuidadosa
atención a los mandamientos que Dios le dio a Moisés en el monte (4:4), y una
renovación espiritual iniciada por el regreso de Elías (4:5-6)… (Sin embargo),
Elías y Moisés pueden hacer una apariencia, pero Jesús es la figura central”
(Geddert, 219).
Lane añade, “Fue
apropiado que Jesús, cuya obra fue inaugurada en el desierto en su bautismo y
cuyo camino a través del desierto fue dirigido por el Espíritu (1:9-13),
debería ser acompañado en ese momento de gran revelación por los eminentes
profetas del desierto que estuvieron a su lado para testificar de su carácter y
misión” (Lane, 319).
VERSÍCULOS 5-6:HAGAMOS TRES PABELLONES
5Entonces respondiendo
Pedro, dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres
pabellones (griego = skenas, cabañitas, tabernáculos): para ti uno, y para
Moisés otro, y para Elías otro; 6Porque no sabía lo que hablaba; que estaban
espantados.
Parece extraño que Pedro
se refiera a Jesús como rabí muy poco tiempo después de que lo ha confesado
como Mesías (8:29). Sin embargo, la palabra rabí significa maestro y, hasta
ahora, Jesús ha desarrollado un ministerio de enseñanza y sanidad. También es
claro que Pedro, a pesar de su confesión de Jesús como Mesías, realmente no
entiende lo que significa. Está luchando para llegar a un entendimiento con la
verdadera identidad y papel de Jesús, y su confusión sale a la superficie aquí.
No sabe qué decir, pero, siendo Pedro, se siente impelido a decir algo.
Pedro también siente una
necesidad de hacer algo. Cuando uno está aturdido, algunas veces ayuda ocuparse
haciendo algo, cualquier cosa. Pedro se ve abrumado al estar en compañía del
Mesías y estos dos grandes profetas, y siente la necesidad de hacer algo –
cualquier cosa – para honrar la ocasión y, tal vez, para prolongar la
experiencia. Sugiere construir tres skena, cabañitas o tabernáculos como
los que habitan los judíos para observar la Fiesta de las Cabañas o
Tabernáculos (Levítico 23:42-44), que conmemora el Éxodo y el tiempo que
pasaron los israelitas en el desierto. Marcos muestra su desprecio por la
sugerencia de Pedro diciendo que no sabía lo que decía porque (presumiblemente
los tres discípulos) estaban aterrados (v. 6).
Sin embargo, la
sugerencia de Pedro no estaba tan alejada de la marca como podría parecer. La
Fiesta de las Cabañas había tomado un sabor escatológico como la reunión de los
fieles. Era “entendido por muchos como viendo hacia el glorioso día futuro de
la liberación de Israel” (Evans, 242).
Pero Jesús no
desautoriza a Pedro para seguir con su sugerencia para construir enramadas:
-- Tal vez porque
Pedro está tratando de prolongar esta gran experiencia más y para no regresar
al ordinario trabajo cotidiano del discipulado.
-- Tal vez porque
Pedro propone un tratamiento igual para Jesús, Moisés y Elías, sin darse cuenta
de grado en que Moisés y Elías están subordinados a Jesús.
-- Tal vez porque
Pedro está tratando de ponerse al frente de la situación; para ganar control de
la situación cuando debería estar viendo y escuchando. Esta idea obtiene
credibilidad del versículo 7, en que la voz de entre las nubes dice a los
discípulos que escuchen a Jesús.
El comentario de Marcos
de que los discípulos estaban espantados (v. 6) nos hace simpatizar con él.
¿Quién entre nosotros no ha estado aterrado –inseguro de lo que hay que hacer –
y desesperado por encontrar algo qué hacer? Estos discípulos son terriblemente
humanos y vulnerables. En vez de criticar a Pedro, haríamos mejor en ponernos
en sus zapatos, para sentir su miedo, y para experimentar estar abrumados por
una situación completamente diferente a cualquier otra que hayamos tenido.
¿Nosotros lo habríamos hecho mejor si Jesús nos hubiera llevado a la montaña
con él? ¡Probablemente no!
VERSÍCULOS 7-8: ESTE ES MI HIJO AMADO; A ÉL OÍD
7Y vino una nube que les
hizo sombra(griego = episkiazousa, poner una sombra, oscurecer, envolver), y una voz
de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: a él oíd. 8Y luego, como
miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
A través de toda las
Escrituras, una nube simboliza la presencia de Dios, comenzando con la columna
de nube que dirigió a los israelitas a través del desierto durante el día
(Éxodo 13:21). El paralelo más obvio es la nube que cubrió el Monte Sinaí
cuando Moisés lo subió (Éxodo 24:15ss), pero los ejemplos de la presencia de
Dios en las nubes son muy numerosos para ponerlos todos. En el monte de la
transfiguración, la nube epizkiazousa, los cubrió. Este es el mismo verbo que
se usa para describir el poder del Altísimo cubriendo a María (Lucas 1:35), que
resulta en su concepción de la criatura que sería el Hijo de Dios/Hijo del
Hombre.
Dios habla desde la
nube, al igual que habló desde la nube en el Sinaí (Éxodo 24:16).
“Este es mi Hijo
amado” (v. 7). Estas son casi las mismas palabras que Dios dijo en el bautismo
de Jesús, excepto que en el bautismo Dios se dirige a Jesús, mientras que en el
monte Dios se dirige a los discípulos.
“A él oíd”. Esto nos
recuerda a Deuteronomio 18:15, donde Moisés le dice a la gente, “Profeta de en
medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Yahaveh tu Dios: a él
oiréis (hebreo =shama, oír)”. Los tres discípulos se han acostumbrado a
comenzar con Jesús, y estaban, tal vez, en una admiración especial por la
aparición de Elías y Moisés. Desde la infancia, estos discípulos habían sido
enseñados a honrar especialmente las palabras de Moisés, pero también las de
Elías. Ahora la voz de entre la nube les dice que escuchen a Jesús. No es que
Moisés y Elías ya no sean importantes, sino que Jesús es de tan tremenda
importancia que los eclipsa.
“A él oíd”. Hay un
sermón en estas palabras. Escuchamos tantas voces hoy día, y todas parecen
sabias y atractivas: eruditos, columnistas, comentaristas, analistas políticos,
gurús religiosos, celebridades, tentadores, seductores. Nos prometen salud,
riqueza y felicidad, pero raramente cumplen sus promesas y frecuentemente nos
llevan a la ruina. ¿Hay una voz confiable en medio de toda esta cacofonía? La
voz de entre las nubes dice que siempre podemos confiar en Jesús: “¡A él oíd!”
Y nosotros decimos “¡Pero Jesús es muy idealista para entender el rudo mundo en
que vivimos!” Y la voz dice “¡A él oíd!” Nosotros decimos, “Tal vez después,
¡porque ahora tengo otras cosas que hacer!” Y la voz nos dice “¡A él oíd!”
Nosotros decimos “Pero no estoy seguro de que realmente creo” Y la voz nos dice
“¡A él oíd!” ¡Cuántos corazones rotos y vidas rotas se podrían evitar si
solamente lo escucháramos! Hay muchas personas que se arrepienten de no
escuchar a Jesús. ¿Conocen a alguien que se arrepienta de haber escuchado?
“¡A él oíd!” Los
discípulos necesitaban escuchar eso. Jesús les había dicho que sufriría y
moriría (8:31-33), pero no lo escucharon. Incluso después de que esta voz entre
las nubes dice “¡A él oíd!” ellos fracasarán para escuchar a Jesús cuando habla
de sufrimiento y muerte (9:31; 10:33-34). El sendero que Jesús tomará es tan
diferente de sus expectativas que no pueden aceptar sus palabras. Es
interesante notar que, justo antes de la transfiguración, Jesús sanó a un ciego
(8:22-26). Muy poco después de la transfiguración, sanará a otro ciego
(10:46-52). Los discípulos, sin embargo, continúan sin ver, sin oír, sin
escuchar. Solamente después de la resurrección comenzarán a entender que el
camino a la gloria es a través del sufrimiento y el sacrificio.
Repentinamente los
discípulos miran alrededor y ven que Elías y Moisés se han ido. Solamente Jesús
permanece, porque solamente se necesita a Jesús. Los discípulos se encuentran a
sí mismos, no solos, sino en la presencia del Amado Hijo de Dios. Elías y Moisés
han dado su testimonio del Hijo y ya no se les
necesita.
VERSÍCULO 9: LES MANDÓ QUE A NADIE DIJESEN
9Y descendiendo ellos
del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el
Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.
Qué difícil debe haber
sido para los discípulos bajar del monte después de la experiencia de la
presencia de Elías y Moisés y de escuchar la voz de Dios en la cima del monte.
Pero uno no vivir por siempre en la cima de la montaña. Es necesario descender
al mundo cotidiano del trabajo y la responsabilidad, y el comercio y la gente
de todos los días. La vida es un desbarajuste, como se nos recordará otra vez
cuando Jesús y los discípulos llegan a la base del monte (9:14-29), pero Dios
nos llama a vivir en medio de ese desbarajuste – a vivir ahí en fe – ser rayos
de fe. El discipulado es extrañamente fácil.
“Les mandó que a nadie
dijesen”. Un poco antes, Jesús reprendió a los demonios para que no lo
descubrieran (3:12). Después de la confesión de Pedro, les dijo a los
discípulos que no lo dijeran a nadie (8:30). Solamente aquí en el monte, sin
embargo, les da un tiempo límite. No deben decir a nadie “sino cuando el Hijo
del Hombre hubiese resucitado de los muertos”. Para los discípulos, revelar
antes la identidad de Jesús habría resultado en dos problemas. Primero, los
discípulos mal entenderían a Jesús y su misión, y por lo tanto no serían
capaces de proclamar su mesianidad fielmente. Segundo, al bajar del monte,
Jesús comienza su jornada a Jerusalén, pero todavía tiene mucho qué hacer y
decir para preparar a los discípulos para lo que viene un poco adelante. No haría nada bien
apresurar las cosas.
MARTES 07
MATEO 14, 22-36
• El evangelio de hoy
describe la travesía difícil y cansada del mar de Galilea en un barco frágil,
empujado por el viento contrario. Entre el Sermón de las Parábolas (Mt 13) y el
de la Comunidad (Mt 18), está, de nuevo, la parte narrativa (Mt 14 hasta 17).
El Sermón de las Parábolas llamaba nuestra atención hacia la presencia del
Reino. Ahora, la parte narrativa muestra cómo esta presencia acontece
provocando reacciones a favor y en contra de Jesús. En Nazaret no fue aceptado
(Mt 13,53-58) y el rey Herodes pensaba que Jesús fuera una especie de
reencarnación de Juan Bautista, asesinado por él (Mt 14,1-12). La gente pobre,
sin embargo, reconocía en Jesús el enviado de Dios y le seguía en el desierto,
donde aconteció la multiplicación de los panes (Mt 14,13-21). Después de la
multiplicación de los panes, Jesús despide a la multitud y manda a los
discípulos a que hagan la travesía, descrita en el evangelio de hoy (Mt
14,22-36).
• Mateo 14,22-24: Iniciar la travesía a petición de Jesús. Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir al otro lado del mar, donde estaba la tierra de los paganos. El mismo subió a la montaña para rezar. La barca simboliza la comunidad. Tiene la misión de dirigirse a los paganos y de anunciar a ellos también la Buena Nueva del Reino que da vida a una nueva manera de convivir en comunidad. Pero la travesía es cansada y se demora. La barca es agitada por las olas, pues el viento es contrario. A pesar de estar remando toda la noche, falta mucho para llegar a tierra. Faltaba mucho para que las comunidades hiciesen la travesía hacia los paganos. Jesús no fue con los discípulos. Ellos debían aprender a enfrentarse a las dificultades, unidos y fortalecidos por la fe en Jesús quien los envió. El contraste es grande: Jesús en paz junto a Dios rezando en lo alto de la montaña, y los discípulos medio perdidos abajo, en el mar revuelto.
• La travesía para el otro lado del lago simboliza también la difícil travesía de las comunidades del final del primer siglo. Ellas tenían que salir del mundo cerrado de la antigua observancia de la ley, para la nueva manera de observar la Ley del amor, enseñada por Jesús; salir de la conciencia de pertenecer al pueblo elegido, privilegiado por Dios entre todos los pueblos, para la certeza de que en Cristo todos los pueblos estaban siendo fundidos en un único Pueblo ante Dios; salir del aislamiento de la intolerancia para el mundo abierto de la acogida y de la gratuidad. También nosotros hoy estamos en una travesía difícil para un nuevo tiempo y una nueva manera de ser iglesia. Travesía difícil, pero necesaria. Hay momentos en la vida en que el miedo nos asalta. No falta la buena voluntad, pero no basta. Somos como una barca que se enfrenta al viento contrario.
• Mateo 14,25-27: Jesús se acerca y ellos no lo reconocen. Y a la cuarta vigilia de la noche, esto es entre las tres y las seis de la madrugada, Jesús se fue al encuentro de los discípulos. Andando sobre las aguas, llega cerca de ellos, pero ellos no lo reconocen. Gritan de miedo, pensando que fuese un fantasma. Jesús los calma diciendo: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temáis!” La expresión "¡Soy yo!" es la misma con la que Dios trató de superar el miedo de Moisés cuando le envió para que libertara al pueblo de Egipto (Ex 3,14). Para las comunidades, tanto las de ayer como las de hoy, era y es muy importante escuchar de nuevo: "¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temáis!"
• Mateo 14,28-31: Entusiasmo y flaqueza de Pedro. Sabiendo que es Jesús, Pedro pide para poder caminar sobre las aguas. Quiere experimentar el poder que domina la furia del mar. Un poder que, en la Biblia, es exclusivo de Dios (Gén 1,6; Sal 104,6-9). Jesús permite que él participe de ese poder. Pero Pedro tiene miedo. Piensa que se hunde y grita: "¡Señor! Sálvame!" Jesús lo asegura y reprende: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?" Pedro tiene más fuerza de lo que se imagina, pero tiene miedo ante las olas contrarias y no cree en el poder de Dios que existe en él. Las comunidades no creen en la fuerza del Espíritu que existe en ellas, y que actúa mediante la fe. Es la fuerza de la resurrección (Ef 1,19-20).
• Mateo 14,32-33: Jesús es el Hijo de Dios. Ante la ola que avanza sobre él, Pedro se hunde en el mar por falta de fe. Después de salvarse, él y Jesús, entran en la barca y el viento amaina. Los otros discípulos, que estaban en el barco, se quedan maravillados y se arrodillan ante Jesús, reconociendo en él el Hijo de Dios: "Verdaderamente eres Hijo de Dios". Más tarde, Pedro también va a profesar la misma fe en Jesús: “Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16). Así, Mateo sugiere que no es sólo Pedro el que sustenta la fe de los discípulos, sino que la fe de los discípulos sustenta la fe Pedro.
• Mateo 14,34-36: Le presentaron todos los enfermos. El episodio de la travesía termina con este final bien bonito: “Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados”.
MIÉRCOLES 08
MATEO 15, 21-28
EL CONTEXTO
Inmediatamente antes del
pasaje del evangelio de hoy, encontramos a Jesús en medio de una controversia
con los fariseos y escribas respecto a guardar la ley. Mateo hace notar que
estos fariseos y escribas fueron de Jerusalén a Galilea, y normalmente esta región
no tendría como visitantes a tan augustos personajes. Los galileos estarían
deslumbrados con su autoridad.
Estos fariseos y
escribas habrían venido a ver a Jesús (v. 1), y esto era tanto un tributo a su
creciente reputación como una manifestación de la creciente incomodidad que él
les provocaba. Estos critican a Jesús porque sus discípulos no observan los
rituales de purificación ritual. Jesús los enfrenta haciendo notar su falla
para honrar a su padre o madre de acuerdo con lo que dicen los Diez Mandamientos.
Jesús termina llamándolos hipócritas y diciendo: “bien profetizó de vosotros
Isaías, diciendo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de
mí. Mas en vano me honran, Enseñando doctrinas y mandamientos de
hombres.”
El asunto central era el
enfrentamiento entre la tradición hecha por hombres y la ley de Dios. Aunque la
Tora (ley) incluía muchos detalles, no intentaba anticipar todos los escenarios
posibles. Fueron los rabinos, que amaban a Dios y querían guardar fielmente la ley,
quienes desarrollaron la Mishna (compilada entre los años 200 a.C. y 135 d.C.)
y el Talmud (compilado entre los años 250-500 d.C.) para corregir aquella
“deficiencia” de la Ley. Y así produjeron una obra que ocupó 36,000 páginas
(Lockyer, 1029). Aunque su intención era que solamente sirvieran como guía para
la gente (que de otra forma hubiera tropezado en el error) estas obras
obtuvieron una autoridad casi igual a la misma Tora.
Debido a su deseo de
abarcarlo todo, los rabinos estiraron la ley mucho más allá de su intención
original. En algunos casos, incluso, tomaron una ley dirigida a un grupo
específico, como los sacerdotes, y la aplicaron a todos; o tomaron una ley que
se aplicaba a una situación específica y la ampliaron para cubrir todas las situaciones.
Casi abordaron todos los infinitos detalles, haciendo a la ley más compleja y
más esclavizante con cada palabra. Las excepciones eran tan precisas y
tortuosas como las mismas reglas que intentaban exceptuar. Era hacer leyes
frenéticamente. Tal vez la mejor analogía contemporánea serían las normas del
gobierno. Atrapada en los detalles, una persona muy fácilmente podría no ver el
bosque por estar demasiado cerca de los árboles.
En los versículos 1-9,
los fariseos cuestionan a Jesús por permitir que sus discípulos ignoren el
ritual de lavarse las manos que requería su tradición. Jesús les responde
llamando la atención a que ellos no han guardado la ley de Dios de honrar a
padre y madre –uno de los Diez Mandamientos— una excepción permitida, no por
Dios, sino por su tradición. ¿Puede su tradición, supuestamente desarrollada
para ayudarles a obedecer la ley de Dios, ser válida si los disculpa de
obedecer la ley de Dios? ¡Por supuesto que no! Esta controversia naturalmente
dirige al discurso de Jesús en los versículos 10-20 sobre lo que verdaderamente
contamina al ser humano.
VERSÍCULOS 21-28: LA MUJER CANANEA
21Y saliendo Jesús de
allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí una mujer
Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor,
Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del
demonio. 23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus
discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras
nosotros. 24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas
perdidas de la casa de Israel. 25Entonces ella vino, y le adoró,
diciendo: Señor socórreme. 26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el
pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27Y ella dijo: Sí, Señor;
mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus
señores. 28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe;
sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora.
Jesús se va de
Genesaret, que está en la costa del mar de Galilea, a Tiro y Sidón, que
respectivamente están a unos 37 y 75 kilómetros al norte de Galilea en la costa
del mar Mediterráneo. Es una larga caminata, y no se nos dice por qué va a esos
lugares. Es lo más al norte que Jesús viajaría, y la única vez en este
Evangelio que sale del territorio judío/samaritano, excepto para escapar de
Herodes cuando era un bebé (2:13-23) y para visitar Gadara (8:28-34).
En este evangelio, esta
es una de tres ocasiones en que Jesús sana a gentiles (8:5-13, 28-34). No es
muy claro si Jesús efectivamente entró a Tiro y Sidón o simplemente se quedó a
las orillas de esa área gentil. Marcos dice que entró a una casa (Marcos 7:24),
pero no especifica dónde. Mateo no nos dice por qué va Jesús a esos lugares. Ya
antes la multitud había frustrado su búsqueda de unos momentos a solas, pero no
parece lógico que busque renovación espiritual en un territorio pagano. Tal vez
Dios lo lleva ahí solamente para que nosotros podamos disfrutar la historia de
esa extraordinaria mujer cananea llena de fe.
Una mujer cananea
“clamaba, diciéndole (griego = ekrazen, gritar, clamar): Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio
(griego = kakosdaimonizetai, cruelmente o malvadamente poseída por un
demonio).” La mujer se dirige a Jesús como “Señor” y como “Hijo de David,” palabras
que un judío solamente usaría para el Mesías. Y por ello nos sorprende escuchar
tales palabras en los labios de una mujer cananea. Solamente en una ocasión
anterior Jesús ha escuchado tales palabras, y éstas venían de sus discípulos
(14:33).
• Las palabras de esta
mujer contrastan con las de los fariseos y escribas que, apenas hace un
momento, criticaban a Jesús por permitir que sus discípulos comieran sin realizar
el apropiado ritual de purificación. Esa crítica tenía la intención de
exponer la debilidad de Jesús como maestro y de
arruinar su reputación. En contraste esta mujer solamente tiene palabras de reverencia y
fe.
• La claridad de la
visión de la mujer cananea contrasta con la falta de visión de los discípulos
(14:13-33).
Al igual que la mujer
samaritana, la cananea es sin duda extraña, extranjera y mujer. “Considerando
que la gente en la propia nación de Jesús no lo ha percibido como tal, e
incluso sus discípulos todavía no hablan de él de manera mesiánica (16:13-20),
este título en los labios de una mujer cananea, viviendo en otro país, es de lo
más inusual. Pero tal vez el énfasis de Mateo sea ese;… por primera vez de una
gentil, de una mujer extranjera, surgió una confesión de fe” (Cradock, 408).
Las palabras de la mujer
“[Señor] ten misericordia de mi” (griego = eleeson me kyrie) nos traen a
la mente el Kyrieeleison (Señor, ten misericordia) de la misa. Boring hace
notar que todas las palabras de esta mujer “son confesiones de fe cristianas
que reflejan la liturgia de la iglesia, adaptadas del lenguaje de adoración y
oración de los Salmos” (Boring, 336).
Jesús no le responde a
la mujer. “A través de todo el evangelio, Jesús inmediatamente le responde a
cualquiera que clama a él por misericordia, salvación o sanidad. Su silencio
inicial para con la mujer es sorprendente” (Reid, 92).
Los discípulos,
ofendidos por los gritos de la mujer, le piden a Jesús que la despida, al igual
que antes le habían pedido que despidiera a la multitud (14:15). La mujer se ha
dirigido a él como Señor, pero los discípulos fallan para hacer lo mismo cuando
le dicen a Jesús que la despida. No es claro si ellos simplemente se quieren
deshacer de ella o que se le diera lo que quería para que pudiera dejarlos en
paz. Probablemente cualquiera de las dos cosas los haría felices, mientras
dejara de molestarlos. A pesar de que Jesús no la despide, les contesta a sus
discípulos (no a la mujer): “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la
casa de Israel.” Jesús no puede permitir que se le distraiga pues tiene a
toda una nación que salvar. ¡Qué decepcionante! ¡Nosotros queremos que sane a
la hija de esa mujer!
Sin embargo, ¡lo peor
todavía está por llegar! Ella se arrodilla ante él y le ruega: “¡Señor,
socórreme!”. ¡Seguramente que ahora Jesús cederá! ¡Pero no! (¡Y qué difícil es
esto para nosotros!). Jesús le dice: “No es bien tomar el pan de los hijos, y
echarlo a los perrillos.” ¡Seguramente que esas palabras no
salieron de la boca de Jesús! ¡Por favor Dios, que esto no sea así! Pero Jesús
dijo las palabras, ¡y ya no se pueden devolver! ¡Estas palabras saliendo de la
boca de Jesús suenan como las palabras contaminantes de las que Jesús apenas
había hablado hace un momento! “¿Ayuda reconocer que esta es una historia
contada desde la perspectiva judía… [El] tema recurrente en la narrativa de
Mateo [es] que las buenas nuevas primero son para Israel. Aunque las
autoridades religiosas judías repetidamente solo llegan para hacer críticas
mordaces, el narrador de este evangelio quiere dejar absolutamente claro que
Dios no ha abandonado a los judíos, la fidelidad de Dios a su pacto continúa, y
el ministerio de Jesús es, primero que nada, a Israel” (Brueggemann, 449-450).
También es una ayuda
recordar que Jesús frecuentemente trata de aminorar la velocidad de la
revelación. Esto comenzó al mero inicio de su ministerio cuando su madre le
pidió proveer vino para un desafortunado anfitrión. Jesús, en aquella ocasión,
le respondió, “Aún no ha venido mi hora” (Juan 2:4). Aunque después se ablandó
y salvó el día, Jesús titubeó ya que no fuera a ser que la prematura revelación
hiciera peligrar su misión de salvar al mundo. Después también sana a otras
personas a quienes les dice que no lo cuenten a nadie; así estaba tratando de
conservar su paso. Aunque tenía compasión de la multitud, también tenía una
misión que iba más allá de la multitud. Si permite que esta mujer lo presione y
lo apure demasiado rápido, el pueblo de Israel, su primera prioridad, lo
relegará como a alguien que ama a los gentiles.
Así que la mujer cananea
le ruega a Jesús que cruce una frontera que amenaza con descubrirlo. Después de
la resurrección, Jesús abre la puerta a los gentiles al dar la Gran Comisión (28:18-20).
Hasta ese entonces, él debe dar a los israelitas todas las oportunidades; ¡pero
esta mujer cananea está rompiendo su corazón en ese momento! En la encarnación,
Jesús tomó sobre sí mismo las tensiones humanas con las que todos nosotros
luchamos. Ahora debe escoger entre hacer un bien, mientras le da la espalda a
otro. Ese es el problema del ser humano. ¡No podemos tenerlo todo!
Pero la mujer nota que
Jesús usa la palabra no para los perros comunes y corrientes (griego = Khon),
sino la que se refiere a las mascotas domésticas (griego = kunarios).
Las mascotas no son algo de fuera sino interno. No solamente pertenecen a la
familia, como el ganado, sino que son parte de la familia, a diferencia del
ganado. Así, aunque subordinados a otros miembros de la familia, las mascotas
disfrutan de privilegios que se les niegan a otros animales. Aunque no tienen
un lugar en la mesa, las mascotas disfrutan la intimidad a los pies de la
familia. Al comer, difícilmente la familia puede resistir el placer de tirarle
un bocado de comida a la mascota.
¡Esta mujer le hace
notar esto a Jesús! “Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen
de la mesa de sus señores” (v. 27). Casi podemos ver el brillo en sus
ojos cuando siente el poder de su comentario. Aunque reconoce el señorío de
Jesús y su humilde posición ante él, ella reclama sus justos, aunque modestos,
privilegios. Ella no solamente cree que Jesús puede sanar a su hija, ella cree
que sanará a su hija. ¡Y está en lo cierto!
Jesús responde de forma
exuberante, “Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres.”
Después de replicar hábilmente a líderes religiosos hostiles, y después de
“regañar” a discípulos que no entienden, ¡Jesús encuentra en esta mujer, llena
de fe, un gran gozo! Se deleita al permitirle honrarlo, un contraste
verdaderamente notable con los hombres de la alta jerarquía que vez tras vez
fallan en hacerlo. “Y fue sana su hija desde aquella hora” (v. 28b).
¡Aleluya! ¡Y ahora nosotros estamos casi tan contentos como él!
La promesa total de este
incidente se revelará solamente después de la resurrección. Sin embargo, “el
diminutivo ‘perrillos’ es un paso en una dirección de la cual Jesús nunca podrá
regresar. Los gentiles ya no están afuera, en las calles; ahora están en la
casa. Y en un rato más estarán a la mesa” (Bruner, 553).
JUEVES 09
MATEO 16, 13-23
VERSÍCULOS 13-20:
Este texto tiene dos
núcleos. El primero es el atrevido anuncio de Pedro de que Jesús es “el Cristo,
el Hijo del Dios viviente” (v. 16). El segundo es la bendición y habilitación
de Pedro. No solamente es una hermosa historia sino que representa un punto crucial
en este evangelio. No solamente deja en claro que Jesús es el Mesías, sino que
el contenido de los versículos 21-28 también fuerza a los discípulos a entender
el mesianismo de Jesús de una manera distinta.
Desafortunadamente, la
iglesia está perversamente dividida sobre la interpretación de este hermoso
texto, particularmente con respecto a los versículos 17-19. Los protestantes y
los católicos los interpretan de forma bastante diferente. Haremos lo posible
para respetar las diferentes tradiciones al mismo tiempo que arrojaremos luz
sobre el texto. Podemos pensar que nosotros pudiéramos resolver una
controversia que ha durado siglos, pero no. En lugar de esperar que apoyemos su
tradición, use sus recursos denominacionales para que le ayuden a articular esa
tradición.
VERSÍCULOS 13-14: ¿QUIÉN DICEN LOS HOMBRES
QUE ES EL HIJO DEL HOMBRE?
13Y viniendo Jesús a las
partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen
los hombres que es el Hijo del hombre? 14Y ellos dijeron: Unos, Juan el
Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas.
Cesara de Filipo, cerca
del monte Hermón a unos treinta kilómetros del Mar de Galilea, está en la
frontera con el mundo gentil, y es la principal ciudad gentil. En tiempos
pasados, la ciudad fue conocida por el culto a Baal y Pan que allí se
efectuaba. En el tiempo de Jesús, había un templo dedicado al César. Parece ser
que Jesús va ahí para escapar de las multitudes de Galilea y poder preparar a
sus discípulos para la jornada hacia Jerusalén, que comienza en Mateo 19:1; una
jornada que terminará con su muerte y resurrección.
Jesús escoge este lugar
gentil para revelarse más completamente a sus discípulos, tal vez dándonos una
pista de su preocupación por todo el mundo que después hará explícito en la
Gran Comisión (28:19-20). Más que decirles a los discípulos su identidad, les
pide que le digan quién cree la gente que sea el Hijo del Hombre. Hijo del
Hombre es el título que Jesús usa más frecuentemente para identificarse a sí
mismo (8:20; 9:6; 10:23; 11:19; 12:8, 32; 13:37,41; 16:13, 27; 17:9, 12, 22;
19:28; 20:18, 28; 24:27, 30, 37, 39; 25:31; 26:2, 24, 45, 64). Su significado
no es claro. Puede ser que Jesús lo prefiere porque no lleva algo del “bagaje”
asociado con el título de Mesías.
Los discípulos (no
solamente Pedro) le dicen a Jesús que la gente piensa que él es:
• Juan el Bautista, que
fue asesinado por Herodes. Juan tenía una presencia tan poderosa que la gente
no se sorprendería de verlo otra vez. De hecho, Herodes cree que Jesús puede
ser Juan resucitado (14:2).
• El profeta Elías, que
se esperaba que reaparecería “antes que venga el día de Yahaveh, grande y
terrible” (Malaquías 4:5).
• El profeta Jeremías,
que experimentó un gran rechazo y que lloró sobre la ciudad de Jerusalén.
• Alguno de los
profetas.
Es claro que la gente
pensaba bien sobre Jesús y lo había considerado como profeta. Sin embargo,
cuando ellos lo trataron de identificar, lo que hicieron fue ver hacia su
pasado y no hacia su futuro. Sí, Jesús es un profeta, pero es más que un
profeta. Él los desafiaría como lo haría un profeta, pero también los llevaría
en direcciones que ellos nunca podrían anticipar.
Es interesante conocer
las opiniones de la gente sobre Jesús, pero la primer pregunta de Jesús
simplemente prepara el terreno para que haga la segunda, la pregunta más
importante (v. 15).
VERSÍCULOS 15-16: Y VOSOTROS, ¿QUIÉN
DECÍS QUE SOY?
15El les dice: Y
vosotros, ¿quién decís que soy? 16Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
La pregunta real es lo
que los discípulos piensan sobre Jesús. Cuando les dice “Y vosotros, ¿quién
decís que soy?”, el vosotros es tanto enfático como plural: se dirige a
todos los discípulos más que solamente a Pedro (Boring, 344). El pueblo es
libre de creer cualquier cosa que quieran respecto a Jesús, pero Jesús ha
estado preparando cuidadosamente a estos discípulos para continuar con su obra.
Han escuchado sus enseñanzas y han sido testigos de sus milagros. Lo que
piensan sobre él es crítico. Lo que nosotros contestamos también es crucial. A
estas alturas la incertidumbre es igual a la falta de fe. Ser cristiano
significa creer que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Creer algo
más –o algo menos— es ser religioso, pero no es algo cristiano.
Pedro sirve como el
vocero del grupo. “Tú eres el Cristo” (griego = Christos). “La
palabra Mesías y la palabra Cristo son la misma; una es hebreo y la otra griego
para designar al Ungido. Los reyes fueron separados para este cargo al
ungirlos, tal y como hasta ahora. El Mesías, el Cristo, el Ungido es el Rey
Divino de Dios” (Barclay, 151).
No nos sorprende
escuchar que Jesús es el Mesías. Este evangelio comienza con las palabras,
“Libro de la generación de Jesucristo” (1:1), y a estas alturas del evangelio
Mateo ya ha usado la palabra Mesías varias veces. No podemos saber exactamente
lo que pensaron los discípulos cuando al principio dejaron todo para seguir a
Jesús. Posiblemente habían crecido en su entendimiento al seguirlo día con día.
Esta, sin embargo, es la primera vez que un discípulo reconoce que Jesús es el
Mesías.
Pedro también dice que
Jesús es “el Hijo del Dios viviente”. “Jesús no solamente es el juez del futuro
(el Hijo del Hombre), ni tampoco solamente el por tanto tiempo esperado Mesías
del pasado (el Cristo); él es, como el Verdadero Hijo de Dios, la
persona más importante en el presente” (Bruner, 571). Primero escuchamos
que Jesús es el Hijo de Dios en su bautismo cuando Dios mismo anunció “Este es
mi Hijo amado” (3:17); y Jesús se ha referido a sí mismo como el Hijo (11:27).
Los discípulos llamaron a Jesús el Hijo de Dios cuando caminó sobre el mar
hacia la barca y detuvo la tormenta (14:33). “…el Dios viviente”
contrasta dramáticamente con los ídolos sin vida de un lugar como Cesarea de
Filipo.
Una declaración como la
de Pedro requiere compromiso. “Cuando uno ha dicho ‘Cristo’, uno está ligado a
seguir al Cristo, sin importar a dónde pueda guiar ese seguimiento” (Leuking,
95).
VERSÍCULO 17: BIENAVENTURADO ERES,
SIMÓN, HIJO DE JONÁS
17Entonces, respondiendo
Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo
reveló carne ni sangre, más mi Padre que está en los cielos.
Pedro ha identificado a
Jesús como el Hijo del Dios viviente. Ahora Jesús responde reconociendo a Simón
como el hijo de Jonás al mismo tiempo que le da su bendición. En el evangelio
de Juan, el padre de Pedro es identificado como Juan y no como Jonás (Juan
1:42; 21:15). Notemos que Jesús lo llama Simón, el nombre por el que su Padre
lo reconocería, más que con el nuevo nombre que Jesús está por darle.
“Porque no te lo reveló
carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.” Pedro no llegó a
su discernimiento por una astucia espiritual. Dios le ha dado este
entendimiento sobre Jesús. Este discernimiento de Pedro llega por revelación,
por deducción. Esto también es para nosotros. No tenemos ninguna razón para ser
orgullosos si sucede que estamos más despiertos espiritualmente que otros.
Nuestra fe, igual que la de Pedro, es un don de Dios.
VERSÍCULO 18: SOBRE ESTA PIEDRA
EDIFICARÉ MI IGLESIA
18Mas yo también te
digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
La gente estaba
acostumbrada a pensar en Dios como una roca (Gn. 49:24; Dt. 32; 1 Sa. 2:2; 22;
Salmos 18, 28, 31, 42, 62, 71, 78, 89, 92, etc., etc., etc.). Isaías también se
refiere a Abraham y Sara como una roca: “Mirad a la piedra de donde fuisteis
cortados, y a la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados. Mirad a
Abraham vuestro padre, y a Sara que os parió” (Isaías 51:1-2). Dadas estas
asociaciones con la palabra, Jesús le hace un gran honor a Pedro cuando lo
identifica con una Roca. Al mismo tiempo pone sobre él una gran carga de
responsabilidad.
“…sobre esta piedra.”
¿Qué piedra? ¿Es la de que Jesús es el Hijo de Dios? ¿O es la fe que
Pedro muestra cuando hace esta confesión? ¿O es Pedro mismo?
Los católicos y
protestantes se han dividido agudamente en la interpretación de estas palabras.
Los católicos las han entendido para establecer que Pedro es la roca sobre la
que Jesús construiría su iglesia. Ellos creen que Pedro fue el primer obispo de
Roma y el primero de una inquebrantable sucesión de Papas.
Los protestantes han
entendido que la roca es la confesión de Pedro y la realidad que está detrás de
ella: que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Ellos señalan la
distinción entre las dos rocas que Jesús menciona: “tú eres Pedro (Petros = masculino),
y sobre esta piedra (petra = femenino) edificaré mi iglesia.”
Ellos han entendido que Jesús hace una distinción entre la Roca que es Pedro y
la roca sobre la que se construirá su iglesia. Sin embargo, aunque el Nuevo
Testamento fue escrito en griego, lo más seguro es que Jesús dijo la palabra
aramea, Cephas, que se presta menos a ese tipo de distinción.
Ha existido un
movimiento hacia el centro en años recientes. Los protestantes son menos
rehacientes a reconocer el lugar especial de Pedro:
• “No habrá provecho en
negar que Jesús honra realmente a Pedro aquí y lo hace el líder de la iglesia”
(Bruner, 574).
• “el significado de
Jesús es claro: Pedro es la roca, el cimiento, sobre el que va a erigir su
iglesia… [Sin embargo,] esta no es una historia sobre el papado; es la historia
sobre Pedro y Jesús, y la interpretación más plausible del pasaje es que Jesús
es, en verdad, señalando a Pedro como la piedra angular, el líder principal, de
este nuevo pueblo de Dios” (Long, 185-186)
Los protestantes señalan
que Jesús ofrece su bendición a Pedro, pero sin sugerir que la bendición puede
pasarse a otros; ni que se intenta una sucesión de cualquier tipo. Ellos
señalan que Pedro la Roca, casi inmediatamente se convierte en Pedro la Piedra
de Tropiezo (16:22-23). Ellos dicen, “Conceder autoridad a Simón Pedro es
obviamente simbólica para todos los apóstoles (v. 19), porque en otras partes
de Mateo (18:18) y Juan (20:23) esta concesión de poder es sobre todos ellos”
(Craddock, 417). Resaltan la prohibición de Jesús en contra de dar a la
gente honores que justa y solamente pertenecen al Padre y el Hijo (23:8-12).
Ellos señalan a 1 Corintios 3:11, que dice “Nadie puede poner otro fundamento
que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. Ellos hacen notar que, mientras
que Efesios reconoce que la iglesia está edificada “sobre el fundamento de los
apóstoles y profetas” (plural, no limitado a Pedro), Cristo Jesús es “la
principal piedra del ángulo” (Efesios 2:20). Ellos dicen que Pedro es “la
piedra inicial del cimiento de toda la iglesia,…el primer hombre que da un
salto de fe que vio en Cristo Jesús al Hijo del Dios viviente,…el primer
miembro de la iglesia, y, en ese sentido, toda la iglesia está edificada sobre
él” (Barclay, 155).
“…edificaré mi iglesia”.
Es Jesús quien edifica la iglesia. La iglesia le pertenece a él. Los apóstoles
y otros cristianos tienen funciones de apoyo, y esas funciones son importantes.
Sin embargo, Jesús tiene la función principal.
La palabra “iglesia” es
una piedra de tropiezo para algunos estudiosos, que correctamente señalan que
no hay iglesia (griego = ekklesia) en el tiempo en que Jesús dice estas
palabras. Sin embargo, ekklesia es una palabra común que se puede
referir a cualquier asamblea, y no hay razón para asumir que Jesús no usaría
esa palabra, o de que no tendría una visión de la comunidad de creyentes que
surgiría después de su ascensión.
“…y las puertas del
infierno no prevalecerán.” El infierno es el lugar de los muertos. Aquí
tenemos “una metáfora para el poder del submundo o de lo demoníaco (ver, Isaías
38:10)” (Senior, 191). Las imágenes de Jesús funcionan desde cualquier lado de
la puerta. Las puertas del Hades no dejan que los de dentro salgan y que los de
fuera puedan entrar. Esas puertas encierran a los muertos, previniendo que
escapen, y no dejan entrar a quienes pueden redimir a los muertos. Sin embargo,
Jesús romperá el poder de la muerte con su propia resurrección, que solamente
será el primero de los frutos de todos los fieles que se levantarán de la
muerte (1 Corintios 15:23). Las puertas del Hades no resistirán la arremetida
de Cristo sobre ellas. No solamente él, sino todos los redimidos de entre los
muertos, se levantarán otra vez y confiadamente cruzarán las destruidas puertas.
“La promesa no es que los cristianos no atravesarán por el infierno; la promesa
es que el infierno no tiene la carta ganadora y que los poderes de la muerte no
tienen la última palabra” (Long, 186).
VERSÍCULO 19:TE DARÉ LAS LLAVES DEL
REINO DE LOS CIELOS
19Y a ti daré las llaves
del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los
cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Estas frases tiene su
raíz en Isaías 22:22, “Y pondré la llave de la casa de David sobre su
hombro (de Eliaquim); y
abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.” Así Eliaquim se
convierte en el mayordomo de la casa, responsable de abrir la casa en la
mañana, cerrarla por la noche y controlar el acceso a la presencia real. En
este papel, Pedro abrirá la puerta para tres mil personas el día del
Pentecostés (Hechos 2). Aunque inicialmente se resistirá a abrir la puerta a
los gentiles, Dios lo persuadirá de admitir al centurión gentil (Hechos 10), y
Pedro se convertirá en el vocero durante el Concilio de Jerusalén para mantener
las puertas abiertas a los gentiles (Hechos 15).
Atar y desatar también
tienen que ver con reglas respecto a la doctrina y conducta ética. “En el
lenguaje rabínico ligar y desatar es declarar ciertas acciones
prohibidas o permitidas…Después la tradición cristiana extenderá este principio
para incluir el poder de perdonar o retener ciertos pecados (18:18); Juan
20:23), pero este no era su significado original” (Johnson, 453). “Desatar” también
implica la autoridad para controlar la entrada a la iglesia: excluir o admitir
basados en el cumplimiento con reglas doctrinales y éticas. “Aquí Mateo
designa a Pedro como el rabino principal del cristianismo” (Hare, 192), la
persona que hará las decisiones difíciles con respecto a la doctrina y
conducta. “No se le convierte en un pequeño Dios, pero su fe significa que está
cargado con el poder de Dios para hacer la voluntad de Dios” (Soards). “Pedro
es un paradigma para quienes enseñan e interpretan con autoridad de tal manera
que abren el reino de los cielos a otros” (Martin). En Mateo 18:18, Jesús
extenderá esta autoridad a todo el grupo de discípulos, diciendo “De cierto os
digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo
que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.” Una vez más este
es un lugar donde los católicos y protestantes van por caminos separados. Los
católicos creen que la autoridad de Pedro pasó de Pedro al papado. Los
protestantes enfatizan la autoridad dad a todo el grupo de discípulos, y creen
que cualquier autoridad singular dada a Pedro terminó con su muerte.
“Las ‘llaves’ se
convierten en armas de guerra en la lucha contra las fuerzas de la muerte. La
muerte es un poderoso enemigo,… [pero] la muerte lucha con una mano atada a su
espalda. No tiene acceso al reino de Dios. Cualquier cosa que la iglesia ata,
la muerte no lo puede desatar, y cualquier cosa que la iglesia desata, la
muerte no lo puede atar” (Brueggemann, 460).
VERSÍCULO 20: MANDÓ A SUS DISCÍPULOS
QUE A NADIE DIJESEN
20Entonces mandó a sus
discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.
Jesús todavía no está
listo para que sus discípulos le digan al mundo su secreto. El mundo no está
listo todavía para escuchar el secreto, y los discípulos todavía no están
listos para revelar el secreto correctamente. Entienden que Jesús es el Mesías,
pero entienden al Mesías en los términos convencionales de un rey guerrero. En
los versículos 21-28 (el pasaje del evangelio para la próxima semana), Jesús
les dice a los discípulos lo que deben esperar de su mesianidad –su muerte y
resurrección— y Pedro protesta en grande, recibiendo una fuerte reprimenda de
Jesús. Jesús no permite a los discípulos que revelen su identidad como Mesías
hasta que ellos entiendan lo que esto involucra. No lo entenderán realmente
hasta que vean al Cristo resucitado. Eso sucederá bastante pronto. Jesús
comenzará su jornada hacia Jerusalén y la cruz el 19:1.
VERSÍCULO 21: JESÚS DEBE IR A
JERUSALÉN
21Desde aquel tiempo
comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le convenía ir a Jerusalén, y
padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los
escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
“Desde aquel tiempo”
marca la transición. Pedro ya ha identificado a Jesús como el Mesías, y Jesús
lo bendijo por su confesión de fe. Sin embargo, Jesús les dijo a sus discípulos
que no lo dijeran a nadie, porque todavía no saben lo que significa que sea el
Mesías. Todavía siguen pensando en el Mesías como un guerrero al estilo de
David. En el versículo 21, Jesús bosqueja para ellos lo que se espera del
Mesías, y es exactamente lo opuesto a sus expectativas.
“Comenzó Jesús a
declarar.” Una y otra vez les dirá a los discípulos, porque simplemente
eran incapaces de entender lo que estaba diciendo. Hasta que vean al Cristo
resucitado la verdad comenzará a irrumpir en su anterior entendimiento.
“Que le convenía (griego
= dei, es necesario) ir a Jerusalén.” La pequeña palabra, dei, nos
habla de necesidad divina, de la voluntad de Dios. Jesús debe ir a Jerusalén
para completar la misión que le ha dado Dios. Ha venido para salvar al mundo, y
Jerusalén es esencial a su obra. No ir a Jerusalén pondría en peligro todo lo
que había venido a hacer.
Jesús debe “padecer
mucho.” Isaías 53:4-6 introduce la idea del Siervo Sufriente, así que la
idea no debe ser completamente ajena a los discípulos; pero parece que sí. Es
como si hubieran descubierto al candidato político ideal que de pronto anuncia
que, para llevar a cabo sus propósitos, primero debe ser asesinado (Long, 189).
La idea es más que sorprendente, más bien no tiene sentido. ¿Cómo puede
un hombre muerto salvar a alguien? ¿Cómo puede un Mesías salvar a otras
personas si no puede salvarse a sí mismo? ¿Por qué Dios enviaría a
alguien a hacer algo tan fuera del carácter divino como morir? Si la muerte es,
de alguna manera, necesaria, ¿por qué el Mesías tendría que morir la
ignominiosa muerte de la cruz en vez de una gloriosa muerte en el campo de
batalla?
Jesús sufrirá mucho a
manos “de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los
escribas.” Estos tres grupos forman el Sanedrín, la suprema corte de los
judíos. No son los peores hombres los que matan a Jesús, sino los mejores.
Estos no tienen autoridad legal para sentenciar a muerte, pero decidirán a
nombre de la nación que Jesús debe morir. Después persuadirán a la gente para
que apoye la sentencia y los romanos la ejecuten.
Estas palabras “los ancianos,
y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas,” nos suenan siniestras
a nosotros. Se nos ha enseñado desde pequeños que estos eran los enemigos de
Jesús, así que no nos sorprende que Jesús sufriera a sus manos. Necesitamos
recobrar la sorpresa que los primeros discípulos deben haber experimentado al
escuchar estas palabras. ¿Por qué los guardianes nacionales de la
herencia religiosa matan al que ha venido para cumplir con esa herencia?
“Y resucitar al tercer
día.” La predicción de Jesús de su propia muerte es tan escandalosa que,
como un gran magneto, atrae toda nuestra atención. Parece que los discípulos ya
no siguen escuchando cuando Jesús predice su resurrección. Todavía están
concentrados en las palabras “ser muerto.” “Esto también es completamente
comprensible. Los escritos judíos tienen mucho que decir sobre la resurrección
final de los muertos, pero nada sobre la resurrección de un mártir individual”
(Hare, 194).
Hay que notar que “ser
resucitado,” al igual que “ser muerto,” está en voz pasiva. Jesús no se
levantará a sí mismo de la muerte, sino que pondrá su vida en las manos de
Dios. Dios tomará la iniciativa para la resurrección.
VERSÍCULOS 22-23: ¡DIOS NO LO QUIERA,
SEÑOR!
22Y Pedro, tomándolo
aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna
manera esto te acontezca.
Habiendo sido confirmado
tan recientemente en su creencia de que Jesús es el Mesías, Pedro no puede
entender estas dramáticas nuevas. Pedro tiene la decencia de llevar a Jesús
aparte para que su reprimenda sea privada y no en público. Seguramente siente que
Jesús simplemente está teniendo un mal día. De seguro, también, la fortaleza y
optimismo de Jesús regresarán pronto, pero Pedro siente la responsabilidad de
prevenir que haga algo que lo dañe al estar en este depresión temporal. La
reprensión de Pedro es amistosa, pero no deja de ser una reprimenda.
Aunque Pedro se dirige a
Jesús como Señor, lo trata como un Señor caído que debe ser ayudado a ponerse
de pie. Él reprende a Jesús, de la misma manera como Jesús reprendió a los
vientos y el mar (8:26) y reprenderá a un demonio (17:18) – la misma palabra
(griego = epitimao) se usa en estos tres pasajes. Pedro se pone a cargo
y repudia, en el más fuerte lenguaje posible, lo que Jesús ha dicho. El
discípulo que tan recientemente ha deificado al Señor (16:16) ahora lo insulta.
No debe sorprendernos
que Pedro falle en entender que Jesús crucificado es “a los Judíos ciertamente
tropezadero, y a los Gentiles locura” (1 Co. 1:23). Hay poder y sabiduría en la
cruz (1 Co. 1:24), pero es esperar demasiado que Pedro pueda ver eso hasta que
no vea al Cristo resucitado.
VERSÍCULO 23: QUÍTATE DE DELANTE DE
MÍ, SATANÁS
23Entonces él,
volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres
escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres.
Jesús se vuelve para
confrontar a Pedro cara a cara, algo que suena como si Pedro siempre hubiera
estado físicamente detrás de él todo el tiempo. “¡Quítate de delante de mí,
Satanás!” Ahora Jesús demanda que Pedro se ponga detrás de él tanto espiritual
como físicamente.
Las palabras de Jesús
nos recuerdan su respuesta a Satanás, “Vete, Satanás” (4:10), al final de la tentación
en el desierto. La diferencia es que Jesús le mandó a Satán que se hiciera a un
lado o se fuera (griego=hupago), mientras que el mandato a Pedro es que
se ponga (otra vez hupago) a la posición que debería ocupar detrás de
Jesús. Ese es el lugar del discípulo, detrás del maestro, siguiendo al maestro.
Cuando Pedro llevó a Jesús a un lado para reprenderlo, se puso en frente de
Jesús –tomando la iniciativa— buscando dirigir a Jesús hacia un camino
diferente. Al ponerse en frente de Jesús –fuera de su lugar—la Roca se
convierte en Piedra de Tropiezo (griego = skandalon). Todavía peor, se
convierte en Satanás. “Satanás es cualquier fuerza que busca desviarnos del
camino de Dios” (Barclay, 164), y eso es lo que Pedro estaba haciendo: tratando
de desviar a Jesús del camino dado por Dios de la cruz.
En este incidente, Pedro
se convierte en Satán, el tentador. “Tu es Petrus, sí, es cierto; Tu
es Satanás, también esto es cierto; ambos títulos deberían estar grabados
en la basílica de San Pedro (Bruner, 588). Al igual que Satanás trató de
persuadir a Jesús de tomar el camino fácil (convierte estas piedras en pan;
realiza algo espectacular; póstrate ante mi y te daré el mundo), así ahora
Pedro intenta que Jesús abandone el camino angosto, difícil que lleva a la cruz
por el camino mas ancho y fácil que lleva a… Pero Jesús ya nos ha enseñado que
el camino ancho, y fácil lleva a la destrucción, y el camino angosto y difícil
lleva a la vida (5:13-14).
Jesús nos dirige a un
reino donde todo es opuesto a lo que nosotros esperamos. “Satanás nos lleva
hacia arriba, Dios nos lleva hacia abajo. Los pensamientos humanos tienden
hacia arriba, los divinos nos llevan hacia abajo. El demonio ama la grandeza
humana; Dios la desprecia” (Bruner, 587).
“Porque no entiendes lo
que es de Dios sino lo que es de los hombres.” Esa no es la manera en que
Pedro lo ve. Pedro entiende que Jesús es el Mesías, y simplemente está
intentando que no eche todo a perder en un momento de debilidad. Pedro quiere
que el Mesías tenga éxito. ¿Cómo puede ser esto malo? La respuesta es que la
visión de Pedro sobre la misión está distorsionada, y él está tratando de
sobreponer su visión a la de Dios.
Debemos tomar nota de
esto. La iglesia siempre está tentada a tomar el camino alto del mundo, en
lugar del camino bajo de Dios. Estamos tentados a poner nuestra fe en los
métodos del mundo (publicidad, campañas financieras, psicología, teatralidad,
valores de alta producción, etc., etc., etc.) en lugar de los métodos de Dios
(la cruz, predicar sobre la cruz, tomar la cruz, sirviendo al necesitado en el
nombre de Cristo). Somos tentados a evaluar el ministerio por indicadores con
los que cualquier contador público o ejecutivos de grandes empresas se
sentirían a gusto (listas de miembros, asistencia, presupuestos, metas y
objetivos) en vez de los indicadores de aquel que no tenía dónde recostar su
cabeza y cuyo trono fue una cruz. Ciertamente hay ministros que son tanto
fieles como “exitosos”, pero es de suma importancia que todo ministerio
próspero se re-examine a sí mismo frecuentemente para ver si ha abandonado la
cruz y a doblado su rodilla ante Satán. El ministerio que vende no siempre es
el ministerio que salva.
VIERNES 10
JUAN 12, 24-26
• El pasaje contiene
palabras solemnes y cruciales sobre el modo en que la misión de Jesús y de sus
discípulos “produce mucho fruto”. Pero esta declaración solemne y central de
Jesús, “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si
muere, da mucho fruto” (v.24) está incluida en el contexto de 12,12-36 donde se
narra el encuentro de Jesús como mesías con Israel y el rechazo de su propuesta
mesiánica por parte de éste. ¿Cuáles son los temas principales que describen el
mesianismo de Jesús? Los judíos esperaban un mesías bajo la apariencia de un
rey poderoso que continuaría el estilo real de David y restituiría a Israel su
pasado glorioso. Sin embargo Jesús pone en el centro de su mesianismo la donación
de su vida y la posibilidad dada al hombre de poder aceptar el proyecto de Dios
sobre la misma.
• Historia de una semilla. Jesús presenta, con una mini-parábola, la donación de su vida, característica crucial de su mesianismo. El acontecimiento central y decisivo de su vida lo describe recurriendo al ambiente, del cual toma las imágines con el fin de que sus palabras resulten interesantes y cercanas. Se trata de la historia de una semilla, una pequeña parábola para comunicarse con la gente de manera sencilla y trasparente: la semilla empieza su itinerario en los oscuros meandros de la tierra donde se ahoga y se pudre, pero en primavera se convierte en un tallo verde y en verano en una espiga repleta de granos. La parábola tiene dos puntos focales: producir mucho fruto y encontrar la vida eterna. Los Primeros Padres de la Iglesia han visto en la semilla que se hunde en la oscuridad de la tierra una alusión a la Encarnación del Hijo de Dios. Parecería que la fuerza vital de la semilla está destinada a perderse en la tierra ya que la semilla se pudre y muere. Mas he aquí después la sorpresa de la naturaleza: cuando se doran las espigas en el verano, se revela el secreto profundo de aquella muerte. Jesús sabe que la muerte está a punto de cernerse sobre su persona, pero sin embargo no la ve como una bestia feroz que devora. Es verdad que ella tiene las características de las tinieblas y del desgarramiento, pero Jesús posee la fuerza secreta propia del parto, un misterio de fecundidad y de vida. A la luz de esta visión se comprende otra expresión de Jesús: “El que ama su vida la perderá y el que odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna”. El que considera la propia vida como una posesión fría vivida en el propio egoísmo es como una semilla cerrada en sí misma y sin perspectivas de vida. Sin embargo, el que “odia su vida”, expresión semítica muy incisiva para indicar la renuncia a realizarse únicamente a sí mismo, descentra el eje que mantiene el sentido de la existencia hacia la donación a los demás; sólo así se vuelve creativa la vida y pasa a ser fuente de paz, de felicidad y de vida. Es la realidad de la semilla que germina. Pero el lector podrá extraer de la mini-parábola otra riqueza, la dimensión “pascual”. Jesús es consciente de que para conducir la humanidad a la meta de la vida divina, él debe pasar por la vía estrecha de la muerte en cruz. El discípulo que sigue la estela de esta vía afronta su “hora”, la hora de la muerte, con la seguridad de que ésta lo introducirá en la vida eterna, es decir, a la comunión con Dios.
• Síntesis. La historia de la semilla es morir para multiplicarse; su función es hacer un servicio a la vida. El anonadamiento de Jesús es comparable a la semilla de vida sepultada en la tierra. En la vida de Jesús, amar es servir y servir es perderse en la vida de los demás, morir a sí mismo para dar vida. Jesús, mientras se aproxima su “hora”, el momento decisivo de su misión, promete a los suyos la seguridad de una consolación y de una alegría sin fin, aunque vaya acompañada de todo tipo de perturbación. Él pone el ejemplo de la semilla que se ha de pudrir y el de la mujer que ha de parir con dolor. Cristo ha elegido la cruz para él y para los suyos: el que quiera ser discípulo suyo está llamado a compartir su propio itinerario. Él habló siempre con radicalidad a sus discípulos: “El que quiera salvar la propia vida la perderá. El que la pierda por mí la salvará” (Lc 9,24).
SÁBADO 11
MATEO 17, 14-20=LUCAS 9, 37-43 POR SER EL EVANGELIO DE LA MISERICORDIA
VERSÍCULOS 37-43:APARTÁNDOSE ELLOS DEL MONTE
37Y aconteció al día
siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al
encuentro. 38Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo:
Maestro, ruégote que veas a mi hijo; que es el único que tengo: 39Y he aquí un
espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y
apenas se aparta de él quebrantándole. 40Y rogué a tus discípulos que le
echasen fuera, y no pudieron. 41Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh
generación infiel y perversa! ¿Hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os
sufriré? Trae tu hijo acá. 42Y como aun se acercaba, el demonio le
derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho,
y se lo volvió a su padre. 43Y todos estaban atónitos de la grandeza de
Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus
discípulos.
Vea los paralelos en
Marcos 9:14-29 y Mateo 17:14-20. Marcos, el evangelio más corto, da la versión
más completa de este exorcismo.
“Y aconteció al día
siguiente, que apartándose ellos del monte” (v. 37). El contraste entre la cima
de la montaña y la base de la montaña no puede ser más agudo. En la cima de la
montaña, se encontraron en la presencia de Dios, que testificó sobre el status
divino de su hijo, Jesús. En la base del monte, se encuentran confrontados por
una gran multitud y un angustiado padre que ruega por su hijo, que está poseído
por un demonio.
“Maestro, ruégote que
veas a mi hijo; que es el único que tengo” (v. 38). No solamente es la angustia
del padre debido al sufrimiento de su hijo, sino la situación es más difícil
todavía por el hecho de que este es su único hijo. El linaje familiar depende
de este hijo. Los padres, en su senectud, necesitarían el apoyo de su hijo. El
padre ha buscado la ayuda de los discípulos de Jesús (v. 40), y de seguro
también se había puesto a disposición de otros remedios potenciales. Nada había
funcionado. El padre estaba desesperado, pero no se había rendido. Y pone una
gran esperanza en Jesús.
“Le despedaza y hace
echar espuma” (v. 39). Lucas, el médico cristiano del primer siglo, describe el
problema como posesión demoníaca. Para los oídos del siglo veintiuno, los
síntomas suenan como epilepsia.
“Y rogué a tus discípulos
que le echasen fuera, y no pudieron” (v. 40). Jesús le dio a los discípulos
“virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades” (9:1).
¿Por qué tenían problemas con este demonio? Jesús contesta en el próximo
versículo.
“¡Oh generación infiel y
perversa!” (v. 41). Las palabras de Jesús hacen eco al reproche de Moisés a
Israel, y provee un eslabón más entre Moisés y Jesús (Dt. 32:5; ver también Nm.
14:27; Is. 65:2). El reproche de Jesús dice que el fracaso de los discípulos se
debe a su propia falta de fe y perversidad. De cierto, su fe ha disminuido más
frecuentemente de lo que ha crecido. Cuando la tormenta amenazó su bote, Jesús
preguntó “¿Qué es de vuestra fe?” (8:25). Después, sin embargo, tuvieron éxito
“sanando por todas partes” (9:6). Cuando Jesús les mandó alimentar a la
multitud, ellos respondieron “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si
no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta compañía” (9:13). Ahora
también nos enteramos que han fallado para sanar a este muchacho (v. 40).
“Y como aun se acercaba,
el demonio le derribó y despedazó” (v. 42). El demonio hace un desesperado
intento para seguir controlando al muchacho. Estas convulsiones demuestran
gráficamente el problema que el padre solamente ha descrito.
“...mas Jesús increpó al
espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió a su padre” (v. 42). Donde
otros fracasaron, Jesús triunfó. Hoy día todavía podemos ver esto. Cristo ha
transformado más vidas de las que podemos contar. “Cuando fe como la de este
padre aparece, la derrota del mal es posible” (Bock, 176).
“Y todos estaban
atónitos de la grandeza de Dios” (v. 43). La multitud, viendo las convulsiones
del muchacho, no puede sino asombrarse con el milagro de su sanidad. “Un rasgo
único del evangelio de Lucas es la narración del viaje que se lleva casi toda la
mitad del evangelio. Comienza en 9:51, casi inmediatamente después de nuestra
perícopa, y no concluye sino hasta la entrada triunfal en Jerusalén (19:28).
Algo básico de sermones sobre este pasaje es contrastar esta “experiencia de la
montaña” con el sufrimiento abajo en el valle (9:37-43). Pero tal vez el
movimiento en Lucas es más amplio que simplemente ir de la montaña al valle. Es
ir de la cima de la montaña al valle y hacia Jerusalén. Y desde Jerusalén el
movimiento es hacia todas las otras naciones (24:47). ¿Quién sabe dónde irían
los discípulos una vez que realmente hubieran experimentado a Jesús?” (Farris, 359).
DOMINGO 12
JUAN 6, 41-51
CAPÍTULO 6: RESUMEN
“Yo soy el pan de vida:
el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed
jamás” (v. 35). Jesús acaba de alimentar a cinco mil personas (vv. 1-15),
pero la multitud no comprendió el significado del milagro y respondió solo al
almuerzo gratuito. Jesús aconseja, “De cierto, de cierto os digo, que me
buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os
hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que a
vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque a éste señaló
el Padre, que es Dios” (vv. 26-27). Jesús ofrece proveerles sus más
profundas necesidades, pero no pueden ver más allá de sus estómagos.
La multitud pregunta,
“¿Qué haremos para que obremos las obras (plural) de Dios? Respondió Jesús, y díjoles:
Esta es la obra (singular) de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (vv.
28-29). La multitud quiere saber como cumplir con la ley, pero Jesús
responde con la simple declaración que crean en él.
La multitud, notando la
radical naturaleza de la respuesta de Jesús, pide que Jesús verifique sus
declaraciones. “¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos?
¿Qué obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito:
Pan del cielo les dio a comer” (vv. 30-31). No mencionan el hecho que
Jesús acaba de alimentar a cinco mil personas.
Jesús les corrige.
No fue Moisés, sino Dios, el que regaló pan del cielo a los israelitas, “mas mi
Padre os da el verdadero pan del cielo” (v. 32). No como el maná que solo
sustentó la vida física – solo para los israelitas – y solo por corto plazo –
el pan de Dios “da vida al mundo” (v. 33). La gente responde, “Señor,
danos siempre este pan” (v. 34).
VERSÍCULO 35: YO SOY EL PAN DE VIDA
35Y Jesús les dijo: Yo
soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí
cree, no tendrá sed jamás.
La multitud falló en
comprender cuando Jesús dijo “el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y
da vida al mundo” (v. 33), por eso, Jesús deja claro su significado diciendo,
“Yo soy el pan de vida” (v. 35).
Ésta es la primera de
una serie de declaraciones de “YO SOY” (griego: ego eimi) en este
Evangelio que nos recuerdan a la historia del arbusto en llamas. Cuando
Moisés le preguntó a Dios su nombre, Dios contestó, “Así dirás a los hijos de
Israel: YO SOY me ha enviado” (Éxodo 3:14). “Yo soy,” por supuesto, puede
ser simplemente una identificación propia, pero en el Evangelio de Juan
claramente significa más. Las declaraciones de “YO SOY” son:
- “Ego eimi, que hablo contigo” (4:26).
- “Ego eimi el pan de vida” (6:35)
- “Ego eimi el pan vivo” (6:51).
- “Ego eimi la luz del mundo” (8:12; 9:5).
- “Antes que Abraham fuese, Ego eimi” (8:58).
- “Ego eimi la puerta de las ovejas” (10:7).
- “Ego eimi la puerta” (10:9).
- “Ego eimi el buen pastor” (10:11).
- “Ego eimi la resurrección y la vida” (11:25).
- “Ego eimi el camino, la verdad, y la vida” (14:6).
- “Ego eimi la vid verdadera” (15:1).
- “Ego eimi el pan de vida” (6:35)
- “Ego eimi el pan vivo” (6:51).
- “Ego eimi la luz del mundo” (8:12; 9:5).
- “Antes que Abraham fuese, Ego eimi” (8:58).
- “Ego eimi la puerta de las ovejas” (10:7).
- “Ego eimi la puerta” (10:9).
- “Ego eimi el buen pastor” (10:11).
- “Ego eimi la resurrección y la vida” (11:25).
- “Ego eimi el camino, la verdad, y la vida” (14:6).
- “Ego eimi la vid verdadera” (15:1).
“Las frases ‘Yo soy’
forman la base del lenguaje de auto revelación de Jesús en el Cuarto
Evangelio… A través de estos símbolos comunes, Jesús declara que las
necesidades religiosas y los deseos humanos se cumplen en él” (O’Day, 601).
VERSÍCULOS 41-42: MURMURABAN ENTONCES DE
ÉL LOS JUDÍOS
41Murmuraban (griego: egonguzon–
de gonguzo) entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el
pan que descendí del cielo. 42Y decían:42Y decían: ¿No es éste Jesús, el
hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste:
Del cielo he descendido?
“Murmuraban entonces de
él los judíos” (v. 41a). En este Evangelio, la frase, “los judíos,” suele
referirse a judíos que se oponen a Jesús (2:18 ff; 5:10 ff; 6:41 ff; 7:11 ff;
8:31 ff; 9:18 ff; 10:19 ff; 11:8, 54; 18:31 ff; 19:7 ff; 20:19). Sin
embargo, en esta historia, “los judíos,” se refiere a gente de Capernaum de
Galilea o sus líderes religiosos.
Ellos “murmuraban (egonguzon)
(v. 41a). Ésta es la misma palabra que se utiliza en el Septuaginto
(Antiguo Testamento Griego) de los israelitas que protestaron sobre el aparente
fallo de Dios al no proveer por ellos en el desierto (Éxodo 15:24; 16:2, 7-17;
Números 11:1). Teniendo en cuenta la mención de maná en este pasaje (v.
31), el paralelo entre los que protestaron del maná y los que protestan del pan
de vida apenas puede ser casualidad. Los críticos de Jesús manifiestan la
misma falta de fe que los críticos de Moisés (y de Dios) hace tantos siglos.
Los israelitas eran
famosos por sus quejas, pero no están solos. Todos estamos tentados a
sentirnos abandonados cuando la vida se pone difícil – a retar las Escrituras y
las históricas creencias cristianas cuando van en contra de nuestra cultura
popular – a quejarnos cuando Dios no cumple nuestras expectativas.
“¿No es éste Jesús, el
hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos?” (v. 42a). Jesús
está en Galilea – en la ciudad de Capernaum, su hogar de adulto (Mateo
4:13). La gente local apenas puede contenerse cuando Jesús declara que él
es el “pan de vida” (v. 35) y que “ha descendido del cielo” (v. 38).
Conocen a su padre y su madre (v. 42), y piensan de él como cualquier niño
local – uno que promete ser inusual si lo que se dice de él resulta ser verdad
– pero un niño local de todos modos.
“¿Cómo, pues, dice éste:
Del cielo he descendido?” (v. 42b). Esta gente recuerda cuando Jesús se
mudó de Nazarea a Capernaum. ¿Cómo puede él declarar que ha “descendido
del cielo” (vv. 38, 42)?
Aquí, algunos eruditos
acusan al pueblo de Capernaum de mal representar a Jesús, pero han ligado lo
que Jesús dijo en versículos 35 y 38 con bastante integridad.
No debemos preguntarnos por
qué esta gente cuestionaría las declaraciones de Jesús. “Un hombre que era solo
un hombre y decía las cosas que Jesús decía no sería un buen maestro
moral. O sería un loco – como el hombre que dice que es un huevo cocido –
o sería el Demonio del Infierno. Tú debes elegir. O este hombre
era, y es, el Hijo de Dios, o es un loco o algo peor” (C. S. Lewis, The Case
forChristianity).
Pablo habla de la ofensa
(griego: skandalon – tropiezo) de la cruz (Galatos 5:11), y la cruz es
seguramente un skandalon para los que esperan que Dios se comporte según
su estatura. Pero la encarnación es también un skandalon – quizá
un skandalon aún mayor.
Este Evangelio deja a
los sinópticos la historia del nacimiento y, en vez, nos relata los verdaderos
orígenes de Jesús en 1:1-18. Es, solo por casualidad, de Belén y Nazarea
y Capernaum, pero verdaderamente es el Hijo de Dios del cielo. En su afán
por enfocarse en lo más obvio de Jesús, esta gente se pierde lo que es más
significante de él.
VERSÍCULOS 43-47: NINGUNO PUEDE VENIR A
MÍ, SI EL PADRE NO LE TRAJERE
43Y Jesús respondió, y
díjoles: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el
Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo
aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí. 46No que alguno haya
visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. 47De
cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
“No murmuréis entre
vosotros” (v. 43). Jesús no se dirige directamente a las quejas de la
multitud, sino que simplemente dice a la gente que no se queje. Después
continúa con su discurso en un tono aún más provocativo – uno tono que hasta
sus discípulos encontrarán difícil de aceptar (vv. 60-66).
“Ninguno puede venir a
mí, si el Padre que me envió no le trajere” (v. 44). Esto acompaña sus
palabras anteriores, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí” (v. 37a),
demostrando que la salvación depende de Dios. También, “Este ‘sorteo’ es
selectivo, o, la nota negativa de versículo 44 no tiene ningún
significado. Muchos intentan diluir la fuerza de la declaración
refiriéndose a 12:32, donde aparece el mismo verbo para ‘traer’ (helkyo):
Ahí, Jesús declara que traerá a ‘todos los hombres’ hacia él. Sin
embargo, el contexto demuestra claramente que 12:32 se refiere a ‘todos los
hombres sin discriminar’ (es decir, no solo judíos) en vez de ‘todos los
hombres sin excepción’” (Carson, 293).
Esta palabra, “atraer,”
ha inspirado debate entre aquéllos que representan las teologías calvinistas y
las arminianas. La primera, que favorece la predestinación, enfatiza la
fuerza de Dios para atraer gente hacia si mismo. La otra, que favorece el
libre albedrío, enfatiza la necesidad de fe por parte de aquéllos atraídos a
Dios. Quizá sería mejor una posición en el medio – una posición “que
mantiene la tensión entre elementos divinos y humanos de la salvación que se
encuentran en este texto. La salvación nunca se logra sin la fuerza de
atracción de Dios, y nunca es consumada sin la disposición humana para oír y
aprender de Dios” (Borchert, 268).
Barclay anota que esta
palabra, atraer, “casi siempre implica algún tipo de resistencia.
Representa la acción de tirar de una red llena hacia la orilla (Juan 21:6,
11). Es la palabra usada para Pablo y Silas, arrastrados hacia los
magistrados en Filipos (Hechos 16:19).... Siempre existe esta idea de
resistencia. Dios puede y atrae a los hombres, pero la resistencia del
hombre puede derrotar el tirón de Dios” (Barclay, 226).
“Y yo le resucitaré en
el día postrero” (v. 44b). Ésta es la gran promesa – y la tercera de
cuatro veces en este discurso en que Jesús promete resurrección para los
creyentes (vv. 39, 40, 54).
“Y serán todos enseñados
de Dios” (v. 45a). La cita es un resumen de Isaías 54:13, donde el
profeta asegura al pueblo de Jerusalén, recién llegado de su exilio en
Babilonia, que Dios instruirá a sus hijos (véase también Jeremías 31:31-34).
Más adelante en este Evangelio, Jesús les dirá a sus discípulos que “el
Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho”
(14:26) – y que “cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará a toda
verdad” (16:13).
“Todo aquel que oyó del
Padre, y aprendió, viene a mí” (v. 45b). De nuevo, Jesús declara el papel
del Padre en la empresa de salvación.
“No que alguno haya
visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (v.
46). Éxodo nos cuenta de Moisés escondiendo su cara, porque temía mirar a
Dios (Éxodo 3:6) – y siendo permitido a ver la espalda de Dios pero no su cara
(Éxodo 33:22-23). Poner los ojos en la santidad de Dios es demasiado para
mortales. Sin embargo, es diferente para el Verbo, que era con Dios, y
era Dios (1:1). Éste “fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (1:14)
para hacer conocer el Dios a quien nadie vio jamás (1:18).
“De cierto, de cierto os
digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (v. 47). Jesús ha enfatizado
el papel del Padre en la salvación (vv. 44-46), pero ahora enfatiza el papel
del creyente. Aunque el Padre atrae (v. 44) y enseña (vv. 45-46), atraer
y enseñar requieren una respuesta creyente.
La recompensa por creer
es la vida eterna (v. 47). El creyente tiene (tiempo presente) vida
eterna. En este Evangelio, la vida eterna es una calidad de vida que
poseemos en el presente (3:36a) y que poseeremos aún más plenamente en el
futuro. En su Oración de Alto Sacerdocio, Jesús define vida eterna en
términos de la relación con el Padre y el Hijo: “Esta empero es la vida eterna:
que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado”
(17:3). Vida eterna es lo contrario de condenación eterna (3:14-18; 5:29)
e incluye la promesa de una vida libre de muerte (6:50-51; 10:28).
VERSÍCULOS 48-51: YO SOY EL PAN DE VIDA
48Yo soy el pan de
vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son
muertos. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él
comiere, no muera. 51Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si
alguno comiere (griego: phage– aoristodeesthio) de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo daré es mi carne (griego: sarx), la cual
yo daré por la vida del mundo.
“Versículos 32-35 se
duplican en 48-51, pero con la introducción gráfica del concepto de ‘mi carne’”
(Sloyan, 71).
Jesús repite, “Yo soy el
pan de vida” (v. 48; véase también v. 35), y compara este pan con el maná
comido por los israelitas en el desierto. El pueblo habló de “nuestros
padres” en versículo 30, pero Jesús habla de “vuestros padres” (v. 49).
Esto le distingue a él de ellos. Los israelitas también son los padres de
Jesús, ya que él es de la casa de David. Sin embargo, este Evangelio deja
tal lenguaje para los sinópticos. El Verbo es de Dios y es, por lo tanto,
único.
“Vuestros padres
comieron el maná en el desierto, y son muertos” (v. 49). El maná sustentó
Israel por una temporada en el desierto, pero después murieron. Por su
falta de fe, murieron en el desierto sin llegar a ver la Tierra Prometida
(Números 14:22-23).
“Este es el pan que
desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera” (v. 50).
Jesús contrasta el pan que él ofrece – el que lleva a la vida eterna – con el
pan de sus padres, que murieron en el desierto sin haber visto la Tierra
Prometida. La muerte que experimentaron los israelitas fue una muerte
física, pero “los rabíes creían que los padres que murieron en el desierto no
solo se perdieron la Tierra Prometida, sino que también se perdieron la vida
venidera” (Barclay, 226). Jesús, por supuesto, habla de una vida
espiritual cuando promete que el que coma del pan que desciende del cielo no
morirá.
“Yo soy el pan vivo que
he descendido del cielo” (v. 51a). Este “pan vivo” se paralela al “agua
viva” que Jesús ofreció a la mujer samaritana (4:10).
“Si alguno comiere (phage)
de este pan, vivirá para siempre” (v. 51b). Phage es el aoristo de
esthio (comer), y por lo tanto representa una acción que ocurre y
después para. En esta situación, comer este pan es una metáfora para
aceptar a Cristo una vez por siempre.
“Y el pan que yo daré es
mi carne (sarx), la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51c).
Este lenguaje es de sacrificio – el regalo de la carne es el más grande y
personal de todos los sacrificios. En esta situación, Jesús hace su
sacrificio por el mundo – no solo por Israel (véase también 3:16-17). Su sacrificio es
ambos voluntario y delegado.
- El lenguaje de
sacrificio recuerda a la previa referencia de Juan Bautista, quien se refirió a
Jesús como “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (1:29) –
recordándonos del cordero de la Pascua, sacrificada por las vidas de los
israelitas en Egipto (Éxodo 11-12).
- También recuerda al
Sirviente que Sufre de Isaías 53, que “llevó el pecado de muchos y oró por los
transgresores” (Isaías 53:13).
La palabra, “carne”
(comparada con “cuerpo”) es terrenal y provocativa:
- La ley del Tora
mandaba que israelitas solo comieran carne de animales purificados, que la ley
definía en gran detalle (Levítico 11:1-3). Cualquier mención de comer
carne inmediatamente suscitaría el tema de la limpieza ritual de la carne en
cuestión.
- Al ser escrito este
Evangelio, el movimiento gnóstico que consideraba la carne (y toda materia
física) como malvada, constituía una amenaza significante para la
iglesia. La declaración de este Evangelio que “aquel Verbo fue hecho
carne, y habitó entre nosotros” (1:14) se intenciona, en parte, para refutar el
Gnosticismo.
- Sin embargo, en su
conversación con Nicodemo, Jesús dijo “Lo que es nacido de la carne, carne es;
y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (3:6). Esto enfatiza que el
nacimiento físico ha de ser sucedido por un nacimiento espiritual – y Jesús
también dirá,
“El espíritu es el que
da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son
espíritu y son vida” (6:63).
- “Muchos comentaristas
hablan como si la palabra ‘carne’ dejaba evidente una referencia a la Santa
Comunión. Claro está que no hace nada de eso. La palabra no se
encuentra en las narrativas de la institución, ni en 1 Corintios 10 ni 11 en
relación al sacramento... La palabra común para actos sacramentales es
‘cuerpo’” (Morris, 331-332).
- De hecho, por razones
que no podemos comprender, éste es el único Evangelio que no incluye un relato
de la institución de la Última Cena del Señor (véase Mateo 26:26-30; Marcos
14:22-26; Lucas 22:14-23).
LUNES 13
MATEO 17, 22-27
Diferentes el uno del otro: (a) Traen el segundo anuncio de la pasión,
muerte y resurrección de Jesús (Mt 17,22-23): (b) Informan sobre la
conversación de Jesús con Pedro sobre el pago de los impuestos y de las tasas
al templo (Mt 17,24-27).
• Mateo 17,22-23: El anuncio de la muerte y resurrección de Jesús. El primer anuncio (Mt 16,21) había provocado una fuerte reacción de parte de Pedro que no quiso saber nada del sufrimiento de la cruz. Jesús había respondido con la misma fuerza: “¡Lejos de mí, satanás!” (Mt 16,23) Aquí, en el segundo anuncio, la reacción de los discípulos es más blanda, menos agresiva. El anuncio provoca tristeza. Parece que empiezan a comprender que la cruz forma parte del camino. La proximidad de la muerte y del sufrimiento pesa en ellos, generando desánimo. Aunque Jesús procurara ayudarlos, la resistencia de siglos contra la idea de un mesías crucificado era mayor.
• Mateo 17,24-25a: La pregunta a Pedro, de los recaudadores de impuestos. Cuando llegan a Cafarnaún, los recaudadores del impuesto del Templo preguntan a Pedro: "¿No paga vuestro maestro las didracmas?" Pedro responde: “¡Sí!” Desde los tiempos de Nehemías, (Sig V aC), los judíos que habían vuelto de la esclavitud de Babilonia, se comprometieron solemnemente en la asamblea a pagar diversos impuestos y tasas para que el culto en el Templo pudiera seguir funcionando y para cuidar la manutención tanto del servicio sacerdotal como del edificio del Templo (Ne 10,33-40). Por lo que se ve en la respuesta de Pedro, Jesús pagaba este impuesto como lo hacían todos los demás judíos.
• Mateo 17,25b-26: La pregunta de Jesús a Pedro sobre el impuesto. Es curiosa la conversación entre Jesús y Pedro. Cuando llegan a casa, Jesús pregunta: "Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?" Pedro respondió: "¡De los extraños!" Entonces Jesús dice: "¡Por tanto, libres están los hijos!” Probablemente, aquí se refleja una discusión entre los judíos cristianos antes de la destrucción del Templo en el año 70. Ellos se preguntaban si debían o no seguir pagando el impuesto del Templo, como hacían antes. Por la respuesta de Jesús, descubren que no hay obligación de pagar ese impuesto: “Libres están los hijos”. Los hijos son los cristianos. Pero aún sin tener obligación, la recomendación de Jesús es pagar para no provocar escándalo.
• Mateo 17,27: La conclusión de la conversación sobre el pago del impuesto. Más curiosa que la conversación es la solución que Jesús da a la cuestión. Dice a Pedro: “Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti ". ¡Milagro curioso! Tan curioso como aquel de los 2000 puercos que se precipitaron en la mar (Mc 5,13). Cualquiera que sea la interpretación de este hecho milagroso, esta manera de solucionar el problema sugiere que se trata de un asunto que no tiene mucha importancia para Jesús.
MARTES 18, 1-5.10.12-14
• Aquí, en el capítulo
18 del evangelio de Mateo inicia el cuarto gran discurso de la Nueva Ley, el
Sermón de la Comunidad. Como se dijo anteriormente (el 9 de junio de 2008), el
Evangelio de Mateo, escrito para las comunidades de los judíos de Galilea y
Siria, presenta a Jesús como el nuevo Moisés. En el AT, la Ley de Moisés fue
codificada en los cinco libros del Pentateuco. Imitando el modelo antiguo,
Mateo presenta la Nueva Ley, en cinco grandes Sermones: (a) El Sermón de la
Montaña (Mt 5,1 a 7,29); (b) El Sermón de la Misión (Mt 10,1-42); (c) El Sermón
de las Parábolas (Mt 13,1-52); (d) El Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-35); (e)
El Sermón del Futuro del Reino (Mt 24,1 a 25,46). Las partes narrativas,
intercaladas entre los cinco Sermones, describen la práctica de Jesús y
muestran cómo practicaba y encarnaba la nueva Ley en su vida.
• El evangelio de hoy trae la primera parte del Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-14) que tiene como palabra clave los “pequeños”. Los pequeños no son los niños, sino también las personas pobres y sin importancia en la sociedad y en la comunidad, inclusive los niños. Jesús pide que estos pequeños estén en el centro de las preocupaciones de la comunidad, pues "el Padre no quiere que ni uno de estos pequeños perezca" (Mt 18,14).
• Mateo 18,1: La pregunta de los discípulos que da pie a la enseñanza de Jesús. Los discípulos quieren saber quién es el mayor en el Reino. Sólo el hecho de que ellos hicieran esa pregunta revela que habían entendido poco o nada del mensaje de Jesús. El Sermón de la Comunidad, todo ello, es para hacer entender que entre los seguidores y las seguidoras de Jesús tiene que estar vivo el espíritu de servicio, de entrega, de perdón, de reconciliación y de amor gratuito, sin buscar el propio interés y autopromoción.
• Mateo 18,2-5: El criterio básico: el menor es el mayor. Los discípulos quieren un criterio para poder medir la importancia de las personas en la comunidad: "¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?". Jesús responde que el criterio son ¡los niños! Los niños no tienen importancia social, no pertenecen al mundo de los grandes. Los discípulos tienen que hacerse como niños. En vez de crecer hacia arriba, tienen que crecer hacia abajo, hacia la periferia, donde viven los pobres, los pequeños. ¡Así serán los mayores en el Reino! Y el motivo es éste: “¡Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe!” Jesús se identifica con ellos. El amor de Jesús hacia los pequeños no tiene explicación. Los niños no tienen mérito. Es la pura gratuidad del amor de Dios que aquí se manifiesta y pide ser imitada en la comunidad por los que se dicen discípulos y discípulas de Jesús.
• Mateo 18,6-9: No escandalizar a los pequeños. Estos cuatro versículos sobre el escándalo de los pequeños fueron omitidos en el texto del evangelio de hoy. Damos un breve comentario. Escandalizar a los pequeños significa: ser motivo para que los pequeños pierdan la fe en Dios y abandonen la comunidad. Mateo conserva una frase muy dura de Jesús: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”. Señal de que en aquel tiempo muchos pequeños ya no se identificaban con la comunidad y buscaban otros amparos. Y ¿hoy? En América Latina, por ejemplo, cada año alrededor de 3 millones de personas abandonan las iglesias históricas y se van hacia las iglesias evangélicas. Señal de que no se sienten en casa entre nosotros. Y muchas veces son los más pobres los que nos abandonan. ¿Qué nos falta? ¿Cuál es la causa de este escándalo de los pequeños? Para evitar el escándalo, Jesús manda cortar la mano o el pie o arrancar el ojo. Esta frase no puede tomarse al pie de la letra. Significa que hay que ser muy exigente en el combate contra el escándalo que aleja a los pequeños. No podemos permitir, de forma alguna, que los pequeños se sientan marginados en nuestra comunidad. Pues, en este caso, la comunidad dejaría de ser una señal del Reino de Dios.
• Mateo 18,10-11: Los ángeles de los pequeños están en presencia del Padre. Jesús evoca el salmo 91. Los pequeños hacen de Yahave su refugio y toman al Altísimo como defensor (Sal 91,9) y, por esto: “No podrá la desgracia dominante ni la plaga acercarse a tu morada, pues ha dado a sus ángeles la orden de protegerte en todos tus caminos. En sus manos te habrán de sostener, para que no tropiece tu pie en alguna piedra”. (Sal 91,10-12).
• Mateo 18,12-14: La parábola de las cien ovejas. Para Lucas, esta parábola revela la alegría de Dios por la conversión de un pecador (Lc 15,3-7). Para Mateo, revela que el Padre no quiere que ni uno de estos pequeñuelos se pierda. Con otras palabras, los pequeños deben ser la prioridad pastoral de la Comunidad, de la Iglesia. Deben estar en el centro de la preocupación de todos. El amor por los pequeños y los excluidos tiene que ser el eje de la comunidad de los que quieren seguir a Jesús. Pues de este modo la comunidad se vuelve prueba del amor gratuito de Dios que acoge a todos.
MIÉRCOLES 15
LUCAS 11, 27-28
CAPÍTULO 1:UN RETABLO
Farris caracteriza este
capítulo como un retablo (un par de tableros unidos por bisagras que relevan
dos cuadros relacionados) con el nacimiento de Juan Bautista en un lado y el
nacimiento de Jesús en el otro. Existen paralelos entre los dos tableros
como la angélica anunciación de los nacimientos (1:8-17, 26-33), el “No temáis”
de los ángeles (1:13, 30), las objeciones de Zacarías y María (1:18, 34), y la
respuesta de los ángeles a estas objeciones (1:19-20, 35-37). Las
diferencias principales incluyen el contraste entre la incredulidad de Zacarías
(1:18) y la creencia de María (1:38) – además de la superioridad de Jesús sobre
Juan, demostrado por el hecho de que “un nacimiento de padres ancianos es algo
inusual; un nacimiento de una virgen es imposible” (Farris, 290-291).
Lucas 1:36 identifica a
Elisabet como pariente de María (griego: sungenis), pero no conocemos
exactamente su relación. Generalmente pensamos de Juan como el primo de
Jesús, pero eso se basa en 1:36, por lo tanto, lo que sabemos de su relación
tampoco es exacto. Dada la diferencia de edad entre Elisabet y María,
parece probable que Elisabet sea de una generación mayor – quizá la tía de
María.
Estas historias están
llenas de alusiones al Antiguo Testamento. La anunciación a Zacarías, su
incredulidad, y el subsiguiente nacimiento de Juan se parecen mucho a la
anunciación a Abrahán (Gen. 18:1-10), la risa de Sara (Gen. 18:11-15), y
el nacimiento de Isaac (Gen. 21:1-7). El nacimiento de Juan de la estéril
Elisabet se parece al nacimiento de Samuel a la estéril Ana (1 Sam. 1).
La canción de María (vv. 46-55) se basa en la canción de Ana (1 Sam.
2:1-10). También hay varias alusiones a los Salmos.
VERSÍCULOS 39-45: BENDITA TÚ ENTRE LAS
MUJERES
39En aquellos días
levantándose María, fue a la montaña con prisa, a una ciudad de Judá; 40Y entró
en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. 41Y aconteció, que como oyó
Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet
fue llena del Espíritu Santo, 42Y exclamó a gran voz, y dijo. Bendita tú entre
las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43¿Y de dónde esto a mí, que
la madre de mi Señor venga a mí? 44Porque he aquí, como llegó la voz de tu
salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45Y
bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas
de parte del Señor.
“En aquellos días,
levantándose María” (v. 39). María es la heroína de esta historia, pero
es ella la que viaja a la casa de Zacarías y Elisabet – quizá porque el
embarazo de Elisabet precedía al de María por seis meses y estaría ya en estado
avanzado – quizá como gesto de honor por parte de la mujer más joven para una
mujer mayor. Lo más inusual de esta visita es que una mujer embarazada,
particularmente siendo soltera, se encontraría normalmente encerrada y no
viajaría.
“Las dos mujeres, no
solo son parientes, pero también les une una experiencia común, se reúnen en
una aldea (sin nombrar) en las montañas de Judá. Una es vieja y su hijo
cerrará una edad; la otra es joven y su hijo traerá una nueva” (Craddock, Interpretation,
29).
“La criatura saltó en su
vientre” (v. 41). Todavía en el vientre, Juan es llenado del Espíritu
Santo (1:15), y comienza su obra, preparando el camino del Señor (1:17, 76;
3:4).
“Bendita tú entre las mujeres”
(v. 42). Los cuatro Evangelios establecen la superioridad de Jesús sobre
Juan. En los Sinópticos, Juan anuncia la superioridad de Jesús en su
bautizo (Mateo 3:11-12; Marcos 1:7-8; Lucas 3:16-17). En el Evangelio de
Juan, la anunciación es parte del Prólogo (1:6-9). Lucas es el único que
relata esta historia de la visita de María a Elisabet, que establece la
superioridad de Jesús aún mientras los bebés están en el vientre. El
Espíritu Santo llena ambos a Juan (1:15) y a Elisabet (1:41), e inspira su
testimonio de Jesús.
Es sorprendente que
Elisabet exprese honor por la visita de María. Es una mujer anciana en
una cultura que valora a la gente de edad. María es joven, seguramente
una adolescente. Por lo tanto, ella es la que debería mostrar respecto.
También, María se quedó embarazada mientras era soltera, y es posible que aún
no esté casada en el momento de esta visita. La típica visita de una
joven soltera y embarazada a una pariente sería por el motivo de reducir la
visibilidad de un embarazo vergonzoso – aunque esto no se menciona en este
Evangelio. Es Elisabet, siguiendo la tradición de la antigua Sara, la que
parece merecer el honor. María no ha hecho nada para merecer su honor,
excepto creer que “se cumpliría lo que le fue dicho de parte del Señor” (v. 45)
– ¡y con eso basta!
“Bendito el fruto de tu
vientre” (v. 42). Éstas fueron las palabras de Moisés a los israelitas –
la bendición, en ese caso, dependía de su obediencia a Dios (Deut. 28:4).
María es obediente (1:38), y su bendición, como su bebé, crece de esa
obediencia. “Elisabet no desea ni ofrece bendición, pero reconoce que
María es bendita” (Nolland).
“La madre de mi Señor”
(v. 43). El bebé es la fuente de la bendición de María. Ella será
la madre del Señor. “‘Señor’ es un título ante todo para Dios (como en
Lucas 1:6, 9, 11, 15, 16, 17, 25). Para Jesús, se usa más apropiadamente
como título de resurrección (véase Hechos 1:21; 2:34-36; 4:26, 33; 8:16,
etcétera). Pero Lucas, aún más que Mateo, lo usa para Jesús no solo como
un saludo sino también como título (véase Lucas 2:11; 7:13; 10:1; 11:39; 12:42;
17:6; 18:6; 19:8, 31; especialmente 24:34)” (Johnson, 41).
“Porque tan pronto como
llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi
vientre” (v. 44). Más adelante, Juan demostrará su humildad ante Jesús
igual que Elisabet demuestra humildad ahora ante María (Mateo 3:14).
“Y bienaventurada
(griego: makaria) la que creyó” (v. 45). El creer de María le trae
bendición. La palabra griega utilizada para bendición es la misma que se
utiliza en las beatitudes (6:20-22) – una palabra que implica bendición basada
en una relación correcta con Dios. María creyó, comparado con Zacarías
que no creyó y, por lo tanto, se quedó mudo “hasta el día que esto sea hecho”
(1:20). Durante su embarazo, Elisabet, ha vivido con un hombre que, por
su incredulidad, no ha podido hablar. Ahora ella le recibe a María que si
creyó y, por lo tanto, es capaz de cantar una canción alegre.
El ángel se les ha
aparecido a Zacarías y a María, anunciando el nacimiento de un niño. “La
segunda maravilla...sobrepasa a la primera. Juan nacerá de una pareja
anciana y sin hijos, pero Jesús nacerá de una virgen... Juan será profeta, pero
Jesús será el hijo de Dios” (Tannehill, 52). En el Magnificat (vv.
46-55), María reconoce la inversa. Dios, ciertamente, “levantó a los humildes”
– empezando con María (v. 52).
Mientras que es un honor
para María haber sido escogida como la madre del Señor, el honor viene
acompañado. “Esa misma bendición será una espada que atravesará su
corazón... Dios no escoge a una persona por su facilidad y comodidad, o por una
alegría egoísta, sino para una gran hazaña que necesitará todo lo que la
cabeza, el corazón, y la mano le pueda dar” (Barclay, 8). La mujer que
mecerá a su recién nacido en un pesebre también verá a su hijo morir en una
cruz.
VERSÍCULOS 46-55: ENGRANDECE MI ALMA AL
SEÑOR
46Entonces María dijo:
engrandece mi alma al Señor; 47Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,
48Porque ha mirado a la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me
dirán bienaventurada todas las generaciones. 49Porque me ha hecho grandes
cosas el Poderoso; Y santo es su nombre. 50Y su misericordia de
generación a generación a los que le temen. 51Hizo valentía con su brazo:
Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. 52Quitó los poderosos
de los tronos, Y levantó a los humildes. 53A los hambrientos hinchó de
bienes; Y a los ricos envió vacíos. 54Recibió a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia. 55Como habló a nuestros padres a Abraham
y a su simiente para siempre.
La canción de María es
conocida como la Magnificat por la primera palabra de la traducción latina de
este versículo. Los paralelos que tienen la canción de Ana (1 Sam.
2:1-10) son bastante fuertes. La canción de Ana empezó, “Mi corazón se
regocija en Yahaveh, mi cuerno es ensalzado en Yahaveh.”
Ella habló de las inversas: “Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los
flacos se ciñeron de fortaleza” y “Levanta del polvo al pobre; al menesteroso
ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; Y hace que tengan por
heredad asiento de honra.” En sus versículos finales, ella celebraba el
hecho de que el Señor “guarda los pies de sus santos... y dará fortaleza a su
Rey.” La canción de María sigue un esquema parecido.
Los paralelos serían aún
más fuertes si fuera Elisabet la que cantara la canción de María. Ambas
Ana y Elisabet eran estériles, y rezaban para que sus vientres se
abrieran. Las dos sintieron gran alegría por sus embarazos y los
nacimientos de sus hijos. Algunos eruditos han sugerido que la canción de
María es la canción de Elisabet, pero hay poco que justifique esa
opinión. En los mejores manuscritos, v. 46 identifica a la que habla como
María, y v. 48 describe a María mejor que Elisabet.
Elisabet es una mujer
vieja (1:7) y eruditos creen que Ana también era anciana. Yo no encuentro
eso en las escrituras. La única prueba que tenemos de su edad es el
comentario, “Y así hacía cada año” (1 Sam. 1:7). Sin embargo, esto se
contradice con el hecho de que no es llamada una mujer anciana y porque
“concibió, y parió tres hijos, y dos hijas” después del nacimiento de Samuel (1
Sam. 2:21).
Es digno de anotar que
Zacarías, después de recuperar su voz en el nacimiento de su hijo, será llenado
del Espíritu Santo y cantará su propia canción (1:68-79) – una canción con
parecidos a las canciones de Ana y María. A María, sin embargo, se le
concede el privilegio de la primera canción, porque ella creyó, y Zacarías no
creyó. Solo será después de que la promesa es cumplida que Zacarías
cantará – solo cuando puede ver por los ojos en vez de por fe.
En la primera parte de
su canción, María celebra la bendición que ella ha recibido de “Dios mi
Salvador” (v. 47). Un Salvador solo es importante para una persona que
necesita ser salvada. Mientras que todos nosotros necesitamos ser
salvados, los humildes y los hambrientos (vv. 52-53) mejor comprenden la
necesidad de un Salvador. Lo más cómodos que estemos, lo menos
necesitados que nos sentimos. Lo más opulentos que somos, lo más probable
que busquemos felicidad en una nueva posesión o experiencia. El más éxito
que tengamos, lo más probable que celebremos nuestros logros en vez de buscar
la ayuda de Dios.
“Ha mirado a la bajeza
de su criada” (v. 48). María es humilde en dos sentidos. Primero,
tiene un espíritu humilde que se levanta, listo para responder a la llamada de
Dios sin reservaciones (1:38). Segundo, ocupa un puesto humilde en la
vida – una mujer en una sociedad patriarcal – una persona joven en una sociedad
que venera la edad. Su hijo nacerá en este puesto humilde. Su
primer hogar será un establo – su primera cuna un pesebre. De hombre,
dirá de si mismo, “Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos;
mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza” (9:58).
“Porque he aquí, desde
ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho
grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre” (vv. 48-49). Como una
mujer judía, María puede recordar los siglos pasados y recordar los hombres y
mujeres a quienes Dios llamó a su servició. ¡Abraham y Sara! ¡Isaac y
Rebeca! ¡Moisés! ¡Gideón! ¡Débora! Todos los niños conocen sus nombres e
historias. Ahora, el nombre de María se unirá a los suyos. Gente la
venerará por el papel lugar especial que tiene en el plan de Dios. Reyes
y presidentes luchan por ser recordados bien, pero Dios alargó su mano a esta
simple niña y la elevó a un lugar de grandeza. Ha puesto sobre ella un
honor que no buscaba y un privilegio que nunca podría merecer. “Santo es
su nombre” (v. 49).
“Tomado por completo,
esta escena confirma que las increíbles palabras de Gabriel son, ciertamente,
palabras para creer” (Cousar, 37).
En v. 51, la visión de
María se amplía de sus propias bendiciones, hasta las bendiciones dadas a
Israel (v. 54) y a “Abraham y a su simiente para siempre” (v. 55). “Estos
descendientes incluyen a gentiles tanto como a la raza judía, como se puede ver
en las promesas de Dios a Abraham (véase Gen. 12:3; 17:4-5; 22:18).
También se hace referencia a las promesas de Dios a Abrahán por medio de
Zacarías después del nacimiento de Juan (véase v. 73)” (Evans, 27).
María celebra las
inversas de Dios. “Esparció a los soberbios” (v. 51). “Quitó los
poderosos de los tronos, y levantó a los humildes” (v. 52). “A los hambrientos
hinchó de bienes; Y a los ricos envió vacíos” (v. 53). “Recibió a Israel
su siervo” (v. 54). La selección de Dios para escoger a María como madre
del Señor sirve de prueba de que estas inversiones ya han empezado. De
hecho, empezaron muchos años antes cuando Dios escogió a Abraham.
Teólogos de liberación
utilizan estos versículos y otros parecidos para justificar acciones violentas
y revolucionarias por parte de la iglesia, pero “La Canción de María no es una
llamada revolucionaria para acción humana sino una celebración de la acción de
Dios” (Green, 100). Interpretar tales versículos como una llamada
revolucionaria “ignora la dimensión espiritual presente a lo largo del himno,
además de la esperanza expresada en versículos 54-55. Por otro lado,
algunos buscan diluir del todo las referencias a los humildes y hambrientos, y
hablar solo de los pobres y hambrientos de espíritu. Esto también
debilita la fuerza del pasaje” (Bock, 47).
Las inversiones de Dios
son buenas noticias para los aquéllos distanciados y de falta de recursos, pero
no para los ricos y poderosos. La mayoría de nosotros las oye como buenas
noticias, porque no nos consideramos ser ricos ni poderosos. Sin embargo,
la mayor parte de la gente del Primer Mundo disfruta de un nivel de vida que parece
imposiblemente rico para el resto del mundo. Vivimos en casas palaciales,
no solo por el estándar del Tercer Mundo, sino también por el estándar de
nuestros padres y abuelos. Conducimos coches cada vez más lujosos y
grandes. Raras veces nos quedamos sin comer. Necesitamos oír el
Magnificat como un aviso lanzado a través de nuestra cubierta. Nosotros
podemos ser los que estamos en peligro de caer de nuestros puestos
cómodos. Si somos sensibles a las necesidades de los pobres, los
humildes, los desplazados, los distanciados, y al prisionero, quizá, podamos
escapar del juicio de este texto.
A lo largo de la canción
de María, ella describe las actividades de Dios en el tiempo pasado.
“Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso” (v. 49). “Hizo valentía
con su brazo” (v. 51). “Quitó los poderosos de los tronos” (v. 52).
“A los hambrientos hinchó de bienes” (v. 53). “Recibió a Israel su
siervo” (v. 54). Podemos atribuir su uso del tiempo pasado, en parte, al
hecho de que ella está recordando siglos de la relación de Dios con Israel.
Sin embargo, el uso de
María del tiempo pasado también demuestra su confianza en que la promesa de
Dios es verdadera. Todavía no es la madre del niño que será grande y que
será llamado el Hijo del Altísimo (1:32), pero Dios lo ha prometido y ella cree
en la promesa. El autor de Hebreos define la fe como “la sustancia de las
cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven” (Heb.
11:1). María es una persona que posee este tipo de fe, y es este tipo de
fe a la que Dios nos llama. Las bendiciones más ricas van a aquéllos que
creen en la promesa de Dios – los que caminan en fe.
JUEVES 16
MATEO 18, 21-19,1
CAPÍTULO 18: EL CONTEXTO
Este es un texto difícil
porque demanda demasiado. Nos ayudará ver el texto en su contexto, que lo
suaviza un poco… pero solamente un poco.
El capitulo comienza con
los discípulos preguntando quién es el mayor en el reino de los cielos
(versículos 1-6). Jesús pone a un niño en medio de ellos y les dice:
“Cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de
los cielos.” Jesús continúa y les dice que sería mejor para nosotros
ahogarnos en la profundidad del mar que hacer tropezar a uno de esos
pequeñitos. Jesús está realmente preocupado por las personas más vulnerables, y
nos llama para que compartamos su preocupación.
Jesús continúa con la
parábola de la oveja perdida (versículos 10-14). El Gran Pastor no está
contento con tener noventa y nueve ovejas seguras, sino que arriesga todo para
salvar a la oveja perdida. A los ojos del Gran Pastor cada oveja es importante,
ninguna está de más. Jesús nos llama a encarnar este mismo sentido de
compromiso por la oveja que está fuera del redil.
Después Jesús ofrece una
guía detallada con respecto a cómo solucionar los conflictos en la iglesia
(versículos 15-20). El objetivo es la reconciliación, y nuestra obligación es
ir hacia la reconciliación incluso con el gran costo de tiempo y energía que
esto requiere. La pena es severa para aquellos que rehúsan responder al proceso
de reconciliación, pero el proceso no está diseñado para castigar, sino para
abrir los ojos a los ofensores a la seriedad de su ofensa; y a traerlo o
traerla otra vez al redil.
El elemento común en
estas porciones del capítulo 18, es que estas nos llaman a deshacernos de la
calculadora cuando se trata de relaciones interpersonales.
• Ningún cuidado es
demasiado grande cuando se trata de los más pequeños, de los vulnerables. No
solamente debemos evitar hacerlos tropezar, sino que también debemos imitar su
humildad.
• Ningún riesgo es
demasiado grande cuando buscamos a una oveja perdida. Debemos realizar
cualquier esfuerzo para hallar a la oveja perdida y restaurarla al redil.
• Ningún esfuerzo es
demasiado grande al tratar de restaurar la paz en la iglesia. La víctima debe
tomar la iniciativa para buscar al ofensor y resolver el conflicto. Eso no se
puede hacer de uno-a-uno, la víctima debe buscar la ayuda de uno o dos más. Si
eso falla, la víctima debe solicitar la ayuda de toda la iglesia. No podemos
simplemente “borrar” a un hermano o hermana cristiana. Incluso el paso final de
la excomunión (expulsión) se intenta como una llamada para despertar, más que
como una expulsión irrevocable.
• Nuestro texto de este
domingo, entonces, simplemente extiende la preocupación de las partes
anteriores del capítulo llamándonos a tirar a la basura la calculadora cuando
se trata del asunto del perdón. El asunto central no es la justicia, sino la
reconciliación. “Hemos hecho, entonces, el círculo completo en Mateo 18. El
capítulo comienza haciéndonos saber que nunca entraremos al reino de los cielos
hasta que no nos hayamos colocado en los zapatos de un pequeño… Ahora, al final
del capítulo, esta misma humildad y dependencia toman la forma de un esclavo
cuya deuda es tan enorme que solamente un acto majestuoso de perdón podría
borrarla” (Long, 212).
VERSÍCULOS 21-35: EL PERDÓN
Nuestro texto para este
domingo es sobre el perdón. Es una palabra difícil de escuchar, porque
encontramos que el perdón es difícil, tanto recibirlo como darlo. Sin embargo,
también es una palabra de suma importancia, porque recibir y dar perdón es
central a nuestra fe.
Primero, nosotros
recibimos el perdón de Dios; y solamente podemos pasar aquello que hemos
recibido. Habiendo experimentado el perdón a manos de Dios y del pueblo de
Dios, entonces somos llamados para hacer posible que otros también lo experimenten.
Así el círculo del amor de Cristo se extiende cada vez más para abarcar a otra
oveja perdida, y a otra, y a otra.
Esta no es gracia
barata. “El perdón no es, por supuesto, una descuidada falta de atención ni
indiferencia al mal que se ha cometido. No es permisividad, ni ausencia de
sentido de normas éticas. Por el contrario, no puede haber perdón sin que se
hayan violado los valores o normas” (Craddock, 441). Los versículos 15-20 nos
dicen qué tan seriamente debemos tomar estas violaciones. Los versículos
21-35 nos dicen que tan llenos de gracia debemos lidiar con ellas.
VERSÍCULOS S 21-22: ¿CUÁNTO HE DE PERDONAR?
21Entonces Pedro,
llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare
contra mí? ¿Hasta siete? 22Jesús le dice: No te digo hasta siete, más aun hasta
setenta veces siete.
La pregunta de Pedro
vuelve a los versículos 15-20, donde Jesús da un detallado procedimiento para
efectuar la reconciliación cuando un cristiano o cristiana peca. Pedro está
enunciando un asunto práctico: ¿Qué tan lejos deben ir los discípulos con
respecto al perdón?
“Señor, ¿cuántas veces
perdonaré a mi hermano…?” (griego = hoadelphosmou, literalmente “mi
hermano”). En muchos otros lados, Jesús lidia con las relaciones fuera de la iglesia
(“Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos” 5:44), pero en este pasaje trata
sobre perdonar a nuestros hermanos y hermanas cristianos.
En la versión de Lucas
de esta historia, Jesús dice, “Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si
se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete
veces al día se volviere a ti, diciendo, pésame, perdónale.” (Lucas 17:3-4). En
esa versión el perdón es condicional al arrepentimiento. En la versión de
Mateo, Jesús no menciona el arrepentimiento. Sin embargo, los versículos 15-20
claramente requieren el arrepentimiento y un cambio en la conducta si el
pecador ha de continuar en la iglesia, y la parábola que Jesús usa para ilustrar
el perdón (versículos 23-35) es una historia de dos deudores cuya súplica por
misericordia constituye un tipo de arrepentimiento. Es justo decir que aquí
estamos lidiando con un pecador arrepentido.
En vez de escuchar la
respuesta de Jesús, Pedro propone la suya: “¿Hasta siete?” Siete veces es algo
generoso. La norma rabínica era tres, basados en Amós 1-2: “Por tres pecados de
Damasco, y por el cuarto, no desviaré su castigo,” una frase repetida varias
veces en esos dos capítulos. La idea es que Dios perdona tres pecados y castiga
el cuarto. Pedro siente que Jesús quiere que sus discípulos vayan todavía más
allá de eso, así que lo eleva al doble y una más para tener una buena medida.
El siete también es un
numero santo para el pueblo judío que simboliza “la perfección, totalidad,
abundancia, descanso, y completamiento” (Lockyer, 968). Tiene asomos de
infinitud; por ejemplo, los siete días de la semana constituyen un ciclo
interminable; así que la propuesta de Pedro puede ser todavía más generosa de
lo que puede parecer a primera vista.
La respuesta de Jesús
demuele la cuidadosa construcción de Pedro. “No te digo hasta siete, más aun
hasta setenta veces siete.” El griego, hebdomekontakishepta es
ambiguo, y puede significar setenta y siete o setenta veces siete. Sin hacer
caso de esto, Jesús no nos está invitando a llevar cuidadosos registros de las
veces que perdonamos, sino que está colocando una norma que hace que llevar
esos registros sea poco práctico. Jesús no nos está dando una lección de
matemáticas, sino una lección sobre la gracia. ¿Quién puede perdonar setenta
veces siete –o incluso setenta y siete veces— y llevando un registro de ello?
¿Quién puede perdonar tan habitualmente sin convertirse en una persona
perdonadora? ¿Quién puede olvidar el pecado de la otra persona mientras pone
marcas de gis (tiza) en la pared? Llevar un registro no es perdonar, sino más
bien ir marcando el camino hasta el día en que podamos tomar venganza. El
motivo de llevar un registro no es la reconciliación, sino el desquite, las
represalias. Ir llevando un registro del perdón otorgado es como ser un
banquero tramposo cuyo motivo es ir haciendo el registro de las deudas hasta
que ya no se pueda pagar la hipoteca. Jesús propone algo completamente
diferente. “Setenta veces siete es cuatro cientos noventa veces:
‘podemos hacer esa multiplicación en nuestra cabeza’. Pero (lo que Jesús
propone) es aritmética celestial: ‘Debemos hacerlo en nuestros corazones’”
(Buttrick, 475).
El numero siete y
setenta y siete pueden tener sus raíces en Génesis 4. Ahí Dios pronuncia
un castigo septuplicado para cualquiera que mate a Caín (v. 15), y Lamec lo
extiende hasta setenta veces siete para cualquiera que quiera matarlo a él (v.
24). Si los números siete y setenta y siete en Mateo 18 verdaderamente se
derivan de Génesis 4, estos proveen un giro irónico. En Génesis, los números se
refieren a la venganza. En Mateo, se refieren al perdón.
Los problemas que surgen
por la respuesta de Jesús son serios y numerosos. ¿Acaso Jesús requiere que nos
coloquemos completamente a la merced de un pecador no amoroso y que no se
arrepiente? ¿Acaso él elimina las soluciones de “amor duro” para problemas de
alcoholismo, adicción y abuso? ¿Acaso requiere un tipo de pasividad que nos
haga un blanco fácil para personas sin escrúpulos? Encontramos la respuesta a
estas preguntas en los versículos 15-20, donde Jesús bosqueja un proceso
riguroso para lidiar con un hermano o hermana que no se quiera arrepentir: un
proceso que puede llegar hasta la expulsión. Jesús claramente intenta que
tomemos en serio los problemas serios y que tomemos acciones correctivas
fuertes donde se necesite. La meta de los versículos 15-20 es la disciplina (y
con esperanza la restauración) del pecador o pecadora que no se ha arrepentido.
La meta de los versículos 21-35 es el perdón del pecador arrepentido.
VERSÍCULOS 23-27: LO SOLTÓ Y LE PERDONÓ
LA DEUDA
23Por lo cual, el reino
de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus
siervos. 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía
diez mil talentos. 25Mas a éste, no pudiendo pagar, mandó su señor
venderle, y a su mujer é hijos, con todo lo que tenía, y que se le
pagase. 26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor,
ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor, movido a
misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.
Jesús refuerza este
pronunciamiento con esta parábola. “Es importante notar que esta no es una
parábola de simplemente ‘ve y haz lo mismo’, como la del Buen Samaritano. Esta
es una parábola del reino: ‘Por lo cual el reino de los cielos es
semejante…’ La pregunta de Pedro aborda el problema humano desde una
perspectiva humana. La parábola fundamenta el perdón en la naturaleza de Dios”
(Hare, 216).
Debemos ser cuidadosos.
Esta parábola no es una alegoría, y distorsionaríamos el significado de Jesús si
presionamos demasiado los detalles. Por ejemplo, el rey representa a Dios, pero
algo de su conducta –es decir, la orden de vender a la esposa y los hijos—no es
para nada congruente con el carácter de Dios.
La deuda –diez mil
talentos—es una medida más allá de cualquier medida, como nuestra palabra de
“muchocientos” millones. “Un talento es la unidad monetaria más grande,… igual
a 6,000 dracmas, el salario anual de un obrero durante quince años. ‘Diez mil’…
es el numero más grande posible. Así que la combinación es la figura más grande
que se pueda dar. El impuesto anual para todos los territorios de Herodes el
Grande era de 900 talentos por año” (Boring, 382).
Que baste decir que la
deuda es inimaginablemente grande. No importa si es un talento, o mil, o diez
mil. Ningún esclavo tiene la esperanza de pagar ninguna de esas cantidades.
Cuando uno está con una espada colgando del techo sobre su cabeza, no importa
si la altura es cientos de metros o miles. ¡Ambas son igualmente mortales!
En este evangelio, Jesús
también iguala el pecado con la deuda en el Padrenuestro. “Y perdónanos
nuestras deudas (griego = oheilemata, algo que se adeuda, moralmente
fallo), como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (6:12).
El rey ordena que el
esclavo sea vendido, y lo mismo su esposa y sus hijos, una práctica bastante
común en ese tiempo, pero no solamente entre los judíos. La ganancia de la
venta sería aplicada a la deuda, pero solamente sería una gota en el mar. En el
caso de una deuda más modesta, los parientes y amigos podrían haber recolectado
dinero para redimir al deudor, pero eso no sería posible con una deuda tan
grande.
La respuesta del esclavo
es interesante. “Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. Es un
desesperado intento de agarrarse de unos hilitos. El esclavo seguramente sabe
que la deuda es impagable, pero está apostando para obtener algo de tiempo.
Cada día de libertad es un día menos de miseria –y quién sabe: el rey podría
cambiar de opinión, o el rey podría morir, o algún inesperado evento podría
redimir la situación. La situación es desesperada, pero ¿quién puede culpar al
esclavo por tener esperanza?
“movido a misericordia
(griego = splanchnistheis, un profundo sentimiento visceral de
compasión) el señor de aquel siervo le soltó y le perdonó la deuda.” El
milagro ocurre. El rey va más lejos de lo que el esclavo ha pedido. Le concede,
no solamente un poco más de tiempo, sino el perdón de la gran deuda.
VERSÍCULOS 28-30: Y LE ECHÓ EN LA CÁRCEL
28Y saliendo aquel
siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando
de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes. 29Entonces su
consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo,
y yo te lo pagaré todo. 30Mas él no quiso; sino fue, y le echó en la
cárcel hasta que pagase la deuda.
La deuda de cien
denarios es infinitesimal comparada con la deuda de diez mil talentos, pero se
convierte en muy significativa cuando se requiere el pago inmediato. Cien
denarios representan el salario de cien días de una persona (ver 20:2, donde un
denario es el salario de un día) y qué trabajador tiene esa cantidad de dinero
en efectivo disponible de inmediato.
No podemos imaginarnos
la falta de compasión del primer esclavo, dado su reciente y casi imposible
escape, pero debemos tener en cuenta que esta es una historia en la que toda la
trama es exagerada para producir un efecto. El punto central es el dramático
contraste entre la deuda grande y la pequeña, y entre la compasión del rey y la
falta de compasión del primer esclavo. El rey, aunque es un hombre que enfrenta
grandes asuntos, fue capaz de identificarse con la situación desperada del
primer esclavo y estuvo dispuesto a hacer concesiones para remediarlo. Ese
esclavo, irónicamente, solamente fue capaz de ver la pequeña deuda que se le
debía y no estuvo dispuesto a hacer ninguna concesión. La súplica del segundo
esclavo en el versículo 29 es casi una copia de la súplica del primer esclavo
en el versículo 26, pero el primer esclavo se rehúsa a escucharla.
VERSÍCULOS 31-34: LE ENTREGÓ A LOS VERDUGOS
31Y viendo sus
consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon a su
señor todo lo que había pasado. 32Entonces llamándole su señor, le dice:
Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: 33¿No te convenía
también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve
misericordia de ti? 34Entonces su señor, enojado, les entregó a los
verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
Los consiervos, “se
entristecieron mucho” (griego = lupeo, llenos de tristeza), y reportan
la injusticia al señor (griego = kyrios, una palabra frecuentemente
usada para Jesús como Señor). Mientras que los consiervos sienten pena por el
hombre que fue injustamente encarcelado, el rey está enojado y ordena que el
primer esclavo sea entregado “a los verdugos, hasta que pagase todo lo que
debía.”
Si antes nos preguntamos
si la ética de Jesús del perdón dejaba espacio para el ajuste de cuentas, este
versículo nos asegura que sí lo hace.
“¿No te convenía también
a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de
ti?” “… la parábola da el fundamento para una teología del perdón
que apoya la ética del perdón que ahora se requiere de Pedro; la
parábola ilustrará por qué Jesús nos puede demandar un perdón infinito a
nosotros, y esto es porque nosotros hemos sido infinitamente perdonados”
(Bruner, 657). Tal como lo pone el escritor de Efesios “Antes sed los unos con
los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como
también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4:32).
Disfrutamos de la
salvación por la gracia de Dios, pero esta parábola nos advierte que Dios
espera que nosotros manifestemos, al menos, una mínima porción de esto en
nuestra relación con otras personas. El rey “ve como necesario que el
hombre perdonado actúe como alguien perdonado, es decir perdonando a otros”
(Morris, 476). Esta parábola nos habla de la gracia gratuita, no de la gracia
barata.
VERSÍCULO 35: ASÍ TAMBIÉN MI PADRE
CELESTIAL HARÁ CON VOSOTROS
35Así también hará con
vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a
su hermano sus ofensas.
De pronto Jesús ya no
está contando una historia sobre un rey distante, sino que le habla
directamente a sus discípulos, y a nosotros. Está repitiendo su advertencia del
Sermón del Monte “Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco
vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (6:15).
“El requerimiento es que
el perdón provenga del corazón (v. 35), y cómo las actitudes del corazón pueden
ser coaccionadas por la razón… Perdonar y ser perdonado no pueden, por su
propia naturaleza, estar separados” (Shuster, 111). Solamente la gratitud por
ser perdonados hace posible para nosotros perdonar a otros de corazón.
Si perdonamos a nuestro
hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos continuar llevando cuentas para
después justificar el desquitarnos? Si perdonamos a nuestro hermano o hermana
de corazón, ¿cómo podemos proclamar que perdonamos pero que no olvidamos? Si
perdonamos a nuestro hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos demandar
restitución por aquello que hemos perdonado? Si perdonamos a nuestro hermano o
hermana de corazón, ¿cómo podemos hacer algo más que amarlos y encontrar
complacencia en la reconciliación que nuestro perdón hace posible?
VIERNES 17
MATEO 19, 3-12
• Contexto. Hasta el
cap. 18, Mateo ha mostrado cómo los discursos de Jesús han marcado las varias
fases de la constitución y formación progresivas de la comunidad de los
discípulos en torno a su Maestro. Ahora, en 19,1, este pequeño grupo se aleja
de las tierras de Galilea y llega al territorio de Judea. La llamada de Jesús,
que ha atraído a sus discípulos, sigue avanzando hasta la elección definitiva:
la acogida o el rechazo de la persona de Jesús. Esta fase tiene lugar a lo
largo del camino que lleva a Jerusalén (cap.19-20) y al templo, después de
llegar finalmente a la ciudad (cap.21-23). Todos los encuentros que Jesús
efectúa en estos capítulos tienen lugar a lo largo del recorrido de Galilea a
Jerusalén.
• El encuentro con los fariseos. Al pasar por la Transjordania (19,1) tiene Jesús el primer encuentro con los fariseos, y el tema de la discusión de Jesús con ellos es motivo de reflexión para el grupo de los discípulos. La pregunta de los fariseos se refiere al divorcio y de manera particular pone a Jesús en apuros acerca del amor dentro del matrimonio, que es la realidad más sólida y estable para la comunidad judía. La intervención de los fariseos pretende acusar la enseñanza de Jesús. Se trata de un verdadero proceso: Mateo lo considera como “un poner a prueba”, como “un tentar”. La pregunta es ciertamente crucial: “¿Es lícito a un hombre repudiar a la propia mujer por cualquier motivo?” (19,3). Al lector no se le escapa la torcida intención de los fariseos al interpretar el texto de Dt 24,1 para poner en aprietos a Jesús: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa”. A lo largo de los siglos, este texto había dado lugar a numerosas discusiones: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.
• Es Dios el que une. Jesús responde a los fariseos citando Gn 1,17: 2,24 y remitiendo la cuestión a la voluntad primigenia de Dios creador. El amor que une al hombre y a la mujer viene de Dios, y por este origen, une y no puede separar. Si Jesús cita Gn 2,24 “El hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”, (19,5) es porque quiere subrayar un principio singular y absoluto: la voluntad creadora de Dios es unir al hombre y a la mujer. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, es Dios el que los une; el término “cónyuges” viene del verbo congiungere, coniugare, es decir, la unión de los dos esposos que conlleva trato sexual es efecto de la palabra creadora de Dios. La respuesta de Jesús a los fariseos alcanza su culmen: el matrimonio es indisoluble en su constitución originaria. Ahora prosigue Jesús citando a Ml 2, 13-16: repudiar a la propia mujer es romper la alianza con Dios, alianza que, según los profetas, los esposos la viven sobre todo en su unión conyugal (Os 1-3; Is 1,21-26; Jr 2,2;3,1.6-12; Ez 16; 23; Is 54,6-10;60-62). La respuesta de Jesús aparece en contradicción con la ley de Moisés que concede la posibilidad de dar un certificado de divorcio. Dando razón de su respuesta, Jesús recuerda a los fariseos: si Moisés decidió esta posibilidad, es por la dureza de vuestro corazón (v.8), más concretamente, por vuestra indocilidad a la Palabra de Dios. La ley de Gn 1,26; 2,24 no se ha modificado jamás, pero Moisés se vio obligado a adaptarla a una actitud de indocilidad. El primer matrimonio no es anulado por el adulterio. La palabra de Jesús dice claramente al hombre de hoy, y de modo particular a la comunidad eclesial, que no ha de haber divorcios, y sin embargo observamos que existen; en la vida pastoral, los divorciados son acogidos y para ellos está siempre abierta la posibilidad de entrar en el reino. La reacción de los discípulos no se hace esperar: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse” (v.10). La respuesta de Jesús sigue manteniendo la indisolubilidad del matrimonio, imposible para la mentalidad humana pero posible para Dios. El eunuco del que habla Jesús no es el que no puede engendrar, sino el que, una vez separado de la propia mujer, continúa viviendo en la continencia y permaneciendo fiel al primer vínculo matrimonial: es eunuco con relación a todas las demás mujeres.
SÁBADO 18
MATEO 19, 13-15
• El Evangelio es bien
breve. Apenas tres versículos. Describe cómo Jesús acoge a los niños.
• Mateo 19,13: La actitud de los discípulos ante los niños. Llevaron a los niños ante Jesús, para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos reñían a las madres. ¿Por qué? Probablemente, de acuerdo con las normas severas de las leyes de la impureza, los niños pequeños en las condiciones en las que vivían, eran considerados impuros. Si hubiesen tocado a Jesús, Jesús hubiera quedado impuro. Por esto, era importante evitar que llegasen cerca y le tocaran. Pues ya había acontecido una vez, cuando un leproso tocó a Jesús. Jesús, quedó impuro y no podía entrar en la ciudad. Tenía que estar en lugares desiertos (Mc 1,4-45)
• Mateo 19,14-15: La actitud de Jesús: acoge y defiende la vida de los niños. Jesús reprende a los discípulos diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. A Jesús no le importa transgredir las normas que impedían la fraternidad y la acogida que había que reservar a los pequeños. La nueva experiencia de Dios como Padre marcó la vida de Jesús y le dio una mirada nueva para percibir y valorar la relación entre las personas. Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los excluidos y asume su defensa. Impresiona cuando se junta todo lo que la Biblia informa sobre las actitudes de Jesús en defensa de la vida de los niños, de los pequeños:
a) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, ¡yo te agradezco!” (Mt 11,25-26) Jesús reconoce que los pequeños entienden del Reino más que los doctores!
b) Defender el derecho a gritar. Cuando Jesús, al entrar en el Templo, derribó las mesas de los mercaderes, eran los niños los que gritaban: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticados por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, Jesús los defiende y en su defensa invoca las Escrituras (Mt 21,16).
c) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, recibe a Jesús (Mc 9, 37). “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25,40).
d) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra los que causan escándalo a los pequeños, esto es, son el motivo por el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para éstos, mejor sería que le cuelguen una piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar (Lc 17,1-2; Mt 18,5-7). Jesús condena el sistema, tanto político como religioso, que es el motivo por el cual la gente humilde, los niños, pierden su fe en Dios.
e) Volverse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin eso, no es posible entrar en el Reino (Lc 9,46-48). ¡Coloca a los niños como profesores de adultos! Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.
f) Acoger y tocar. (El evangelio de hoy). Las madres con niños se acercan a Jesús para pedir la bendición. Los apóstoles reaccionan y los alejan. Jesús corrige a los adultos y acoge a las madres con los niños. Los toca y les da un abrazo. “¡Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15). Dentro de las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños, todos ellos vivían prácticamente, en un estado de impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Jesús no se incomoda.
g) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que acoge, cura y resucita: la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer Cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naim (Lc 7,14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público(Jo 4,50), el niño de los cinco panes y de los dos peces (Jn 6,9).
Domingo 19
Juan 6, 51-58
CAPÍTULO 6: EL FONDO
Estos versículos
constituyen el final del Discurso de Pan de Vida (vv. 22-58), dado en la
sinagoga en Capernaum (v. 59), el pueblo natal de Jesús, ya en su edad adulta
(Mateo 4:13). El discurso sigue las historias de alimentar los cinco mil
(vv. 1-15) y Jesús caminando sobre el agua (vv. 16-21).
El hecho de que Jesús
pronuncie este discurso en su pueblo natal resulta en que sus oyentes
encuentren sus palabras particularmente difícil de aceptar – palabras y
declaraciones provocativas que parecen exageradas. Los vecinos de Jesús
le piden una señal con la que se pueda verificar, y mencionan el regalo de maná
que Moisés dio en el desierto como ejemplo del tipo de señal que buscan (v.
31). Jesús les corrige – “No os dio (tiempo pasado) Moisés pan del cielo;
mas mi Padre os da (tiempo presente) el verdadero pan del cielo” (v. 32).
Después se identifica como el pan de vida (v. 35).
Sus oyentes protestan de
la aparente grandiosidad de Jesús. ¿Cómo puede este niño local, su
vecino, declarar que es el pan del cielo (v. 41)? ¿Cómo puede su Padre darles
el verdadero pan del cielo? Conocen a su padre, José (v. 42) – un carpintero
normal y corriente – no un panadero de pan celestial.
Jesús responde con
declaraciones aún más audaces. Los israelitas comieron maná en el
desierto, pero el maná solo les sustentó unos años – ya llevan muchos años
muertos. En contraste, Jesús declara: “soy el pan vivo que he descendido
del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo
daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51). ¡No es
sorprendente que estos oyentes tengan dificultad con sus palabras!
VERSÍCULOS 51-52: YO SOY EL PAN VIVO
51Yo soy el pan vivo que
he descendido del cielo: si alguno comiere (griego: phage) de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo daré es mi carne (griego: sarx), la cual
yo daré por la vida del mundo. 52Entonces los Judíos contendían entre sí,
diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne a comer?
“Yo soy el pan vivo que
he descendido del cielo” (v. 51a). Este “pan vivo” se paralela al “agua
viva” que Jesús ofreció a la mujer samaritana (4:10).
“Si alguno comiere
(griego: phage) de este pan, vivirá para siempre” (v. 51b). Phagees
el aoristo de esthio (comer), y representa una acción que ocurre una
vez. En este contexto, comer de este pan es una metáfora para aceptar a
Cristo una vez por siempre.
“Y el pan que yo daré es
mi carne (sarx), la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51c).
Jesús no retira la ofensa de sus palabras, sino que añade a ella al mencionar
su carne (sarx).
- Este lenguaje es de
sacrificio – el regalo de la carne es el más grande y personal de todos los
sacrificios que una persona puede hacer por otra. En esta situación,
Jesús lo hace por el mundo – no solo por Israel (véase también 3:16-17).
Su sacrificio es ambos voluntario y delegado.
- El lenguaje de
sacrificio recuerda a la referencia anterior de Juan Bautista, que se refirió a
Jesús como “¡el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (1:29) –
recordándonos al cordero de la Pascua, sacrificada para salvar las vidas de los
israelitas en Egipto (Éxodo 11-12), un sacrificio que Israel conmemora
anualmente.
- También recuerda al
Sirviente que Sufre de Isaías 53, que “llevó el pecado de muchos y oró por los
transgresores” (Isaías 53:13).
- “A menudo, en las
escrituras se refiere a la salvación de Dios en cuestión de comer y beber...,
esto no ocurre de manera más impresionante en ninguna otra parte que en Isaías
55, donde el descenso de la palabra de la boca de Dios parece lluvia y nieve,
regando la tierra y posibilitando su producción de pan (v. 10). Esto después
de la invitación que abre:
A todos los sedientos:
Venid a las aguas;
Venid a las aguas;
Y los que no tienen
dinero,
venid, comprad, y comed.
venid, comprad, y comed.
Venid, comprad, sin
dinero y
sin precio, vino y leche (Isaías 55:1)” (Smith, 159-160).
sin precio, vino y leche (Isaías 55:1)” (Smith, 159-160).
Sin embargo, “carne” es
una palabra provocativa, y suscita un espectro de canibalismo. Es
particularmente provocativa en una cultura que distingue tan precisamente entre
carne pura e impura y enfatiza la estricta observación de las leyes de
dieta. Para cualquier judío, la primera consideración al contemplar el
consumo de cualquier carne, sería si esa carne es permitida o prohibida.
Ningún judío observador pensaría consumir carne humana.
VERSÍCULO 53: SI NO COMIEREIS Y
BEBIEREIS
53Y Jesús les dijo: De
cierto, de cierto os digo: Si no comiereis (griego: phagete) la carne (griego: sarka
– de sarx) del Hijo del Hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis
vida en vosotros.
“De cierto, de cierto os
digo” (v. 53). Estas palabras enfatizan lo que sigue.
“Si no comiereis la
carne del Hijo del Hombre, y bebiereis su sangre” (v. 53). El título que
Jesús utiliza aquí para si mismo es Hijo del Hombre. “En un sentido es
simplemente un hombre, es decir, alguien hecho de carne y hueso; pero también es
él a quien Dios señaló (v. 27), el pan del cielo, el que desciende y asciende
‘a donde estaba primero’ (v. 62)” (Carson, 296).
El primer asunto
significante aquí es si las palabras de Jesús son de naturaleza eucarística
(refiriéndose a la Cena del Señor) o simplemente de encarnación o sacrifico
(refiriéndose a la encarnación y la cruz). La pregunta es
significante. ¿Enfatiza aquí Jesús participación en la eucaristía? Un
sermón basado en este texto, ¿debe enfatizar participación en la Cena del Señor?
Eruditos difieren en esta cuestión, y hacen surgir algunos puntos para
considerar – tres de ellos no favorecen el enfatizar participación en la
eucaristía:
- Primero, la palabra
“carne” (sarx) en versículo 51c es inusual. En todo relato de la
institución de la Cena del Señor (Mateo 26:26; Marcos 14:22; Lucas 22:19; 1
Corintios 11:24), la palabra es “cuerpo” (soma) – no “carne” (sarx).
Sin embargo, Raymond Brown cuestiona este argumento, anotando que “realmente no
hay una palabra hebrea o aramea para ‘cuerpo,’ como nosotros lo entendemos; y
muchos eruditos mantienen que en la Cena del Señor lo que Jesús dijo realmente
es el equivalente arameo para ‘Ésta es mi carne’” (Brown, 285).
- Segundo, la palabra
“carne” nos hace pensar en la Encarnación, no en la Cena del Señor – “Y aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros...” (1:14). Puede ser que
el énfasis de 6:51-58 está en la encarnación en vez de la eucaristía.
- Tercero, en versículo
47, Jesús estableció la creencia como condición para recibir vida eterna.
En versículo 53 su lenguaje cambia, y el comer su carne y beber su sangre se
convierten en condiciones para recibir vida eterna. Si interpretamos el
comer y beber como participación en la eucaristía, suena como si cualquier
persona que toma del pan y vino está garantizada la salvación sin tomar nada
más en cuenta, como la creencia o el bautizo. Basado en la lectura de
otros pasajes del Nuevo Testamento, resulta difícil creer que éste sería el
caso.
Sin embargo, otras
consideraciones favorecen una interpretación eucarística – sugiriendo que Jesús
está hablando, por lo menos en parte, de participar en la Cena del Señor:
- La mención de maná
(“pan del cielo”) por parte de la multitud como el tipo de señal que esperan
ver de Jesús (v. 31) constituye el fondo de 6:51. Jesús responde
identificándose como “el pan de vida” (v. 35) y “el pan vivo descendido del
cielo” (v. 51). Después dice, “y el pan que yo daré es mi carne, la cual
yo daré por la vida del mundo” (v. 51c). En este momento el lenguaje
parece hacerse eucarístico.
- El Evangelio de Juan
no incluye un relato de la institución de la Cena del Señor, pero en vez relata
solo la historia de lavar los pies (13:1-20). Algunos eruditos piensan de
6:51-58 como el equivalente johanino de la institución de la Cena del Señor.
- Al comenzar este
discurso del Pan de Vida, Juan establece que la Pascua se acerca (6:4).
Esto es significante porque el rito de la Pascua incluye el sacrificio y
consumo del cordero de Pascua. Antes en este Evangelio, Juan Bautista
proclamó que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
(1:29), y la Cena del Señor en los sinópticos es una comida de Pascua. El
contexto de la Pascua, entonces, le da a las palabras de Jesús un toque
definitivamente eucarístico.
Mi conclusión es que el
énfasis en la encarnación, el sacrificio, y la eucaristía están todos
entrelazados en 6:51-58, y que el énfasis pasa a favorecer la eucaristía en
versículo 51c. Si esto es correcto, es apropiado, quizá hasta importante,
que nos fijemos en la participación en la Cena del Señor al predicar de este
texto.
Un segundo tema
significante tiene que ver con la relación de la creencia y el comer y beber
como requisitos para recibir vida eterna. Jesús primero establece la
creencia como requisito (v. 40), y después establece el comer y beber como
requisito (v. 53). ¿Funcionan éstos independientemente? ¿Somos salvados
por nuestra creencia o por tomar parte en comer y beber – son los dos
requeridos? O’Day concluye que éstos también están entrelazados.
“Participación en la eucaristía y la decisión de fe se paralelan en el Cuarto
Evangelio, no solo uno u otro” (O’Day, 608).
También debemos anotar
dos cosas que pasaban al ser escrito este Evangelio. Estas cosas podían
haber influenciado a su autor a enfatizar el comer la carne y beber la sangre
de Jesús:
- Lo primero era la
influencia extendida por herejías docéticas y gnósticas, ambas consideraban que
la carne era malvada y negaban que Cristo podría tener un cuerpo físico. 6:53ff
enfatiza la naturaleza física de su cuerpo – quizá, en parte, para
contrarrestar estas herejías.
- Segundo, la
discriminación judía contra cristianos creyentes. A cristianos que
observaban la Cena del Señor probablemente se les prohibiría el asistir a la
sinagoga. Es posible que, al enfatizar la Cena del Señor como requisito
para la vida eterna, el autor pretende empujar a un lado a los que andan de
horcajadas. Tal participación es importante, no solo por su vida personal
religiosa, sino también por ser testigos visibles de su fe. Como dice
Pablo, “Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa,
la muerte del Señor anunciáis hasta que venga” (1 Corintios 11:26).
VERSÍCULOS 54-55: EL QUE COME Y BEBE
TIENE VIDA ETERNA
54El que come (griego: trogan)
mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día
postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera
bebida.
“El que come (trogan)
mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (v. 54a). Jesús pasa de la
palabra educada (phage – comer) a una palabra mucho más áspera (trogan)
– mascar – una palabra que se refiere más a animales mascando su comida. Trogan,
como sarx, es provocativo – diseñado para llamar la atención.
Jesús continuará utilizando la palabra trogan en el resto de su
discurso.
“La orden de ‘mascar’ es
literal, pero la carne que se come no lo es” (Howard-Brook, 165).
Como se ha anotado
previamente, judíos observadores encontrarían aborrecible una conversación de
comer carne humana. Levítico 17:10-14 también prohíbe el consumo de
sangre.
“Tiene vida eterna” (v.
54a). La promesa no es solo la vida eterna (disponible ahora –
escatología realizada) sino también la resurrección (disponible solo después –
escatología final) (Brown, 292).
La carne y sangre de
Jesús son la verdadera comida y bebida, que nos sustentan en lo más profundo de
nuestro ser, contrastado con maná, que solo alimentó el cuerpo.
En nuestra cultura, se
nos bombardea de anuncios de cosas tan diversas como pasta de dientes y coches
deportivos. Cada anuncio declara cumplir nuestras necesidades más
profundas. Tales declaraciones están huecas, y terminan por
desilusionarnos. Sin embargo, cuando creemos en Jesús y tomamos de su
carne y sangre, él nos refuerza y sustenta de una manera que nada más puede
hacerlo.
Por muy importante que
sea la eucaristía, es una de las maneras en las que experimentamos la presencia
de Dios. “El verdadero alimento y refresco de nuestra vida espiritual ha
de encontrarse... en todas las maneras que su gente se alimenta de él a través
de su fe – no solo en la Mesa Sagrada, sino también leyendo y oyendo la Palabra
de Dios, o en oración y meditación privada o comunitaria” (Bruce, 160).
“Y yo le resucitaré en
el día postrero” (v. 54b). “Es interesante la continua referencia a
Cristo suscitando al creyente el último día. Puede haber más de la vida
eterna que la vida en una edad venidera pero, definitivamente, la vida en esa
edad es prominente” (Morris, 336).
“Porque mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (v. 55). Antes en este
discurso, Jesús se dirigió a gente que había experimentado el alimentar de los
cinco mil, diciendo, “De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque
habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.
Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna
permanece, la cual el Hijo del hombre os dará” (vv. 24-25). El maná que
sus antepasados experimentaron en el desierto no era verdadera comida – no les
dio vida (v. 49). El pan que Jesús utilizó para alimentar las 5.000
personas en la cima de la montaña era algo menos que el pan verdadero, porque
satisfizo el hambre de la gente solo momentáneamente. En vez, la carne y
sangre de Jesús son verdadera comida porque “si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre” (v. 51) – y “tiene (tiempo presente) vida eterna” (v. 54).
VERSÍCULO 56: EL QUE COME Y BEBE
PERMANECE
56El que come (griego: trogon)
mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece (griego: menei – de meno),
y yo en él.
La promesa para los que
comen y beben es que residen en Jesús y Jesús en ellos. Este concepto de
“permanecer” o “residir” (meno) es importante en este Evangelio:
- Jesús les promete a
los discípulos que el Espíritu de la verdad permanecerá en ellos y será en
ellos (14:17).
- Él invita a los
discípulos, “Estad en mí, y yo en vosotros” – equiparando este sentido de
permanecer con la relación entre la viña y las ramas (15:4-7).
- Él dice, “Si
guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado
los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor” (15:10).
- En su Oración de Alto
Sacerdocio reza por sus discípulos, “que todos sean una cosa; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que
el mundo crea que tú me enviaste” (17:21). Mientras que la palabra meno
no se encuentra en esta oración, el concepto de una relación profunda sí lo
está.
Pablo expresa la misma
idea con palabras diferentes cuando habla de ser cristianos “en Cristo”
(Romanos 8:1; 1 Corintios 15:18; 2 Corintios 5:17, etcétera).
VERSÍCULO 57: EL QUE ME COME TAMBIÉN
VIVIRÁ POR MÍ
57Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come (griego: trogon),
él también vivirá por mí.
La frase “Dios
viviente,” es común en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero ésta es la
única ocurrencia de “Padre viviente.”
Jesús establece una
cadena de autoridad que da vida. El “Padre viviente” le ha mandado, y él
vive por el Padre. De manera parecida, la persona que le come (cree en
él, le acepta, participa en la eucaristía) vivirá. Como el Padre le dio
vida, así él nos da vida. “Solo Cristo tiene acceso directo al
Padre. Creyentes reciben vida solo por medio de Cristo” (Morris, 337).
VERSÍCULO 58: EL QUE COME DE ESTE
PAN, VIVIRÁ ETERNAMENTE
58Este es el pan que
descendió del cielo: no como vuestros padres (hoipateres – los padres – antepasados) comieron
el maná, y son muertos: el que come (griego: trogon) de este pan,
vivirá eternamente.
Como se anota arriba,
eran los oyentes de Jesús los que primero mencionaron el maná, refiriéndose a
él como “pan del cielo” dado por Moisés (v. 31). Jesús les
corrigió. No fue Moisés el que les dio pan, sino Dios. Maná no era
el verdadero pan del cielo, sino que solo era una clase (una premonición) del
verdadero pan del cielo. Jesús se identificó como el pan de vida (v. 35)
y el pan viviente (v. 51). Ya les ha recordado a sus oyentes que el
maná no podía ser el pan de vida, ya que sus padres, que lo comieron, murieron
en el desierto (v. 49), y de nuevo repite ese pensamiento aquí. La muerte
de sus antepasados fue una muerte física, pero “según una tardía tradición
judía, la generación en el desierto murió también espiritualmente y por eso no
tendría lugar en el mundo venidero” (Brown, 284).
Jesús promete vida
eterna (v. 54) – una calidad de vida espiritual que podemos empezar a disfrutar
ahora en vez de una continuación infinita de la vida física. En su
Oración de Alto Sacerdocio, Jesús define la vida eterna según la relación del
creyente con el Padre y el Hijo: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan
el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado” (v. 17:3).
LUNES 20
Mateo 19, 16-22=MARCOS 10, 17-22
VERSÍCULOS 17-22: MAESTRO, ¿Qué HARÉ PARA
POSEER LA VIDA ETERNA?
17Y saliendo él para ir
su camino (griego: hodon), vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de
él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 18Y Jesús
le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
19Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio:
No defraudes: Honra a tu padre y a tu madre.20El entonces respondiendo, le
dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. 21Entonces Jesús
mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y
da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu
cruz. 22Mas él, entristecido por esta palabra, se fue triste, porque
tenía muchas posesiones.
“Y saliendo él (Jesús)
para ir su camino” (griego: hodon – “el camino,” código para el viaje de Jesús a
Jerusalén) (v. 17a). Marcos utiliza hodon para recordarnos que
Jesús está “camino” a Jerusalén y a una cruz.
“vino uno corriendo, é
hincando la rodilla delante de él” (v. 17b). Pensamos de este hombre como el Joven y
Rico Regidor, pero Marcos solo le identifica como un hombre de muchas
posesiones, mencionándolas solo al final de este encuentro (v. 22). Mateo
dice que él es joven (19:20), y Lucas lo identifica como un regidor (18:18).
“Maestro bueno, ¿qué
haré para poseer la vida eterna?” (v. 17c). El premio que él busca, la vida eterna,
se menciona frecuentemente en el Evangelio de Juan. En los sinópticos,
además de esta historia (también encontrada en Mateo 19:16-30 y Lucas
18:18-30), la frase “vida eterna” solo aparece dos veces (Mateo 25:46; Lucas
10:25). La frase más común en los sinópticos es “el reino de Dios,” que
Jesús utiliza en versículos 24-25. Los discípulos utilizan la palabra
“salvado” en versículo 26 en vez de “vida eterna” o “reino de Dios.”
El hombre pregunta qué
debe hacer para heredar la vida eterna. Siendo un hombre rico,
comprende herencias. La ley detalla el tema de herencias (Números
27:8-11), pero un heredero puede arriesgar una herencia con su comportamiento
inadecuado. Seguro que este hombre ha tenido cuidado de mantener una
buena relación con su padre para poder recibir su herencia terrenal.
Ahora, quiere mantener una relación apropiada con Dios para heredar la vida
eterna. ¿Cuáles son los requisitos?
El Antiguo Testamento a menudo
utiliza la palabra “heredar” o “herencia” en relación a Dios y la gente de Dios
(Éxodo 32:13; Levítico 20:24; Números 26:53-55, etcétera), y los israelitas a
veces comprometían esa herencia con su comportamiento.
“¿qué haré...?” (v. 17c). El hombre
quiere saber qué ha de hacer para recibir vida eterna. “Fíjese en la
palabra ‘hacer’ en la pregunta de este joven. La palabra funciona como
eje sobre el que gira la enseñanza de Jesús… La vida eterna… no se puede ganar
‘haciendo.’… La vida espiritual no es cuestión de contabilidad” (Luccock,
801). Si la respuesta del hombre en versículo 20 es correcta, como bien
puede ser, él ya está actuando correctamente, pero por motivos
equivocados. “Su obediencia se basa en cálculos de su propio interés en
vez de en un amor único hacia Dios, dispuesto a dejar todo de lado” (Hooker,
242). Tiene menos interés en servirle a Dios que en averiguar como
conseguir que Dios le sirva a él.
Dios ha sido generoso
con este hombre, y el hombre pregunta como asegurar que su generosidad
continúe. Es rico en esta vida, y quiere extender su prosperidad hacia la
eternidad. Su respuesta en versículo 20 demuestra que sabe la respuesta
tradicional a su pregunta y que él ya está cumpliendo con los requisitos
tradicionales. Quizá esta ansioso de asegurarse que no ha fallado en algo
que no conoce. Quizá busca afirmación. Quizá solo busca una palmada
en la espalda que le diga, “¡Sigue con el buen trabajo!” En cualquier
caso, podemos estar seguros que él no espera un requisito nuevo y significante
por parte de Jesús.
“¿Por qué me dices
bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (v. 18). Nos
sorprende que Jesús reprenda al hombre llamándole, “Maestro bueno.” El
hombre vino corriendo – sintió urgencia de recibir consejo de Jesús – se
arrodilló al hacer su pregunta. Nada en su comportamiento sugiere que sea
deshonesto o que intente atrapar a Jesús. Versículo 21 nos dice que Jesús
le ama. Sin embargo, judíos consideran que Dios es bueno y evitan la
palabra “bueno” para hablar de gente, no sea que blasfemen. Seguro que
Jesús es bueno, pero ahora está dirigiendo a este hombre hacia la bondad de
Dios.
“Los mandamientos sabes” (v. 19). Nos
sorprende que Jesús una los mandamientos con la vida eterna. ¿No ha
concedido Jesús la dispensación de la gracia? ¿No gana la fe sobre obediencia
se la ley? Pero, Jesús cita cinco mandamientos de la segunda tabla del
Decálogo – y uno que no forma parte de los diez originales – todos tienen que
ver con relaciones humanas:
(ANOTE: Existen varios
sistemas de numeración de los Diez Mandamientos, por eso sus números pueden ser
diferentes).
- “No matarás”
(v. 19) es el sexto mandamiento (Éxodo 20:13).
- “No cometerás
adulterio” es el séptimo mandamiento (Éxodo 20:14).
- “No hurtarás”
es el octavo mandamiento (Éxodo 20:15).
- “No hablarás contra
tu prójimo falso testimonio” es el noveno mandamiento (Éxodo 20:16).
- “No defraudarás”
no es parte de los Diez Mandamientos. Jesús lo sustituye por “No
codiciarás” – el décimo mandamiento (Éxodo 20:17). Tiene sentido que lo
haga, porque un hombre rico está menos dispuesto a codiciar las posesiones de
otros que a defraudar a los demás en su búsqueda de riqueza.
- “Honra a tu padre y
a tu madre” es el quinto mandamiento – el mandamiento con una promesa – “porque
tus días se alarguen en la tierra que Yahaveh tu Dios te da” (Éxodo
20:12). Esto concuerda con la preocupación del hombre – la vida.
El hombre rico responde,
“Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad” (v. 20). Jesús
no reclama su respuesta. Seguramente, el hombre ha sido meticuloso y cree
que ha cumplido los mandamientos. Anote, sin embargo, que Jesús no
mencionó los siguientes mandamientos, así, el hombre no declara haberlos obedecido.
- El primer mandamiento
es “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3).
- El segundo es “No te
harás imagen” (Éxodo 20:4).
- El tercero es “No
tomarás el nombre de Yahaveh tu Dios en vano” (Éxodo 20:7).
- El cuarto es
“Acordarte has del día del reposo, para santificarlo” (Éxodo 20:7).
- El décimo es “No
codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su
siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”
(Éxodo 20:2-17). Como se anota arriba, Jesús puede querer decir “No
defraudarás” (v. 19), para sustituir “No codiciarás.”
Mandamientos uno a
cuatro tienen que ver con nuestra relación con Dios. El décimo
mandamiento, “No codiciarás,” al principio parece tener que ver con relaciones
humanas, pero considérelo de nuevo. Codiciar posesiones materiales es
invertir en ellas con gran importancia – dejar que llenen nuestros corazones –
dejar que lleven el espacio de Dios en nuestras vidas. En un sentido, una
violación del décimo mandamiento también es una violación del primer y segundo
mandamiento – hacer un dios de posesiones materiales.
Parece que, en versículo
19, Jesús solo incluyó mandamientos que este hombre rico encontraría
fácil. El hombre dice que los ha cumplido, y puede que sea así – pero los
mandamientos que tratan de relaciones con Dios representan un nivel más alto de
discipulado, uno que este hombre carece. Ahora, Jesús le dice qué debe
hacer para cumplir con el primer y segundo mandamiento.
“Entonces Jesús
mirándole, amóle” (v. 21ª). Esto nos dice dos cosas:
- Primero, el hombre no
vino a Jesús, como lo hicieron muchos hombres poderosos, buscando una raja en
su armadura. Preguntó porque quería aprender de Jesús, y anticipó que
haría lo que Jesús le dijera.
- Segundo, Jesús vio que
el corazón del hombre era puro y sintió verdadero afecto por él. No
podemos saber si Jesús sabía con antelación como reaccionaría el hombre.
Es muy posible que no lo supiera – que le estaba dando una verdadera
oportunidad para escoger el camino que lleva a la vida – esperando que el
hombre hiciera precisamente eso. Debemos recordar que Jesús “se vació a
si mismo” (griego: heautonekenosen – se anonadó – la NRSV dice “se
anonadó a sí mismo”) cuando vino a la tierra (Filipenses 2:7). Mientras
que demostraba una habilidad inusual para saber los corazones de la gente, no
existe motivo por creer que era omnisciente.
“Una cosa te falta: ve, vende
todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven,
sígueme, tomando tu cruz” (v. 21b). “Qué profundamente irónico es el reino de Dios. A los
niños en la historia anterior no se les dice que les falta algo, sino que el
reino de Dios es suyo; sin embargo, a este hombre que posee todo ¡aún le falta
algo! Solo cuando venda todo lo que tiene – solo cuando se convierta en un niño
vulnerable – poseerá todo” (Edwards, 312).
Ésta es una llamada
asombrosa al discipulado – particularmente en una cultura que consideraba
riqueza como un apoyo de Dios hacia la vida de la persona rica. Seguramente,
este hombre ha pasado por la vida creyendo que ha complacido a Dios y que sus
riquezas demuestran que Dios está complacido con él.
Esta llamada también es
asombrosa cuando la contrastamos con otras llamadas al discipulado en los
Evangelios. En la mayoría de los casos, Jesús llamaba a la gente
simplemente diciendo, “Sígueme.” No existe documentación de que Jesús les
pidió a los pescadores que vendieran sus barcos (1:17). Simón y Andrés se
quedaron con su casa en Capernaum (1:29). Marta y María eran dueñas de
una casa (Lucas 10:38). No hay mención de que Levi, el recaudador,
tuviera que rechazar sus mal ganadas ganancias (2:14), aunque parece probable
que lo hubiera hecho. “Ricos como Lidia (Hechos 16:14), Febe (Romanos
16:1-2), Priscila y Aquila (Romanos 16:3-5), y Gayo (Romanos 16:23) hicieron un
papel importante en esparcir del Evangelio” (Hare, 126).
Entonces, ¿Por qué Jesús
demanda tal sacrificio de este hombre? Existen por lo menos dos
posibilidades:
- Como revela esta
historia, la riqueza de este hombre es muy importante para él – aún más
importante que la vida eterna – a no ser que piense que puede tener vida eterna
sin vender su propiedad. La seguridad que recibimos de posesiones
materiales nos tienta a confiar más en ellas que en Dios. “El hombre rico
llegó a preocuparse tanto por sus bienes materiales que éstos se convirtieron
en algo demasiado importante, distrayéndole de reconocer el regalo divino que
es el reino de Dios, que a menudo es mejor apreciado por los pobres” (Donahue y
Harrington, 307).
- Anote también que esta
historia aparece inmediatamente después de la historia de los niños en la que
Jesús dijo, “De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como
un niño, no entrará en él” (10:15). El hombre rico difiere bastante
diferente de esos niños. Eran pobres, pero él es rico. Dependían de
otros, pero él no. Ellos no tenían estatus ni poder, pero él tiene
ambos. Ellos no tenían seguridad aparte de los que les cuidaban, pero el
rico tiene bastante seguridad por si mismo. Quizá Jesús simplemente está
requiriendo que el hombre se convierta en niño ante Dios – que deje esas cosas
que le proveen seguridad para que pueda encontrar su seguridad en Dios.
Es posible, entonces,
que Jesús ajustara el requisito de vender todo específicamente para este hombre
– para cumplir con sus necesidades espirituales. No debemos, sin embargo,
imaginar que Jesús no pedirá algo igual de duro de nosotros. “El hecho
que Jesús no mandó a todos sus seguidores que vendieran sus posesiones
reconforta solo a la persona que recibiría esa orden” (R.H. Gundry, Matthew,
388, citado en France, 400).
Kenneth Bailey,
comentando sobre el pasaje paralelo en Lucas 18, contrasta la “antigua
obediencia” mandada por los Diez Mandamientos con la “nueva obediencia” que
Jesús requiere: “En la antigua obediencia se les decía a los fieles que no
robaran la propiedad de otros. En la nueva obediencia, es posible uno
tenga que dejar atrás su propiedad. En la antigua obediencia se decía que
uno dejase sola a la mujer de su vecino. En la nueva obediencia se
puede esperar que el discípulo deje sola a su propia mujer. En
la antigua obediencia se les decía a los fieles que honraran a su padre y
madre, lo que significaba (y aún significa), claro está, quedarse en casa con
ellos y cuidarles hasta su muerte y entonces enterrarles respetuosamente.
En la nueva obediencia el discípulo puede tener que dejarles a ellos
para responder a una lealtad más alta. Es casi imposible comunicar lo que
significa todo esto para la cultura del Medio Oriente. Las dos lealtades
más altas, prácticamente requeridas de cualquier persona – consideradas aún más
importantes que la vida misma, son familia y aldea. Cuando
Jesús pone ambas de éstas en una lista, y después demanda una lealtad
que las sobrepasa las dos, está requiriendo algo verdaderamente imposible para
una persona del Medio Oriente, según las presiones de su cultura. Puede
cumplir con los diez mandamientos, pero esto es demasiado. Solo con Dios
son posibles tales cosas” (Bailey, ThroughPeasantEyes, 169).
“Mas él, entristecido
por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (v. 22). El
hombre quedó asombrado al oír el precio que Jesús le ponía a la vida
eterna. Nosotros también debemos asombrarnos al oír esta historia.
La única gracia barata es para niños que no tienen nada que dar
(10:13-16). El resto de nosotros debe esperar que Jesús nos haga demandas
dolorosas.
MARTES 21
MATEO 19, 23-30=MARCOS 10, 27-31
VERSÍCULOS 23-27: TODAS LAS COSAS SON
POSIBLES PARA DIOS
23Entonces Jesús,
mirando alrededor, dice a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el
Reino de Dios los que tienen riquezas! 24Y los discípulos se espantaron de sus
palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió a decir: ¡Hijos, cuán difícil es
entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! 25Más fácil es
pasar un camello (kamelon) por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de
Dios. 26Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá
salvarse? 27Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas
para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.
“¡Cuán difícilmente
entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23b). Jesús
declara esto (versículo 23) y después lo repite (versículo 24), dejando
perplejos a los discípulos (v. 23). Han aprendido que la riqueza es señal
de aprobación de Dios, entonces, ¿cómo puede ser difícil que un hombre rico entre
en el reino de Dios? Como hace a menudo, Jesús le da la vuelta al
pensamiento religioso convencional – pone todo al revés. Con razón los
discípulos están perplejos.
“Más fácil es pasar un
camello (kamelon) por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino
de Dios” (v. 25). A veces, gente trata de suavizar las palabras de
Jesús acerca el ojo de una aguja sugiriendo que:
- La palabra traducida
como camello realmente debe ser traducida como cuerda (griego: kamilon).
Las palabras griegas son similares, y es más fácil imaginarnos una cuerda
pasando por el ojo de una aguja que un camello pasando por ella. Sin
embargo, el apoyo textual para esto es muy débil.
- El “ojo de la aguja”
era una puerta baja en una pared de la ciudad que requería que un camello fuera
descargado antes de pasar de rodillas por la abertura. Sin embargo, no
existe ninguna indicación de que tal puerta existiera en la época de Jesús.
Jesús utiliza una
hipérbole, lenguaje exagerado, para explicarse. Habla del animal más
grande, negociándose una pequeña abertura para dar una ilustración memorable
que describe la imposibilidad de una persona rica entrando en el reino de
Dios. “Tratar de domesticar este lenguaje no le hace a Jesús ningún
favor” (Williamson, 184). En vez de tomar la imagen literalmente,
tomémosla en serio. Es una palabra de juicio, no solo para ese hombre
rico, sino para todos nosotros que tenemos muchas posesiones.
Los discípulos hacen la
obvia pregunta, “¿Y quién podrá salvarse?” (v. 26). Si este hombre
decente, que teme a Dios, que obedece la ley, a quien Dios ha bendecido con
riquezas, si él no puede ser salvado, ¿quién podrá serlo?
Escuche con cuidado la
respuesta: “Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas
las cosas son posibles para Dios” (v. 27). “Este versículo es
probablemente la clave para comprender el pasaje entero. Heredar la vida
eterna, entrar en el reino, y ser salvado son imposibles para cualquier ser
humano, pero no para Dios, que es bueno y desea la salvación de todos.
Por lo tanto, todos han de depender únicamente de Dios. Esta confianza
absoluta en Dios hace posible una vida de fiel discipulado” (Brooks, 165).
Aparte de su gracia,
este hombre decente que teme a Dios y que obedece la ley no tiene
esperanza. Solo por la gracia de Dios existe la posibilidad de que pueda
entrar en el reino de Dios. Lo mismo es verdad para todos nosotros.
El reto es que aceptemos nuestro estatus como niños pequeños ante Dios, sin
dinero ni esperanza, excepto por la gracia de Dios. Ni perfecta
asistencia a la iglesia – ni servicio en altos puestos eclesiásticos – ni
ordenación – ni diezmos – nada que podamos hacer nos puede salvar sin la gracia
de Dios.
Este pasaje también nos
avisa del carácter seductivo de la riqueza. Podemos imaginarnos que no
estamos en ningún peligro porque somos pobres o de clase media. Sin
embargo, la mayoría de nosotros somos ricos en comparación con los estándares
del resto del mundo. Aquéllos que se han mudado en el último año se darán
cuenta más que todos de exactamente cuantas posesiones tienen de verdad.
También es verdad que no
tenemos que ser ricos para que nuestra alma y corazón se consuman con
pensamientos de dinero. Todos estamos en peligro de amar al dinero más
que a Dios.
VERSÍCULOS 28-31: HEMOS DEJADO TODAS LAS
COSAS Y TE HEMOS SEGUIDO
28Entonces Pedro comenzó
a decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos
seguido. 29Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay
ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó
mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, 30Que no reciba
cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é
hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida
eterna. 31Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.
“He aquí, nosotros hemos
dejado todas las cosas, y te hemos seguido” (v. 28). Pedro y los discípulos ya han cumplido
con lo que Jesús ha mandado hacer a este hombre. Han sacrificado todo
para seguirle. La pregunta implícita de Pedro es, “¿Recibiremos alguna
recompensa?”
“De cierto os digo, que
no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre,
ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, 30Que no reciba
cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é
hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (vv. 29-30).
Jesús deja claro que los que se sacrifiquen por su bien serán recompensados
ahora y en eternidad.
Esperaríamos que Jesús
nos premiara por sacrificar cosas malas (adicciones, malas costumbres) y cosas
seductivas (fama y fortuna), pero todas las cosas que menciona en versículo 29
son bastante positivas. Aún es posible dejar que lo bueno se interponga
entre nosotros y Cristo.
La lista de bendiciones
en versículo 30 se paralela a la lista de sacrificios en versículo 29 con una
excepción – la palabra “padre” está claramente ausente en versículo 30.
El cristiano que deja casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o
heredades gana acceso a muchas casas, hermanos, hermanos cristianos, etcétera –
pero no hay necesidad de muchos padres, porque Dios es el Padre que
necesitamos.
Jesús dice que
recibiremos recompensa por nuestra fe aquí y ahora. Por ejemplo: En la
temprana historia de nuestra nación, las creencias religiosas de los cuáqueros
les impulsaba a ser honestos, trabajadores, y leales. Por eso, a la gente
le gustaba hacer negocio con ellos. Sus creencias religiosas también les
impulsaban a vivir modestamente aun cuando prosperaban. Viviendo bajo sus
medios, se hicieron bastante ricos.
MIÉRCOLES 22
MATEO 20, 1-16
CAPÍTULOS 19-20: EL CONTEXTO
La segunda mitad del
capítulo 19 provee el contexto necesario para entender la primera mitad del
capítulo 20. Ambos pasajes enfatizan que las reglas con las que el reino de los
cielos opera son muy diferentes de las de este mundo. Ambas tienen que ver con la
recompensa para el discipulado que se sacrifica.
En 19:16-22, un joven
rico viene a Jesús preguntando “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la
vida eterna?” Cuando Jesús le dice que venda sus posesiones y las dé a los
pobres, ese hombre se aleja tristemente porque tenía muchas posesiones.
Pedro, que estaba
observando este intercambio, hace notar que los discípulos ya han abandonado
todo y han seguido a Jesús. ¿Cuál será su recompensa? La respuesta de Jesús es
bastante generosa: los Doce se sentarán en doce tronos y juzgarán a las doce
tribus de Israel. Pero la recompensa no estará limitada a los Doce. “Y
cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer,
ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la
vida eterna.” Esto no disminuye la recompensa para los Doce, pero sí la
extiende a otras personas que la merecen. Debió sorprender a los Doce escuchar
que muchos otros también compartirían esa recompensa.
Jesús dice “Mas muchos
primeros serán postreros, y postreros primeros” (19:30) y después relata la
parábola de los obreros de la viña. Su conclusión en esta parábola es “Así los
primeros serán postreros, y los postreros primeros” (20:16), poniendo en medio
la parábola con esta paradoja que explica su significado.
Esto no es lo último que
escucharemos sobre la ambición de los discípulos. Poco después de la parábola
de los obreros de la viña, la madre de Jacobo y Juan llega a Jesús para pedirle
un lugar especial para sus hijos en el reino, una petición que Jesús dice que
no es suya conceder (20:20-23).
Y, por supuesto, la
petición de Jacobo y Juan no fue el fin de la ambición eclesiástica. ¿Existe un
pastor o pastora cuyo corazón no lata fuerte por tener un nombramiento a una
iglesia más grande o una promoción en una posición eclesiástica? ¿Cuántos
laicos no aspiran a ser conocidos como presidentes o presidentas o como alguien
importante dentro de la congregación, para controlar la política y la práctica
de la congregación, o para tener su nombre en una placa sobre una puerta, o
simplemente para escoger el color de la alfombra? El dinero, poder y posición
siguen siendo el nombre del juego en muchos corazones cristianos.
Jesús invierte
completamente esas ambiciones. Después de leer la parábola, ya no nos atrevemos
a ver hacia abajo a quienes no tienen un título eclesiástico, o a aquellos que
más recientemente se han acercado a Cristo, o a aquellos con un entendimiento
menos refinado, o a aquellos cuyas denominaciones son menos influyentes, o a
aquellos cuyas congregaciones son pequeñas, o a aquellos cuya música es menos
inspiradora, o aquellos que dan menos dinero. ¿Hemos alcanzado una posición
alta o logrado mucho por Cristo? ¿Tenemos una buena razón para sentirnos un
poco orgullosos? Jesús nos advierte: “Los primeros serán postreros, y los
postreros primeros.”
VERSÍCULOS 1-16: LA PARÁBOLA DE LOS
OBREROS DE LA VIÑA
Esta parábola “sirve
como corrección al concepto de recompensas que gobierna a los versículos
precedentes. La parábola es ofensiva para nosotros porque desafía nuestro
sentido de justicia” (Hare, 231). “En una vívida y abrasiva historia, se
describe la radical y ofensiva naturaleza de la gracia, dejando al lector
inevitablemente con la pregunta de ¿Fue el dueño realmente justo? ¿Acaso los
obreros que habían trabajado todo el día no tenían una queja legítima?”
(Brueggemann, et. al., 494).
Esta parábola es similar
a la parábola del hijo pródigo y su hermano mayor (Lucas 15). En ambas
parábolas, se muestra la gracia que se le da a la persona que menos la merece y
ofende a quienes piensan que ellos sí la merecen. Sin embargo, el hijo pródigo
es tan atrayente que nos roba el corazón. Cuando leemos esa parábola nos
alegramos de la misericordia que se le mostró al pródigo que regresaba y nos
ofende el enojo del hermano mayor.
No es así con la
parábola de los obreros. Compartimos el enojo de los trabajadores que
estuvieron laborando todo el día. “La gracia divina es un gran igualador que
arrebata privilegios y pone a los recipientes a la par” (Brueggemann, 495). ¡No
queremos estar a la par! ¡Queremos estar arriba! No queremos la misericordia
(que Dios nos da gratuitamente), sino que queremos justicia (lo que nos hemos
ganado) y ADEMÁS la misericordia. Si Dios distribuye la misericordia a todos
por igual, nosotros que trabajamos todo el día iremos adelante de aquellos que
llegaron al final. Nosotros recibiremos lo que nos hemos ganado además de un
generoso bono. La ironía, por supuesto, es que lo poquito que hemos ganado no tiene
ninguna consecuencia cuando lo comparamos al bono de la gracia de
Dios.
VERSÍCULOS 1-8: PORQUE EL REINO DE LOS
CIELOS ES SEMEJANTE A…
1Porque el reino de los
cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a
ajustar obreros para su viña. 2Y habiéndose concertado con los obreros en
un denario al día, los envió a su viña. 3Y saliendo cerca de la hora de
las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos; 4Y les dijo: Id también
vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. 5Salió
otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo. 6Y saliendo
cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué
estáis aquí todo el día ociosos? 7Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado.
Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que fuere justo.
8Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama
a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los
primeros.
Esta parábola comienza
magníficamente bien. El dueño de una viña sale temprano en la mañana para
contratar obreros que trabajen para él. Aunque tiene un mayordomo (v. 8), va
personalmente a la plaza. Contrata a quienes están disponibles para trabajar
después de asegurar un acuerdo sobre una paga justa, y ellos se van a trabajar.
Durante el transcurso
del día hace cuatro viajes adicionales a la plaza para contratar obreros. Hace
su segundo viaje alrededor de las nueve (griego = peri tritenhoran, la
tercera hora). El día judío comenzaba al amanecer y se dividía en doce horas,
el largo de las horas variaba de acuerdo con la estación del año. La tercera
hora corresponde a las 9:00 a.m. de nuestro tiempo, aunque la medición del
tiempo era imprecisa. Hace viajes adicionales a la sexta y novena hora (medio
día y 3:00 p.m.), y hace su último viaje a la hora undécima (5:00 p.m.).
La atención del señor de
la viña no parece estar concentrada en la urgencia de la cosecha, sino en la
necesidad de los trabajadores. En su viaje final, les pregunta a los
trabajadores “¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?” Cuando le contestan
que nadie los ha contratado, entonces los manda a su viña. Algunos eruditos
sugieren que está tratando de acelerar la cosecha para prevenir el despojo,
pero no hay ninguna indicación de esto en el pasaje.
Estos trabajadores son
bastante vulnerables. El salario diario de un trabajador apenas pone pan en la
mesa para la familia, así que un día sin empleo se traduce en una verdadera
dificultad. Tal vez el señor de la viña interviene porque, desde su
perspectiva, ve a los niños que no tendrían nada para comer si su padre no
encuentra empleo.
Presumiblemente, los
trabajadores más motivados van a la plaza temprano para encontrar empleo.
Aquellos que llegan más tarde probablemente no comparten el entusiasmo por el
trabajo de los tempraneros. La mayoría de los contratistas no se preocuparían
con los que llegan tarde a menos que estuvieran desesperados. Este señor, sin
embargo, contrata a todos los que ve. El momento en que los contrata es un
momento lleno de gracia.
Quienes fueron
contratados en la mañana tienen un contrato claro. Se les pagará un denario, el
salario normal por un día de trabajo. A quienes fueron contratados a las nueve,
doce del día, y tres de la tarde, el dueño les promete pagar solamente lo que
es justo. Para quienes fueron contratados a las cinco de la tarde, no se
menciona nada sobre el dinero.
La Torá (Levítico 19:13
y Deuteronomio 24:15) requiere que al trabajador se le pague al final del día.
VERSÍCULOS 9-12: LOS PRIMEROS PENSARON
QUE HABÍAN DE RECIBIR MÁS
9Y viniendo los que
habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10Y
viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también
ellos recibieron cada uno un denario. 11Y tomándolo, murmuraban contra el
padre de la familia, 12
Diciendo: Estos
postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que
hemos llevado la carga y el calor del día.
La sorpresa viene al
final del día. El dueño de la viña instruye al mayordomo que les pague primero
a los que llegaron al último, y así se hace. Notemos la correspondencia de esta
acción con la declaración sobre los primeros/últimos y los últimos/primeros de
19:30 y 20:16. Aquellos que fueron contratados a las cinco de la tarde se les
da un denario – el salario completo de un día — aunque solamente trabajaron una
hora. Los que habían trabajado todo el día no se quejan. Lo que perciben es
generosidad, y apenas pueden esperar a ver cuál será su salario.
Sin embargo, cuando su
tiempo llega, los que habían trabajado todo el día reciben un denario, el
salario de un día, de acuerdo a como se les había contratado. Es en ese momento
que se quejan. Su queja no es que ellos debían recibir más dinero, sino que el dueño
ha igualado a los que llegaron casi al final del día con ellos. Ellos
compitieron duro en un mundo competitivo, y al final esperaban estar
adelante de aquellos que no lo habían hecho. Se levantaron temprano y
trabajaron bajo el calor del día, y se enojan cuando se les pone a la misma
altura con los despreciables que llegaron a las cinco de la tarde. Como lo pone
mi hijo, “¡No es JUSTO!” ¡Nosotros lo acordamos!
“La parábola hace enojar
porque funciona para desafiar e invertir los valores convencionales, incluyendo
el sentido de justicia y equidad entre el liderazgo religioso de Mateo, y esta
es una razón por la que Mateo elige preservarla e incluirla aquí” (Boring,
393). La elite religiosa (incluyendo a Pedro y los Doce, ver 19:27) necesita
entender que los discípulos ordinarios recibirán una medida completa de gracia.
También necesitan entenderse a sí mismos como recipientes de la gracia. “Se
espera que el ser humano se dé a sí mismo sin reservas a la voluntad de Dios, y
Dios de su parte prodiga gracia al ser humano a un grado que no se puede ganar”
(Johnson, 493). Pero “¡qué difícil es que la doctrina del mérito muera! ¡Qué
orgullosos nos sentimos de nuestras ‘obras’! ¡Qué poco amamos al pecador!”
(Buttrick, 493).
Pero tal vez la historia
de Jesús es más justa de lo que a primera vista parece. “¿En verdad es un gran
golpe ser contratado ya avanzado el día que temprano por la mañana habiendo
pasado la mayor parte del día, o de la vida, esperando infructuosamente?
Incluso, qué es realmente peor, ¿laborar soportando el calor del día, o bajo un
abrasador viento… que ver desvanecerse la esperanza de tener un alimento a cada
momento en que el sol desciende en el horizonte?” (Shuster, 114). Si han pasado
algunos días en una oficina para desempleados o en un lugar para conseguir
empleo esperando que se diga su nombre, entonces ustedes saben cómo mata a esto
el espíritu. ¡Es mejor estar sudando bajo el sol, pero con empleo!
¿Es mejor vivir la
mayoría de la vida sin Cristo – sin fe, sin oración, sin esperanza — y
solamente pagar el costo del discipulado en los últimos días de la vida? ¿Acaso
aquellos que han encontrado a Cristo cuando están a punto de morir han logrado
un mejor “trato”? Decir que sí a estas preguntas, entonces quiere decir que
realmente no valoramos nuestra relación con Cristo, o que solamente la
valoramos por la olla de oro que vamos a encontrar al final del arco iris más
que por la misma relación. Tal discipulado sería como valorar una obra de arte
solamente por lo que cuesta ¡y de esta manera se pierde todo el propósito!
Una parte del problema
para aceptar la gracia en esta parábola surge de nuestra experiencia en un
mundo donde prevalece la escasez. Algunos argumentan que no habría tal escasez,
si tan solo distribuyéramos los bienes de manera igual, de esa manera habría suficiente
para todos. Eso puede ser cierto, dependiendo de cómo definimos suficiente. Si
los bienes fueran distribuidos de manera igualitaria, probablemente todos
tendríamos lo que verdaderamente necesitamos, pero de seguro no todo lo que
quisiéramos. Sería posible satisfacer el hambre de todos, pero no sus anhelos.
En algún punto, la vida es un juego de marcadores a cero. Ni tú ni yo podemos
poseer el mismo pedazo de tierra. O es tuyo o es mío. Para que yo lo tenga, tú
debes renunciar a él. Acostumbrados a vivir con la realidad de la escasez, es
difícil para nosotros (1) regocijarnos por la buena fortuna de nuestro prójimo,
y (2) pasar de la manera-de-pensar-de-este-mundo, a la
forma-de-pensar-del-reino.
Casi antes del inicio
del pasaje bíblico del Evangelio de hoy, Jesús dijo “Y cualquiera que dejare
casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras,
por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna.” La
recompensa final de un discipulado fiel es la vida eterna, de eso no hay
escasez. El reino de los cielos no es un juego a ceros. Cuando Jesús
ofrece la vida eterna a los que menos la merecen, no toma nada de lo que les
pertenece a aquellos que más la merecen. En el reino de Dios, todos podemos
tener “una mansión más allá del sol” como el viejo himno dice. No hay necesidad
de una competencia espiritual, porque nuestra recompensa ya es tan buena como
puede ser. Esa es una lección muy dura de aprender para la gente competitiva.
VERSÍCULOS 13-15: ¿ES MALO TU OJO, PORQUE
YO SOY BUENO?
13Y él respondiendo,
dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿No te concertaste
conmigo por un
denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar a este postrero,
como ati. 15¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es
malo tu ojo, porque yo soy bueno?
La respuesta del dueño a
los que habían trabajado todo el día es que no les ha hecho ningún mal, sino
que les ha pagado lo acordado. Entonces pregunta, “¿No me es lícito a mí hacer
lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?” (griego: hoophthalmossou
poneros estinhoti ego agathoseimi, ¿es tu ojo malo porque soy bueno?).
Estas dos preguntas van dirigidas al corazón de la parábola.
La respuesta, por
supuesto, es que quienes habían trabajado todo el día tenían envidia.
Ellos habían pagado el precio de “madrugar” – se levantaron al despuntar el día
y trabajaron bajo el calor del sol — pero ahora el dueño de la viña los hace a
todos iguales. Irónicamente, los que habían llegado más tarde sacan la mayor
ventaja, porque reciben el pago completo de un día por una hora de trabajo; en
ese sentido, ellos son los que se “madrugan”. Si los trabajadores que llegaron
desde temprano hubieran conocido las reglas desde el principio del día,
hubieran esperado hasta las cinco de la tarde para ir a la plaza; pero nadie
les explicó que las reglas serían diferentes ese día. ¡No es JUSTO! Esa es la
queja de Jonás, y del hermano mayor del pródigo, y de los fariseos, y de
nosotros.
Los obreros que habían
trabajado todo el día negociaron su salario. Nosotros también negociamos con
Dios –le explicamos lo que queremos— para sacar un buen “trato” de ahí. Si no
creen esto, simplemente examinen cuidadosamente el contenido de sus oraciones.
Al especificar los detalles, esperamos asegurar que Dios no fallará para
satisfacer nuestras necesidades. Sin embargo, “en nuestras pequeñas mentes
hacemos un corto circuito en la gracia de Dios, para poder obtener lo que hemos
puesto en el ‘trato’. Vivimos intentando sacar ‘tratos’ a Dios que son recompensas
por los méritos obtenidos,… y en los tratos… torcemos la riqueza de la gracia
de Dios” (Soards, ver también Romanos 4:4-5).
“Sencillamente, de
repente vemos la pobreza de estos obreros que llegaron temprano. Todos en la
parábola son atendidos con la riqueza del reino… [Pero] esos obreros
madrugadores se paran, bañados en la misericordia de Dios, un océano de paz
escurriendo por sus rostros, enarbolando sus pequeños contratos y quejándose de
que merecen más lluvia” (Long, 226). Si miramos cuidadosamente, tal vez podamos
ver nuestro propio rostro entre esa pequeña multitud infeliz.
VERSÍCULO 16: LOS PRIMEROS SERÁN
ÚLTIMOS
16Así los primeros serán
postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, máspocos
escogidos.
Jesús termina la
parábola tal como la comenzó (19:30), diciéndonos lo que la parábola realmente
significa: los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
Esta es la Gran Inversión. “Los últimos se convierten en primeros por la
gracia; los primeros se convierten en los últimos por su ambición” (Bruner,
726).
“y heredades, con
persecuciones” (v. 30). Jesús intercala con una palabra sorprendente aquí –
persecuciones. Cristianos no siempre pueden estar completamente cómodos
en este mundo, ya que el Evangelio que predicamos va contracorriente a los
valores de este mundo. La iglesia de Marcos experimentó persecución, y
aún hoy cristianos son perseguidos alrededor del mundo. A diario
cristianos son martirizados, a veces en grandes cifras. No debemos asumir
que quedaremos exentos de persecución.
Jesús concluye
confirmándole a Pedro que “muchos primeros serán postreros, y postreros
primeros” (v. 31). En el reino de Dios, la persona que ama a Dios será
primera, y la persona que ama el dinero será la última. La persona que
cuida un vecino enfermo será primera, y la persona que cuida Numero Uno será la
última. Lo que vemos no es lo que debemos esperar recibir una vez que
tome lugar la Gran Reversa de Dios.
JUEVES 23
MATEO 19, 3-12=LEER VIERNES 17
VIERNES 24
JUAN 1, 45-51
VERSÍCULOS 43-45: HEMOS HALLADO A AQUEL DE
QUIEN ESCRIBIÓ MOISÉS
43El siguiente día quiso (griego = ethelesen,
decidió o quiso) Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe, al cual dijo:
Sígueme. 44Y era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
45Felipe halló aNatanael, y dícele: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés
en la ley, y los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazarea.
Jesús encuentra a
Felipe, que es de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Esto parece
contradecir a Marcos 1:29, que dice que Jesús entró en la casa de Simón y
Andrés en Capernaúm. Existen varios intentos para tratar de armonizar estos
pasajes, ninguno de ellos verdaderamente convincentes.
Betsaida está en la
orilla norte del mar de Galilea, cerca de Decápolis, la región de las diez
ciudades griegas que están al este del río Jordán. Esto puede explicar los
nombres griegos de Felipe y Andrés. Más tarde, cuando un grupo de griegos
quiere ver a Jesús, le pedirán a Felipe y Andrés que los introduzca (12:20-22).
De la misma manera en
que Andrés le dio testimonio a Pedro (vv. 41-42), Felipe le da testimonio a
Natanael (v. 45). Le dice “Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la
ley, y los profetas” (v. 45). La verdad, sin embargo, es que Jesús encontró a
Felipe más bien que al revés (v. 43). Es claro que solamente tenemos parte de
la historia. Algo se transmitía que convenció a Felipe de que Jesús era el que
describían Moisés y los profetas.
Felipe entonces
identifica a Jesús como “el hijo de José, de Nazarea” (v. 45). Parece algo
anti-climático identificar primero a Jesús como el cumplimiento de la Escritura
y después mencionar a José de Nazarea. El contexto deja claro que Jesús es
nominalmente el hijo de José. La gran verdad es que es el Hijo de Dios (1:14,
18).
Sabemos poco sobre
Natanael. Solamente aparece aquí y en Juan 21:2, donde se nos dice que es de
Caná. Su nombre no aparece en los evangelios sinópticos, o en las listas de los
apóstoles. Algunos han sugerido que Natanael es otro nombre para Bartolomé,
principalmente porque el nombre de Bartolomé sigue al de Felipe en las listas
de los apóstoles (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14). Esa explicación, sin
embargo, no es necesaria a menos que insistamos en hacer de Natanael un
apóstol.
El testimonio sobre
Jesús que comenzó con Juan el Bautista continúa con Andrés y Felipe. El
testimonio de Juan creó una pequeña ola que se hizo más grande con cada
sucesivo discípulo. El testimonio de Juan trajo dos discípulos, uno fue Andrés.
El testimonio de Andrés trajo a Pedro. El testimonio de Felipe a Natanael. El
resultado no es una gran marejada de fe, sino una serie de pequeñas olas que el
mundo ignorará. Las pequeñas olas, sin embargo, estaban fortalecidas por el
Espíritu Santo, y a través del tiempo llegaron a todas partes del mundo.
VERSÍCULOS 46: ¿DE NAZAREA PUEDE HABER
ALGO BUENO?
46Y díjoleNatanael: ¿De
Nazarea puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.
El comentario de
Natanael probablemente refleja una rivalidad entre pequeños pueblos. Caná y
Nazarea solamente están separados por unos cuantos kilómetros, y los jóvenes
están poco dispuestos a pensar bien de otros, especialmente si son los jóvenes
de un pueblo rival. El comentario de Natanael “también provee el primero de los
cumplimientos del evangelio (1:10-11, ‘y los suyos no le recibieron’)”
(Brueggemann, 112).
Aquí tenemos una ironía.
Por un lado, Jesús es de Nazarea, “pero la historia Juanina insiste en que el
creyente vea más allá de los orígenes históricos” (Moloney, 55). Jesús sólo es
accidentalmente de Nazarea, más esencialmente es de Dios (1:1-2, 14).
Felipe no discute con
Natanael, sino que le responde con una invitación: “Ven y ve”. Hay que aprender
de Felipe. “No mucha gente ha entrado al cristianismo discutiendo… La única
manera de convencer a alguien de la supremacía de Cristo es enfrentarlo con
Cristo mismo” (Barclay, 76). Argumentos ontológicos y cosmológicos nunca tienen
tanto efecto como nuestro testimonio personal y nuestra invitación para “Venir
y ver”.
VERSÍCULOS 47-49: RABÍ, TÚ ERES EL HIJO DE
DIOS
47Jesús vio venir a sí aNatanael,
y dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.
48Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que
Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi. 49Respondió
Natanael, y díjole: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
A diferencia de algunos
en este evangelio que claman ver pero que en realidad están ciegos (9:40-41),
Natanael acepta la invitación de ver a Jesús. Al igual que Jesús tomó la
iniciativa para encontrar a Felipe (v. 43), así él toma la iniciativa aquí cuando
ve a Natanael acercarse y le dice “He aquí un verdadero Israelita, en el cual
no hay engaño”. Una vez más, no es el discípulo quien encuentra a Jesús,
sino Jesús quien encuentra al discípulo.
No sabemos qué es lo que
motiva el comentario de Jesús sobre Natanael, pero obviamente él sabe más sobre
Natanael de lo que se esperaba que supiera. “En el cuarto evangelio, Jesús
frecuentemente sabe cosas todavía no conocidas por otros (por ejemplo, ver
2:24; 6:6), cosas que normalmente son inaccesibles para los seres humanos. Esta
situación particular tiene un paralelo en la historia de la mujer samaritana,
que se da cuenta de que Jesús misteriosamente sabe su historia marital”
(Brueggemann, 113).
“He aquí un verdadero
Israelita, en el cual no hay engaño”. Los estudiosos han propuesto varias
interpretaciones para este versículo, pero la más acertada nos lleva a Génesis
27:35, donde Isaac le dice a Esaú “Vino tu hermano con engaño, y tomó tu
bendición”. El hermano, Jacob, más tarde sería conocido como Israel (Génesis
32:28). “Aunque algo oscuras, estas palabras de Jesús hacen eco a la esperanza
profética de que con el tiempo el pueblo de Dios vivirá en esa inocencia
característica a quienes Dios les ha dado su Torá y sus promesas” (Klein, 487).
Natanael pregunta de
dónde lo conoce Jesús, y este responde, “cuando estabas debajo de la higuera,
te vi” (v. 48). Esto es claramente un poder sobrenatural, porque Jesús no
estaba presente cuando Felipe llamó a Natanael. Existe un antecedente del
Antiguo Testamento para ese conocimiento sobrenatural: la habilidad de Eliseo
para advertir al rey de Israel los planes secretos del enemigo (2 Reyes
6:8-12). Jesús, sin embargo, “tiene un discernimiento que supera al de los
profetas, él es el Revelador a quien y a través de quien Dios se comunica”
(Beasley-Murray, 27).
Al igual que fuimos
sorprendidos por la entusiasta declaración de Jesús sobre Natanael (v. 47),
ahora somos sorprendidos por la entusiasta declaración de Natanael sobre Jesús.
“Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (v. 49). “La
confesión de fe de Natanael… parece demasiado elaborada, demasiado grande, como
para que brotara espontáneamente por las palabras que Jesús le dijera.
Claramente, Natanael es el vocero de la fe de la comunidad. De hecho, como un
‘verdadero israelita’, Natanael… puede ser el paradigma del Israel creyente,
aquellos dentro del judaísmo que aceptaron a Jesús como Mesías. Esta
perspectiva es apoyada al identificar a Jesús con Jacob (que después es Israel)
en Betel (Génesis 28:12)” (Craddock, 81).
Un poco antes, Andrés
identificó a Jesús como el Mesías (v. 41). Ahora Natanael identifica a Jesús
con tres títulos adicionales: Rabí, Hijo de Dios, y Rey de Israel:
–– El primer título –
Rabí – es honorable pero muy común. Hay muchos rabinos.
–– Natanael
probablemente intenta el segundo – Hijo de Dios – como un título mesiánico, y
como tal no necesariamente implica divinidad. Los judíos esperaban que el
Mesías fuera un hombre como David – rey y guerrero – que podía salvar a Israel
de sus enemigos, y no una deidad que salvaría al mundo de sus pecados. Sin
embargo, el autor de este evangelio ha dejado claro en el prólogo que Jesús es,
en verdad, Dios (1:1, 14). Si Natanael todavía no entiende esto – y parece que
no – Dios lo usa para proclamar una verdad más grande de la que puede entender.
–– El tercero de los
títulos – Rey de Israel – también es un título mesiánico, y como el Hijo de
Dios, contiene una verdad que supera al entendimiento de Natanael. “Cuando
Jesús entra a Jerusalén, será aclamado como rey (xii 12-19), pero mostrará que
no es un rey en el sentido nacionalista del término. Su reino no pertenece a
este mundo (xviii 36); y sus súbditos no son judíos sino creyentes” (Brown,
87).
Es interesante que,
tanto al principio como al final de este evangelio, Jesús se revele a sí mismo
a los escépticos que responden con atrevidas declaraciones de fe. El incrédulo
Tomás responderá a la invitación de Jesús de tocar sus heridas diciendo ‘¡Señor
mío, y Dios mío!’” (20:28).
VERSÍCULOS 50-51: VERÉIS EL CIELO ABIERTO
50Respondió Jesús y
díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que
éstas verás (griego = opse, verás, en singular). 51Y dícele: De
cierto, de cierto os digo (griego = amen, amen, en verdad, en
verdad): De aquí adelante veréis (griego = posesthe, verán, en
plural) el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre
el Hijo del hombre.
“Cosas mayores que éstas
verás” (v. 50). Nosotros diríamos, “¡No has visto nada todavía!” La mayoría de
los estudiosos creen que la historia original termina con el versículo 50,
porque así nos introduce naturalmente a la historia del primer milagro de Jesús
en Caná (2:1-11). Ese milagro será la primera de las señales de Jesús, la
primera de “las cosas mayores” que revelarán la gloria de Jesús y ayudará a
otros discípulos a creer (2:10). Su fe continuará desarrollándose cuando Jesús
va revelando otras señales a través de su ministerio, pero será frustrada en la
cruz. La resurrección y la ascensión serán las más mayores de las “mayores
cosas” que los discípulos verán, y solamente será hasta después de ver al Señor
resucitado/ascendido que los discípulos comprenderán totalmente y creerán
totalmente.
Las palabras
introductorias de Jesús, amen, amen, “de cierto, de cierto” o “en
verdad”, son distintivas a este evangelio; porque en los Sinópticos Jesús
solamente usa un solo amen (Mateo 5:26; 6:2, 5, 16, etc.). Estas
palabras tienen la intención de enfatizar la verdad de las palabras que siguen.
Jesús habla con la verdad, porque él es la Palabra de Dios (1:1-18).
En el versículo 50 se
usa el un pronombre en singular (cuando se dirige a Natanael), pero en el versículo
51 se usa uno plural, porque se está hablando al grupo de discípulos, y
posiblemente con la intención de incluir a los lectores del evangelio, y a la
iglesia, a nosotros. Este cambio del singular al plural es una de las razones
por las que los estudiosos creen que el versículo 51 fue añadido después. Una
segunda razón es que el versículo 50 introduce de forma más natural la historia
de Caná.
“Veréis el cielo
abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre”
(v. 51). Los cielos abiertos permiten que la revelación de Dios (la Palabra de
Dios, 1:1) se derrame sobre la tierra. Aunque este evangelio no incluye la
historia completa del bautismo de Jesús, Juan ya ha testificado “vi al Espíritu
que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él” (1:32), que es una
ocasión en que los cielos se abrieron.
Las imágenes nos llevan
hasta la historia de Jacobo, “Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada
en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían
y descendían por ella” (Génesis 28:12). En esa historia, el todavía
no-tan-honorable Jacobo estaba huyendo de su hermano, Esaú, a quien le había
robado la bendición de su padre (Génesis 27:35). Se detuvo en “un lugar”
(Génesis 28:11) – un lugar cuya importancia todavía es desconocida – para
dormir.
Ahí, Jacobo soñó la
escalera y los ángeles, y escuchó la voz de Dios renovar el pacto que había
hecho antes con Abraham (Génesis 12:1-3). Dios prometió darle a Jacobo la
tierra en que habitaría y bendeciría a todas las familias de la tierra “en ti y
tu simiente” (Génesis 28:14). Jacobo respondió dándole el nombre de Bet-el –
casa de Dios – “puerta del cielo” (Génesis 28:17). Después, Dios cambió el
nombre de Jacobo a Israel, “porque has peleado con Dios y con los hombres, y
has vencido” (Génesis 32:28). “A partir de aquí y en adelante, la jornada de
Jacobo está llena con un nuevo sentido de vocación, porque ahora lleva una
promesa” (Fretheim, 524). Esta es una sorprendente historia, dado el dudoso carácter
de Jacobo, pero revela la capacidad de Dios para dar una revelación y realizar
un pacto incluso con aquellos que son indignos. Esas son Buenas Nuevas, porque,
a final de cuentas, todos somos indignos.
Ahora Jesús dice que los
ángeles ya no van a subir y descender sobre una escalera sino sobre el Hijo del
Hombre. “El Hijo del Hombre que presenta Juan… es el hombre de Dios, al igual
que el Jacob de la escalera fue el hombre que se convirtió en ‘Israel’ y le dio
el nombre a su pueblo” (Sloyan, 25). “Detrás de este uso del texto de Génesis
está la creencia de que este nuevo lugar de revelación ha superado al viejo…
Ahora está este nuevo lugar de revelación, el Hijo del Hombre, que es Jesús”
(Smith, 78).
Este versículo tiene una
misteriosa cualidad. ¿Acaso Jesús está identificando a Natanael como un nuevo
Jacob/Israel? ¿Está sugiriendo que Natanael verá cosas maravillosas y se
convertirá en un canal especial de bendición? Si este es el caso, el Nuevo
Testamento seguramente nos dirá el resto de la historia de Natanael, pero en
realidad nos dice muy poco sobre él. El nombre de Natanael es mencionado
solamente una vez más, y es después de la resurrección. Jesús se revelará a
Natanael y un puñado de otros discípulos a la orilla del mar de Tiberias
(21:2). Tal vez es esa ocasión la que cumple la promesa de Jesús a Natanael de
que vería “cosas mayores que estas” (v. 50). En verdad, él vería al Cristo
resucitado.
Pero tal vez algo más
está pasando en este versículo. La persona a que Jesús se dirige en el versículo
51 es un pronombre plural, sugiriendo que Jesús le está hablando a un grupo más
grande de discípulos – tal vez, a través de este evangelio, incluso a toda la
iglesia, al nuevo Israel, al pueblo de Dios – el nuevo pueblo de la bendición.
Igual que Dios ha abierto los cielos para revelarle a Jacob una maravillosa
conexión entre el cielo y la tierra, ahora Dios abre los cielos para revelar al
Hijo del Hombre, que completa la obra de unir al cielo y la tierra para la
iglesia. Ciertamente, la iglesia ha visto muchas grandes cosas a través de la
obra de Cristo: enfermos sanados, matrimonios salvados, vidas transformadas. Si
nos permitimos apreciar la calidad poética de las palabras de Jesús, en verdad
hemos visto “el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden
sobre el Hijo del hombre” (v. 51).
SÁBADO 25
MATEO 23, 1-12
EL CONTEXTO: CAPÍTULOS 21-25
Los capítulos 21 y 22
están llenos con los conflictos entre Jesús y el liderazgo religioso judío, y
donde se dirige a estos líderes directamente. El capítulo 21 comienza con la
entrada triunfal a Jerusalén el Domingo de Palmas (21:1-11) y rápidamente va a
la descripción de la limpieza del templo (21:12-17), un hecho altamente
provocativo que enciende el conflicto con los líderes religiosos.
En el capítulo 23, Jesús
habla a las multitudes y a sus discípulos (v. 1), abordando el fracaso
espiritual de los escribas y fariseos (23:1-36). Se lamenta sobre Jerusalén, y
predice su próxima destrucción (23:37 - 24:2) que ocurrió en año 70 d.C., varias
décadas después del ministerio terrenal de Jesús y una década antes de que
Mateo escribiera su Evangelio. La destrucción total de la Ciudad Santa y su
templo estaría fresca en la memoria de Mateo al escribir su Evangelio, al igual
que los edificios del WorldTrade Center y del Pentágono están frescos en
nuestra memoria hoy día.
Los capítulos 24 y 25
son bastante apocalípticos (preocupados con el fin de los tiempos), e incluyen
un buen numero de parábolas sobre estar preparados.
En este Evangelio, Jesús
comienza su ministerio con el Sermón del Monte (caps. 5-7), el segmento más
substancial de su enseñanza en las Escrituras. Ahora concluye su ministerio
público con este extenso discurso, otro gran segmento de su enseñanza.
VERSÍCULOS 1-7: NO HAGAIS COMO LOS
FARISEOS
1Entonces habló Jesús a
las gentes y a sus discípulos, 2Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se
sentaron los escribas y los Fariseos: 3Así que, todo lo que os dijeren que
guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras: porque
dicen, y no hacen. 4Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y
las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren
mover. 5Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque
ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6Y aman los
primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas; 7Y las
salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabí, Rabí.
Jesús sigue en el templo
al dirigirse a las multitudes y sus discípulos. Su primera declaración nos
sorprende: “Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos:
3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo” (v. 2).
En los dos capítulos
previos, Jesús entró en serio conflicto con los escribas y los fariseos cuando
les dijo, “De cierto os digo, que los publícanos y las rameras os van delante
(escribas y fariseos) al reino de Dios” (21:31). Los fariseos están dedicados a
la rectitud personal, pero Jesús le dijo a sus discípulos, “Porque os digo que
si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el reino de los cielos” (5:20), y “Dejadlos; son ciegos guías de
ciegos” (15:14) y que “…os dije que os guardaseis de la levadura de los
fariseos y saduceos…” (16:11). Ahora, en este pasaje, Jesús les dice a sus
discípulos que hagan lo que los escribas y fariseos enseñan. ¿A qué debemos
atribuir este comentario tan sorprendentemente positivo?
Jesús dice que los
escribas y fariseos “Sobre la cátedra de Moisés se sentaron” (v. 2). Moisés,
por supuesto, fue el gran dador de la ley, y sentarse en la cátedra de Moisés
tal vez sea algo metafórico, y signifique continuar con la obra de Moisés,
hablar con la autoridad de Moisés (Morris, 571; Boring 431); o, para el tiempo
de Jesús, es posible que la cátedra de Moisés fuera de hecho una silla que se
colocaba al frente de la sinagoga. “En cualquier caso, ‘la cátedra de Moisés’
se refería a la autoridad de los maestros cuya interpretación de la tradición
proveía un puente de unión con Moisés, el dador de la ley y maestro por
excelencia” (Senior, 257).
Jesús dice, “Así que,
todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo” (v. 3a). A pesar de
su fracaso personal, estos escribas y fariseos son mayordomos de un gran tesoro
espiritual, y Jesús quiere que sus discípulos aprovechen ese tesoro para ellos
mismos. Esto está de acuerdo con la anterior declaración de Jesús “No penséis
que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar,
sino a cumplir” (5:17). También está de acuerdo con la ley deuteronómica, que
requiere a los judíos consultar con autoridades religiosas por asuntos
espirituales difíciles y cuidar de “hacer según todo lo que te manifestaren”
(Deuteronomio 17:10).
Así que los discípulos
de Jesús deben honrar el honorable cargo que estos hombres ocupan y hacer lo
que enseñan, siempre y cuando estén de acuerdo con la Torá. Los escribas y
fariseos habían extendido la ley poniéndole parches, añadiendo reglas y
reglamentos, y Jesús no les dice a sus discípulos que las desechen, como a
ellos les gustaría que lo hubiera hecho. La razón podría ser que Jesús está por
llegar a un PERO, y que el núcleo de su mandamiento tiene que ver con lo que
sigue a ese PERO.
“Mas no hagáis conforme
a sus obras” (v. 3b). ¡Eso es todo! ¡Es lo que Jesús vino a decir! La enseñanza
de los escribas y fariseos puede ser buena, es buena si enseñan sin
adornos excesivos; PERO su ejemplo personal es abominable. Dios los ha llamado
a una alta posición para que pudieran proveer consejo experto en asuntos
espirituales a la gente que tenía que trabajar para vivir, a la gente que no
tenía la oportunidad de estudiar la ley día y noche, que frecuentemente eran
analfabetas y que no tenían acceso a los preciados rollos incluso si pudieran
leer. Dios llamó a estos escribas y fariseos para ser siervos de estas
personas, pero ellos han tratado el llamado como si fuera un privilegio más que
una vocación, como un honor más que como una manera de servir.
Como resultado de este
equivocado entendimiento, los escribas y fariseos cometieron los siguientes
tres pecados:
1) “dicen, y no hacen”
(v. 3c). Cuando se trata de enseñar, nada es tan efectivo como un buen ejemplo
y nada tan destructivo como un mal ejemplo. Su conducta personal debe proveer
una lección visible: debe mostrar a la comunidad cómo es la conducta apegada a
la ley y los beneficios que esto acarrea. Pero estos hombres que enseñan la ley
de la Torá fallan para practicar lo que enseñan. Su falta de integridad socava
su obra.
2) “Atan cargas pesadas
y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun
con su dedo las quieren mover” (v. 4). Los escribas y fariseos se creen
responsables ante Dios para obligar a los demás a mantener altos niveles de conducta,
más que como responsables por la gente para ayudarles a obtener esos altos
niveles. Es este “acercarse por el lado equivocado” lo que crea el problema.
Observando al rebaño desde su posición superior, lo que sienten es desprecio
más que compasión. La distancia que hay entre donde está la gente y donde Dios
quiere que estén es tan grande que los escribas y fariseos ven la situación sin
esperanza alguna. Sin querer ensuciarse las manos y perder su tiempo, ellos se
evaden por el camino fácil. Pasan sus días debatiendo los puntos finos de la
ley, y cargan al pueblo con sus hallazgos. Ellos ven esto como si fuera la
responsabilidad de la gente sobrellevar la carga resultante, y rehúsan siquiera
levantar un dedo para ayudarles.
En contraste, Jesús
ofrece un yugo fácil, una carga ligera, y descanso para el alma (11:29-30).
Esto no significa que Jesús deseche la ley o disculpe a otros por hacerlo, pero
sí significa que Jesús, el carpintero, amorosamente talla el yugo para que sea
cómodo y se ajuste bien para llevar la carga efectivamente. La diferencia entre
un yugo que se hizo sin cuidado, y el que fue cuidadosamente labrado, puede no
ser tan evidente para el observador casual, pero es muy evidente para el animal
que lo lleva. La compasión de Jesús hace la diferencia.
3) “Antes, todas sus
obras hacen para ser mirados de los hombres” (v. 5a). Jesús manda a sus
discípulos a que “así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”
(5:16). Los escribas y fariseos son culpables de buscar la gloria para sí
mismos y que en realidad le pertenece a Dios. Una vez más “llegan por el lado
equivocado”, buscando la gloria personal en vez de buscar dar la gloria a Dios.
Ellos aman el gran honor que está asociado con su posición.
Este amor al honor se
manifiesta de varias maneras. “Ensanchan sus filacterias y extienden los flecos
de sus mantos (v. 5b). Filacterias (también conocidas como tephillin)
son cajas de cuero que contienen uno o más rollos inscritos con pasajes de la
Escritura de acuerdo con Deuteronomio 11:18, que dice “Pondréis estas mis
palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis por señal en
vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.” Obedeciendo a la ley
de la Tora, los escribas y fariseos usaban filacterias en su frente y en su
brazo. Las filacterias servían como un constante recordatorio de la ley de
Dios, e incluía ciertos pasajes de la ley (Éxodo 13:1-16; Deuteronomio 6:4-9;
11:13-21). Deuteronomio también requiere que los judíos escriban las leyes “en
los postes de tu casa, y en tus portadas” (Deuteronomio 11:20); una ley que los
judíos practicantes fieles siguen obedeciendo al colocar una Mezuzah
conteniendo estas leyes en los postes de sus casas. Tal aditamento identifica
un hogar judío y a sus habitantes como fieles practicantes. También sirve como
un constante recordatorio de la ley de Dios para los niños y otras personas.
Las franjas en los
bordes de la vestidura son requeridas por Números 15:37-41 y Deuteronomio
22:12, y la intención es que estas les recuerden los mandamientos al pueblo de
Dios. Jesús usó esas franjas en su vestidura (Mateo 9:20; 14:36). Las
filacterias y franjas son más o menos como los vitrales o las imágenes: su intención
es que la gente, particularmente las personas casi analfabetas, recuerden y
entiendan los asuntos espirituales. Debemos tener en mente que no simplemente
son una buena idea, sino que son la idea de Dios, puesta en la ley de la Tora.
El problema no es que
los escribas y fariseos observen estas leyes de la Tora, sino que busquen honor
personal por hacerlo. Especialmente usan grandes filacterias y largas franjas
para llamar la atención a su escrupulosa práctica.
Jesús enseña a sus
discípulos una manera completamente diferente de vivir. Les enseña a dar
limosna, a orar, y ayunar en secreto (Mateo 6:1-8, 16-18) porque “tu Padre que
ve en lo secreto te recompensará en público” (6:18). Y le dice a la gente que
busca practicar la piedad para ganar honor público “de otra manera no tendréis
merced de vuestro Padre que está en los cielos” (6:1).
Los escribas y fariseos
también “aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las
sinagogas” (Mateo 23:6). En un banquete formal, los invitados serían puestos en
forma de U. “El lugar principal era el que estaba en el centro del triclinium
(sillón para tres) que estaba en la cabecera de la mesa, y este sería ocupado
por el anfitrión. El invitado de honor compartiría su triclinium, y los
otros tomarían su lugar en orden descendente según su importancia” (Morris,
575). Recordamos que la madre de Jacobo y Juan solicitó que sus hijos se
sentaran a la derecha e izquierda de Jesús (Mateo 20:21).
En la sinagoga, los
buenos asientos eran los que estaban cerca del frente, y los mejores asientos
eran los que estaban sobre la plataforma y que daban el frente a la
congregación. Durante todo el servicio de la sinagoga, los miembros de la
congregación veían a las personas en la plataforma, y así se les recordaba
continuamente su importancia.
Además aman “las
salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabí, Rabí” (Mateo
23:7). La plaza es donde la gente se reunía para encontrarse y saludarse. “La
cortesía oriental requería que la extensión y el cuidado del saludo fuera igual
o adecuado al honor y estatus de quien se saludaba… Ya que… los maestros de la
Tora eran considerados por Israel los miembros más valiosos de la comunidad,
los honores que se les debían en el saludo estaban especialmente llenos de
calidez” (Bruner, 814). Nosotros pensamos en un Rabí como otra palabra para
maestro, y tiene esa connotación. Sin embargo, también significa “el grande” o
“amo”, y de esta manera implica superioridad: una persona con buenas
conexiones, poderosa, importante.
VERSÍCULOS 8-10: QUE NO LOS LLAMEN
MAESTROS
8Mas vosotros, no
queráis ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos
vosotros sois hermanos. 9Y vuestro padre no llaméis a nadie en la tierra;
porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. 10Ni seáis
llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
Hasta aquí, Jesús se ha
dirigido a las multitudes y sus discípulos. Ahora revela el propósito de esta
extensa condenación de los escribas y fariseos. Los está usando como una
lección objetiva –una ilustración de su sermón – sobre los ejemplos negativos. Los
discípulos no deben ser como ellos, sino que deben evitar la preocupación por
el honor personal.
“Mas vosotros, no
queráis ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos
vosotros sois hermanos” (griego = adelphoi, hermanos, Mt. 23:8). Como ya
se observó antes, la palabra Rabí sugiere una persona superior. Los discípulos
de Jesús no deben buscar esa superioridad sobre sus hermanos (y hermanas), sino
que deben reconocer su igualdad bajo su maestro.
“Y vuestro padre no
llaméis a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los
cielos” (23:9). Los judíos consideraban a Abraham como su padre (Mateo 3:9; ver
también Lucas 16:24, 30 y Juan 8:35), y los cristianos consideramos a los
líderes de la iglesia primitiva como padres de la iglesia. Jesús nos llama a
recordar que solamente tenemos un Padre espiritual, y ese Padre está en el
cielo.
Los católicos romanos
usan la palabra Padre para referirse a los sacerdotes, pero este versículo debe
provocarnos a revisar nuestro propio uso de los títulos honoríficos:
-- ¿De dónde sacamos la
palabra reverendo, que el diccionario define como “digno de reverencia;
merecedor de ser reverenciado”? ¿Acaso esa palabra no ofende de la misma manera
que Rabí o Padre? ¿Qué hay sobre los varios niveles de Reverendo: Muy
Reverendo, Reverendísimo, Reverendo Señor, el Reverendo Doctor?
-- ¿Puede la palabra
Profesor sugerir superioridad e importancia?
-- ¿Qué hay sobre los
capellanes militares, que supuestamente deben ser llamados Capellán, pero que
algunas veces disfrutan ser llamados Capitán, o Mayor, o Coronel?
-- Incluso he escuchado
usar la palabra Pastor en un contexto donde implicaba poder y prestigio, más
que una función pastoral.
-- Sucede que una
iglesia que conozco y que tipifica mucho más los excesos de que Jesús habla en
este pasaje llama a su pastor Hermano. Sin embargo, un hermano de la
congregación llevó al pastor y su esposa a la iglesia en un auto Mercedes Benz
blanco, y su arribo a la iglesia se veía al revés de una pareja de novios
dejando la iglesia. Durante el servicio, seis o siete hombres se sentaron sobre
la plataforma viendo a la congregación. Uno o dos participaron en el servicio,
pero el resto estaba ahí nada más para que los vieran.
-- Pocos de nosotros
conservamos el corazón puro cuando se trata de recibir honores. Todos nosotros
– protestantes, católico romanos, ortodoxos, judíos – tenemos de qué
arrepentirnos aquí. Al menos en esto podemos decirle a Dios: “Bueno, ¡todos lo
estaban haciendo!”.
El movimiento en este
relato va de los escribas y fariseos a los primeros discípulos de Jesús, y de
ahí a los cristianos del tiempo de Mateo, y hasta llegar a nosotros hoy día.
Mientras Jesús esté hablando de los escribas y fariseos, nosotros nos podemos
sentar en la orilla y echar porras, sin sentirnos amenazados. Cuando Jesús
cambia la conversación a sus discípulos, sin embargo, sentimos que tarde o
temprano llegará hasta nosotros. Muy pronto el discurso que empezó como un
ejercicio académico se volverá personal, y ya no nos sentimos tan cómodos. En
cierto punto, por supuesto, nos damos cuenta de que Jesús está, de hecho,
llamándonos a dejar esa vida preocupada con uno mismo y nos jala como un gran
imán hacia un discipulado altamente disciplinado que requiere más de lo que
queremos dar. Este texto, que empezó en un lugar muy seguro, ahora se da la
vuelta para demandar mucho de nosotros. No solamente hemos de evitar buscar
títulos honoríficos, sino que hemos prevenir que la gente los use para nosotros
(v. 8, 10).
Debemos notar que el
Nuevo Testamento incluye ciertos títulos eclesiásticos que han continuado
siendo válidos. “Palabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea” (1
Tim. 3:1). “Pero en las Epístolas Pastorales un ‘obispo’ simplemente era el
término que hoy usamos para pastor; no era para designar a un Ejecutivo
eclesiástico” (Bruner, 816).
VERSÍCULOS 11-12: EL MAYOR DE VOSOTROS
SEA VUESTRO SIERVO
11El que es el mayor de
vosotros, sea vuestro siervo. 12Porque el que se ensalzare, será
humillado; y el que se humillare, será ensalzado.
Recordamos las palabras
de Jesús, “Mas muchos primeros serán postreros, y postreros primeros”
(19:30, ver también
20:16). El reino de Dios es un mundo de cabeza – como un espejo donde todo se
ve al revés – un reino en que las reglas son lo opuesto de aquellas con las que
vivimos día con día. Alguna vez se han imaginado como sería ir al trabajo y
encontrarse con que ¡todas las reglas cambiaron! ¡Sería bastante confuso! ¿¡No
querrían que alguien les explicara las nuevas reglas para que ustedes pudieran
pararse sobre tierra firme una vez más!? Aquí (y en todo este Evangelio) Jesús
nos dice las nuevas reglas del reino. Un ejemplo es “El que es el mayor de
vosotros, sea vuestro siervo.” ¡Realmente eso es bastante diferente! Si
quieren ser grandes, comiencen por limpiar los zapatos del otro, y hagan las
camas de otras personas y alimenten a los hambrientos niños de otros padres.
Otro ejemplo es “Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se
humillare, será ensalzado.” Eso, también, es bastante diferente de un
mundo que nos dice que, si no hacemos sonar nuestro propio cuerno, nadie lo
hará por nosotros.
El énfasis de estos
versículos es escatológico. En otras palabras, Dios hará realidad este Gran
Revés de la historia al final de los tiempos. Sin embargo, es bueno saber que
también estas palabras algunas veces son realidad en nuestra experiencia
cotidiana. Los supervisores aprecian la competencia quieta, y algunas veces
promueven al trabajador callado pero bueno y no a la persona más ostentosa.
Algunas veces las personas con una santidad verdadera son reconocidas e incluso
canonizadas. ¡Pero solamente algunas veces! La realización completa de esta
verdad se llevará a cabo en el reino de Dios y en el tiempo de
Dios.
DOMINGO 26
JUAN 6, 60-69
VERSÍCULOS 60-65: DURA ES ESTA PALABRA
60Y muchos de sus
discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír? 61Y
sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban (griego: gonguzousin–
refunfuñar) de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza (griego: humas
skandalizei – os causa tropezar)? 62¿Pues qué, si viereis al Hijo del
hombre que sube donde estaba primero? 63El espíritu es el que da vida; la carne
(griego: sarx) nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son
espíritu y son vida. 64Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque
Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había
de entregar. 65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí,
si no le fuere dado del Padre.
“Dura es esta palabra:
¿quién la puede oír?” (v. 60). No son “los judíos” los que hacen esta
queja, sino los discípulos. Les ofende el lenguaje de Jesús – sus
imágenes – sus metáforas. Nos hace pensar de Pablo, quien habló de “el
escándalo de la cruz” (Galatos 5:11), y que dijo que “la cruz es locura a los
que se pierden” (1 Corintios 1:18).
“Y sabiendo Jesús en sí
mismo que sus discípulos murmuraban (gonguzousin– refunfuñar) de esto”
(v. 61a). Ese refunfuñar une a estos discípulos con los israelitas en el
desierto, que refunfuñaban porque no confiaban que el Señor proveería por sus
necesidades (Deuteronomio 1:27; Salmo 106:25). Gente de Dios no está
exenta de las dificultades típicas de la vida y, a veces, encuentran que son
objetos de persecución. Siempre estamos tentados a imaginar que Dios nos
ha abandonado – que Dios no es de fiar.
“¿Esto os escandaliza?” (humasskandalizei
– os causa tropezar) (v. 61). El Evangelio causa que gente se tropiece,
en parte, porque las costumbres de Dios no son como las nuestras. No
salvaríamos el mundo por medio de debilidad, sino por fuerza. No
escogeríamos que el hijo de Dios naciera en un pesebre, sino en un
palacio. No escogeríamos una cruz, sino una espada – o una clase – o un
laboratorio médico – o una rica fundación caritativa – o algún otro instrumento
que nos permitiese la oportunidad de usar fuerza y ejercer control.
El Evangelio también
causa que gente tropiece porque viene con un precio costoso. Cuando
Cristo nos llama a comer su carne y beber su sangre, nos está invitando a
participar en su muerte. Cristianos que primero leyeron este Evangelio
experimentaron persecución. Conocían a otros cristianos martirizados,
sufrían bajo la amenaza del martirio, y conocían a cristianos que evitaban el
martirio comprometiendo su fe.
La iglesia siempre está
tentada a quitar la ofensa del Evangelio, cortando su mensaje para que quepa
dentro de los valores del mundo. Alguien ha dicho que, si queremos saber
lo que la iglesia dirá en una década, solo necesitamos saber lo que el mundo
dice hoy. Mientras que una crítica tan cínica es claramente injusta
para los muchos cristianos que se levantan, a menudo de manera heroica, como
testigos en contra de su cultura, es de lo más justo para cristianos que
rápidamente bendicen las modas populares. Cuando oímos lo que hoy se
acepta como predicación desde muchos púlpitos, debemos preguntarnos cuánto
viene de Galilea y cuánto viene de Hollywood. Lo más prósperos y
sofisticados que somos, lo más que estamos tentados a amar prosperidad y
sofisticación – y lo menos probable que retaremos la cultura en que vivimos.
El Evangelio sin ofensa,
sin embargo, es como un cirujano sin un escalpelo – sin el poder de
sanar. Cristo, verdaderamente revelado, siempre será una ofensa excepto
para los redimidos. La cruz siempre será una ofensa, excepto para los
redimidos. La iglesia siempre ha de estar lista para ofender – para
hablar a favor de Cristo y en contra de las creencias destructivas que el mundo
encuentra tan atractivas.
“¿Pues qué, si viereis
al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?” (v. 62). Estos
discípulos se ofendieron por la declaración de Jesús de ser “pan que descendió
del cielo” (v. 58). ¿También se ofenderán cuando le vean ascender al
cielo? (v. 62). En este Evangelio, el proceso que termina con la
ascensión de Jesús empieza al ser “levantado” a la cruz (3:14; 12:42).
“Ése es el escándalo supremo. Sin embargo, por ofensiva que sea la
expresión lingüística de ‘comer carne y beber sangre,’ ¡cuánto más ofensiva es
la crucifixión de un supuesto Mesías! La idea misma es inaudita, y se
acerca a una blasfemia obscena, ‘un tropiezo para judíos y una tontería para
gentiles’ (1 Corintios 1:23)” (Carson, 301).
“El espíritu es el que
da vida; la carne (sarx) nada aprovecha” (v. 63a). Por un lado,
parece apropiado que Jesús diga que el sarx nada aprovecha. En
este Evangelio, como en otros lugares del Nuevo Testamento, sarx
frecuentemente se utiliza para contrastar lo mundano de lo celestial (1:13;
3:6; Romanos 7:5; 8:3; 13:14; 1 Corintios 3:1; Galatos 3:3).
Pero, por el otro lado,
nos sorprende oír a Jesús decir que el sarx nada aprovecha. Un
tema principal de este Evangelio es que el Verbo fue hecho sarx y vivió
entre nosotros (1:14). Jesús acaba de prometer que el que coma su sarx
y beba su sangre en él permanece (v. 56). Sin embargo, “Jesús no se
refiere a la carne eucarística sino a la carne de la que habló en capítulo 3,
es decir, la naturaleza del hombre que no puede dar vida eterna. Este
contraste entre carne y espíritu también aparece en Pablo. Por ejemplo,
Romanos 8:4, ‘...que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu’”
(Brown, 300).
“Esta confusión (entre
los aspectos negativos y positivos de la palabra sarx) puede ser evitada
al observar que el evangelista utiliza ‘carne’ de manera positiva cuando se
trata de Jesús y de manera negativa cuando se trata de la reacción humana hacia
la revelación divina” (Lincoln, 237).
“Las palabras que yo os
he hablado, son espíritu y son vida” (v. 63b). Esta mención del espíritu
“es, sin duda, una referencia al Espíritu Santo, el que da Vida” (Morris,
340). En este Evangelio, Jesús dará a conocer el Espíritu Santo a los
discípulos durante la primera Pascua (20:22), pero el Espíritu ya es activo,
habiendo descansado sobre Jesús durante su bautizo (1:32). Las palabras
de Jesús dan a conocer el Espíritu y la vida a los discípulos (v. 63b).
“Mas hay algunos de
vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los
que no creían, y quién le había de entregar” (v. 64). Críticos de la
cristiandad durante la temprana edad declaraban que la selección de Judas como
apóstol demostraba la falibilidad de Jesús. Este Evangelio dice que Jesús
sabía que sería traicionado, y sabía quién sería su traidor (véase también
6:71; 13:11, 21). La traición es malvada, pero Jesús no permitirá que el
mal tenga la última palabra.
“Ninguno puede venir a
mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65). Jesús ya ha declarado esto en
vv. 37, 44. La fe es un regalo de Dios.
VERSÍCULOS 66-69: ¿A QUIÉN IREMOS?
66Desde esto, muchos de
sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban (griego: periepatoun–
estaban andando) con él. 67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis
vosotros iros también? 68Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? tú
tienes palabras de vida eterna. 69Y nosotros creemos y conocemos que tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.
“Desde esto, muchos de
sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban (periepatoun– estaban
andando) con él” (v. 66). La frase, “estaban andando,” implica seguir –
ser discípulo.
Los discípulos que
volvieron atrás claramente esperaban algo diferente de lo que Jesús les
ofrecía. Esperaban un mesías como David – un gran líder que restableciera
sus días de gloria. Después de alimentar a cinco mil, intentaron hacer a
Jesús un rey, pero él se negó (v. 15). “Lo que ellos querían Jesús no les
podía dar; lo que él ofrecía, ellos no recibirían” (Bruce, 164).
“Dijo entonces Jesús a
los doce” (v. 67a). No sabemos cuantos discípulos volvieron atrás, pero
“los doce” permanecen. Ésta es una de solo cuatro referencias a “los
doce” en este Evangelio (véase también 6:70-71; 20:24). Este Evangelio
generalmente habla de “los discípulos” en vez de “los doce,” pero aquí habla de
“los doce” para distinguir a este pequeño núcleo del grupo más grande de
discípulos, algunos de los cuales se ofendieron por las enseñanzas de Jesús y
se separaron de él.
“¿Queréis vosotros iros
también?” (v. 67b). La pregunta formulada en griego sugiere que la
respuesta será negativa – espera que los doce respondan que no desean separarse
de él.
Como ocurre
frecuentemente, Pedro sale como el portavoz de los discípulos. “Señor, ¿á
quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (v. 68). “Creyentes son
llevados, por decirlo así, a los brazos de la fe. Reconocer la verdad de
las palabras de Jesús sobre la vida eterna es tanto una cuestión de no tener
alternativa como de razones positivas” (Sloyan, 76).
Generalmente, eruditos
tratan las palabras de Pedro como el equivalente de Juan de la confesión de fe
de Pedro (Mateo 16:13-20; Marcos 8:27-33; Lucas 9:18-20). Mateo y Marcos
relatan que Pedro hizo esa confesión en Cesarea de Filipo, mientras que Juan
relata que ocurrió en Capernaum. Otra diferencia significante es que, en
Mateo y Marcos, el relato de la confesión de Pedro es seguido por Jesús
diciéndoles a los discípulos que él debe sufrir y morir. Esto es seguido
por la protesta de Pedro y la reprensión de Jesús hacia Pedro (Mateo 16:21-23;
Marcos 8:31-33). En este relato de Juan, no existe ninguna pista de la
protesta de Pedro o la reprensión de Jesús.
“Y nosotros creemos y
conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (v. 69). En
griego, “nosotros” es enfático, y contrasta la fe de los doce con los
discípulos infieles que se volvieron atrás. El título, “El Hijo de Dios
viviente” se encuentra en un solo lugar además de éste, de la boca de un hombre
endemoniado – o, quizá, de la boca de ese espíritu inmundo (Marcos 1:24; Lucas
4:34). Pedro claramente lo usa como título de grandeza, distinguiendo a
Jesús como un regalo especial de Dios.
Es difícil estimar la
importancia de las palabras de Pedro en este contexto. Algunos de los
otros once discípulos podrían haber estado a punto de volverse atrás con los
demás. Al tomar la iniciativa y declarar fe inequívoca en Jesús, Pedro mantiene
unido al pequeño grupo. Si no hubiera hablado, las cosas podrían haber
salido de manera diferente. A menudo, la influencia de una persona es
importantísima. Nunca debemos dudar la importancia de nuestro testimonio,
no importa lo poco impresionante que nos parezca en ese momento.
LUNES 27
MATEO 23, 13-22
• Los próximos tres días
vamos a meditar el discurso que Jesús pronunció criticando a los doctores de la
ley y a los fariseos, llamándolos hipócritas. En el evangelio de hoy (Mt
23,13-22), Jesús pronuncia contra ellos cuatro ‘ay’ o plagas. En el evangelio
de mañana se añaden otros dos (Mt 23,23-26), y en evangelio de pasado mañana
otros dos (Mt 23,27-32). En todo ocho ‘ay’ o plagas contra los líderes
religiosos de la época. Son palabras muy duras. Al meditarlas, tengo que pensar
en los doctores y en los fariseos del tiempo de Jesús, pero también y sobre
todo en el hipócrita que hay en mí, en nosotros, en nuestra familia, en nuestra
Iglesia, en la sociedad de hoy. Vamos a mirar en el espejo del texto para descubrir
lo que existe de errado en nosotros.
• Mateo 23,13: El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. “Que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar”. ¿Cómo cierran el Reino? Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia. Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los otros el deseo de servir a Dio y el Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino.
• Mateo 23,13: El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. “Que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar”. ¿Cómo cierran el Reino? Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia. Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los otros el deseo de servir a Dio y el Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino.
• Mateo 23,14: El segundo ‘ay’ contra los que usan la religión para enriquecerse. Ustedes explotan a las viudas, y roban en sus casas y, para disfrazar, hacen largas oraciones! Por esto, ustedes van a recibir una condena muy severa”. Jesús permite que los discípulos vivan del evangelio, pues dice que el obrero merece su salario (Lc 10,7; cf. 1Cor 9,13-14), pero usar la oración y la religión como medio para enriquecerse, esto es hipocresía y no revela la Buena Nueva de Dios. Transforma la religión en un mercado. Jesús expulsa a los comerciantes del Templo (Mc 11,15-19) citando a los profetas Isaías y Jeremías: “Mi casa es casa de oración para todos los pueblos y ustedes la han transformado en una cueva de ladrones” (Mc 11,17; cf. Is 56,7; Jr 7,11)). Cuando el mago Simeón quiso comprar el don del Espíritu Santo, Pedro lo maldijo (Hec 8,18-24). Simón recibió la “condena más severa” de la que Jesús habla en el evangelio de hoy.
• Mateo 23,15: El tercero ‘ay’ contra los que hacen proselitismo. “Ustedes que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!”. Hay personas que se hacen misioneros y misioneras y anuncian el evangelio no para irradiar la Buena Nueva del amor de Dios, sino para atraer a otros a su grupo o a su iglesia. Una vez, Juan prohibió a una persona el que usara el nombre de Jesús porque no formaba parte de su grupo. Jesús respondió: “No se lo impidáis. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros” (Mc 9,39). El documento de la Asamblea Plenaria de los obispos de América Latina, se realizó en el mes de mayo de 2008, en Aparecida, Brasil, bajo el título: “¡Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en él nuestros pueblos tengan vida!” Es decir que el objetivo de la misión no es para que los pueblos se vuelvan católicos, ni para hacer proselitismo, sino para que los pueblos tengan vida, y vida en abundancia.
• Mateo 23,16-22: El cuarto ‘ay’ contra los que viven haciendo juramento. “Ustedes dicen: ' Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!”. Jesús hace un largo razonamiento para mostrar la incoherencia de tantos juramentos que la gente hacía o que la religión oficial mandaba hacer: juramento por el oro del templo o por la ofrenda que está sobre el altar. La enseñanza de Jesús, indicada en el Sermón de la Montaña, es el mejor comentario del mensaje del evangelio de hoy: “Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: `Sí, sí' `no, no': que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5,34-37).
MARTES 28
MATEO 23, 23-26
• Los próximos tres días
vamos a meditar el discurso que Jesús pronunció criticando a los doctores de la
ley y a los fariseos, llamándolos hipócritas. En el evangelio de hoy (Mt
23,13-22), Jesús pronuncia contra ellos cuatro ‘ay’ o plagas. En el evangelio
de mañana se añaden otros dos (Mt 23,23-26), y en evangelio de pasado mañana
otros dos (Mt 23,27-32). En todo ocho ‘ay’ o plagas contra los líderes
religiosos de la época. Son palabras muy duras. Al meditarlas, tengo que pensar
en los doctores y en los fariseos del tiempo de Jesús, pero también y sobre
todo en el hipócrita que hay en mí, en nosotros, en nuestra familia, en nuestra
Iglesia, en la sociedad de hoy. Vamos a mirar en el espejo del texto para
descubrir lo que existe de errado en nosotros.
• Mateo 23,13: El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. “Que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar”. ¿Cómo cierran el Reino? Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia. Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los otros el deseo de servir a Dio y el Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino.
• Mateo 23,14: El segundo ‘ay’ contra los que usan la religión para enriquecerse. Ustedes explotan a las viudas, y roban en sus casas y, para disfrazar, hacen largas oraciones! Por esto, ustedes van a recibir una condena muy severa”. Jesús permite que los discípulos vivan del evangelio, pues dice que el obrero merece su salario (Lc 10,7; cf. 1Cor 9,13-14), pero usar la oración y la religión como medio para enriquecerse, esto es hipocresía y no revela la Buena Nueva de Dios. Transforma la religión en un mercado. Jesús expulsa a los comerciantes del Templo (Mc 11,15-19) citando a los profetas Isaías y Jeremías: “Mi casa es casa de oración para todos los pueblos y ustedes la han transformado en una cueva de ladrones” (Mc 11,17; cf. Is 56,7; Jr 7,11)). Cuando el mago Simeón quiso comprar el don del Espíritu Santo, Pedro lo maldijo (Hec 8,18-24). Simón recibió la “condena más severa” de la que Jesús habla en el evangelio de hoy.
• Mateo 23,15: El tercero ‘ay’ contra los que hacen proselitismo. “Ustedes que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!”. Hay personas que se hacen misioneros y misioneras y anuncian el evangelio no para irradiar la Buena Nueva del amor de Dios, sino para atraer a otros a su grupo o a su iglesia. Una vez, Juan prohibió a una persona el que usara el nombre de Jesús porque no formaba parte de su grupo. Jesús respondió: “No se lo impidáis. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros” (Mc 9,39). El documento de la Asamblea Plenaria de los obispos de América Latina, se realizó en el mes de mayo de 2008, en Aparecida, Brasil, bajo el título: “¡Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en él nuestros pueblos tengan vida!” Es decir que el objetivo de la misión no es para que los pueblos se vuelvan católicos, ni para hacer proselitismo, sino para que los pueblos tengan vida, y vida en abundancia.
• Mateo 23,16-22: El cuarto ‘ay’ contra los que viven haciendo juramento. “Ustedes dicen: ' Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!”. Jesús hace un largo razonamiento para mostrar la incoherencia de tantos juramentos que la gente hacía o que la religión oficial mandaba hacer: juramento por el oro del templo o por la ofrenda que está sobre el altar. La enseñanza de Jesús, indicada en el Sermón de la Montaña, es el mejor comentario del mensaje del evangelio de hoy: “Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: `Sí, sí' `no, no': que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5,34-37).
MIÉRCOLES 29
MATEO 23, 27-32
• Estos dos ‘ay’ que
Jesús pronuncia contra los doctores de la ley y los fariseos de su tiempo,
retoman y refuerzan el mismo tema de los dos ‘ay’ del evangelio de ayer. Jesús
critica la falta de coherencia entre palabra y práctica, entre interior y
exterior.
• Mateo 23,27-28: El séptimo ‘ay’ contra los que parecen sepulcros blanqueados. “Ustedes por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.”. La imagen de “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentario. Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren aparecer por fuera.
• Mateo 23,27-28: El séptimo ‘ay’ contra los que parecen sepulcros blanqueados. “Ustedes por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.”. La imagen de “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentario. Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren aparecer por fuera.
• Mateo 23,29-32: El octavo ‘hay’ contra los que edificáis los sepulcros de los profetas, pero no los imitan. Los doctores y los fariseos decían: “Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!' Y Jesús concluye: personas que hablan así “confiesan que sois hijos de los que mataron a los profetas”, pues ellos dicen “nuestros padres”. Y Jesús termina diciendo: “Pues bien: colmad también vosotros la medida de vuestros padres!” De hecho, a esas alturas de los acontecimientos, ellos ya habían decidido matar a Jesús. Y así acababan de colmar la medida de los padres.
JUEVES 30
MATEO 24, 42-51
Nuestra lección
evangélica es parte de una sección apocalíptica de dos capítulos que comienza
con la predicción de Jesús que el templo será derrumbado (24:1-2) y las dos
preguntas de los discípulos, “¿Cuándo serán estas cosas?” y “¿Qué señal habrá
de tu venida, y del fin del mundo?” (24:3). Cuando este Evangelio fue escrito
(probablemente 80-85 d.C.), el templo ya había sido destruido (en el año 70
d.C.). Entonces, la pregunta, “¿Cuándo serán estas cosas?” ya ha sido
contestada. Estos capítulos, por lo tanto, se enfocan en la segunda
pregunta, “¿Qué señal habrá?”
Jesús les contesta a los
discípulos dando señales del fin de la edad (24:3-8), prediciendo
persecuciones, (24:9-14), contando del sacrilegio desolado profetizado por
Daniel (24:15-28), prediciendo señales celestiales y la venida del Hijo del
Hombre (24:29-31), y dando la Parábola de la Higuera (24:32-35). Nuestra
lección del Evangelio comienza en este lugar, pero es una tela con el resto de
los capítulos 24 y 25.
Al concluir nuestra
lección del Evangelio, Jesús da tres parábolas que se relacionan directamente
con nuestro texto:
- La Parábola de los
Esclavos Leales y Desleales (24:45-51). El amo premia al esclavo leal, a
quien encuentra trabajando cuando llega, pero destruye al esclavo desleal
cuando lo encuentra festejando en vez de trabajando.
- La Parábola de las
Diez Damas de Honor (25:1-13), cinco que fueron sabias y estaban preparadas y
cinco que fueron tontas y estaban sin preparar.
- La Parábola de los
Talentos (25:14-30), en la que el amo alaba a los esclavos que usaron su
propiedad sabiamente pero condena al esclavo que no lo hizo.
Esta sección
apocalíptica concluye con la representación de Jesús del juzgamiento de las
naciones (25:31-46) en la que el Hijo del Hombre separa a la gente en dos
categorías, las ovejas que ayudaron a “a uno de estos pequeñitos,” por lo tanto
sirviendo a Cristo, y las cabras, que faltaron en proveer este tipo de
servicio. Las ovejas son bienvenidas en el reino, pero las cabras son
condenadas al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles (25:41).
A lo largo de estos dos
capítulos, el aviso constante es estar preparado para la venida del amo.
Los que escuchan el aviso recibirán grandes bendiciones; los que no lo hacen,
serán condenados.
Debemos confrontar la
realidad que el Adviento, que es penitencial, está muy apartado del humor que
rodea las Navidades, la celebración más alegre del año. La gente se
enfoca en ver un bebé. El Adviento se enfoca en un Cristo resucitado,
cuyo regreso parece muy atrasado y, por lo tanto, le cuesta competir con el bebé,
pastores, Reyes Magos, Santa, Rudolph, etcétera.
Además, mientras nos
preocupamos por el futuro, el futuro del que nos preocupamos tiene más que ver
con este mundo que con el regreso de Cristo. Tenemos mucho que hacer si
vamos a conseguir que la gente tome en serio la necesidad de prepararse para la
Segunda Venida.
VERSÍCULO 36: DEL DÍA Y HORA NADIE
SABE
36Empero del día y hora
nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo.
Pero sobre ese día y
hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.
Existe una tensión entre
24:3-35, la que señala el final de esta edad, y las palabras de Jesús que nadie
sabe ni el día ni la hora. “Muchos académicos creen que la ‘escatología
inminente’ (el fin vendrá de repente y sin aviso) ilustrado por (v. 36) es
mucho más característico del mensaje de Jesús” (Borsch y Napier, 10).
“Ni el Hijo.” La
idea que el Hijo ignora el día y la hora fue difícil para algunos
cristianos. Algunos escribientes borraron “ni el Hijo” de sus manuscritos.
“Ambrose atribuyó ‘ni el Hijo’ a una interpolación arriana. Atanasias
sugirió que Jesús solo aparentaba ignorancia. Los Capadócianos pensaban
que el Hijo no sabía la fecha, pero por medio del Padre... Crisóstomo...
simplemente rehusó que Jesús fuera ignorante de nada” (Allison, 141).
En la raíz de su
incomodidad está la difícil teología que Jesús era ambos humano y divino.
Phil. 2:5-11, que menciona a Cristo vaciándose a si mismo, nos ayuda a apreciar
las limitaciones que Cristo asumió en la Encarnación. Otros ejemplos de
la sabiduría limitada de Jesús incluyen estas palabras, “si es posible” en
Gethsemane (26:39) y su pregunta, “¿Por qué me has desamparado?” en la cruz
(27:46).
No debemos apartar la
vista del mensaje principal del v. 36 que solo el Padre sabe el día y la hora
de la venida del Hijo del Hombre. Aunque leamos las señales
cuidadosamente de vv. 3-35, no nos permitirán predecir el día ni la hora con
certeza. El Hijo del Hombre vendrá a una hora inesperada (v. 44).
Dios confundirá todo esfuerzo de predecir el día y la hora. Las buenas
noticias son que, si vivimos con fe, no tenemos necesidad de saber el día ni la
hora. ¡Estaremos listos!
VERSÍCULOS 37-39:MÁS COMO LOS DÍAS DE NOÉ
37Mas como los días de
Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38Porque como en los días
antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento,
hasta el día que Noé entró en el arca, 39Y no conocieron hasta que vino el
diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.
“Porque como en los días
antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento,
hasta el día que Noé entró en el arca” (v. 38). La gente de la época de
Noé fue destruida por su maldad, pero ésa no es la analogía que se expresa
aquí. En vez, Jesús compara la normalidad de sus vidas diarias con la
normalidad que prevalecerá antes de la Segunda Venida. ¡Comiendo y
bebiendo, casándose y dando en matrimonio! ¿Quién puede culparles?
La culpa no está en que la gente está haciendo estas cosas, sino en que están
tan metidos en la rutina diaria que no se paran a pensar para nada en su vida
espiritual. El problema no es “pecado grosero” sino la “indiferencia
secular” – “indiferencia sobre Dios” (Bruner, 881).
“Hasta el día que Noé
entró en el arca” (v. 38). No es que los vecinos de Noé no fueran
avisados. Le llevaría a Noé mucho tiempo construir y aprovisionar el
arca. Le verían trabajar, y le habrían preguntado sobre él.
Ciertamente, él les pediría que se arrepintieran para que ellos, también,
fueran salvados. Sin embargo, pensaban de Noé como un fanático
religioso. Noé no podría haber dicho mucho para espabilarles. La
situación era muy parecida a la de gente hoy. Hay gente avisando, pero
pocos lo toman en serio.
“Y no conocieron hasta
que vino el diluvio y llevó a todos” (v. 39). Cuando las aguas empezaron a
subir la gente se sorprendió. Al principio, estaban levemente
preocupados. Entonces, se pusieron más ansiosos al ver que el agua se
acercaba a sus casas. Empezaron a tener miedo al ver que el agua
continuaba subiendo. Se pusieron histéricos al ver que el agua se llevaba
todo. Y entonces terminó. Cuando se espabilaron lo suficiente para
hacer algo, era demasiado tarde. La hora de preparación ya había pasado.
“Así será también la
venida del Hijo del hombre” (v. 39). Mucha gente se asombrará con la
Segunda Venida – estarán sorprendidos y sin preparar. Encontrarán que la
hora de preparación ya habrá pasado.
VERSÍCULOS 40-42: UNO SERÁ TOMADO Y EL
OTRO SERÁ DEJADO
40Entonces estarán dos
en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado: 41Dos mujeres moliendo
a un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada. 42Velad pues,
porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
“Entonces estarán dos en
el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado: 41Dos mujeres moliendo a
un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada” (vv. 40-41).
Otra vez, el énfasis está en la normalidad de la vida. Gente metida en su
trabajo diario. No hay ninguna indicación que hoy será diferente de ayer
o del día anterior. La vida sigue. Pero, en este caso, ¡no lo hace!
Una es llevada y la otra se queda.
Éste y versículos
similares (véase Lucas 17:34-35; 1 Cor. 15:51; 1 Thess. 4:17; 5:2-4; Rev. 3:3,
10; 16:15) dan su origen a la doctrina del rapto (del latín rapio –
secuestrar, llevarse) – la creencia que, en la Segunda Venida, los leales serán
inmediatamente llevados y los desleales se quedarán atrás. “El rapto
contiene varios aspectos de expectativa escatológica, incluyendo la esperanza
de la reunión de la gente de Dios, que ha sido separada por muerte, geografía,
u otras circunstancias, y su reunión con el Señor (Mateo 24:31; 1 Thess. 3:13;
4:16-17); la esperanza de la vindicación de la gente de Dios y el juzgamiento
de sus enemigos (Lucas 18:7-8; 2 Thess. 1:6-10); la esperanza de la vida eterna
(1 Cor. 15:51-56); la expectación de ser juzgado repentinamente (Mateo
24:36-44); y la esperanza de liberación de los justos de un mundo problemático
(Rev. 3:10)” (Myers, 873).
Estoy mal equipado para
asesorar la validez de la teología del rapto, la cual parece requerir un
entendimiento de temas tan exóticos como el milenialismo, dispencionalismo, y
la tribulación. Me preocupa, sin embargo, que ninguno de estos términos
es bíblico, y se considera que estamos en tierra menos firme cuando nos
separamos del lenguaje bíblico. También me preocupan todas las divisiones
(pre-milenialismo, post-milenialismo, pre-tribulación, media-tribulación,
etcétera) que han salido de la teología del rapto. Quizá deberíamos limitarnos
a los puntos que Jesús enseña aquí, más que nada que:
- Cristo vendrá de nuevo.
- Su venida será rápida y sorprendente.
- Dividirá la gente en dos grupos (los que se
lleva/los que deja atrás).
- Entonces, más nos vale estar listos.
Ése es el punto – más
nos vale estar listos. Si nos concentramos en estar listos, podemos dejar
el resto en manos de Cristo.
“Velad pues, porque no
sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (v. 42). ¿Cómo nos
mantenemos despiertos 24 horas al día? ¡No es humanamente posible! Dios
nos ha creado con cuerpos que requieren dormir. Nuestra preparación, sin
embargo, tiene que ver con estar despiertos espiritualmente, no
físicamente. La persona que vive en constante compañía con Jesús no será
amenazada por la repentina aparición de Jesús. En vez, la venida de Jesús
será una ocasión para alegrarse, muy parecida a lo que sentimos cuando vemos a
un ser querido después de mucho tiempo sin verle – o como la alegría que siente
una persona perdida al ver que alguien viene a rescatarle.
VERSÍCULOS 43-44: EL LADRÓN HABÍA DE
VENIR
43Esto empero sabed, que
si el padre de la familia supiese a cuál vela el ladrón había de venir,
velaría, y no dejaría minar su casa. 44Por tanto, también vosotros estad
apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis.
“Por tanto, también
vosotros estad apercibidos” (v. 44) “No hagas una preparación
especial. Vive preparado. Estate preparado. Cumple tus días siempre
esperando la Gran Sorpresa” (Borsch y Napier, 13). “La preparación
constante es lo único que nos guarda” (Morris, 616).
“Porque el Hijo del
hombre ha de venir a la hora que no pensáis” (v. 44). Esto repite el
énfasis del versículo que abre esta lección (v. 36), tratándose de la hora
inesperada de la venida del Hijo del Hombre, terminando esta lección en un tono
positivo.
Cristianos, tan temprano
como Crisóstomo, han expresado la importancia de prepararse para la muerte y la
Segunda Venida. Eso es importante. Cien generaciones han vivido y
muerto sin experimentar la Segunda Venida, entonces, no parece que tomará lugar
durante nuestra vida.
Si no hay mucha
probabilidad de que la Segunda Venida tome lugar durante nuestra vida, la
probabilidad de que moriremos si existe. Algunos de nosotros moriremos
poco a poco de alguna enfermedad o de edad y, por eso, tendremos la oportunidad
de prepararnos espiritualmente – pero todos estamos sujetos a morir en
cualquier momento. Hasta la gente que tiene trabajos peligrosos
(bomberos, policías, soldados) encuentra difícil imaginarse su propia
muerte. Imagínate, entonces, lo difícil que es para nosotros, en trabajos
menos peligrosos – como una secretaria trabajando en una de las Torres Gemelas
– imaginarnos nuestra muerte.
Un problema con esta
lección del Evangelio es que nos pide estar listos sin decirnos como
hacerlo. ¿Qué debemos hacer? Una clara respuesta se encuentra al
final de esta sección apocalíptica, cuando Jesús dice que dando de comer a los
pobres, dando de beber a los sedientos, dando la bienvenida a un desconocido,
vistiendo a los desnudos, y visitando a los prisioneros son actividades que
contarán a nuestro favor como si las hubiéramos hecho por Cristo mismo
(25:31-46). Mientras que estos versículos no son parte de nuestra lección
evangélica, casi exigen ser mencionados.
VIERNES 31
MATEO 25, 1-13
EL CONTEXTO: CAPÍTULOS 24-25
Los capítulos 24-25
tratan con la escatología (el fin de los tiempos) y la Parusía (el retorno de
Cristo). El capítulo 24 concluye con la parábola del siervo fiel y del infiel
(23:45-51), que es la primera de cuatro parábolas que abordan el tema del reino
venidero. En esa parábola, el siervo infiel asume que su amo se va a retrasar
indefinidamente, y por lo tanto actúa infielmente. Sin embargo, el amo llega de
forma inesperada y lo castiga duramente poniéndolo en un lugar donde hay lloro
y crujir de dientes (24:51).
Las otras tres parábolas
son:
-- la parábola de las
diez vírgenes (25:1-13) – de este domingo – enfatizando la importancia de estar
preparados para el regreso de Cristo.
-- la parábola de los
talentos (25:14-30) – del próximo domingo – que enfatiza la importancia de que
Cristo nos encuentre, en su regreso, siendo fieles sobre aquello que nos ha
confiado.
-- el Juicio de las
Naciones (25:31-46) – que en realidad no es una parábola – del siguiente
domingo – que enfatiza la importancia de que Cristo nos encuentre, en su regreso,
habiendo sido generosos “a uno de estos mis hermanos pequeñitos” (25:40).
En la primera de las
tres parábolas, el amo sorprende a la gente regresando inesperadamente. En la
primera y segunda parábolas, el amo se retrasa (24:48; 25:5). En la tercera
parábola, el amo regresa “después de mucho tiempo” (25:19). Estas parábolas
reflejan el hecho de que la iglesia de Mateo, en la última parte del primer
siglo, está lidiando con la demora del retorno en la Parusía. Ellos esperaban
que Jesús regresara ya, y estas parábolas les dicen que hay que estar
preparados para el regreso del maestro. En las cuatro parábolas el señor
sorprende a la gente con la dureza de su juicio.
Así como Jesús comenzó
su ministerio con una larga sección de enseñanza (el Sermón del Monte,
capítulos 5-7), así ahora concluye con una larga sección de enseñanza (el
Discurso Escatológico, su tratado sobre el fin de los tiempos, capítulos
25-25). Jesús comienza el capítulo 26 con una nota ominosa: “Sabéis que dentro
de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser
crucificado.” Y luego sigue la historia de su pasión.
VERSÍCULOS 1-5: EL ESPOSO VA LLEGANDO
1Entonces el reino de los
cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a
recibir al esposo. 2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco
fatuas. 3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo
aceite; 4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus
lámparas. 5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
“Entonces el reino de
los cielos será semejante a” (v. 1). Jesús describe la preparación para una
boda. En ese tiempo y lugar, la vida era dura y los placeres pocos. Las mujeres
se quedaban en la casa para cuidar a los hijos y las tareas domésticas.
Esperaban con gusto su diaria visita al pozo del pueblo (desde donde debían
cargar pesadas vasijas llenas de agua) porque, en el pozo, tenían una
oportunidad de reunirse con otras mujeres del pueblo.
Pero, ocasionalmente, el
tedio de sus vidas se rompía por los grandes eventos de la vida del pueblo como
bodas, nacimientos, ritos de paso a la adultez, e incluso los funerales. De
estos, las bodas significaban la más grande celebración. En una boda, la pareja
se quedaba en casa donde se convertían en el centro de la vida del pueblo por
días. Después de la ceremonia de la boda, había un gran banquete, con danza y
juega, que podía durar por varios días. Para la pareja, era “la semana más
feliz de sus vidas” (Barclay, 353). También era una semana feliz para sus
amigos, ¡era un evento que no se debían perder!
Jesús nos habla de diez parthenois–
vírgenes, doncellas – cinco prudentes y cinco insensatas. Estas vírgenes
prudentes e insensatas corresponden a los constructores insensatos de los que
Jesús habló en 7:24-27. En esa historia, el hombre prudente construyó sobre la
roca, pero el insensato lo hizo sobre la arena. La casa construida sobre la
roca soportó bien la tormenta, pero la que fue construida sobre la arena se
derrumbó, y su caída fue grande. Jesús dice que el hombre sabio o prudente es
el que “oye estas palabras y las hace” (7:24).
Hay que notar que tanto
las vírgenes prudentes e insensatas se durmieron, así que haberse dormido no es
la característica que las distingue. Además hay que notar que tanto las
vírgenes prudentes como las insensatas son elegibles para la festividad. Esta
parábola es una advertencia para los cristianos que no están preparados para el
regreso de Cristo, no está dirigida principalmente para los que están fuera de
la iglesia.
Las vírgenes prudentes
son diferentes de las insensatas solamente en una cosa: tienen la precaución de
tomar aceite para rellenar sus lámparas. Las vírgenes prudentes durmieron, pero
primero se prepararon completamente para la llegada del esposo. Tenían sus
lámparas y aceite, así que estaban listas para recibir al esposo sin importar
cuando llegara. Están listas, y estar listos es el punto de esta parábola.
Tiene sentido que debían
estar preparadas, porque la llegada del esposo sería la señal para el comienzo
de una gran y gozosa festividad, algo que estas mujeres esperaban sería uno de
los acontecimientos más grandes de sus jóvenes vidas. “El tema es estar
preparado, no para esperar lo peor… sino para lo mejor” (Buttrick, 556). La
verdadera sorpresa es que cinco de ellas no han hecho la preparación esencial
para esta importante ocasión. En nuestras vidas cotidianas vemos gente que no
está preparada: gente buscando empleo que va a una entrevista usando su gorra
al revés, estudiantes que se presentan al examen sin haber estudiado, parejas
que “se casan por la fiebre”. Sacudimos la cabeza y nos preguntamos por su
falta de preparación, pero luego recordamos nuestros propios momentos de
insensatez.
El esposo se retrasa (v.
5). Este es el punto clave de la historia. Tanto las vírgenes sabias como las
insensatas están preparadas para la llegada del esposo, pero solamente las
vírgenes sabias están preparadas para el retraso del esposo. Como ya lo dijimos
arriba, Mateo, que está escribiendo este Evangelio medio siglo después de la
resurrección, está luchando con el asunto del retraso del regreso de Cristo. En
esta serie de parábolas él alienta a la iglesia a mantenerse en vela, incluso
si están cansados de mantenerse en un estado de “alerta continua”.
Esta parábola incluye un
buen número de elementos alegóricos (la gente, cosas y sucesos que tienen un
significado simbólico o escondido). Los estudiosos generalmente reconocen que:
-- las vírgenes son la
iglesia que está esperando por el regreso de Cristo.
-- el esposo es Cristo.
-- la fiesta de bodas es
la gran gozosa ocasión en que Cristo viene por su iglesia; el banquete de las
bodas del Cordero (Apocalipsis 19:9).
-- el retraso del esposo
corresponde al retraso del regreso de Cristo.
-- la llegada del esposo
a la media noche es el regreso de Cristo mismo.
-- cerrar la puerta es
el juicio final.
Sin embargo, los
eruditos no están de acuerdo en cuanto al significado del aceite, y eso merece
nuestra atención. Si el núcleo de esta historia es que debemos estar preparados
con aceite para el regreso de Cristo, entonces ¿qué es el aceite? Lutero decía
que es la fe. Otros lo han identificado con la piedad, las buenas obras, una
relación personal con el Señor, o un sinnúmero de otras posibilidades. Tal vez
la mejor aproximación para captar el significado del aceite es examinar el
contexto: tanto el más cercano en esta serie de cuatro parábolas, como el
contexto más amplio del evangelio de Mateo:
-- en la parábola del
siervo infiel y del fiel (24:45-51), el siervo fiel es al que se le encuentra
trabajando cuando el señor regresa. Estar preparado – tener aceite – significa
trabajar fielmente para el Señor.
-- en la parábola de los
talentos (25:114-30), el siervo fiel usa sabiamente los recursos que se confían
a su cuidado. Estar preparado – tener aceite – significa practicar una buena
mayordomía, buenas prácticas ecológicas, cuidadosa administración de nuestro
tiempo y dinero, generosidad para quien está en necesidad, proclamación de la
Palabra, y las posibilidades pueden seguir y seguir.
-- en el Juicio de las
Naciones (25:31-46), el Hijo del Hombre recompensa a quienes han alimentado a
los hambrientos, han dado de beber a los sedientos, han recibido a los
extranjeros, han vestido a los desnudos, han cuidado a los enfermos, y han
visitado a los prisioneros –que corresponde muy bien con lo que Jesús ha
identificado en este Evangelio como el más grande mandamiento: amar a Dios y al
prójimo (22:37-40). Estar preparados – tener aceite – significa generosidad
para quienes tienen necesidad.
-- en el contexto más
amplio de todo el Evangelio, el Sermón del Monte (capítulos 5-7) hace una gran
revelación en las expectativas de Cristo. Estar preparados – tener aceite –
significa obedecer las enseñanzas de Jesús.
Esta parábola habla muy
agudamente a quienes enfatizan convertirse en cristianos a través de algún rito
de iniciación (experiencia de conversión, bautismo, recibir el don de lenguas)
sin el correspondiente crecimiento en el discipulado. Un buen comienzo no es
haber corrido bien la competencia. “Tal como lo aprendemos en las parábolas del
Tesoro Escondido y la Perla de Gran Precio (13:44-46), no es suficiente
simplemente con ‘encontrar’ el tesoro, aunque eso es lo primero; uno también
debe ‘vender todo’ para comprarlo para poder tenerlo… La vida cristiana
en Mateo es una vida de duro discipulado… el cristianismo de un momento se
desequilibra y finalmente es fatal” (Bruner, 896).
VERSÍCULOS 6-12: EL ESPOSO LLEGÓ
6Y a la media noche fue
oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle. 7Entonces
todas aquellas vírgenes
se levantaron, y aderezaron sus lámparas. 8Y las fatuas dijeron a las
prudentes: Dadnos de
vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9Mas las prudentes
respondieron, diciendo.
Porque no nos falte a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y
comprad para vosotras.
10Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas,
entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11Y después vinieron
también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12Mas
respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
A media noche, oyeron un
clamor: el esposo estaba llegando (v. 6). Las diez vírgenes, tanto las
prudentes como las insensatas, despertaron y arreglaron sus lámparas. Las
vírgenes insensatas, sin embargo, se dan cuenta de que no tienen aceite, y le
piden a las vírgenes prudentes que compartan el suyo, algo que ellas se rehúsan
a hacer. Estamos tentados a criticar su egoísmo, pero en su prudencia las
vírgenes sabias se dan cuenta de que no hay suficiente aceite para todas. Si
comparten el aceite, se acabará más pronto, y el esposo no tendrá luz para su
fiesta. Ellas no critican a las vírgenes insensatas por su falta de precaución,
sino que en su lugar sugieren una solución: vayan a la tienda y compren más
aceite. No estaban careciendo de amabilidad, simplemente estaban enfrentando
los hechos.
Mientras las vírgenes
insensatas buscan aceite, el esposo llega, “y las que estaban apercibidas,
entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta” (v. 10). Después, las
vírgenes insensatas regresan. Jesús no dice si han encontrado aceite o no. En
realidad no importa si tienes aceite o no: no lo tenían cuando el esposo llegó.
Ahora es muy tarde. Dijeron “¡Señor, señor, ábrenos!”, pero el esposo responde
“De cierto os digo que no os conozco” (v. 11-12). Es devastador ser rechazada
por el esposo, porque su palabra es final. El rechazo se hace todavía peor por
la reputación del esposo de amor y generosidad. ¡Hubiera sido tan fácil
complacerlo! ¡Por qué no lo hicieron!
Un poco antes Jesús
advirtió “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los
cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los
cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en
tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho
milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores
de maldad” (7:21-23). Jesús hace claro que tiene expectativas sobre nuestra
conducta – normas que debemos tomar seriamente – obediencia a la que debemos
aspirar. En nuestra parábola, también deja claro que hay tiempo para el
arrepentimiento y tiempo cuando el arrepentimiento llega demasiado tarde.
Cuando el esposo llega, es muy tarde para pedir prestado aceite: demasiado
tarde para depender de nuestro prójimo, demasiado tarde para pedir por oración,
demasiado tarde para prepararse. Cuando la puerta se cierra, es demasiado tarde
para suplicar por misericordia. No importa cuánto lloremos y supliquemos y
crujamos los dientes, la puerta permanecerá cerrada.
El núcleo de esta
historia es que debemos estar preparados todo el tiempo para el regreso del
Señor, porque su llegada será en una hora inesperada (24:36). Una vez que
Cristo haya llegado, ya no habrá oportunidad para prepararse. Quienes están
listos serán incluidos, y quienes no lo están serán excluidos. “Estar preparados,
para Mateo, por supuesto es vivir la vida del reino, vivir la calidad de vida
descrita en el Sermón del Monte. Muchos pueden hacer esto por poco tiempo; pero
cuando el reino se retrasa, entonces el problema surge. Estar a favor de la paz
por un día no es tan demandante como estar a favor de la paz año tras año”
(Boring, 451).
El regreso de Cristo no
es una predicación popular dentro de las principales iglesias de hoy día, pero
debemos abordarlo. Si fallamos en hacer esto, entonces “perdemos una dimensión
crítica de la teología del Nuevo Testamento y omiten el evento principal hacia
el que la esperanza de la iglesia cristiana primitiva estaba dirigida”
(Brueggemann, 560). Incluso de forma más precisa, debemos sonar la alarma para
ayudar a la gente a evitar que se encuentren sin estar preparados. Mientras más
se tarde Jesús, más difícil es mantenernos preparados, y el retraso en verdad
que ha sido largo. Pero “los prudentes en la iglesia son los que están
preparados para el retraso; que se mantienen en la fe bien entrada la noche;
quienes, aunque no ven al novio llegando, siguen sirviendo y esperando y orando
y esperando por la victoria prometida de Dios” (Long, 281). “Mas el que
perseverare hasta el fin, éste será salvo” (24:13).
VERSÍCULO 13: VELAD
13Velad, pues, porque no
sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
Como ya se notó más
arriba, el problema con las vírgenes insensatas no fue que se durmieron,
también se durmieron las vírgenes prudentes. El problema fue que no se habían
preparado con aceite para sus lámparas. El mensaje de la parábola para nosotros
es que debemos mantenernos constantemente preparados, porque “No sabemos ni el
día ni la hora”.
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